Atemorizada contemplo la luz del amanecer
mientras Daniel aún permanece dormido junto a mí. Es lo único que me
mantiene anclada a la realidad pero sé que cuando la luz regresa, él
tendrá que abandonarme durante unas horas para ir a clase.
¿Podré hablarle hoy de lo que siento?
Seguramente no sería capaz de escuchar lo que mi mente piensa a cada
segundo y como eso me hace sentir. Él necesita dulzura, merece que le
cuiden como nadie más lo ha hecho antes.
Le observo mientras lloro en silencio. Él
duerme a mi lado sin inmutarse y cuando eso pasa uno de los pensamientos
que gobierna mi mente me perturba con tantísimo dolor. Creo que no le
importo lo suficiente para estar a mi lado, despierto, cuando más le
necesito pues puede estar en su mundo tranquilo, en la inconsciencia.
Sé que no es justo para él que piense así pero no soy capaz de evitarlo, es superior a mis fuerzas…
Dejo de leer. Me duele saber que piense algo así
sobre mí cuando desde aquel día no me he separado de ella. Me pone
ansioso abandonarla aunque sea unos segundos. Es tan vulnerable.
Escucho el sonido de la puerta y veo su perfecto
cuerpecito enfundado en el albornoz que trajo de su casa. Me sonríe
ligeramente al ver que estoy sentado en la silla de su escritorio.
Camina lentamente hacia mí y se sienta sobre mis
piernas observando de manera inquietante mi rostro. No habla, con la
mirada lo quiere decir todo pero su mirada es tan triste, tan pesada que
no puedo mantenerla mucho tiempo.
Apoya su frente contra mis cabellos y con mis
brazos rodeo su pequeña cintura atrayéndola a mi cuerpo para que así no
pueda caerse. Deja un beso en mi cabeza y se queda quieta mientras llena
sus pulmones de aire. No puedo evitar imitarla pues me encanta como
huele después de ducharse.
- ¿Sabes? –susurra tan bajo que parece que habla con ella misma.
Niego y mis dedos se pierden entre los pliegues
de su albornoz que es suave pero jamás tanto como su maravillosa piel de
porcelana.
- He soñado con lo que pasó…
- E-e-ll-ll-e-e, n-n-no….
- Tranquilo… -apoya sus dedos ligeramente arrugados por el agua de la ducha sobre mis labios- estoy bien.
Suspiro por su dulce tacto y abro lentamente mis dedos en su cintura mientras sus ojos se mantienen fijos en mi rostro.
- ¿Lo recuerdas? –pregunta.
- S-sí-sí –susurré.
¿Cómo no recordar ese momento? ¿Cómo borrar de mi
memoria el momento en el que más había sufrido de mi vida? Ahora
entendía lo que en tantas historias había leído. El amor nos hace
vulnerables. Da cartas al enemigo para lastimarnos y a la persona que
amas para que te mate por dentro.
Cierro mis ojos y respiro su fragancia mientras
mi cuerpo comienza a tiritar cuando a mi mente llega el recuerdo de su
cuerpo tumbado sobre el frío suelo. Su rostro completamente lleno de
lágrimas, hipando de la amargura, el terror que sentía. No veía nada que
no fuese la oscuridad delante de sus ojos.
En su mano derecha aún estaba el arma con el que
había cortado sus muñecas hasta tal punto que la sangre recorría sin
problemas las baldosas de la minúscula habitación.
- ¡N-n-no! –grité mientras caía junto a ella.
Tomé unas toallas y las apoyé sobre sus muñecas
para que no saliese más sangre de ellas. No quería ni pensar en la sola
posibilidad de que pudiese perderla. No, ella no. Cualquiera menos ella.
Mi Elle, no. Mi vida no.
Las lágrimas recorren mis mejillas y siento sus
labios apoyarse sobre su trayectoria besándolas y secando de esa dulce
manera mi rostro.
- Mi héroe –susurra.
Abro mis ojos encontrándome con los suyos y
acaricia con delicadeza el contorno de mis labios. Perdiéndome en la
inmensidad de su belleza mis labios se entreabren hasta que ella puede
contemplar el inicio de mis dientes.
