El aeropuerto estaba a rebosar y lo más seguro es que le
reconociesen. Tenía que hacer lo posible por pasar desapercibido.
¿Podría María ayudarle otra vez? Sus manos se crisparon mientras veía
como ella estaba demasiado ocupada en llegar a tiempo a tomar su avión.
Si pierdo el vuelo mis padres me matan, pensaba una y otra vez María.
Pero no solamente era ese el problema. Su visado caducaba pronto así
que tendría que marcharse sí o sí. Tenía que recordar el camino que
había recorrido a la llegada por lo que se concentró tanto que olvidó
por completo a su compañero.
Vio al fin las pantallas donde estaban la información de los vuelos.
580-589, en cualquiera de esas ventanillas se despediría de sus maletas
esperando que llegasen junto a ella a Madrid.
Robert la seguía mientras calculaba cuanto podría costar un billete
de avión a última hora y si tendría suerte de estar en el mismo vuelo
que ella porque al menos la conocía y parecía una chica que no se
escandalizaba por su presencia. En el vuelo podría tener más tiempo para
que creyese la mentira de que no era él, sino alguien que se parecía
muchísimo.
Su móvil comenzó a vibrar en el bolsillo del pantalón de traje y
mientras se ponía las gafas de sol lo ignoró y a todos lo que le estaban
observando. Parecía que tenía un letrero luminoso en la frente que le
hacía darse cuenta a todos que era un personaje famoso. ¡Por favor! Era
un humano como ellos. ¿Qué era tan extraño? Ni que se hubiese escapado
de la jaula de un circo y fuese un animal peligroso.
A paso ligero llegaron hasta el mostrador 588 pues los demás que
estaban abiertos eran de primera clase. ¿Viajaría en turista? ¿Por qué
no? Siempre hay una primera vez y más si se quiere hacer pasar por una
persona no famosa. Se situó detrás de María mientras ella le tendía el
billete a la joven que con una sonrisa rígida le respondía. Se notaba a
la legua que estaba cansadísima de su trabajo.
- ¿Puede dejarme el pasaporte? -preguntó con una voz demasiado aguda.
- Claro -respondió María que se lo entró rápidamente.
La mujer hizo las correspondientes comprobaciones y tras devolverle
el billete y el pasaporte puso unas etiquetas a la maleta de la joven
española que volvía a su ciudad. Una vez que las maletas entraron, Mari
se dirigió hacia la puerta de embarque y Robert rápidamente se situó
sobre el mostrador ocultando lo más posible su rostro para los curiosos.
- Buenas noches, señorita. No me importa lo que cueste pero necesito
un billete en el mismo avión que la joven que acaba de dejar aquí sus
maletas.
Robert sacó la tarjeta y la miró fijamente esperando que ella fuese
una de esas fans que harían lo que fuera por él pero que se saltasen las
normas por esa vez solamente porque él era su cliente.
- ¿Robert Pattinson? -preguntó sorprendida.
- Sí, soy yo. Por favor, no quiero favoritismo alguno ni quiero que
se note que soy yo por lo que le suplico que no grite. Le firmaré lo que
quiera pero no chille ni me pida fotografías. Solo deseo ese viaje.
La joven asintió y tecleó completamente sorprendida de su suerte. El
hombre más sexy del mundo estaba delante de ella y le pedía un favor.
Comenzó a pestañear demasiado rápido y sonreírle con toda la coquetería
de la que era capaz.
Minutos después le entregó el billete y Robert tras sonreírle de la
manera más seductora que sabía, salió corriendo hacia la puerta de
embarque esperando no perder el avión.
Se quitó todo lo que tenía de metal y dejó el bolso sobre una de esas
horribles bandejas de colores. La dejó pasar por el detector y ella
hizo lo mismo. Los policías esta vez no la cachearon lo que agradeció.
Tomó la bandeja cuando salió por la cinta transportadora y se colgó de
nuevo el bolso.
Miró su reloj mientras se lo estaba quitando. No sabía si Maria había
pasado ya pero seguramente sí. Resopló mientras esperaba a pasar por el
detector y tomó sus cosas entre sus manos tan rápido que se le cayó el
reloj. Se rompió la esfera y soltó una maldición.
Corrió tan rápido como pudo hasta las pantallas y vio que su vuelo
estaba a punto de embarcar. Corre, corre; se gritó en la mente y tras
cruzar media terminal llegó sin aire hasta la puerta del avión donde se
encontró al fin segura. Llegaría a España y sus padres no la matarían.
Entró el último y gracias a que una azafata muy simpática decidió
decir que esperasen por él. Caminó por el pasillo hasta el mismísimo
aeroplano y tras responder con una sonrisa los saludos de la tripulación
buscó su asiento. Bajó su mirada no quería que le reconociese nadie y
cuando llegó a su número se dejó caer. Escuchó un quejido y acto seguido
dijo:
- Perdón.
Al ver el rostro de la joven a la que había lastimado no pudo evitar
que una sonrisa se dibujase en su rostro. María estaba allí mirándole
con el ceño fruncido y quejándose de su mano.
- No te preocupes -suspiró y bajó su mirada de nuevo hasta su mano.
La tenía completamente roja pues la había aplastado contra el
reposabrazos al haberse tirado tan bruscamente. Por lo visto era un
descuidado pero estaba allí… ¿Qué demonios hacía en el mismo vuelo que
ella y encima sentado a su lado? ¿Podría eso llamarse acaso? Para que
negar que le daba igual. El culo de Robert Pattinson le había aplastado
la mano eso era digno de contar.
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