viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 2

El aeropuerto estaba a rebosar y lo más seguro es que le reconociesen. Tenía que hacer lo posible por pasar desapercibido. ¿Podría María ayudarle otra vez? Sus manos se crisparon mientras veía como ella estaba demasiado ocupada en llegar a tiempo a tomar su avión.
Si pierdo el vuelo mis padres me matan, pensaba una y otra vez María. Pero no solamente era ese el problema. Su visado caducaba pronto así que tendría que marcharse sí o sí. Tenía que recordar el camino que había recorrido a la llegada por lo que se concentró tanto que olvidó por completo a su compañero.
Vio al fin las pantallas donde estaban la información de los vuelos. 580-589, en cualquiera de esas ventanillas se despediría de sus maletas esperando que llegasen junto a ella a Madrid.
Robert la seguía mientras calculaba cuanto podría costar un billete de avión a última hora y si tendría suerte de estar en el mismo vuelo que ella porque al menos la conocía y parecía una chica que no se escandalizaba por su presencia. En el vuelo podría tener más tiempo para que creyese la mentira de que no era él, sino alguien que se parecía muchísimo.
Su móvil comenzó a vibrar en el bolsillo del pantalón de traje y mientras se ponía las gafas de sol lo ignoró y a todos lo que le estaban observando. Parecía que tenía un letrero luminoso en la frente que le hacía darse cuenta a todos que era un personaje famoso. ¡Por favor! Era un humano como ellos. ¿Qué era tan extraño? Ni que se hubiese escapado de la jaula de un circo y fuese un animal peligroso.
A paso ligero llegaron hasta el mostrador 588 pues los demás que estaban abiertos eran de primera clase. ¿Viajaría en turista? ¿Por qué no? Siempre hay una primera vez y más si se quiere hacer pasar por una persona no famosa. Se situó detrás de María mientras ella le tendía el billete a la joven que con una sonrisa rígida le respondía. Se notaba a la legua que estaba cansadísima de su trabajo.
- ¿Puede dejarme el pasaporte? -preguntó con una voz demasiado aguda.
- Claro -respondió María que se lo entró rápidamente.
La mujer hizo las correspondientes comprobaciones y tras devolverle el billete y el pasaporte puso unas etiquetas a la maleta de la joven española que volvía a su ciudad. Una vez que las maletas entraron, Mari se dirigió hacia la puerta de embarque y Robert rápidamente se situó sobre el mostrador ocultando lo más posible su rostro para los curiosos.
- Buenas noches, señorita. No me importa lo que cueste pero necesito un billete en el mismo avión que la joven que acaba de dejar aquí sus maletas.
Robert sacó la tarjeta y la miró fijamente esperando que ella fuese una de esas fans que harían lo que fuera por él pero que se saltasen las normas por esa vez solamente porque él era su cliente.
- ¿Robert Pattinson? -preguntó sorprendida.
- Sí, soy yo. Por favor, no quiero favoritismo alguno ni quiero que se note que soy yo por lo que le suplico que no grite. Le firmaré lo que quiera pero no chille ni me pida fotografías. Solo deseo ese viaje.
La joven asintió y tecleó completamente sorprendida de su suerte. El hombre más sexy del mundo estaba delante de ella y le pedía un favor. Comenzó a pestañear demasiado rápido y sonreírle con toda la coquetería de la que era capaz.
Minutos después le entregó el billete y Robert tras sonreírle de la manera más seductora que sabía, salió corriendo hacia la puerta de embarque esperando no perder el avión.
Se quitó todo lo que tenía de metal y dejó el bolso sobre una de esas horribles bandejas de colores. La dejó pasar por el detector y ella hizo lo mismo. Los policías esta vez no la cachearon lo que agradeció. Tomó la bandeja cuando salió por la cinta transportadora y se colgó de nuevo el bolso.
Miró su reloj mientras se lo estaba quitando. No sabía si Maria había pasado ya pero seguramente sí. Resopló mientras esperaba a pasar por el detector y tomó sus cosas entre sus manos tan rápido que se le cayó el reloj. Se rompió la esfera y soltó una maldición.
Corrió tan rápido como pudo hasta las pantallas y vio que su vuelo estaba a punto de embarcar. Corre, corre; se gritó en la mente y tras cruzar media terminal llegó sin aire hasta la puerta del avión donde se encontró al fin segura. Llegaría a España y sus padres no la matarían.
Entró el último y gracias a que una azafata muy simpática decidió decir que esperasen por él. Caminó por el pasillo hasta el mismísimo aeroplano y tras responder con una sonrisa los saludos de la tripulación buscó su asiento. Bajó su mirada no quería que le reconociese nadie y cuando llegó a su número se dejó caer. Escuchó un quejido y acto seguido dijo:
- Perdón.
Al ver el rostro de la joven a la que había lastimado no pudo evitar que una sonrisa se dibujase en su rostro. María estaba allí mirándole con el ceño fruncido y quejándose de su mano.
- No te preocupes -suspiró y bajó su mirada de nuevo hasta su mano.
La tenía completamente roja pues la había aplastado contra el reposabrazos al haberse tirado tan bruscamente. Por lo visto era un descuidado pero estaba allí… ¿Qué demonios hacía en el mismo vuelo que ella y encima sentado a su lado? ¿Podría eso llamarse acaso? Para que negar que le daba igual. El culo de Robert Pattinson le había aplastado la mano eso era digno de contar.

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