Permanecí acurrucado entre las sábanas cuando sentí de repente un
calor sumamente agradable que solamente permanecía en mi costado
derecho. Un tibio aliento rozaba mi mejilla cada cinco segundos.
Unas suaves caricias me rozaban el costado izquierdo y me desperté de a poco ligeramente asustado.
Laura estaba acurrucada en mi costado poniendo su cabeza sobre la almohada y pegando todo su suave cuerpo en el mío.
Miré
sus labios ligeramente humedecidos y suavemente abiertos cerca de los
míos mientras aquel aliento tan cálido rozaba cada centímetro de mi
mejilla, de mis labios y de mi cuello.
Sonreí levemente mientras
sentía como me estremecía por aquella maravillosa sensación. Mi piel se
erizaba sin poder evitarlo mientras acariciaba mi piel.
Se movió ligeramente y sus labios se posaron sobre mi mejilla depositando un beso tan tierno como los recordaba.
Puse
mis manos más firmes alrededor de su cintura y la atraje más a mi
cuerpo mientras ella colocaba una de sus piernas sobre mi cadera para
después comenzar a mover su rostro hasta que terminó escondido en mi
cuello.
Era tan perfectamente adorable. Sonreí sonrojándome al sentir como estaba colocada sobre mí.
Acaricié
con lentitud su cintura, tan fina, tan pequeña, tan imposible y una de
mis manos comenzó a descender por su cadera rozándola tan solo con las
yemas de mis dedos mientras no conseguía pararla. Continué bajando
gritándome a mí mismo que debía parar pero los ligeros ronroneos que
escuchaba salir del interior de la garganta de aquella preciosa mujer.
Las
yemas de mis dedos comenzaron a acariciar con ternura, suavidad pero a
la vez curiosidad aquella fina piel de sus piernas. Abrí la palma de mi
mano sobre su muslo mientras seguía deslizando mi extremidad por aquella
increíble suavidad que acababa de descubrir.
Deslicé mi mano
por el exterior de su muslo y levanté más su pierna colocándola sobre mi
cadera y giré mi rostro por instinto buscando el suyo.
¿Qué
estaba haciendo? ¿Por qué estaba dejándome llevar por aquella extraña
sensación que no me dejaba nada más en que pensar si no en el escalofrío
que recorría mi cuerpo solo por ella?
Suspiré. Observé su
rostro y parecía que dormía plácidamente en mi costado. Miré el techo
dejando que tocar aquella perfecta piel que sentía como si me quemase
bajo las palmas.
Laura en ese momento se incorporó. Puso su rostro muy cerca de mi oído.
-
¿Por qué no me acaricias? -preguntó con una voz tan sumamente
aterciopelada que cerré los ojos un instante para intentar poder serenar
los latidos de mi corazón.
- Porque pensaba que dormías.. -contesté.
- Pero ya sabes que no lo hago..
Miré sus ojos. Ella me miraba fijamente con quizá un poco de pasión y lujuria en su mirar. Aquello debía ser un sueño.
- Dime que es un sueño… -murmuré.
- Thomas -escuché aquella tierna voz.
Me
moví entre las mantas y abrí los ojos cuando los crucé con los suyos.
Aquel maravilloso azul me encantó. Sonreí y me levanté acercándome a su
rostro pero después me di cuenta que aquello ya no era un sueño.
- ¿Me.. me quedé dormido? -pregunté para intentar hacerme el despistado.
- Sí, ya está la comida preparada -sonrío.
- Gracias, ahora iré a comer.. -me desperecé.
- Te espero.. -me besó la mejilla y se alejó danzarina hacia la cocina.
Por dios, ¿qué había sido eso? ¿Cómo podía haber tenido semejante sueño? Aquello era demasiado extraño.
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