Mi
camino hasta ti
Capítulo 70. Un día con él
No podía sentirme mejor que en ese momento. Sonreí mientras él me acariciaba con cuidado uno de mis brazos con las yemas de mis dedos.
Me gustaban mucho sus caricias y también sus besos. De vez en cuando llenaba mi rostro con dulces y tiernos besos.
No pude evitar reír ya que me daban un poco de cosquillas sentir como sus labios me acariciaban cada centímetro de mi rostro. También escuchaba un pequeño sonido con cada besito que me daba.
- Eres tan perfecta... -susurró en mi oído y rozó con sus labios el lóbulo de mi oreja.
- No digas eso porque es mentira -musité.
Robert puso su frente contra la mía. Después acarició mis mejillas con las yemas de mis dedos mientras me dejaba sobre la cama y él se ponía sobre mí.
- No es mentira.. quizá para otros pueda serlo pero para mí no lo es. No me gusta que tú tengas la imagen que sé que tienes de ti pero lo que si quiero es que entiendas que lo que tú tienes metido aquí -susurró poniendo un dedo en mi frente refiriéndose a mi cabeza-, no significa que sea una verdad absoluta. No tienes la razón en todo lo relativo a la subjetividad. A mí me puedes parecer perfecta aunque tú no lo veas así.
Fruncí mi ceño mientras él cogía una de mis manos y comenzaba a jugar un poco con mis dedos que eran muy pequeños comparados con los suyos. Tenía una mano mucho más grande que la mía.
- Pero yo no me lo creo -susurré mirándole a los ojos-. A mí lo único que me vale es lo que yo pienso, sé que no debería ser así pero es lo que en verdad ocurre.
Robert no pudo evitar reír y después me besó mientras acariciaba con mucho cuidado una de mis piernas.
- Robert -susurré entre besos y después me separé de sus labios.
- ¿Qué? -acarició mi cuello con las yemas de sus dedos mientras me miraba fijamente a los ojos.
- Tengo que ducharme... -dije riendo disimuladamente.
- Ah, no, no, no -rió a carcajadas y me agarró de las caderas mientras se acomodaba mejor sobre mí.
Después tomó mis muñecas y las puso a ambos lados de mi cabeza mientras no podía evitar de reírme.
- ¿No me dejarás moverme? -reí mientras acariciaba un poco sus manos con mis dedos como podía.
- No, quiero que te quedes aquí conmigo -musitó mientras rozaba sus labios con los míos.
Reí de nuevo mientras la miraba a los hermosos ojos azules que tenía. Dejó mis muñecas libres para después poner sus menos sobre mis mejillas.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? -susurró y me besó mientras mis manos ascendían por sus brazos hasta después ceñirse alrededor de sus hombros.
- Sí -musité como pude entre besos.
Robert se separó un instante de mis labios y me miró a los ojos con profundidad pero con cierto miedo y nerviosismo.
- ¿Qué harías si te encontrases con mi verdadero yo algún día?
La pregunta me llegó por sorpresa. No esperaba que me pudiese preguntar algo así.
Fruncí mi ceño pensativa mientras intentaba organizar mis ideas. ¿Qué es lo que haría? No sabía realmente lo que podía hacer.
- Si te soy sincera desconozco un poco lo que haría pero sé que no reaccionaría bien. Seguramente si te viese me iría o pasaría de largo fingiendo que jamás te he visto en mi vida. Si me saludases lo más seguro es que ni tan siquiera te mirase. Pasaría absolutamente de todo y da gracias a que no te gritase ya que podría ser lo más probable que ocurriese -le confesé mientras me encogía de hombros.
Suspiré con tristeza y puso su frente contra la mía mirándome a los ojos.
- No quiero que este día termine... -susurró mientras cerraba los ojos intentando ocultar un poco la tristeza que sentía ante la idea de tener que separarse de mí.
Suspiré y besé su mentón mientras le miraba a los ojos que estaban ocultos bajo sus párpados.
- No tienes que estar así, seguro algún día cuando ninguno de los dos lo esperemos volverás y todo será diferente pero.. jamás te separarás de mí porque eres parte de mi mente... -musité.
Robert abrió los ojos, tragó saliva y asintió mientras sonreía un poco forzosamente.
Sabía que mi fantasía me estaba ocultando algo pero no sabía qué podía ser.
