viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 4

La música suena muy alta. En la casa de al lado tienen que estar dando una fiesta. Me levanto de la cama de mi cuarto en la que estoy sentado y camino hasta la ventana. La mayoría de mis compañeros de instituto bailan en el jardín junto a la piscina de la casa de Philip, otro de los chicos que siempre se meten conmigo. Es por esa razón por la que no estoy a salvo en casa. Saben donde vivo.

Acaricio suavemente el cristal de mi ventana. ¿Estará allí Elle? Suspiro y apoyo mi frente en el cristal. Lo más probable es que Clive y ella bailen hasta las tantas de la noche mientras se dan besos como otras veces he visto en los bailes escolares. Jamás me invita nadie para que sea su pareja pero yo voy para verla a ella brillar delante de todas las chicas que solo desean imitarla.

Veo su pequeña figura rubia enfundada en un pequeño vestido azul caminando junto a su grupo de amigas. Sonríe. Parece feliz. Algo que jamás sería si me acercase a ella.

Coloco mis gafas de nuevo sobre el puente de mi nariz y nervioso muevo ligeramente mis manos hasta tranquilizarme. Siempre me pongo nervioso cuando la veo y es normal. Es tan perfecta.

Me quedo observándola un instante más mientras que camina hacia la puerta de la casa de al lado. Ojalá algún día hiciese lo mismo pero hasta aquí. Jamás vendría a verme.

En ese momento alza su pequeña cabeza rubia hasta la ventana de mi cuarto. Me ve y sonriendo suavemente me saluda. Mi corazón late tan fuerte que solo soy capaz de responder al saludo sin que se note demasiado lo importante que es para mí.

Me vuelvo a sentar en la cama suspirando sabiendo que para Elle es algo sin importancia tratarme como a todos los demás. Pero yo sé que no soy normal para ellos, tan solo soy un estúpido del que burlarse y un folio al que copiar en los exámenes. Duele sentirse así pero es la vida que me ha tocado. Debo afrontarla.

No quiero hacer ruido. No deseo que sepan que estoy en casa. Voy hasta mi estantería y tomo el último libro de aventuras que saqué de la biblioteca. Salgo de la habitación y con sigilo bajo las escaleras. No quiero que me vea el señor Sullivan.

- ¿Daniel?

Tarde. Me quedo completamente paralizado y no digo una sola palabra. No puedo. Verle, tan solo verle hace que me den ganas de vomitar. Solo rezo en mi interior porque no vuelva a estar borracho.

- ¡Daniel!

Ya está gritando. No. No me gusta que grite. Rápidamente tapo mis oídos y le miro de reojo bajo mi espeso flequillo. Le observo. Está riéndose con una botella de alcohol en la mano. Se burla de mí pero no le entiendo al tener mis oídos tapados. Me gusta no entenderle. Sabe como herir con las palabras al igual que con los puños.

La señora Sullivan me mira nerviosa. Tiene el labio un poco hinchado. Eso hace que me ponga aún más ansioso y tenga más miedo. ¿Se atreverá a pegarme otra vez? No le dejaré.

- Ven aquí –me ordena.

Niego y salgo corriendo al igual que hago con mis compañeros de clase. No me gusta que me griten, tampoco que me peguen y es lo único que hacen. Hasta mis profesores pierden la paciencia conmigo. No tengo la culpa de no poder responder como debería. Mi cerebro lo hace pero mi boca no lo dice.

Abro la puerta del jardín y sigo corriendo intentando escaparme de su castigo. Sé que me persigue.

- Ven aquí, muchacho –agarra mi jersey.

No. Lo va a hacer. Me pegará aquí fuera y mis compañeros de clase están en la casa de al lado. Cualquiera puede verlo y reírse de mí al día siguiente en el instituto.

Me zarandea y me tira al suelo. Siento como la tierra suena cuando choco contra ella. En los ojos de Gilbert tan solo hay odio, mucho odio. Levanta su mano y me propina un puñetazo que hace que me sangre el labio.

Sé lo que viene después. Ahora se quitará el cinturón mientras me repite todo lo que me detesta. Suspiro a punto de las lágrimas pero no debo hacerlo. No debo llorar.

- ¿Te divierte ser como tú? ¿Un subnormal que tan solo causa problemas? ¿No te das cuenta que nadie te quiere? –comienza.

Ha empezado. Sé que ya no habrá final hasta que se canse. Me hago un ovillo en el suelo y al escuchar el sonido del cuero de su cinturón en el aire pienso que todo está perdido.

- ¡OIGA! –grita una vocecita desde el otro lado del jardín.

No. Ella no. No quiero que la lastime a ella. Abriendo mis ojos observo su pequeña figura correr hasta donde me encuentro.

- ¡No le toque! –vuelve a gritar mientras corre y se pone delante de mí.

- ¿Y tú quien eres niñata? –sisea hipando ligeramente por la borrachera.

- Soy la hija del hombre que puede convertir su vida en un infierno como se atreva a tocarme –susurra con frialdad.

- Criatura insolente. Te voy a enseñar a…

- ¡Gilbert! No la toques.

