viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 5

Frunció su ceño observando su cabello. Le habían peinado demasiado para su gusto. A él le encantaba pasarse la mano por el cabello pero ahora sería más que imposible pues sino tendría a dos mujeres para arreglárselo.
Había terminado de contemplar su aspecto. Un traje negro, pajarita. Hizo un mohín. Mucho no le gustaba pero quizá serían por los nervios. Cerró los ojos al recordar la conversación del día anterior. ¿Cómo podía haber reaccionado así ante ella?
Se percató que observaba su anillo y le sonrió feliz. Movió un poco la cucharilla de su café mientras Radley recobraba la compostura. 
- ¿Es… ? 
- Un anillo de compromiso -terminó ella la frase. 
Esperaba una sonrisa y la felicitación del chico al que más había extrañado durante todo ese tiempo. Le tenía un especial cariño y fue entonces cuando Radley completamente furioso se levantó sin decir nada saliendo de la cafetería para meterse en su camerino. Había pasado todo el tiempo pateando cada lugar que había encontrado y notando la horrible sensación de perderle de nuevo. Ella era la mujer que tanto había amado durante tantísimo tiempo y ahora volvería a casarse con un imbécil con suerte. 
Deslizó sus dedos por las solapas del traje. ¿Cómo podría mirar a aquellos ojos azules de nuevo? Debía meterse en la cabeza de que ahora no era Radley Parker era Joseph Jones. Era otra persona, otro personaje. Alguien que estaba enamorado de Madley Roberts, precisamente el personaje que interpretaba Rose.
¿Por qué ahora que tenía ocasión para hacer que entendiese que ningún otro hombre en el mundo podría amarla más que él tenía que estar prometida? No le importaba. Iba a besarle, iba a tomarla entre sus brazos y apretarle a su pecho hasta que ella le suplicase que no parase jamás de besarla.
Cuando escuchó como llamaban a la puerta, salió con paso decidido. Allí estaba la ayudante de dirección Elena para acompañarle hasta el lugar donde grabarían la escena.
Permaneció pensativo recordando las líneas que tendría que pronunciar minutos después. Mordió su labio inferior y se quedó en la marca que le estaban señalando.
Alzó su mirada y observó todo el equipo técnico. Estaban aún preparando todo. La iluminación estaba lista, el recorrido trazado y los grandes trozos de tela para los efectos que se hacían en la post-producción.  Guionistas sentados con sus cafés junto a las mujeres de peluquería esperando ansiosos que empezase la magia del cine.
Un hermoso vestido azul de seda se abría paso entre los allí presentes. Rose a la cual le estaban quitando unas pinzas del pelo estaba más que deslumbrante. La tela realzaba su cuerpecito de muñeca tan maravillosamente proporcionado y al estar ajustado hacía que sus caderas fuesen de infarto. Era la mujer más hermosa de la faz de la tierra. No había duda alguna de ello. Se quitó las gafas de sol, se las dejó a su agente mientras sonreía y caminó moviendo sus sugerentes caderas hasta la marca al lado de la que Radley se encontraba.
Alzó la mirada azul cielo y le guiñó un ojo al joven que aún tenía la boca abierta ante semejantes vistas. ¿Podía negarse más que la deseaba ahí, en ese instante, delante de todos los presentes? No, pero tenía que controlarse. Era una mujer prometida…
Prometida. La palabra volvía a taladrar su cabeza hasta que sus sienes le dolieron. Bufó furioso pero se contuvo mientras notaba los suaves dedos de Rose deslizarse por la palma de su mano.
Se había sorprendido tanto con la reacción de él que esperaba que no volvería a hablar con ella jamás. Su corazón había estado roto tanto tiempo y ahora tenía alguien que podía cuidar de ella. ¿Cómo iba a decirle a Radley que había pasado tiempo pensando en él más del que debería? Solamente quería que todo volviese a la normalidad. Quería no perder jamás a su Cachetitos. Apretó sus dedos entrelazándolos con los de él mientras su mirada suplicaba un “no me dejes”. Radley aunque confuso entendió que ella le pedía que todo fuese como antes. Se acercó a ella y rozó su mejilla con las yemas de sus dedos mientras ella cerraba sus ojos. Aquella caricia prohibida. Rose estaba tan confundida que Radley jamás se imaginaría lo que estaba causando en ella. Se había obligado a verle como a su pequeño tanto tiempo pero no era su hijo, ella no era de piedra. Las atenciones que tenía solo la llevaban a desear que fuese así el resto de los días de su vida.
- Estás preciosa -murmuró.
Abriendo el azul del océano Radley se perdió para no regresar. Sabía que aquel beso, en el que se fundirían en aquella toma le llevaría a la gloria de la que no quería volver nunca.
- ¡Acción!
Todos los extras comenzaron a correr por la calle. Él esperó en la esquina a que saliese del lugar -ahora inexistente- Rose. Para llamar su atención debía decir el nombre del personaje de ella.
- Madley -gritó.
Ella tomó su mano mientras corrían pues los disparos se escuchaban por todas partes. Rose le seguía pues él era quien debía indicarle el camino. Apretó los finos de dos de su amada con fuerza y la metió dentro de una callecita que parecía un callejón sin salida, tan estrecha que no había espacio suficiente para que pasasen juntos por lo que él buscó un recoveco detrás de unas cajas de un negocio local para así poder esconderse.
- ¿Estás bien? -preguntó Radley preocupado sin soltar la mano de Rose metido por completo en su personaje.
- Sí, sí, solamente me despeiné por la carrera -sonrió Rose mirándole a los ojos.
Todos los allí presentes estaban completamente embelesados. No querían perderse nada de lo que estaba sucediendo. La química entre Radley y Rose era más que obvia. Todos suplicaban por un beso, intenso entre ellos.
- Me alegro -susurró Radley.
- ¿Tú estás bien? -abrió mucho los ojos Rose cambiando su sonrisa por la visión más clara de la preocupación.
- Estoy de maravilla -asintió.
Escucharon un ruido y Radley la atrajo contra su cuerpo. La respiración de Rose se volvió un poco desigual así como la de él mientras sus miradas se cruzaban. El sonido de los disparos se alejaban pero ellos cada vez estaban más juntos.
Ahora tenía que besarla. Radley lo deseaba como si le fuese la vida en ello pero estaba increíblemente nervioso. Sus dedos se abrieron por completo de manera posesiva en la cadera de Rose e inclinándose al fin besó aquellos labios por los que tanto había suspirado.
Ambos se quedaron sorprendidos del efecto. Notaron una inmensa corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo y como sus labios tímidos pero deseosos de más volvían a juntarse en otro beso más apasionado. Rose quería acariciarle pero si lo hacía se saldría del personaje.
“Solo un beso, solo un beso” se repetían los dos en sus mentes pero era más que obvio que aquello no había sido solo un beso. Los dos querían más y el equipo mientras tanto disfrutaba del mayor espectáculo que habían contemplado nunca.

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