Capítulo 70. Un día con él
No podía sentirme mejor que en ese momento. Sonreí mientras él me acariciaba con cuidado uno de mis brazos con las yemas de mis dedos.
Me gustaban mucho sus caricias y también sus besos. De vez en cuando llenaba mi rostro con dulces y tiernos besos.
No pude evitar reír ya que me daban un poco de cosquillas sentir como sus labios me acariciaban cada centímetro de mi rostro. También escuchaba un pequeño sonido con cada besito que me daba.
- Eres tan perfecta... -susurró en mi oído y rozó con sus labios el lóbulo de mi oreja.
- No digas eso porque es mentira -musité.
Robert puso su frente contra la mía. Después acarició mis mejillas con las yemas de mis dedos mientras me dejaba sobre la cama y él se ponía sobre mí.
- No es mentira.. quizá para otros pueda serlo pero para mí no lo es. No me gusta que tú tengas la imagen que sé que tienes de ti pero lo que si quiero es que entiendas que lo que tú tienes metido aquí -susurró poniendo un dedo en mi frente refiriéndose a mi cabeza-, no significa que sea una verdad absoluta. No tienes la razón en todo lo relativo a la subjetividad. A mí me puedes parecer perfecta aunque tú no lo veas así.
Fruncí mi ceño mientras él cogía una de mis manos y comenzaba a jugar un poco con mis dedos que eran muy pequeños comparados con los suyos. Tenía una mano mucho más grande que la mía.
- Pero yo no me lo creo -susurré mirándole a los ojos-. A mí lo único que me vale es lo que yo pienso, sé que no debería ser así pero es lo que en verdad ocurre.
Robert no pudo evitar reír y después me besó mientras acariciaba con mucho cuidado una de mis piernas.
- Robert -susurré entre besos y después me separé de sus labios.
- ¿Qué? -acarició mi cuello con las yemas de sus dedos mientras me miraba fijamente a los ojos.
- Tengo que ducharme... -dije riendo disimuladamente.
- Ah, no, no, no -rió a carcajadas y me agarró de las caderas mientras se acomodaba mejor sobre mí.
Después tomó mis muñecas y las puso a ambos lados de mi cabeza mientras no podía evitar de reírme.
- ¿No me dejarás moverme? -reí mientras acariciaba un poco sus manos con mis dedos como podía.
- No, quiero que te quedes aquí conmigo -musitó mientras rozaba sus labios con los míos.
Reí de nuevo mientras la miraba a los hermosos ojos azules que tenía. Dejó mis muñecas libres para después poner sus menos sobre mis mejillas.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? -susurró y me besó mientras mis manos ascendían por sus brazos hasta después ceñirse alrededor de sus hombros.
- Sí -musité como pude entre besos.
Robert se separó un instante de mis labios y me miró a los ojos con profundidad pero con cierto miedo y nerviosismo.
- ¿Qué harías si te encontrases con mi verdadero yo algún día?
La pregunta me llegó por sorpresa. No esperaba que me pudiese preguntar algo así.
Fruncí mi ceño pensativa mientras intentaba organizar mis ideas. ¿Qué es lo que haría? No sabía realmente lo que podía hacer.
- Si te soy sincera desconozco un poco lo que haría pero sé que no reaccionaría bien. Seguramente si te viese me iría o pasaría de largo fingiendo que jamás te he visto en mi vida. Si me saludases lo más seguro es que ni tan siquiera te mirase. Pasaría absolutamente de todo y da gracias a que no te gritase ya que podría ser lo más probable que ocurriese -le confesé mientras me encogía de hombros.
Suspiré con tristeza y puso su frente contra la mía mirándome a los ojos.
- No quiero que este día termine... -susurró mientras cerraba los ojos intentando ocultar un poco la tristeza que sentía ante la idea de tener que separarse de mí.
Suspiré y besé su mentón mientras le miraba a los ojos que estaban ocultos bajo sus párpados.
- No tienes que estar así, seguro algún día cuando ninguno de los dos lo esperemos volverás y todo será diferente pero.. jamás te separarás de mí porque eres parte de mi mente... -musité.
Robert abrió los ojos, tragó saliva y asintió mientras sonreía un poco forzosamente.
