La seguí hacia donde ella me llevaba. Subimos unas escaleras
rápidamente a la velocidad que a nosotros los vampiros nos
caracterizaba. Estábamos demasiado lejos de donde se recibían a todos
los visitantes.
No comprendía lo que estaba haciendo
aquella chica y por algún extraño motivo no quería leer su mente pero
me fue inevitable ya que la impaciencia y el hecho de que podía ser mi
peor enemiga no me permitían dejar de lado mi supervivencia hasta que
hubiese llevado a acabo mi venganza.
Tengo que
sacarle cuanto antes lo que está haciendo aquí.. pero no deseo que Aro
pueda sonsacarle antes que yo. Imagino a lo que vino pero no me queda
más remedio que preguntar. Debo estar perfectamente segura ya que
incluso el resto de los Cullen pueden andar por aquí cerca y si eso
sucede entraremos de nuevo en batalla. No, no quiero que Aro vuelva a
mandarme hacer algo horroroso como la otra vez -pensó.
¿Qué
era lo que Aro la había mandado hacer tan horrible? No esperé más. La
paré tomándola del brazo y poniéndola contra la roca que hacia las veces
de pared alrededor de esa escalera de caracol.
Sus
cabellos dorados chocaron como a cámara lenta contra la roca volviéndola
entonces inmensamente hermosa. Puse cada uno de mis brazos a uno de los
lados de ella mientras contemplaba su precioso rostro. ¿Qué me estaba
sucediendo con aquella mujer? Su precioso cuerpo despertaba instintos en
mí que creía muertos después de la muerte de mi amada Bella.
Iba
a hacerla mil y un preguntas y pude leer en su mente que ella también
pero tan solo nos quedamos mirando con intensidad a los ojos mientras
ambos respiramos el aroma del otro.
Hacía tanto que
no había rozado la piel de una mujer que no comprendí cuando las yemas
de sus dedos rozaron mi muñeca mi reacción.
Me
acerqué más a ella. Su aliento rozaba mis labios como si quisiese
llevarme a la locura. Mi mano comenzó a descender de su cintura hasta su
pierna y la levanté dejándola en mi cadera para así levantar con
lentitud su falda y rozar la fina piel de sus piernas.
La sentí bajo mis palmas. Se estremeció de gusto por sentir mi tacto en aquella parte de su ser.
- ¿Qué estás haciendo? -preguntó ligeramente furiosa.
- Lo que deseas -murmuré.
¿Cómo le había podido decir eso? ¿A que estúpido ser le había prestado mi cuerpo?
Ella
furiosa me empotró contra la otra pared. La miraba mientras mi
respiración se aceleraba y comenzamos de nuevo a pelearnos. Esquivé sus
manos ya que aquellos puños podían ser sin ningún problema mortales para
mí. Conseguí que cayera al suelo y ella después me lanzó hacia la parte
superior de la torre. Se abalanzó sobre mi haciendo que abriésemos la
puerta que había a mi espalda.
La lancé lejos
quedando ella sobre el suelo y entonces comprendí que eso era una
habitación. Se levantó y corrí hacia ella. Me empujó contra la pared sin
separarse de mí y después tomándola de la cintura nos giré para que
fuese ella la que quedase contra la fría piedra.
Nuestras respiraciones estaban agitadas. Su hermoso rostro estaba mucho más tenso haciendo sus rasgos más pronunciados.
Definitivamente
era un ángel. Su mano se hizo puño sobre mi pecho y sin aguantarlo ni
un segundo más besé esos apetecibles labios que desde el primer instante
me habían invitado a besarlos.
Su respuesta fue
inmediata. No lo pensó ni un segundo tan solo me devolvió el beso tan
apasionado como yo se lo estaba dando mientras apretaba nuestros labios.
Suerte que no éramos humanos ni necesitábamos respirar porque así era
más que imposible hacerlo.
Pasión. Era todo pasión y
quizá deseo por la batalla pero por algún extraño motivo me encantaba
sentir aquellos labios sobre los míos. Nunca, ni tan siquiera Bella me
besó de aquella manera.
Aquello estaba consiguiendo asustarme por lo que me separé de sus labios mirándola fijamente a los ojos.
¿Por
qué había hecho eso? ¿Qué me estaba sucediendo? ¿Por qué ella
despertaba en mí aquellos instintos que ninguna hermosa mujer salvo
Bella había hecho despertar antes?
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