Llegué a la cocina y vi su figura de espaldas a mí mientras
preparaba el desayuno. Era exactamente igual de espaldas que Emilie pero
cuando la observaba con detenimiento me daba cuenta de que era mil
veces más hermosa.
Pase mis brazos alrededor de su cintura mientras ella continuaba cocinando.
- Menos mal que te levantaste o iba a traerte hasta aquí cogiéndote de la oreja -giró su rostro y me dio un beso en la mejilla.
Enterré
mi rostro entre sus cabellos mientras apretaba un poco más su cintura
entre mis brazos para así sentirla más cerca mientras respiraba el aroma
que emanaba. Un perfecto aroma de mujer que embriagaba que siempre me
había encantado y me relajaba como nada.
Dejó de
preparar lo que tenía entre manos mientras permanecía en la misma
posición sin importarme el tiempo que llevaba abrazado a ella.
- Te levantaste cariñoso hoy, ¿no? -susurró emitiendo una ligera risa.
- Un poco -murmuré mientras sentía sus manos recorrer cada centímetro de mis antebrazos.
Se
giró entre mis brazos y me abrazó por la cintura acurrucándose en mi
pecho como si fuese un bebé pero con sus tiernas caricias en mi espalda
dejando constancia de su presencia y compañía.
Mis
manos se deslizaron lentamente por su cintura disfrutando de las curvas
de aquella preciosa mujer que siempre me ofrecía su consuelo.
A
mi mente vinieron la inmensa cantidad de veces que mi madre me había
suplicado porque estuviese con ella en lugar de con Emilie pero mi amor
por Emilie no me dejaba ver más allá que a ella y a pesar de todo ni tan
siquiera sucumbiría a aquel extraño delirio que ahora estaba
recorriendo mi mente y mi cuerpo pidiéndome que fuese capaz de decirle a
aquella mujer que me enseñase lo que nunca supe hacer.
Levantó
su rostro y colocó su mentón en mi hombro mientras aún me perdía en su
aroma. Una de sus manos tomó mi barbilla y la envolvió entre aquella
piel tan suave. Movió mi rostro e hizo que mirada se encontrasen con sus
ojos de un azul profundo y penetrante.
- No puedo verte más así -musitó con aquella tierna voz.
- No tienes porqué hacerlo.. -suspiré y me separé de ella bruscamente.
- Thomas, no me refiero a eso no imagines cosas que no son -replicó rápidamente mientras tomaba una de mis manos.
- ¿Entonces qué es? -pregunté mirándola.
-
Que se terminó sufrir por ella. Aquí tienes demasiados recuerdos,
demasiada vida que tan solo te lleva a ella y a nadie más por lo que
ambos nos iremos de viaje. ¿Te animas? -sonrió-. Además de por supuesto
buscarte una casa completamente nueva.
- ¿Qué? No, Laura yo no pienso moverme de mi casa -negué rápidamente.
-
¿Cómo que no? -rió-. Sabes que soy capaz de llevarte conmigo esposado
si es necesario o incluso de montar un secuestro. Vendrás por las buenas
o por las malas, tú decides.
Resoplé y ella me
sonrió. Se acercó a mí de nuevo y deslizó sus manos por cada centímetro
de mis brazos para después ascender por mi cuello y tomar mi rostro con
delicadeza comenzando a depositar tiernos besitos por él.
¿Era
consciente de que cualquier hombre podría volverse loco ante la idea de
que semejante hermosura estuviese tan cerca y encima regalándole el
suave tacto de sus labios?
Cerré mis ojos y me imaginé a mi mismo tomándola entre mis brazos y besándola con ansiedad suplicándole que me hiciese olvidar.
Abrí mis ojos y contemplé su belleza. Me separé de ella y asentí.
- Está bien. Por las buenas -respondí y ella emitió un grito jovial para ir corriendo después a mi habitación.
Sabía
que empezaría a llenar alguna maleta de ropa para aquel viaje que
estaba más que seguro tendría preparado. Ella era así. Sorprendente.
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