Sabía que mi fantasía me estaba ocultando algo pero no sabía qué podía ser.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 71. Vuelta a aterrorizar
Me quedé pensativa. Sabía que algo le pasaba y era extraño que yo no lo supiese a pesar de que fuese parte de mi mente. Aquello era extraño, normalmente no tenía porqué ser necesario que hablásemos en voz alta ya que yo conocía absolutamente todo sobre él, ambos pensamos lo mismo.
Acaricié sus mejillas lentamente y después sentí que algo no iba a ir bien. Mi cuerpo comenzaba a temblar lentamente. Un escalofrío recorría mi espalda de arriba abajo todo el tiempo.
Poco a poco las luces iban bajando la intensidad de su iluminación. Aquello solo podía significar una cosa, ella se estaba acercando, iba a aparecer.
Me tensé por completo y Robert lo notó. ¿Por qué él no cambiaba o desaparecía? Lo normal es que se fuese de mi lado o apareciese aquel otro Robert si ella volvía a hacer su aparición.
- Lucía..¿estás bien? -me susurró mirándome con preocupación.
- Ella.. está aquí -musité y me incorporé tan rápido como pude tapándome con las sábanas mi cuerpo.
La temperatura de la habitación había bajado considerablemente. De mi boca salía vaho blanco como si estuviésemos a muchos grados bajo cero.
Las luces se iban atenuando cada vez más hasta que se apagaron del todo, como si el sol también pudiese apagarse.
Robert me abrazó fuerte mientras comenzaba a temblar mucho más que antes.
- Lucía... ¿me echabas de menos? -sonrió con aquella horrible risa que hacía que todos mis pelos se pusiesen de punta por el pánico.
Ella estaba sentada en el escritorio mirándome con superioridad. Su sonrisa se hacía aún más ancha cada vez que le daba un segundo para que estuviese pensativa.
- Vaya.. has conseguido tener un momento de felicidad que yo no he podido romper aunque me temo que sabiendo el secreto que se esconde tras ese instante. Debe ser muy triste que tu primera vez haya sido en una fantasía con alguien que jamás te va a corresponder ¿no? -rió-. Definitivamente tú sola te hundes en el fango sin necesidad de que yo te ayude a hacerlo. Eres tan patética que debería darte vergüenza seguir existiendo. Jamás le gustarás a nadie, nadie te amará.. ¿Es que no lo entiendes? Eres la última mujer en la tierra en la que un solo hombre podría fijarse. Piensa un poco... Después de haberte visto como una loca en el hospital, ¿crees de verdad que Robert volverá a tu vida para suplicarte que estés con él porque te ama con locura? Es más que obvio que se marchó porque no quiere volver a ver a alguien que está tan perturbada como tú.
La miré completamente furiosa. No sabía cuanto me dolía aquello.. ¿Cómo que no lo sabía? Era perfectamente consciente de ello por eso me lo decía y me lo repetiría una y otra vez para seguir torturándome. No cedería ante ella. Sabía que Robert, el verdadero Robert jamás me amaría pero tenía que haber alguien que si pudiese sentir algo por mí algún día de mi vida o la menos eso esperaba.
Mi cuerpo no podía sentir nada pero mis oídos comenzaron a escuchar de nuevo la voz de Robert que una y otra vez me repetía algo.
- Estoy aquí contigo.. no dejaré que te pase nada -musitaba en mi oído.
Notaba como me abrazaba de forma protectora contra su pecho y en el mío tan solo deseaba llorar de la rabia que me producía no ser capaz de vivir sin aquella horrible tortura que me azotaba todos los días.
Quería matar a esa parte de mí. Deseaba hacer lo que estuviese en mis manos para que jamás volviese a aparecer en mi vida pero ella tenía razón. Todo lo que me decía era cierto por mucho que me doliese.
- Sabes que di en el clavo y créeme que esta vez no me iré tan rápido como los otros días.. Te dejé disfrutar pero haré que este sea el peor día que tengas en tu vida aunque estés "acompañada" -rió sonoramente-. Tú quieres acabar conmigo y yo te enseñaré quién es la fuerte de las dos, la que debe seguir y quién la que debe encerrarse en una jaula para siempre guardándose sus estúpidos sentimientos que a nadie interesan.
¿Qué me haría? El terror invadía todo mi cuerpo mientras mis músculos se agarrotaban. Sabía que nada de todo aquello podía ser bueno cuando ella regresase. Ahora todo parecía indicar que efectivamente era mucho más poderosa.
