viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 5

Permanecí acurrucado entre las sábanas cuando sentí de repente un calor sumamente agradable que solamente permanecía en mi costado derecho. Un tibio aliento rozaba mi mejilla cada cinco segundos.

Unas suaves caricias me rozaban el costado izquierdo y me desperté de a poco ligeramente asustado.

Laura estaba acurrucada en mi costado poniendo su cabeza sobre la almohada y pegando todo su suave cuerpo en el mío.

Miré sus labios ligeramente humedecidos y suavemente abiertos cerca de los míos mientras aquel aliento tan cálido rozaba cada centímetro de mi mejilla, de mis labios y de mi cuello.

Sonreí levemente mientras sentía como me estremecía por aquella maravillosa sensación. Mi piel se erizaba sin poder evitarlo mientras acariciaba mi piel.

Se movió ligeramente y sus labios se posaron sobre mi mejilla depositando un beso tan tierno como los recordaba.

Puse mis manos más firmes alrededor de su cintura y la atraje más a mi cuerpo mientras ella colocaba una de sus piernas sobre mi cadera para después comenzar a mover su rostro hasta que terminó escondido en mi cuello.

Era tan perfectamente adorable. Sonreí sonrojándome al sentir como estaba colocada sobre mí.

Acaricié con lentitud su cintura, tan fina, tan pequeña, tan imposible y una de mis manos comenzó a descender por su cadera rozándola tan solo con las yemas de mis dedos mientras no conseguía pararla. Continué bajando gritándome a mí mismo que debía parar pero los ligeros ronroneos que escuchaba salir del interior de la garganta de aquella preciosa mujer.

Las yemas de mis dedos comenzaron a acariciar con ternura, suavidad pero a la vez curiosidad aquella fina piel de sus piernas. Abrí la palma de mi mano sobre su muslo mientras seguía deslizando mi extremidad por aquella increíble suavidad que acababa de descubrir.

Deslicé mi mano por el exterior de su muslo y levanté más su pierna colocándola sobre mi cadera y giré mi rostro por instinto buscando el suyo.

¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba dejándome llevar por aquella extraña sensación que no me dejaba nada más en que pensar si no en el escalofrío que recorría mi cuerpo solo por ella?

Suspiré. Observé su rostro y parecía que dormía plácidamente en mi costado. Miré el techo dejando que tocar aquella perfecta piel que sentía como si me quemase bajo las palmas.

Laura en ese momento se incorporó. Puso su rostro muy cerca de mi oído.

- ¿Por qué no me acaricias? -preguntó con una voz tan sumamente aterciopelada que cerré los ojos un instante para intentar poder serenar los latidos de mi corazón.

- Porque pensaba que dormías.. -contesté.

- Pero ya sabes que no lo hago..

Miré sus ojos. Ella me miraba fijamente con quizá un poco de pasión y lujuria en su mirar. Aquello debía ser un sueño.

- Dime que es un sueño… -murmuré.






- Thomas -escuché aquella tierna voz. 

Me moví entre las mantas y abrí los ojos cuando los crucé con los suyos. Aquel maravilloso azul me encantó. Sonreí y me levanté acercándome a su rostro pero después me di cuenta que aquello ya no era un sueño. 

- ¿Me.. me quedé dormido? -pregunté para intentar hacerme el despistado. 

- Sí, ya está la comida preparada -sonrío. 

- Gracias, ahora iré a comer.. -me desperecé. 

- Te espero.. -me besó la mejilla y se alejó danzarina hacia la cocina. 

Por dios, ¿qué había sido eso? ¿Cómo podía haber tenido semejante sueño? Aquello era demasiado extraño.

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