viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 1

Sentado en la limusina solo podía esperar que el dolor de la resaca parase. Cada ruido le taladraba con tanta fuerza los oídos y le martilleaba por completo la sesera hasta convertirla en puré. No tenía claro lo que debía hacer hoy, desconocía donde iría. Tantísimos eventos, tantas películas por vender con una historia simple que le tenía bastante harto.
Recordó la última vez que había estado tranquilo y había sido durante la promoción de la película que había producido. Su compañera Emma siempre había sido tan agradable con él  que se le habían pasado los días volando.  Todos los eventos habían sido realmente gratificantes salvo el primero en el que cierta persona que no deseaba que fuese tuvo que ir solamente para que quedase claro que estarían ambos en las portadas de todas las revistas.
Aún recordaba como los primeros rumores de una relación habían salido durante el rodaje de la primera película. Suspiró apesadumbrado. ¿En qué mundo se había metido? Nadie le había avisado de los secretos que esconde aquel universo. Todo parece mucho más sencillo visto desde fuera pero ahora que estaba inmerso solo quería escapar.
Su vida se basaba en cientos de fotografías, salir en revistas, en las carpetas de todas las chicas y escuchar gritos allá donde fuese. La última vez que había paseado por la calle prácticamente le habían perseguido por toda la calzada más de treinta fans. ¿No entendían que era un solo hombre más? Les parecía guapo vete a saber porqué estúpida razón. Algunas ni sabían su nombre si no le vinculaban con el personaje que interpretaba en aquella saga de películas. Detestaba tanto haber ido aquel fatídico día a ese casting. Tenía que interpretar un personaje completamente opuesto a él por lo que había pensado que sería un gran reto personal pero ahora se martirizaba por haber cavilado hasta llegar a esa conclusión.
Su agente hablaba a su lado mientras él intentaba no pensar. Sus ojos se posaban en todas y cada una de las personas que transitaban por las calles. ¡Cómo les envidiaba!
Se repantigó en su lugar y escuchó la voz grave de aquella mujer que estaba sumida en todo ese engaño que parecía causarle tanto placer como a él asco. Pasó sus manos por su cabello algo que conseguía poner realmente aprueba mis niveles de autocontrol. Se cruzó de piernas, esas piernas blancas que siempre lucía como un gran trofeo y sonrió ladinamente.
- En esta ocasión, ¿qué debemos hacer, Megan? -preguntó.
- Llegaréis a un local. La gente os reconocerá enseguida y la prensa está preparada en la puerta. Fingir que os molesta que os encuentren, ya sabéis el procedimiento. Entráis y cenáis. Algún pequeño gesto que salga en todas partes y listo. Podréis volver a casa -respondió.
Mentira, pensó para sí Radley. Si fuese así podían nada más que darse la mano dentro. Salir en cinco minutos y descansar en paz. Había que hacer tiempo. Tenían que cenar, tranquilamente, sin prisas y fingir que mantenían conversaciones graciosas e interesantes. ¿Podrían hablar esa vez de algo que no fuese la horrible infancia y lo poco que la quería todo el mundo a ella? Se pasaba lamentando cada segundo.
Resopló y rezó porque el momento fuese más agradable que algún otro pasado en su compañía. Por extraño que pareciese no había sentido aquellas sensaciones por ella en otras circunstancias. Le había parecido una chica agradable, tierna e incluso rara pero en el sentido bueno de la palabra. Ahora, cada segundo se estaba volviendo un poco más odiosa pero su sonrisa fingida conseguía que nadie se diese cuenta de lo poco que le gustaba todo aquel show.
Se puso las gafas de sol a pesar de que era de noche y en ese instante se paró aquel vehículo. Ella fue la primera en bajar, como siempre atusándose el cabello hacia uno de los dos costados. Después descendió él. Metió sus manos en los bolsillos soportando flashes y más flashes hasta que pudo entrar en el edificio.
Siguió las zapatillas que llevaba su acompañante hasta la mesa que les habían preparado en un reservado. Por suerte no se podía ver nada desde allí y así podría ser natural con ella salvo cuando alguien mirase más de la cuenta.
Tomó la parte de arriba del respaldo de la silla de madera para correrla. Ella se sentó en ese lugar inesperadamente. Frunció su ceño y se dejó caer en la otra silla frente a ella.
- Eres muy amable -rió.
- Más bien tú una aprovechada ¿no crees? -sonrió para quitarle crueldad a su comentario y sin prestarle ni una pizca de atención miró la carta.
Por favor, que esto termine pronto. Eso fue lo último que pensó antes de dejar a un lado su lado coherente e intentar aunque sería muy difícil pasar una buena velada. La bebida sería su aliada como la última vez.

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