Capítulo 71. Vuelta a aterrorizar
Me quedé pensativa. Sabía que algo le pasaba y era extraño que yo no lo supiese a pesar de que fuese parte de mi mente. Aquello era extraño, normalmente no tenía porqué ser necesario que hablásemos en voz alta ya que yo conocía absolutamente todo sobre él, ambos pensamos lo mismo.
Acaricié sus mejillas lentamente y después sentí que algo no iba a ir bien. Mi cuerpo comenzaba a temblar lentamente. Un escalofrío recorría mi espalda de arriba abajo todo el tiempo.
Poco a poco las luces iban bajando la intensidad de su iluminación. Aquello solo podía significar una cosa, ella se estaba acercando, iba a aparecer.
Me tensé por completo y Robert lo notó. ¿Por qué él no cambiaba o desaparecía? Lo normal es que se fuese de mi lado o apareciese aquel otro Robert si ella volvía a hacer su aparición.
- Lucía..¿estás bien? -me susurró mirándome con preocupación.
- Ella.. está aquí -musité y me incorporé tan rápido como pude tapándome con las sábanas mi cuerpo.
La temperatura de la habitación había bajado considerablemente. De mi boca salía vaho blanco como si estuviésemos a muchos grados bajo cero.
Las luces se iban atenuando cada vez más hasta que se apagaron del todo, como si el sol también pudiese apagarse.
Robert me abrazó fuerte mientras comenzaba a temblar mucho más que antes.
- Lucía... ¿me echabas de menos? -sonrió con aquella horrible risa que hacía que todos mis pelos se pusiesen de punta por el pánico.
Ella estaba sentada en el escritorio mirándome con superioridad. Su sonrisa se hacía aún más ancha cada vez que le daba un segundo para que estuviese pensativa.
- Vaya.. has conseguido tener un momento de felicidad que yo no he podido romper aunque me temo que sabiendo el secreto que se esconde tras ese instante. Debe ser muy triste que tu primera vez haya sido en una fantasía con alguien que jamás te va a corresponder ¿no? -rió-. Definitivamente tú sola te hundes en el fango sin necesidad de que yo te ayude a hacerlo. Eres tan patética que debería darte vergüenza seguir existiendo. Jamás le gustarás a nadie, nadie te amará.. ¿Es que no lo entiendes? Eres la última mujer en la tierra en la que un solo hombre podría fijarse. Piensa un poco... Después de haberte visto como una loca en el hospital, ¿crees de verdad que Robert volverá a tu vida para suplicarte que estés con él porque te ama con locura? Es más que obvio que se marchó porque no quiere volver a ver a alguien que está tan perturbada como tú.
La miré completamente furiosa. No sabía cuanto me dolía aquello.. ¿Cómo que no lo sabía? Era perfectamente consciente de ello por eso me lo decía y me lo repetiría una y otra vez para seguir torturándome. No cedería ante ella. Sabía que Robert, el verdadero Robert jamás me amaría pero tenía que haber alguien que si pudiese sentir algo por mí algún día de mi vida o la menos eso esperaba.
Mi cuerpo no podía sentir nada pero mis oídos comenzaron a escuchar de nuevo la voz de Robert que una y otra vez me repetía algo.
- Estoy aquí contigo.. no dejaré que te pase nada -musitaba en mi oído.
Notaba como me abrazaba de forma protectora contra su pecho y en el mío tan solo deseaba llorar de la rabia que me producía no ser capaz de vivir sin aquella horrible tortura que me azotaba todos los días.
Quería matar a esa parte de mí. Deseaba hacer lo que estuviese en mis manos para que jamás volviese a aparecer en mi vida pero ella tenía razón. Todo lo que me decía era cierto por mucho que me doliese.
- Sabes que di en el clavo y créeme que esta vez no me iré tan rápido como los otros días.. Te dejé disfrutar pero haré que este sea el peor día que tengas en tu vida aunque estés "acompañada" -rió sonoramente-. Tú quieres acabar conmigo y yo te enseñaré quién es la fuerte de las dos, la que debe seguir y quién la que debe encerrarse en una jaula para siempre guardándose sus estúpidos sentimientos que a nadie interesan.
