Hace muchos años había una única familia. Estaba formada por
Elenía, Morgana, Esidea, Carlton. Todos eran muy felices y jamás
discutían por nada. De la noche a la mañana ocurrió algo inesperado para
todos ellos.
Esidea y Carlton hacían las tareas que sus padres les mandaban
como buenos hijos. Ese día les mandó a recoger moras del bosque. Ellos
fueron sin protestar y hacían carreras para ver quién recogía más en
menos tiempo. Durante la carrera cada uno recorría una parte del bosque.
Esidea recorría todo el oeste y el sur y Carlton recorría todo el norte
y este del bosque.
Esidea recogía moras hasta que algo llamó su atención. Entre los
árboles más cercanos unos pasos se abrían camino. Él curioso se acercó
hasta aquellos, para él solo existía su familia por lo que no debía
tener ningún miedo.
Aquellos pasos se acercaron más hasta que apareció una figura
femenina de entre los matorrales. Esidea no sabía qué hacer. Jamás en su
vida había visto una mujer salvo su madre y aquella mujer le hizo tener
extrañas sensaciones que jamás había sentido.
La joven le sonrió y él enseguida quedó prendado de ella. Parecía
que ella sentía lo mismo y ambos volvieron al hogar de Esidea juntos.
El joven se la presentó a sus padres y a su hermano pero este comenzó a
tener los mismos sentimientos por aquella mujer que su hermano.
La joven llamada Serena miraba a Esidea con amor pero como
Carlton se portaba tan bien con ella comenzó a sentir algo fuerte por él
también. Carlton descubrió que si no fuera porque su hermano existía
Serena estaría con él y podían estar juntos hasta el fin de sus vidas.
La cólera y el odio contra su hermano le consumieron hasta que no
soportó más y decidió terminar con todo aquel sufrimiento para siempre.
Habló con Esidea y le dijo lo que sentía por Serena. También le
dijo que sabía que ella también le amaba pensando que así Esidea les
dejaría el camino libre pero no se rindió tan fácilmente. Le contestó
diciéndole que todo aquello era falso porque Serena le amaba solamente a
él.
Después de herirse verbalmente varias veces Carlton no soportó
más su ira y mató a su hermano. Mientras aquel suceso ocurría, Esidea
hizo un pacto con el diablo. Si le dejaba vivir para siempre con su
amada él le entregaría su alma. El diablo le concedió lo que pedía y una
vez Carlton terminó de matarle dejó el cuerpo inerte de su hermano en
aquel claro del bosque.
Carlton y Serena comenzaron a tener una relación por mucho que a
ella le pesara la pérdida de su amado Esidea. Mientras que en el claro
del bosque aquel cuerpo inerte iba transformándose de una manera que
nadie podría imaginarse.
Los huesos de su cuerpo volvían a soldarse de manera que se
terminaban convirtiendo en pura roca. Sus músculos se definieron mucho
más de lo que estaban. Su piel morena se tornó pálida como la misma
nieve. Sus facciones se endurecieron hasta volverse perfectas y sus ojos
comenzaron a cambiar de color hasta que llegaron al topacio. La herida
que tenía en su frente la cual le había causado la muerte cicatrizó
rápidamente y el resto de arañazos no dejaron ningún tipo de cicatriz.
Comenzó a moverse lentamente porque sentía todo lo que asaba a su
alrededor. El ruido de los árboles apenas audible para un humano
“normal” le retumbaba en los oídos llegando a molestarle. Podía oír como
un ave que estaba a varios kilómetros de distancia daba de comer a sus
crías como si estuviesen a su lado. Abrió los ojos y comprobó que era de
noche pero podía ver exactamente igual de bien que si fuese de día.
Miró hacia todos lados buscando a su hermano. Quería venganza. Comenzó a
correr hacia el lugar donde estaba situada su casa. Se dio cuenta que
corría muchísimo más rápido y no se cansaba. Sonrió. No sabía lo que le
estaba ocurriendo pero agradecía al diablo haberle dado tantísimas
cualidades.
En poco tiempo llegó a su destino. Se quedó observando unos
instantes a sus padres los cuales estaban preocupados porque él no había
regresado aún. Sintió pena por ellos pero el odio comenzó a moverse a
arder de nuevo en su interior. Los deseos más oscuros tomaron forma en
su mente y fueron haciéndose más fuertes en cuanto vio a su hermano con
su amada. Serena había cogido unos kilos más de peso pero seguía estando
preciosa. Intentó mantenerse sereno y salió de entre los árboles.
Todos se quedaron boquiabiertos al verle y su hermano Carlton
palideció al instante. No podía entender como el hermano al que había
dado muerte estaba ahora ante sus ojos. Serena sonrió de felicidad y sus
padres se acercaron a él corriendo.
Morgana, la madre de ambos, se abrazó a su hijo al que creía
perdido. Un olor muy apetitoso llegó hasta Esidea. Aquel olor provenía
de su madre. Sintió bajo sus dedos los latidos del corazón de ella.
Sintió muchísima sed, sed de ella pero de una manera monstruosa. Quería
beber la sangre de su madre aunque tuviese que matarla. Consiguió
contenerse sin decirle nada a nadie y se separó de ella.