- ¿Qué sientes por mí? –pregunta inquisidora como si ya lo supiese.
- T-t-te q-qu-quie-r-ro m-mu-uch-ch-o –respondo bajando mi mirada.
No puedo confesarle la verdad. No soy capaz de
decirle que estoy perdidamente enamorado de ella desde el mismo momento
que la vi. Me creería un estúpido.
Se levanta de mis piernas dejando mis brazos
completamente vacíos sin su cuerpo. Tengo que relajar mi respiración
pues tantas emociones pueden conseguir que no sepa lo que hacer.
Me giro en la silla y apoyo mi cabeza entre mis
manos. Tengo que borrar ese recuerdo doloroso pero ya he comenzado a
reproducir la cinta y ya no puedo pararla.
La ambulancia llegó poco tiempo después de que
les suplicase tartamudeando que llegaran. Me preguntaron lo que había
sucedido y a duras penas pude responderles que aquella muñequita tan
perfecta como única en este mundo se había encerrado en el baño sin ni
tan siquiera haber podido impedirlo.
Metieron su cuerpo inconsciente y bañado en
lágrimas en la parte trasera del vehículo. No sabía si ir con ella o no
pero lo hice. Me subieron y me senté junto a ella observando sus ojos
cerrados y su rostro sufriendo. Aún en otra realidad seguía sufriendo.
Siento sus manos en mis hombros y como lentamente
va dando la vuelta a la silla. Me mira pero yo no puedo verla. No
ahora. La necesito a mi lado pero mi miedo nubla mi mirada. Sé que
podría perderla tan pronto como parpadease y no quería que ocurriese
jamás.
Toma mi mano y es entonces cuando puedo escuchar
la música que ha puesto. Parece una banda sonora de una película pero no
recuerdo exactamente cuál.
Me levanto mientras sus dedos se deslizan entre los míos y aprietan ligeramente mi mano observando cada reacción de mi rostro.
No sé lo que quiere pero mi mirada vuela hasta
sus ojos azules que parecen estar llenos de temor. Sus mejillas
sonrojadas invitan a acariciarlas pero no hago nada pues no sé para qué
me necesita.
Camina hacia detrás y se queda en el borde de la
cama arrastrándome con ella. Apoya su mano libre en mi nuca acercándome
poco a poco a su rostro, sin prisa alguna.
- He visto tus dibujos –sisea haciendo que su aliento roce mis labios.
Me sonrojo por completo. Sé a lo que se refiere.
La he observado alguna vez desnuda y he intentado reproducir sus
perfectas curvas en mi bloc siendo prácticamente imposible. Una fracción
de segundo no me permite plasmarla en todo su esplendor.
- No tomes esto como que soy una… cualquiera –susurra mucho más nerviosa- pero quiero que puedas terminarlos. ¿Qué necesitarías?
Siento como mi respiración se vuelve tan
irregular como los latidos de mi corazón y aprieto entre mis dedos de mi
mano libre el puño de mi sudadera. Jadeo ligeramente y sin ser capaz de
mirarla respondo.
- Ve-ver-r-t-t-te.
Ella parece entender y se aleja solamente un poco
de mí para desabrochar el cinturón de su albornoz dejando que después
resbale por su precioso e inmaculado cuerpo.
Aprieto mis manos para controlar mi deseo de
recorrer con ellas toda su piel y memorizar cada centímetro de su
anatomía como si fuese un ciego.
Sus dedos temblorosos cogen mi barbilla y hacen
que suba mi cabeza para encontrarme con sus ojos. No puedo mirar su
cuerpo por lo que cierro los ojos. Eso está mal. Seguro debe estar
pasando por algún episodio extraño y no es consciente de lo que está
haciendo.
- Mírame, Daniel –susurra.
No. No lo haré. Niego frenéticamente a pesar de que sus manos colocándose en mis mejillas intentan parar mis movimientos.
- Daniel, tranquilo.
Sé que ella debería ser la única que estuviese
nerviosa pero yo no puedo evitarlo. Es una diosa ofrecida a un pobre
tonto y todo lo que tiene que ver con ella me lleva a un estado de
ansiedad demasiado grande como para soportarlo sin que nadie lo note.