¿Qué me haría? El terror invadía todo mi cuerpo mientras mis músculos se agarrotaban. Sabía que nada de todo aquello podía ser bueno cuando ella regresase. Ahora todo parecía indicar que efectivamente era mucho más poderosa.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 72. Crueldad
Miré como su sonrisa comenzaba a borrarse. Se levantó del escritorio y miró a Robert con furia pero a mi me miró con odio y muchísimo asco. Podía sentir lo mismo que ella sentía y era una ira incontrolable contra mí.
- Llegó el momento de decirte ciertas cosas que sé que tendrás en mente toda tu inútil vida porque sé como funcionas. Te conozco mejor de lo que tú misma jamás podrás hacerlo -fruncí mi ceño.
Sentí como Robert me abrazaba más contra él pero mis ojos seguían fijos en los de ella que empezaban a tornarse de un color rojo realmente terrorífico.
No podía sentirme más asustada. Jamás en mi vida el miedo me había aterrorizado tanto como ese día. ¿Qué era lo que ella tenía en mente?
- Te diré unas cuantas cosas que más te vale saber. Primero, te diré que eres la mujer más horrible del mundo, tu cuerpo es realmente deplorable, dan ganas de vomitar tan solo con verlo. Eres fea, mira en el espejo tu horrible rostro, tus ojos son increíblemente pequeños, feos y absolutamente mates. Sus dientes son horribles, tu sonrisa infinitamente desagradable. Eso en cuanto a tu físico. Con respecto a tu personalidad eres la persona más estúpidamente compleja del mundo. Eres una cobarde, todo lo que quieres hacer te asusta y terminas olvidándote de hacerlo. Ni siquiera tú te soportas, tienes que hacer todo lo posible para no decirte a ti misma que lo mejor que podrías hacer es irte de este mundo porque todo lo que te sale mal es solo y exclusivamente culpa tuya y de nadie más. Sí, ¿cómo va alguien a quererte? Tú misma te odias y es obvio que si ni tú misma te quieres nadie puede hacerlo. Eres la peor persona de este planeta que jamás en su vida podrá hacer algo que pueda ser considerado como útil. Tú no eres buena para nada y lo sabes pero intentas decirte a ti misma que tan solo es porque estas triste. Ja! Si fuese por eso.. ¿no crees que todo te hubiese salido bien en los momentos que has estado feliz? Pero no, por algún motivo todo absolutamente todo se te da mal, no vales para nada y es hora que de una vez por todas lo admitas en voz alta. Lo único que podría salvarte es decirle a todo el mundo, bueno a esos que aún parecen quererte un poco que te vas, que te alejas de la vida porque es algo que no fue creado para ti. Tú estás en este mundo porque tiene que haber de todo pero fue un error. Por eso todo te resulta tan cruel y desesperante pero tan solo hay un porqué es así. No debiste existir nunca -chilló.
Sentía como mi corazón cada vez latía más deprisa y las lágrimas me amenazaban con salir completamente disparadas.
Tenía razón en todo lo que me estaba diciendo que sentía que debía hacerle caso pero dolía, era un dolor tan infinitamente molesto y agudo que no sabía como era capaz de seguir aún allí sin desmayarme por su magnitud.
Robert me abrazaba aún más contra él pero no era capaz de dejar de observar los ojos rojos de aquella mujer que con mi imagen me estaba chillando lo que yo tantas veces había pensado.
- Estás temblando...-susurró Robert en mi oído e intentó por todos los medios dame su calor.
Sentía como la temperatura de mi cuerpo había bajado y el dolor de cabeza seguía incrementándose.
Pero aún así ella no se iba. ¿Qué sería lo que tenía planeado hacer ahora?
Capítulo 72. Crueldad
Miré como su sonrisa comenzaba a borrarse. Se levantó del escritorio y miró a Robert con furia pero a mi me miró con odio y muchísimo asco. Podía sentir lo mismo que ella sentía y era una ira incontrolable contra mí.
- Llegó el momento de decirte ciertas cosas que sé que tendrás en mente toda tu inútil vida porque sé como funcionas. Te conozco mejor de lo que tú misma jamás podrás hacerlo -fruncí mi ceño.
Sentí como Robert me abrazaba más contra él pero mis ojos seguían fijos en los de ella que empezaban a tornarse de un color rojo realmente terrorífico.