Sus sentimientos le estaban atormentando pero su padre le abrazó en ese momento contagiándole su felicidad.
Los tres caminaron hacia Serena y Carlton. Esidea intentó
mantener la calma porque no quería quedar como un monstruo delante de su
amada. Esperó hasta que sus padres se fueron y su hermano se quedó
junto a él. No hizo nada salvo indicarle que le siguiese.
Carlton estaba temeroso de la venganza de su hermano. Parecía
ahora mucho más fuerte que antes. Llegaron al mismo claro del bosque
donde una vez habían discutido y Esidea había muerto para volver a la
vida en aquella extraña forma. Se miraban desafiantes. Esidea comenzó a
hablar a su hermano y le explicó cómo sería su venganza. Después se
abalanzó sobre él e intentó matarle. Pensó que estaba muerto y le dejó
en el claro tal y como había hecho su hermano unos días antes con él.
Esidea volvió a su casa y le contó a Serena lo que había pasado.
Después ella le explicó que estaba embarazada y su amado comenzó a
chillar saliendo de allí. Subió al tejado y comenzó a oler aquel
maravilloso aroma. Sabía que era su madre y con tanta furia que luchaba
en su interior contra el amor hacia ella más la sed que aquel aroma le
despertaba fue hacia ella muy lentamente como un depredador que va a
cazar.
Morgana no se percató de nada hasta que no vio a su hijo frente a
ella. Mientras tanto en el claro del bosque el cuerpo de Carlton tomaba
otra forma completamente diferente a la de su hermano. No entendía la
razón por la que sus músculos comenzaban a cambiar de tamaño. Su
temperatura corporal aumentó en muchos grados. Sus sentidos se
agudizaron.
Comenzó a moverse lentamente y comprobó que se sentía ahora mucho
más seguro de sí mismo. Era de noche y una nube tapaba la luz de la
luna. Carlton miró al cielo esperando algo pero no sabía con exactitud
lo que era. Sus instintos le decían en todo momento lo que debía hacer
aunque su mente conscientemente lo desconociese.
La nube se movió y los rayos de la luna comenzaron a iluminar
todo el claro. Se posaron sobre la piel de Carlton y algo comenzó a
cambiar en él. El dolor que aquellos rayos le producían era
insoportable. No pudo evitar gritar. Su cuerpo comenzó a convulsionar.
Se agachó y comenzó retorcerse en el suelo del dolor que sentía en cada
una de las partes de su cuerpo. Después el dolor cesó en tan solo un
segundo. Se levantó y se dio cuenta que estaba a cuatro patas. Quiso
decir algo pero de su boca solo salió un gruñido.
Se miró las que serían sus manos y ahora era pezuñas. Se asustó y
buscó algún río para poder mirarse. Comenzó a correr rápidamente y
llegó en unos segundos allí. Observó su reflejo. Era un lobo enorme. Sus
ojos castaños dejaban ver su increíble incomprensión. Se dio cuenta que
esa podría ser la única manera de vencer a su hermano. El odio ahora le
consumía. Quería vengarse de su hermano por haberle matado de aquella
manera tan horrible.
Comenzó a correr hacia la que era su casa y vigiló a su hermano.
Le vio que mordía algo. Acercándose más se dio cuenta que ese algo era
su madre. Esidea estaba mordiendo a Morgana quitándole toda la sangre su
cuerpo matándola en el intento. No podía entender cómo podía hacerle
eso a su propia madre. Se enfureció y salió hacia él atacándole.
Elenía salió de la casa y vio la escena. Sabía que Esidea era su
hijo pero era un monstruo y quería matarle. Morgana yacía muerta en el
suelo mientras el lobo y el mostruo peleaban. Sentía algo más de
simpatía por aquel lobo pero no sabía su procedencia.
Quería matar a su hijo Esidea. Debía luchar contra él pero el lobo lo estaba haciendo por él.
Después de la batalla ninguno de los dos murió. Esidea se fue a
vivir a otro lugar. El lobo también desapareció de allí. Mientras tanto
Elenía juró que mataría a su hijo por muchísimo que tuviese que entrenar
para ello.
Cerré el libro. Había vampiros, cazadores, hombres lobo… Eso solo
eran historias. Eran simples leyendas las de aquel libro que había
encontrado en aquella librería antes de haberme convertido en conde. Era
pura literatura barata. Deslicé mis dedos por el puente de mi nariz y
me levanté furioso. ¿Cómo podía encontrar algo que me sirviese de
verdad?
Pasé mi mano por mi cabello mientras reprimía un gruñido exasperado.
¿Habría alguna biblioteca en aquella casa que había comprendo sin tan
siquiera conocer sus secretos?
Puede que yo sea capaz de ayudarte con tu problema. Quizá sea el
momento que te llegue algo interesante. Sí, mañana lo tendrás. Espera
ansioso tu respuesta.
¡Maldición! Al escuchar esa voz me había tensado por completo.
¿Tendría que esperar hasta mañana para que me llegase algo? Pero, ¿qué
algo?
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