viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 9

Rose permanecía tumbada sobre el torso desnudo de Radley mientras él deslizaba sus dedos con mucha lentitud por su espalda desnuda. Sonreían ambos, como idiotas enamorados, después de haberse fundido en su amor durante horas. 
Aquella habitación olía completamente al fruto de su deseo y su lujuria. Podía disfrutarse la intensidad del sexo que ambos habían compartido. 
Radley subió lentamente las yemas de sus dedos por la sedosa piel de su amada y contempló como la sonrisa de ella se iba ensanchando. Eran felices, disfrutando de ese momento. Querían alargarlo todo lo que fuesen capaces. 
- Eres tan hermosa… 
Ambos notaron como las mejillas de Rose se sonrojaban lentamente cada vez más hasta que terminaron con un delicioso rubor que la había verse aún más adorable. 
- ¿Cómo se puede ser tan perfecta? -susurró contra el oído de aquella pequeña mujer que le había vuelto completamente loco. 
- Sabes de sobra que no lo soy -negó suavemente haciendo que sus cabellos rubios rozando la nariz de Radley. 
Estornudó mirando hacia el lado contrario y rió maquinando un plan mientras ella le observaba atentamente sin entender por lo que podía estar riéndose. 
- Me has hecho cosquillas -alzó una ceja devolviendo su mirada hasta aquellos ojos azules enmarcados por negras y largas pestañas. 
Arrugando ligeramente su frente, Rose se incorporó sin entender aún hasta donde quería llegar ni aquella expresión que estaba dibujando en su rostro. 
Los dedos de Radley no dejaron que pudiese pensar mucho pues comenzó a hacerle cosquillas por los costados de sus delirantes curvas haciendo que aquella dulce muñeca se retorciese sobre su pecho buscando deshacerse de su tortura mientras que llenaba de sus angelicales carcajadas aquel recinto encerrado entre las cuatro paredes que les habían observado atentamente mientras habían hecho el amor. 
- ¡Para! -reía Rose suplicante.
Radley hacía caso omiso y aprovechando que estaba completamente indefensa sus labios se perdían en el hueco de su cuello devorándolo con lentitud. A veces usaba sus labios, otras sus dientes rozando la fina piel y Rose comenzaba a erizarse, a olvidarse por completo de aquellos dedos y de reír. 
Separándose de sus costados, las manos de Radley se volvieron a posar sobre los muslos de aquella mujer que solamente con una pequeño gesto podría conseguir que fueses suyo para siempre. 
Agarró su cintura y de un rápido movimiento la situó sobre él. Sus piernas a ambos lados de su cuerpo mientras que los suaves labios de su amada se abrían al lado de su oído para escuchar los jadeantes delirios de su princesa. 
Su boca desesperada de aquel pastel que ya había probado bajó lentamente por su cuerpo hasta encontrarse con los suaves y perfectos senos de Rose. 
- Eres perfecta… -murmuró antes de tomar uno de sus pezones entre sus labios comenzando a estirarlos con sus labios y después con sus dientes.  Podía escuchar como gemía con fuerza al notar como su amante intentaba volverle loca. 
Apretó sus manos en su cintura de avispa y volvió a hundirse en su interior comenzando a morder lentamente sus pechos suaves y deliciosos. Era más que perfecta. Bajó sus manos hasta sus nalgas y las acarició con pasión. 
- Vaya… sí que sentíais deseo el uno por el otro -susurró MarieLu.
- Era como si nuestros personajes hubiesen entrado en nuestros cuerpos para volvernos locos. Te juro que en mi vida he sentido un amor tan grande como el que sentía en aquel momento.
- Pero, si os amabais tanto ¿por qué se casó?
- Por lo que ocurrió después…
Radley cerró los ojos con fuerza y tapó su rostro con sus manos. MarieLu se levantó y se puso de rodillas frente a él quitando las manos de su rostro. Radley tenía la mirada perdida, los ojos llenos de lágrimas deseando soltarlas. Sabía que había tenido en sus manos la posibilidad de estar con la mujer de su vida y que él, solamente él lo había hecho imposible.
- ¿Qué pasó?
Radley deslizó sus dedos por los surcos que se habían formado en su frente debido a la tensión. Se revolvió en el asiento, incómodo, molesto por tener que hablar de ello.
- Alguien apareció en el rodaje -murmuró.
MarieLu abrió sus ojos como platos. ¿Alguien había aparecido en el rodaje? Imaginó que no podía ser otra que aquella mujer que tanto Rose como ella no podían ver.
- ¿Estuvo ella allí?
Radley se limitó a asentir mientras dejaba escapar de entre sus labios un suspiro de remordimiento. Solamente por como habían sucedido los hechos todo tendría sentido para MarieLu pero no sabía si tendría fuerzas de contarle lo que había pasado realmente.
MarieLu le observaba impaciente. No entendía porqué el hecho de que estuviese ella allí podía haber conseguido que dos enamorados se distanciasen tantísimo.
- El… el mismo día que llegó, el prometido de Rose apareció como sorpresa también para invitarnos a comer a todos los del elenco. Obviamente con el dinero de Rose, pues él no tiene un duro -frunció su ceño-. Rose estaba nerviosa, vacilante. No se acercaba a su prometido pero él sí se pegaba al cuerpo de ella y los celos me podían, MarieLu. Puedo jurarte que la sangre me hervía por tener que ver como ese estúpido estaba loco por ella, como la acariciaba, la abrazaba, hacía que todo el mundo entendiese que iba a ser suya pero no, Rose era mía y eso era lo que él desconocía. Rose me pedía que me calmase con la mirada, que no hiciese nada pero…
- ¿Pero?
Radley respiró profundamente intentando que el dolor y la ira que sentía contra sí mismo remitiese dejándole hablar para contestar a su pregunta.
- … no me quedé quieto. Quería poner también celosa a Rose y lo hice. ¡Por Dios sí lo hice! Aproveché que Kim estaba allí y me puse tan cariñoso y amable con ella como supe. No la aguantaba pero eso no era lo que importaba en ese instante. No podía pensar, solo podía imaginarme partiéndole la cara a James, su prometido. No sabes las inmensas ganas que tenía de besar ante los ojos de todos a Rose hasta quedarnos ambos sin aliento pero en lugar de eso me dediqué a seguir jugando con Kim. Ella me respondió el juego. Parecíamos una pareja y tanto es así que muchos los creyeron. Me comporté como mi personaje con ella y ella hizo lo propio. Hasta que… bebí tantísimo que la besé. Bueno, en realidad solamente rozamos nuestros labios y comenzamos a bromear sobre casarnos. Dije lo peor que ha salido de mis labios. Que nadie era mejor que Kim, que las rubias facilonas no eran para mí.
MarieLu abrió los ojos como platos al escuchar lo que Radley le había dicho a Rose indirectamente. Ahora comprendía que ella hubiese seguido con su compromiso, de hecho, no sabía ni tan siquiera como había hablado con él después de eso.

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