No podía sentirme más asustada. Jamás en mi vida el miedo me había aterrorizado tanto como ese día. ¿Qué era lo que ella tenía en mente?
- Te diré unas cuantas cosas que más te vale saber. Primero, te diré que eres la mujer más horrible del mundo, tu cuerpo es realmente deplorable, dan ganas de vomitar tan solo con verlo. Eres fea, mira en el espejo tu horrible rostro, tus ojos son increíblemente pequeños, feos y absolutamente mates. Sus dientes son horribles, tu sonrisa infinitamente desagradable. Eso en cuanto a tu físico. Con respecto a tu personalidad eres la persona más estúpidamente compleja del mundo. Eres una cobarde, todo lo que quieres hacer te asusta y terminas olvidándote de hacerlo. Ni siquiera tú te soportas, tienes que hacer todo lo posible para no decirte a ti misma que lo mejor que podrías hacer es irte de este mundo porque todo lo que te sale mal es solo y exclusivamente culpa tuya y de nadie más. Sí, ¿cómo va alguien a quererte? Tú misma te odias y es obvio que si ni tú misma te quieres nadie puede hacerlo. Eres la peor persona de este planeta que jamás en su vida podrá hacer algo que pueda ser considerado como útil. Tú no eres buena para nada y lo sabes pero intentas decirte a ti misma que tan solo es porque estas triste. Ja! Si fuese por eso.. ¿no crees que todo te hubiese salido bien en los momentos que has estado feliz? Pero no, por algún motivo todo absolutamente todo se te da mal, no vales para nada y es hora que de una vez por todas lo admitas en voz alta. Lo único que podría salvarte es decirle a todo el mundo, bueno a esos que aún parecen quererte un poco que te vas, que te alejas de la vida porque es algo que no fue creado para ti. Tú estás en este mundo porque tiene que haber de todo pero fue un error. Por eso todo te resulta tan cruel y desesperante pero tan solo hay un porqué es así. No debiste existir nunca -chilló.
Sentía como mi corazón cada vez latía más deprisa y las lágrimas me amenazaban con salir completamente disparadas.
Tenía razón en todo lo que me estaba diciendo que sentía que debía hacerle caso pero dolía, era un dolor tan infinitamente molesto y agudo que no sabía como era capaz de seguir aún allí sin desmayarme por su magnitud.
Robert me abrazaba aún más contra él pero no era capaz de dejar de observar los ojos rojos de aquella mujer que con mi imagen me estaba chillando lo que yo tantas veces había pensado.
- Estás temblando...-susurró Robert en mi oído e intentó por todos los medios dame su calor.
Sentía como la temperatura de mi cuerpo había bajado y el dolor de cabeza seguía incrementándose.
Pero aún así ella no se iba. ¿Qué sería lo que tenía planeado hacer ahora?
Mi camino hasta ti
Capítulo 73. Mi salvador
La angustia estaba pudiendo conmigo. Mi cuerpo comenzaba a temblar sin control. Mi mandíbula estaba absolutamente encajada. Necesitaba chillar de la rabia que me estaban causando sus palabras. Podría tener toda la razón pero dolía demasiado.
Me quemaba el pecho. Sentía como si el corazón fuese a salirse por mi boca de un instante a otro mientras notaba como las venas de mi cuello comenzaban a hincharse por mi enfado.
Ardía en deseos de pegarla, de llenar de golpes la imagen que tenía delante de mis narices.
Me intenté incorporar mientras ella reía a carcajadas burlándose de mí que seguía tiritando de pies a cabeza.
- ¿Acaso piensas matar a un producto de tu imaginación? Verdaderamente estás loca cuando yo soy la única que realmente te soporta -rió-. ¿Crees que Robert aguantaría tiempo contigo a tu lado viendo la horrible persona que eres? Te odiaría con toda su alma en tan solo dos segundos. No sueñes algo que es completamente imposible. Lucha contra mí de la única manera que puedes.. ¡Acaba con tu vida!
Notaba como casi las piernas no me respondían y las lágrimas comenzaban a recorrer mis mejillas.
- Si es la única manera...-susurré.
- ¿Cómo? No te escucho -dijo con una gran sonrisa burlona y sus ojos negros como el carbón.
- ¡Lo haré! -grité mientras sacaba todo el aire que contenían mis pulmones-. ¡Me mataré si es la única manera de que me dejes en paz!
