El sol acaricia mi piel mientras permanezco en la
cama abrazada a Daniel. Es un chico tan tímido y dulce. Me gusta pasar
tiempo con él. A pesar de haber dormido toda la noche abrazados ni tan
siquiera ha intentado tocar más de lo escrupulosamente correcto, es más,
diría que no ha movido sus brazos ni un solo milímetro.
Su corazón ahora está mucho más relajado que
cuando me quedé dormida. Parece más tranquilo ahora que sueña. Me
pregunto qué estará pasando exactamente por su cabeza.
Daniel no es un chico normal, a la vista está si
tratas con él pero eso no quita en absoluto que sea la persona con mejor
corazón que he conocido nunca. No parece odiar a nadie aunque los tenga
miedo y cualquiera en su situación lo haría. ¿Por qué viven intentando
matarle con sus puños? Él no hace ningún tipo de mal. Su personalidad ha
conseguido calmarme, la manera tan tierna en que me mira. Puede que sea
una tontería pero tengo la sensación que si pudiera haría lo que fuese
por verme sonreír.
Abro mis ojos y me quedo observando sus rasgos.
Es más guapo de lo que dejan ver esas gafas y ese peinado que le tapa la
mitad del rostro pero aún así a él le quedan más que perfectas.
Duerme con la boca ligeramente abierta, sus
labios parece que están regalando un beso al aire y no puedo evitar
sonreír por ello. Aún es más adorable sumergido en la subconsciencia más
absoluta.
Aún no he llamado a nadie después de lo sucedido
ayer y lo más probable es que tenga que hacerlo pronto pero no soy capaz
de quitarme de la mente ese horrible momento que viví ayer.
Clive sobre Nicole ambos besándose y entregándose
a la pasión. Varias veces me había pedido Clive hacerlo pero nunca
había accedido. Un buen día había dejado de suplicarme lo cual agradecí
pero no supe ver lo raro que era hasta ahora. No me necesitaba a mí para
descargar sus tensiones evidentemente para eso estaba ella.
Me duele. Aquella situación hace que mi corazón
se desgarre poco a poco y solo quiera llorar pero no solamente por haber
sido engañada. En el fondo creo que no sentía mucho por Clive, salvo
quizá temor a sus reacciones y estar con él se había vuelto en una
rutina odiosa. Mi dolor era muy diferente. Había sido rechazada como
mujer. No habían esperado por mí y se había entregado a otra pues no
debía ser suficiente para él.
¿Tan poco era como para cambiarme sin problema
alguno? Aquello me hacía desconfiar aún más de los hombres pero si todos
fuesen como Daniel sería muy diferente.
Las lágrimas recorren mis mejillas pensando en lo
horrible que tengo que ser para que alguien me haya tenido que engañar
durante tanto tiempo. Ahora comprendo por qué me trataba así. No me
quería y sinceramente dudo mucho que otros lo hagan. Me costará mucho
volver a confiar en alguien porque lo que ocurrió después de ver esa
escena…
Aún podía escuchar la voz de mis amigas
susurrándose entre ellas lo estúpida que era puesto que ellas lo
hubieran averiguado en seguida. Las risas y la sucesión de insultos
comenzaron a hacerse cada vez más dolorosos perforando mi pecho.
¿Soy tan estúpida? ¿Cualquiera se hubiese
percatado antes? No sé, no puedo pensar con claridad tan solo sé que no
puedo confiar en las personas que pensaba que eran mis amigas o al menos
me tenían un respeto. Todo el mundo en lugar de ayudarme, se burló de
mí. ¿Cómo sobrevivir sin fuerzas en un mundo que está lleno de mentiras y
que se derrumba ante tus ojos?
El único que no me ha tratado jamás mal ha sido
Daniel. Él es un alma atormentada por el dolor que la obligan a padecer
pero parece sobrellevarlo aunque desconozco tanto de él.
Vuelvo apoyar mi mejilla en su pecho y cierro mis
ojos mientras lloro silenciosamente sobre él. Ojalá fuese tan solo
aquella humillación la que me hace llorar pero en mi interior escondo un
sufrimiento continuo que no he dejado que nadie vea pues no quiero que
crean que soy débil. Yo debería ser lo suficientemente fuerte como para
reponerme de todo mi dolor.
- E-e-ll-ll-e, ¿es-s-stás b-bien?
La grave voz de Daniel me saca por complete de mi
ensimismamiento. Noto como la oscuridad tira de mí intentando
esconderme entre las sombras del final del pozo en el que el frío del
agua cala hasta los huesos haciéndote entender que estás completamente
solo pero él parece desear rescatarme durante un tiempo de mi horrible
destino.
- No –susurro y escondo mi rostro en su pecho para que no me vea llorar de nuevo.
Siento a mi alrededor sus brazos apretarme contra su cuerpo. Sus manos tiemblan pero su decisión es firme.