Christine ha salido hasta la puerta del jardín temblando de pies a cabeza. Ella si sabe quién es el padre de Elle.

- ¿Por qué?

- Porque es la hija de tu jefe –dice tajante.

A Gilbert los ojos se le salen de las órbitas en ese momento e intenta vagamente disculparse pero Elle no le hace el menor caso. Se ha girado para verme. Se pone de cuclillas y acaricia suavemente mi cabello apartándolo de mi rostro.

- ¿Estás bien, Daniel? –murmura con suavidad.

Asiento a modo de respuesta y ella busca en su pequeño bolsito un pañuelo. Lo saca y tras ayudarme a sentarme en el césped, apoya el suave algodón contra la herida que tengo en el labio. Sonríe ligeramente y se acerca para dejar un beso en mi frente.

- N-no ti-tie-nes po-por qué qu-qu-quedarte. Vu-vu-elv-v-ve a la f-fi-es-s-sta –susurro.

Ella niega y suspira tras escuchar mi frase. Mueve sus hombros intentando recobrar la compostura y es en ese momento cuando puedo percatarme que sus ojos están ligeramente hinchados y rojos. Ha debido llorar. ¿Qué la habrán hecho?

- La fiesta se terminó para mí, Daniel.

Escucho como intenta contener el llanto. Intento alzar al menos una mano para consolarla pero temo con tanta intensidad que me rechace que permanezco paralizado observándole. Ella continúa con su mano presionando mi herida y al cabo de unos minutos consigo recuperar el habla.

- ¿P-P-Por q-qu-qué? –tartamudeo.

Sus ojos azules se fijan en los míos durante unos instantes. Tras ello echa mi flequillo hacia un lado para que así pueda verle bien. Esa sensación de tener sus dedos entre los mechones de mi cabello me pone nervioso y me hace sonrojar.

Al notar mi sonrojo, ella desliza sus dedos por mi mejilla consiguiendo que me estremezca por completo. Cientos de descargas eléctricas recorren mi columna vertebral tensando mis músculos.

- He encontrado a Clive acostándose con otra –responde mientras baja su mirada.

¿Clive acostándose con otra? Sabía que ese chico era idiota pero no tanto como para engañar a esa mujer que era sinónimo de perfección. Frunce sus labios mientras deja que las lágrimas recorran sus mejillas hasta morir en sus labios. Las envidio aún más de lo que he envidiado a Clive en algún momento de su existencia.
Ella está vulnerable frente a mí. Alzo suavemente una mano temblorosa y seco una de todas aquellas lágrimas observándole.

- ¿Por qué? –pregunta de repente-. ¿Por qué me ha hecho eso? Ahora soy el hazmerreír de todo el mundo por ser una estúpida chica que no ha sido capaz de hacer feliz a su novio. ¿Acaso no soy lo suficiente para nadie?

Observo su delicado rostro que está lleno de dolor pero parece que es más allá que el simple hecho de no sentirse amada por su novio. Podría asegurar que se trata de un sufrimiento más profundo.

Sé que necesita palabras de consuelo pero no soy bueno hablando y puede que solo consiga empeorar todo. Intento ponerme en su situación pensando qué es lo que realmente querría yo si me encontrase así de alterado.

- Er-r-res d-d-demasi-i-iado bu-u-uena p-p-para é-él –consigo decir al fin.

Sus ojos se suavizan tras mis palabras y sus comisuras se curvan hacia arriba. He conseguido que sonría a pesar de que sus mejillas aún sigan empapadas en lágrimas. Niega levemente mientras se acerca un poco más a mí. Quita su suave pañuelo de mi herida, de la cual ya no sale sangre, y acariciándome la mejilla suspira.

- Tú sí que eres demasiado bueno para este mundo, Daniel. Siempre tan tímido y tan solo te lo responden con palos. Detesto que seas la diana de sus burlas cuando en mí lo único que despiertas es ternura. Sé que no es mucho pero puedes contar conmigo si lo necesitas. ¿Vale?

Despierto ternura en ella. ¿Es eso algo bueno? No soy capaz de pensar pues su mano aún le está regalando la vida a mi mejilla con ese suave roce. Es tan delicada y suave. Su piel es igual que la seda. Me encantaría poder acariciarla todo el día.

Me sonríe y asiento a modo de respuesta a esa pregunta que hace nos segundos me hizo. Su sonrisa se ensancha y se acerca dejando un beso en mi mejilla. Puedo notar sus deliciosos labios dejar su huella en mi pómulo. Cada parte de mi piel rozada por ella ya ha sido conquistada por ella.

- ¿Puedo quedarme? –suplica con su mirada-. ¿Puedo estar aquí contigo esta noche?

No puedo creerme lo que está pidiéndome. Desea pasar esa noche en mi compañía. Nadie, absolutamente nadie, ni tan siquiera yo habría imaginado que algo similar pasaría.

Elle se mueve para sentarse a mi lado y apoya su pequeña cabecita en mi hombro. Giro mi cabeza hacia su cabello y aspiro su aroma profundamente aunque siendo discreto mientras lleno mis pulmones de él.

- Cl-claro q-que p-pue-d-des, E-ll-lle –susurro.

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