Rose permanecía tumbada sobre el torso desnudo de Radley mientras
él deslizaba sus dedos con mucha lentitud por su espalda desnuda.
Sonreían ambos, como idiotas enamorados, después de haberse fundido en
su amor durante horas.
Aquella habitación olía completamente al fruto de su deseo y su
lujuria. Podía disfrutarse la intensidad del sexo que ambos habían
compartido.
Radley subió lentamente las yemas de sus dedos por la sedosa piel
de su amada y contempló como la sonrisa de ella se iba ensanchando.
Eran felices, disfrutando de ese momento. Querían alargarlo todo lo que
fuesen capaces.
- Eres tan hermosa…
Ambos notaron como las mejillas de Rose se sonrojaban lentamente
cada vez más hasta que terminaron con un delicioso rubor que la había
verse aún más adorable.
- ¿Cómo se puede ser tan perfecta? -susurró contra el oído de aquella pequeña mujer que le había vuelto completamente loco.
- Sabes de sobra que no lo soy -negó suavemente haciendo que sus cabellos rubios rozando la nariz de Radley.
Estornudó mirando hacia el lado contrario y rió maquinando un
plan mientras ella le observaba atentamente sin entender por lo que
podía estar riéndose.
- Me has hecho cosquillas -alzó una ceja devolviendo su mirada
hasta aquellos ojos azules enmarcados por negras y largas pestañas.
Arrugando ligeramente su frente, Rose se incorporó sin entender
aún hasta donde quería llegar ni aquella expresión que estaba dibujando
en su rostro.
Los dedos de Radley no dejaron que pudiese pensar mucho pues
comenzó a hacerle cosquillas por los costados de sus delirantes curvas
haciendo que aquella dulce muñeca se retorciese sobre su pecho buscando
deshacerse de su tortura mientras que llenaba de sus angelicales
carcajadas aquel recinto encerrado entre las cuatro paredes que les
habían observado atentamente mientras habían hecho el amor.
- ¡Para! -reía Rose suplicante.
Radley hacía caso omiso y aprovechando que estaba completamente
indefensa sus labios se perdían en el hueco de su cuello devorándolo con
lentitud. A veces usaba sus labios, otras sus dientes rozando la fina
piel y Rose comenzaba a erizarse, a olvidarse por completo de aquellos
dedos y de reír.
Separándose de sus costados, las manos de Radley se volvieron a
posar sobre los muslos de aquella mujer que solamente con una pequeño
gesto podría conseguir que fueses suyo para siempre.
Agarró su cintura y de un rápido movimiento la situó sobre él.
Sus piernas a ambos lados de su cuerpo mientras que los suaves labios de
su amada se abrían al lado de su oído para escuchar los jadeantes
delirios de su princesa.
Su boca desesperada de aquel pastel que ya había probado bajó
lentamente por su cuerpo hasta encontrarse con los suaves y perfectos
senos de Rose.
- Eres perfecta… -murmuró antes de tomar uno de sus pezones entre
sus labios comenzando a estirarlos con sus labios y después con sus
dientes. Podía escuchar como gemía con fuerza al notar como su amante
intentaba volverle loca.
Apretó sus manos en su cintura de avispa y volvió a hundirse en
su interior comenzando a morder lentamente sus pechos suaves y
deliciosos. Era más que perfecta. Bajó sus manos hasta sus nalgas y las
acarició con pasión.
- Vaya… sí que sentíais deseo el uno por el otro -susurró MarieLu.
- Era como si nuestros personajes hubiesen entrado en nuestros
cuerpos para volvernos locos. Te juro que en mi vida he sentido un amor
tan grande como el que sentía en aquel momento.
- Pero, si os amabais tanto ¿por qué se casó?
- Por lo que ocurrió después…
Radley cerró los ojos con fuerza y tapó su rostro con sus manos.
MarieLu se levantó y se puso de rodillas frente a él quitando las manos
de su rostro. Radley tenía la mirada perdida, los ojos llenos de
lágrimas deseando soltarlas. Sabía que había tenido en sus manos la
posibilidad de estar con la mujer de su vida y que él, solamente él lo
había hecho imposible.
- ¿Qué pasó?
Radley deslizó sus dedos por los surcos que se habían formado en su
frente debido a la tensión. Se revolvió en el asiento, incómodo, molesto
por tener que hablar de ello.
- Alguien apareció en el rodaje -murmuró.
MarieLu abrió sus ojos como platos. ¿Alguien había aparecido en el
rodaje? Imaginó que no podía ser otra que aquella mujer que tanto Rose
como ella no podían ver.
- ¿Estuvo ella allí?
Radley se limitó a asentir mientras dejaba escapar de entre sus
labios un suspiro de remordimiento. Solamente por como habían sucedido
los hechos todo tendría sentido para MarieLu pero no sabía si tendría
fuerzas de contarle lo que había pasado realmente.
MarieLu le observaba impaciente. No entendía porqué el hecho de que
estuviese ella allí podía haber conseguido que dos enamorados se
distanciasen tantísimo.
- El… el mismo día que llegó, el prometido de Rose apareció como
sorpresa también para invitarnos a comer a todos los del elenco.
Obviamente con el dinero de Rose, pues él no tiene un duro -frunció su
ceño-. Rose estaba nerviosa, vacilante. No se acercaba a su prometido
pero él sí se pegaba al cuerpo de ella y los celos me podían, MarieLu.
Puedo jurarte que la sangre me hervía por tener que ver como ese
estúpido estaba loco por ella, como la acariciaba, la abrazaba, hacía
que todo el mundo entendiese que iba a ser suya pero no, Rose era mía y
eso era lo que él desconocía. Rose me pedía que me calmase con la
mirada, que no hiciese nada pero…
- ¿Pero?
Radley respiró profundamente intentando que el dolor y la ira que
sentía contra sí mismo remitiese dejándole hablar para contestar a su
pregunta.
- … no me quedé quieto. Quería poner también celosa a Rose y lo hice.
¡Por Dios sí lo hice! Aproveché que Kim estaba allí y me puse tan
cariñoso y amable con ella como supe. No la aguantaba pero eso no era lo
que importaba en ese instante. No podía pensar, solo podía imaginarme
partiéndole la cara a James, su prometido. No sabes las inmensas ganas
que tenía de besar ante los ojos de todos a Rose hasta quedarnos ambos
sin aliento pero en lugar de eso me dediqué a seguir jugando con Kim.
Ella me respondió el juego. Parecíamos una pareja y tanto es así que
muchos los creyeron. Me comporté como mi personaje con ella y ella hizo
lo propio. Hasta que… bebí tantísimo que la besé. Bueno, en realidad
solamente rozamos nuestros labios y comenzamos a bromear sobre casarnos.
Dije lo peor que ha salido de mis labios. Que nadie era mejor que Kim,
que las rubias facilonas no eran para mí.
MarieLu abrió los ojos como platos al escuchar lo que Radley le había
dicho a Rose indirectamente. Ahora comprendía que ella hubiese seguido
con su compromiso, de hecho, no sabía ni tan siquiera como había hablado
con él después de eso.
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