Me siento mejor refugiada entre sus brazos pero
no me siento como cuando lloraba frente a Clive. Sus musculosos brazos
conseguían que me sintiese infinitamente más segura. Espera. ¿Cómo podía
estar pensando algo así? Daniel me ha acogido en su propia cama, sin
tomarse ningún tipo de libertades y ¿osaba comparar su cariño
completamente puro con aquellos abrazos en los que terminaba mi cuerpo
recorrido sobre la ropa por aquellas manos expertas? Es increíble que me
atreva a algo así. ¡No! Daniel es mil veces superior a Clive. Estar
entre sus brazos realmente es recibir un abrazo considerado, preocupado y
auténtico.
- ¿Q-q-qué t-t-te oc-c-curr-r-re? –pregunta cerca de mi oído.
- No puedo más, Daniel. No sé qué me pasa pero no
soy capaz de seguir. No dejo de llorar. Pero no solamente hoy. Ya llevo
mucho tiempo así –suspiro y permanezco unos segundos en silencio-. No
me quiero, Daniel. A veces pienso que sería mucho mejor que no
existiera.
Siento como se tensa y con una mano temblorosa
acaricia mis cabellos. ¿Por qué le cuesta tanto tocarme? No recuerdo
haberle hecho daño para que me tenga miedo.
- N-n-no dig-g-gas es-so. T-t-tod-dos t-te q-q-qui-e-eren.
La manera que tiene de tartamudear me hace
percatarme de todo lo que él pasa. Normal que crea que todos me quieren
en comparación por lo mal que él lo pasa.
No puedo hablar de esto con nadie. Daniel está
pasando por demasiadas cosas como para agobiarle con mis problemas. A él
le maltratan de todas las maneras existentes en todas partes y lo único
que merece es que le cuiden. Que no le den más problemas.
- No me hagas caso –murmuro-. Supongo que estoy triste.
Me levanto de la cama separándome de su cuerpo y
seco mis lágrimas. Es hora de volver a mi casa. Dudo que tenga fuerzas
para ir a cualquier lado hoy y lo más seguro es que no sea capaz de
moverme de mi cama. Aprovecharé que mis padres no están este fin de
semana para no tener que dar explicaciones. Había preparado una reunión
de mi grupo de amigas pero ya pueden llamar todo lo que quieran al
timbre que no las abriré. Ser amigo se demuestra en todo momento y no
solamente cuando las cosas van bien.
- Creo que sería mejor que me fuese a mi casa ya.
Daniel se levanta rápidamente. Busca sus gafas y
después se gira para mirarme con ellas puestas. Parece nervioso. Sus
mejillas están completamente sonrojadas y retuerce sus dedos mientras la
desesperación parece invadirle. ¿Dije algo que ha podido perturbarle?
- ¿P-p-por q-qué?
Veo como sus dedos están blancos. Se puede
terminar haciendo daño. Suspiro y me levanto. Tomo sus manos suavemente
entre las mías y desenredo sus dedos con los míos con suaves caricias.
No sé qué le estará haciendo actuar así pero no me gusta verle alterado.
- ¿Hi-i-ice a-alg-g-go ma-alo? –pregunta angustiado.
- ¡Oh, no! –niego apresuradamente-. Solamente
creo que sería mejor que si suben tus padres no me encuentren aquí. No
quiero que te hagan daño como ayer.
Él suspira ligeramente aliviado pero después
niega muchas veces y sus dedos se vuelven a poner rígidos sobre mis
palmas. Deslizo cuidadosamente mis pulgares sobre ellos y alzo mi mirada
hasta sus ojos temerosos.
- ¿Quieres venir a mi casa? Mis padres no están y
podrías estar tranquilo sin temer que nadie aparezca para hacerte daño.
Sabes que yo no lo haría. No sería capaz después de ser tú el único en
el que encontré refugio cuando más lo necesitaba –murmuro.
Observo su expresión y como su cuerpo cambia de
color hasta tener el escarlata más absoluto. No sé qué podrá estar
imaginando pero la escena es increíblemente encantadora. Su timidez le
lleva a tal extremo de ser completamente igual a un niño pequeño.
- ¿En s-s-ser-i-io?
-Claro que sí –sonrío al ver la sorpresa reflejada en sus rasgos.
Beso sonoramente su mejilla cuando la sonrisa se
dibuja en su rostro. Tiene una sonrisa preciosa aunque si se lo digo sé
que no me creerá pues todos se ríen de él cuando amaga. No se pueden ser
más idiotas pues la sinceridad de su sonrisa no se compara con otra.
Su rostro está tan rojo como una señal de tráfico
y no puedo evitar soltar una risita. Nunca había visto una reacción
semejante ante mis besos pero veo que su semblante cambia. ¿Se ha puesto
triste? Puede que piense que me estoy riendo de él.
- Daniel, no me río de ti –me apresuro a
puntualizar- . Tan solo te ves tan tierno con sus mejillas rojas que no
pude evitar soltar una risita pero no de burla. Al contrario.
Él parece creerme pues sus mejillas vuelven a
ponerse de un rojo aún más intenso. Niega y sin decir nada se gira para
ponerse la ropa. Está claro que vendrá conmigo y me agrada. No deseo
pasar sola demasiado tiempo aunque esos eran mis planes. ¿Por qué me
encanta que Daniel quiera estar tanto tiempo conmigo? Puede que sienta
deseos de cuidarle. Sí, debe ser eso. No deseo que sufra más.
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