- Ya… sh.. –besa la punta de mi nariz-. Tranquilo.
Siento como una de sus manos coge la mía y hace
que poco a poco mi brazo se estire hacia ella. No tardo mucho tiempo en
sentir su pómulo bajo mi palma. Es tan agradable poder tocar sus rasgos.
- Tranquilo.
En su tono he sido capaz de palpar su nerviosismo
y antes de que pueda hacer nada ella hace que mi mano comienza a
descender por su cuello hasta la parte superior de sus senos. Ya no hay
posible marcha atrás. Ahora soy esclavo de ese suave tacto del inicio de
aquellas montañas.
- Mírame –me suplica.
Abro mis ojos por su tono de voz y veo sus
mejillas tan rojas que parecen pequeños tomates adorablemente colocados
en el lugar idóneo.
Está entregada a mi tacto y mis dedos ya recorren
aquel montículo tan suave y delicado. Bajo mi mirada a él y suspiro.
Quiero sentirlo toda mi vida. Es tan perfecto e increíblemente
redondeado. En la parte más baja posee un pequeño botoncito al que todos
deben llamar pezón. Es tentador, invita a jugar con él y mi dedo pulgar
no puede evitar pasar alrededor para descubrir su textura. Está duro y
se mueve levemente. Vuelvo a pasar mi pulgar y Elle gime.
Alzo mi mirada hacia ella que avergonzada mira hacia otro lado. ¿La he hecho daño? Parece que no. ¿Puede haberle gustado?
Temeroso subo mi otra mano hasta su otro
montículo mientras veo como Elle cierra los ojos. Aprieto con suavidad
aquella blanda carne y ella vuelve a gemir. Le gusta y por algún motivo
eso me resulta de una manera que desconozco, atrayente. Quiero volver a
escuchar esos gemidos.
- T-t-túm-m-mb-bat-t-te –le pido.
Ella abre los ojos y asiento. Baja con mucha
suavidad y se tumba sobre la cama. Me mira nerviosa. Su respiración es
tan rápida como la mía.
Me quedo observando durante unos minutos como sube y baja su abdomen al ritmo de su respiración.
Me siento junto a su cadera y con uno de mis dedos con mucho cuidado voy recorriendo aquel cuerpo que invita al pecado.
Mi musa cierra los ojos, no sé porqué, pero eso hace que la imagen que contemplo sea aún más hermosa.
Bajo mi dedo por entre sus pechos llegando a su
ombligo. Su piel se eriza ante mis caricias y trago con dificultad
mientras mi dedo dibuja el contorno de aquella pequeña cueva que tiene
en medio del abdomen.
Un suspiro sonoro se escapa de entre sus labios
mientras bajo mi dedo hasta su cintura. Rozo levemente su vello púbico y
ella agarra las sábanas. El tacto de ese vello es muy distinto al de su
cabello pero aún así me gusta.
Elle abre sus piernas mientras mis dedos se
aventuran por su monte de Venus hasta llegar a la intersección de sus
labios vaginales.
- Oh… -gime.
Deslizo la yema de mi dedo índice por entre ellos comprobando que está húmedo. ¿Por qué está húmedo?
Tiene un cuerpo maravilloso y aquella sensación
de sentirla siempre la llevaré en mi recuerdo pero mi cuerpo parece
desear más. Por primera vez siento un dolor en mi entrepierna que no me
resulta para nada familiar. ¿Qué está ocurriendo? ¿Deberé ir al médico?
Quito mi mano de Elle preocupado por lo que pasa
en mí y en dos segundos tan rápido que desconozco como ella se incorpora
quedándose a milímetros de mis labios.
- ¿Tienes… suficiente?
Asiento y ella me mira durante unos instantes
creo que debatiéndose sobre algo. No sabe si debe o no hacer lo que sea
que está imaginando. Quiero preguntarle lo que le aflige pero cuando
abro los labios los suyos se estampan sobre los míos haciendo imposible
que hable pero regalándome mi primer beso.
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