Sus impactantes ojos estaban fijos en los míos mientras
apretaba su mandíbula y gruñía completamente furiosa al tener mi
presencia allí.
Me incliné colocándome en posición
de ataque pero más relajado que ella. No sabía como podía evitar que
ella revelase mi presencia allí.
Mis manos se
convertían en puños aún más duros que antes clavándome las uñas en mis
palmas mientras nuestras miradas seguían fijas la una en la otra.
La
joven se tensó aún más y miró hacia su derecha tan solo una milésima de
segundo. Frunció su ceño y tomó mi camisa con fuerza. Me empujó hacia
una habitación que estaba cerca y nos encerró a ambos.
No
entendía nada de lo que estaba sucediendo pero parecía estar más
preocupada por lo que fuese que había visto que por tan solo mi
presencia, es más no parecía ni tan siquiera importarle.
Leí
las mentes de los que se acercaban y entonces lo comprendí todo. Por
algún motivo sus ojos me habían hipnotizado sin permitirme pensar en
nada más que ellos.
La contemplé. Estaba junto a la
puerta con los ojos cerrados concentrada para intentar saber lo que
estaba sucediendo en el otro lado.
- Yo puedo decírtelo -musité.
¿Por qué la ayudaba? Ella me miró fijamente con su ceño fruncido preguntándose exactamente lo mismo que yo.
- Es cierto, tú leías mentes -murmuró tan bajo como pudo.
Asentí
y me concentré en lo que ahora a ambos nos importaba. Aro y Cayo
paseaban por las inmediaciones hablando de un tema amoroso pero que no
era capaz de descifrar bien cual era ya que nunca mencionaban nada
específico, es como si hablasen en clave.
- Están hablando sobre un matrimonio.. de quién no puedo decírtelo hablan en clave -fruncí mi ceño y después la miré.
Su rostro se desencajó. Me miró y luego miró hacia otro lugar llena de ira.
No quiero. Maldita sea, no quiero. Detesto que tan solo valga para eso -pensó.
La
miré extrañado. ¿Sólo servía para eso? ¿Para qué? Negué y me apresuré a
salir de aquella habitación. Mi misión era otra, destrozar a Alec y
nada más. Deseaba que ese vampiro muriese ya entre mis manos. La
venganza se había alargado demasiado.
No pude dar ni
dos pasos cuando sentí la mano de aquella joven vampiresa sobre mi
cuello empujándome con fuerza contra la pared de manera que sus hermosos
cabellos dorados volvieron a rozar mi rostro por el ímpetu que ella
llevaba.
Era demasiado rápida como para poder
pararla antes de que ella me frenase de esa manera. Un intenso gruñido
salió del interior de su garganta mientras sus ojos rubíes se volvían de
un negro intenso por el odio, la rabia y la sed pero no tan solo por mi
presencia sino que aquella conversación entre Aro y Cayo aún daba
vueltas por su mente.
- ¿Dónde te crees que vas? -bramó.
Hacía
tal presión que pensé que realmente conseguiría matarme bajo aquellos
minúsculos dedos. Tomé sus brazos y la aparté dejándola a ella contra la
pared en la que hacía dos milésimas de segundo ella me había
acorralado.
Su piel era extremadamente suave. Su aliento
era increíblemente dulce y sus ojos negros eran aún más hipnotizantes
si era posible que cuando los tenía rubíes.
- No te importa -susurré.
Frunció
su ceño y de un ágil movimiento que no fui capaz de evitar me dejó
tumbado en el suelo colocándose ella sobre mí pegando su rostro al mío
de tal forma que con cada respiración era capaz de sentir aquella
dulzura de aliento contra mis labios.
Por un
instante me vino a la mente Bella y sentí deseos de besarla pero recordé
que no era ella sino una completa desconocida y peligrosa que ahora sus
cabellos rodeaban mi rostro en una extraña posición que me ponía en
peligro ya que no podría escaparme de ella.
Tenía
toda la pinta de ser una neófita. Estaba recién convertida seguro y su
fuerza llegaba a ser descomunal, además era una neófita que se
alimentaba de sangre humana por lo que aún tenía más fuerza que un
neófito que se alimenta de sangre de animal.
Miré
sus dientes que estaban perfectamente enmarcados en unos labios tan
carnosos que invitaban a besarlos. ¿Qué estaba pensando? No podía ser
así todo esto se debía al anterior recuerdo que había aparecido en mi
mente de Bella.
- No te moverás -susurró.
Entonces rápidamente todo lo que había a nuestro alrededor desapareció.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.