viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 8

Sus impactantes ojos estaban fijos en los míos mientras apretaba su mandíbula y gruñía completamente furiosa al tener mi presencia allí.

Me incliné colocándome en posición de ataque pero más relajado que ella. No sabía como podía evitar que ella revelase mi presencia allí.

Mis manos se convertían en puños aún más duros que antes clavándome las uñas en mis palmas mientras nuestras miradas seguían fijas la una en la otra.

La joven se tensó aún más y miró hacia su derecha tan solo una milésima de segundo. Frunció su ceño y tomó mi camisa con fuerza. Me empujó hacia una habitación que estaba cerca y nos encerró a ambos.

No entendía nada de lo que estaba sucediendo pero parecía estar más preocupada por lo que fuese que había visto que por tan solo mi presencia, es más no parecía ni tan siquiera importarle.

Leí las mentes de los que se acercaban y entonces lo comprendí todo. Por algún motivo sus ojos me habían hipnotizado sin permitirme pensar en nada más que ellos.

La contemplé. Estaba junto a la puerta con los ojos cerrados concentrada para intentar saber lo que estaba sucediendo en el otro lado.

- Yo puedo decírtelo -musité.

¿Por qué la ayudaba? Ella me miró fijamente con su ceño fruncido preguntándose exactamente lo mismo que yo.

- Es cierto, tú leías mentes -murmuró tan bajo como pudo.

Asentí y me concentré en lo que ahora a ambos nos importaba. Aro y Cayo paseaban por las inmediaciones hablando de un tema amoroso pero que no era capaz de descifrar bien cual era ya que nunca mencionaban nada específico, es como si hablasen en clave.

- Están hablando sobre un matrimonio.. de quién no puedo decírtelo hablan en clave -fruncí mi ceño y después la miré.

Su rostro se desencajó. Me miró y luego miró hacia otro lugar llena de ira.

No quiero. Maldita sea, no quiero. Detesto que tan solo valga para eso -pensó.

La miré extrañado. ¿Sólo servía para eso? ¿Para qué? Negué y me apresuré a salir de aquella habitación. Mi misión era otra, destrozar a Alec y nada más. Deseaba que ese vampiro muriese ya entre mis manos. La venganza se había alargado demasiado.

No pude dar ni dos pasos cuando sentí la mano de aquella joven vampiresa sobre mi cuello empujándome con fuerza contra la pared de manera que sus hermosos cabellos dorados volvieron a rozar mi rostro por el ímpetu que ella llevaba.

Era demasiado rápida como para poder pararla antes de que ella me frenase de esa manera. Un intenso gruñido salió del interior de su garganta mientras sus ojos rubíes se volvían de un negro intenso por el odio, la rabia y la sed pero no tan solo por mi presencia sino que aquella conversación entre Aro y Cayo aún daba vueltas por su mente.

- ¿Dónde te crees que vas? -bramó.

Hacía tal presión que pensé que realmente conseguiría matarme bajo aquellos minúsculos dedos. Tomé sus brazos y la aparté dejándola a ella contra la pared en la que hacía dos milésimas de segundo ella me había acorralado.
Su piel era extremadamente suave. Su aliento era increíblemente dulce y sus ojos negros eran aún más hipnotizantes si era posible que cuando los tenía rubíes.

- No te importa -susurré.

Frunció su ceño y de un ágil movimiento que no fui capaz de evitar me dejó tumbado en el suelo colocándose ella sobre mí pegando su rostro al mío de tal forma que con cada respiración era capaz de sentir aquella dulzura de aliento contra mis labios.

Por un instante me vino a la mente Bella y sentí deseos de besarla pero recordé que no era ella sino una completa desconocida y peligrosa que ahora sus cabellos rodeaban mi rostro en una extraña posición que me ponía en peligro ya que no podría escaparme de ella.

Tenía toda la pinta de ser una neófita. Estaba recién convertida seguro y su fuerza llegaba a ser descomunal, además era una neófita que se alimentaba de sangre humana por lo que aún tenía más fuerza que un neófito que se alimenta de sangre de animal.

Miré sus dientes que estaban perfectamente enmarcados en unos labios tan carnosos que invitaban a besarlos. ¿Qué estaba pensando? No podía ser así todo esto se debía al anterior recuerdo que había aparecido en mi mente de Bella.

- No te moverás -susurró.

Entonces rápidamente todo lo que había a nuestro alrededor desapareció.

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