Comencé a caminar pero sentí como unos brazos me acorralaban y unos ojos azules aparecieron delante de mi.
Robert me había tumbado de nuevo sobre la cama y ahora él estaba sobre mí pero.. ¿cómo mi mente podía llegar a hacer eso hasta el punto de poder pararme físicamente?
Su mirada fija y penetrante me observaba con dureza y tristeza mientras sus manos apretaban mis muñecas contra el colchón de la cama.
- ¡No! ¡No permitiré que te mates! No sé qué es lo que está sucediendo en este momento pero no pienso perderte, no ahora -dijo con la voz ronca casi chillando desesperado por lo que acababa de escuchar salir de mis labios.
No podía reaccionar. Estaba harta de aquella continua guerra contra ella, no podía soportar ni un solo segundo más tener que tragar con la horrible verdad que ella me decía de manera tan hiriente y dolorosa que sentía desgarrarse mi pecho cada segundo que seguía respirando.
Las lágrimas aún corrían por mis mejillas haciendo una carrera hasta llegar a mi barbilla donde habrían llegado a su meta.
Robert las secó con la punta de su nariz mientras sentía como poco a poco el llanto se iba abriendo camino ante el dolor, la rabia y el odio.
- No..no pu..pue...puedo.. -comencé a sollozar.
Robert cambió su dura mirada y me acercó a su pecho, me acurrucó en él y comenzó lentamente a acunarme como había hecho en el hospital. Acariciaba lentamente mi espalda mientras ponía sus labios cerca de mi oído.
Empezó a tararear una canción con lentitud en mi oído mientras seguía acunándome.
- I should never think
What's in your heart
What's in our home
So I won't
You'll learn to hate me
But still call me baby
Oh love
So call me by my name
And save your soul
Save your soul
Before you're too far gone
Before nothing can be done
I'll try to decide when
She'll lie in the end
I ain't got no fight in me
In this whole damn world
Tell you to hold off
You choose to hold on
It's the one thing that I've known
Once I put my coat on
I'm coming out in this all wrong
She's standing outside holding me
Saying oh please
I'm in love
I'm in love
Girl save your soul
Go on save your soul
Before it's too far gone
And before nothing can be done
'Cause without me
You got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Hold on -canturreó en mi oído con mucho cuidado mientras me balanceaba de un lado al otro.
¿Qué podría hacer? Necesitaba librarme de ella y otra de mis fantasías era la que me estaba intentando salvar de mi propia muerte.
El dolor seguía apoderándose de mi pecho hasta que de la angustia me desmayé en los brazos de Robert.
Capítulo 73. Mi salvador
La angustia estaba pudiendo conmigo. Mi cuerpo comenzaba a temblar sin control. Mi mandíbula estaba absolutamente encajada. Necesitaba chillar de la rabia que me estaban causando sus palabras. Podría tener toda la razón pero dolía demasiado.
Me quemaba el pecho. Sentía como si el corazón fuese a salirse por mi boca de un instante a otro mientras notaba como las venas de mi cuello comenzaban a hincharse por mi enfado.
Ardía en deseos de pegarla, de llenar de golpes la imagen que tenía delante de mis narices.
Me intenté incorporar mientras ella reía a carcajadas burlándose de mí que seguía tiritando de pies a cabeza.
- ¿Acaso piensas matar a un producto de tu imaginación? Verdaderamente estás loca cuando yo soy la única que realmente te soporta -rió-. ¿Crees que Robert aguantaría tiempo contigo a tu lado viendo la horrible persona que eres? Te odiaría con toda su alma en tan solo dos segundos. No sueñes algo que es completamente imposible. Lucha contra mí de la única manera que puedes.. ¡Acaba con tu vida!
Notaba como casi las piernas no me respondían y las lágrimas comenzaban a recorrer mis mejillas.
- Si es la única manera...-susurré.
- ¿Cómo? No te escucho -dijo con una gran sonrisa burlona y sus ojos negros como el carbón.
- ¡Lo haré! -grité mientras sacaba todo el aire que contenían mis pulmones-. ¡Me mataré si es la única manera de que me dejes en paz!
Comencé a caminar pero sentí como unos brazos me acorralaban y unos ojos azules aparecieron delante de mi.
