viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 3 (parte 2)

Llegué a la cocina y vi su figura de espaldas a mí mientras preparaba el desayuno. Era exactamente igual de espaldas que Emilie pero cuando la observaba con detenimiento me daba cuenta de que era mil veces más hermosa. 

Pase mis brazos alrededor de su cintura mientras ella continuaba cocinando. 

- Menos mal que te levantaste o iba a traerte hasta aquí cogiéndote de la oreja -giró su rostro y me dio un beso en la mejilla. 

Enterré mi rostro entre sus cabellos mientras apretaba un poco más su cintura entre mis brazos para así sentirla más cerca mientras respiraba el aroma que emanaba. Un perfecto aroma de mujer que embriagaba que siempre me había encantado y me relajaba como nada. 

Dejó de preparar lo que tenía entre manos mientras permanecía en la misma posición sin importarme el tiempo que llevaba abrazado a ella. 

- Te levantaste cariñoso hoy, ¿no? -susurró emitiendo una ligera risa. 

- Un poco -murmuré mientras sentía sus manos recorrer cada centímetro de mis antebrazos. 

Se giró entre mis brazos y me abrazó por la cintura acurrucándose en mi pecho como si fuese un bebé pero con sus tiernas caricias en mi espalda dejando constancia de su presencia y compañía. 

Mis manos se deslizaron lentamente por su cintura disfrutando de las curvas de aquella preciosa mujer que siempre me ofrecía su consuelo. 

A mi mente vinieron la inmensa cantidad de veces que mi madre me había suplicado porque estuviese con ella en lugar de con Emilie pero mi amor por Emilie no me dejaba ver más allá que a ella y a pesar de todo ni tan siquiera sucumbiría a aquel extraño delirio que ahora estaba recorriendo mi mente y mi cuerpo pidiéndome que fuese capaz de decirle a aquella mujer que me enseñase lo que nunca supe hacer. 

Levantó su rostro y colocó su mentón en mi hombro mientras aún me perdía en su aroma. Una de sus manos tomó mi barbilla y la envolvió entre aquella piel tan suave. Movió mi rostro e hizo que mirada se encontrasen con sus ojos de un azul profundo y penetrante. 

- No puedo verte más así -musitó con aquella tierna voz. 

- No tienes porqué hacerlo.. -suspiré y me separé de ella bruscamente. 

- Thomas, no me refiero a eso no imagines cosas que no son -replicó rápidamente mientras tomaba una de mis manos. 

- ¿Entonces qué es? -pregunté mirándola. 

- Que se terminó sufrir por ella. Aquí tienes demasiados recuerdos, demasiada vida que tan solo te lleva a ella y a nadie más por lo que ambos nos iremos de viaje. ¿Te animas? -sonrió-. Además de por supuesto buscarte una casa completamente nueva. 

- ¿Qué? No, Laura yo no pienso moverme de mi casa -negué rápidamente. 

- ¿Cómo que no? -rió-. Sabes que soy capaz de llevarte conmigo esposado si es necesario o incluso de montar un secuestro. Vendrás por las buenas o por las malas, tú decides. 

Resoplé y ella me sonrió. Se acercó a mí de nuevo y deslizó sus manos por cada centímetro de mis brazos para después ascender por mi cuello y tomar mi rostro con delicadeza comenzando a depositar tiernos besitos por él. 

¿Era consciente de que cualquier hombre podría volverse loco ante la idea de que semejante hermosura estuviese tan cerca y encima regalándole el suave tacto de sus labios? 

Cerré mis ojos y me imaginé a mi mismo tomándola entre mis brazos y besándola con ansiedad suplicándole que me hiciese olvidar. 

Abrí mis ojos y contemplé su belleza. Me separé de ella y asentí. 

- Está bien. Por las buenas -respondí y ella emitió un grito jovial para ir corriendo después a mi habitación. 

Sabía que empezaría a llenar alguna maleta de ropa para aquel viaje que estaba más que seguro tendría preparado. Ella era así. Sorprendente.

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