Marzo, 2013
El tic tac del reloj no era un sonido precisamente agradable para mí
pero lo soportaría. La sala era grande, quizá excesivamente pero estaba
claro que tendría que soportar los aires de superioridad de otra de las
estrellas que sin duda no sabrían sin que se lo dijesen abrocharse las
zapatillas.
La llamada que había recibido días antes me había sorprendido
demasiado. Una mujer con la voz más fría que había escuchado jamás me
había dado una cita para que acudiese a este lugar.
Desconocía quién estaría delante de mí durante varias horas y también
lo que haríamos pues salvo ser una escritora aficionada no tenía mucho
más que pintase allí.
Moví mi pierna de aquella manera que ponía a todo el mundo nervioso
pero que a mí conseguía relajarme. Era un acto reflejo pero conseguía
que por toda la habitación resonase el taconeo de mis movimientos contra
el suelo.
Había decidido ponerme zapatos altos pero me estaba arrepintiendo
porque siempre terminaba con los pies hechos un desastre a cuantas más
horas pasasen.
Sonó mi móvil indicándome que había recibido un nuevo mensaje.
Seguramente sería un whatsapp de mi novio preocupado y desconcertado
como yo.
“¿Ya sabes quién es, amor?”
Sonreí. Siempre conseguía sacarme una sonrisa y eso hacía que le
quisiese aún más si cabía. Resoplé pues ya llevaba como una hora de
retraso aquella persona a la que supuestamente estaba esperando.
“No, aún no ha llegado, bebé”
Respondí rápidamente y volví a guardar mi blackberry concentrándome
de nuevo en aquel silencio que gobernaba la estancia tan solo
interrumpido por el sonido de mis tacones al chocar contra el suelo y el
movimiento de las agujas del reloj de la pared.
Intenté rememorar la llamada recibida para ver si había podido tener
en ella algún tipo de pista sobre quién me había hecho llamar pero no
era así. Tan solo me había dicho que era representante de famosos y que
demandaba mi presencia en aquel lugar a las once en punto.
Entorné los ojos y dirigí mi mirada hasta mis manos. Había conseguido
pintar de un marrón oscuro mis uñas con ayuda de mi hermana que aunque
con tembleque había hecho que la mano derecha estuviese igualita que la
izquierda.
Los nervios comenzaban a recorrer mi estómago dado que había ido allí
saltándome todas las clases que tenía. Debía ser algo realmente
importante o sino estaba perdiendo todo mi tiempo y probablemente el
derecho a evaluación de alguna asignatura.
La puerta se abrió en ese instante y dirigí mi mirada hasta la
estructura metálica que hizo un ruido sordo al girar sobre sí misma.
Una mujer rubia con expresión de pocos amigos me observó durante unos segundos lo que me hizo fruncir el ceño.
Me sonaba de algo pero desconocía de qué.
Alcé una de mis cejas mientras giraba noventa grados sobre sí misma y
le sonreía a alguien que aún permanecía al otro lado de la puerta.
- Come in -susurró en un inglés perfecto.
“Genial” - pensé para mí- “A recordar inglés ahora para hablar con quien sea”
Dos pasos de aquella persona hicieron que tuviese que controlar la ira que se abría paso en mi estómago.
- Hi -murmuró.
Tenía como siempre una gorra en la cabeza. Llevaba puestos sus
vaqueros favoritos y una camiseta blanca. Volvía a estar descuidado dado
que la barba le había crecido bastante y andaba aún más cabizbajo que
en otras ocasiones.
Claro que sabía quién era. Claro que me sonaba aquella mujer. Había
estado esperando durante horas solo para verle y ahora pedía que le
concediese ese momento pero ¿para qué?
- Hi -respondí algo seca.
¿De qué demonios iba todo esto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.