Robert me había tumbado de nuevo sobre la cama y ahora él estaba sobre mí pero.. ¿cómo mi mente podía llegar a hacer eso hasta el punto de poder pararme físicamente?
Su mirada fija y penetrante me observaba con dureza y tristeza mientras sus manos apretaban mis muñecas contra el colchón de la cama.
- ¡No! ¡No permitiré que te mates! No sé qué es lo que está sucediendo en este momento pero no pienso perderte, no ahora -dijo con la voz ronca casi chillando desesperado por lo que acababa de escuchar salir de mis labios.
No podía reaccionar. Estaba harta de aquella continua guerra contra ella, no podía soportar ni un solo segundo más tener que tragar con la horrible verdad que ella me decía de manera tan hiriente y dolorosa que sentía desgarrarse mi pecho cada segundo que seguía respirando.
Las lágrimas aún corrían por mis mejillas haciendo una carrera hasta llegar a mi barbilla donde habrían llegado a su meta.
Robert las secó con la punta de su nariz mientras sentía como poco a poco el llanto se iba abriendo camino ante el dolor, la rabia y el odio.
- No..no pu..pue...puedo.. -comencé a sollozar.
Robert cambió su dura mirada y me acercó a su pecho, me acurrucó en él y comenzó lentamente a acunarme como había hecho en el hospital. Acariciaba lentamente mi espalda mientras ponía sus labios cerca de mi oído.
Empezó a tararear una canción con lentitud en mi oído mientras seguía acunándome.
- I should never think
What's in your heart
What's in our home
So I won't
You'll learn to hate me
But still call me baby
Oh love
So call me by my name
And save your soul
Save your soul
Before you're too far gone
Before nothing can be done
I'll try to decide when
She'll lie in the end
I ain't got no fight in me
In this whole damn world
Tell you to hold off
You choose to hold on
It's the one thing that I've known
Once I put my coat on
I'm coming out in this all wrong
She's standing outside holding me
Saying oh please
I'm in love
I'm in love
Girl save your soul
Go on save your soul
Before it's too far gone
And before nothing can be done
'Cause without me
You got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Without me you got it all
So hold on
Hold on -canturreó en mi oído con mucho cuidado mientras me balanceaba de un lado al otro.
¿Qué podría hacer? Necesitaba librarme de ella y otra de mis fantasías era la que me estaba intentando salvar de mi propia muerte.
El dolor seguía apoderándose de mi pecho hasta que de la angustia me desmayé en los brazos de Robert.
Mi camino hasta ti
Capítulo 74. El consuelo de Taylor
La idea de la muerte era lo único en lo que era capaz de pensar. Necesitaba trazar un plan para que fuese posible llegar al fin de la tortura que sentía a cada segundo de mi vida.
Las caricias de Robert me erizaban la piel desde el punto donde empezaban. Sus dedos comenzaban a descender con lentitud por mi frente hasta mi barbilla intentando que dejase de pensar en aquello que estaba realmente gobernando mi mente.
Sus ojos azules observaban cada centímetro de mi rostro mientras seguía sumergida en mi mundo.
¿Cómo podía pensar en otras cosas que no fuese aquel océano que me hacía sentir en paz?
Miré sus ojos mientras sus dedos rozaban mi mentón con detenimiento como si necesitasen tocar mi piel para seguir allí a mi lado.
- Necesito hablar con Taylor -susurré.
- ¿Qué?
Robert se incorporó de inmediato como si le estuviese echando de allí, de mi vida o de mi cuarto.
Le miré sin comprender. ¿Por qué mi alucinación actuaba de esa manera?
- ¿Sientes algo por él? -preguntó mientras me miraba con temor.
- Ya sabes lo que siento... -me levanté y me puse una bata que cubriese mi cuerpo-. Espero que Taylor esté conectado.
Me senté en la silla y noté como Robert se ponía muy nervioso. Empezaba a balbucear algo y me giré mientras el ordenador se encendía.
- ¿Qué es lo que estás diciendo? -enarqué una ceja mientras analizaba cada pequeño gesto que hiciese.
- Dudo que esté ahora... -musitó.
Me volví a girar y sonreí cuando una pequeña pantalla me indicaba que Taylor acababa de hablarme.
- ¡Sí! ¡Sí, está! -sonreí feliz.
Robert se levantó de inmediato y se acercó al ordenador con los ojos como platos.
- No es posible.. -susurró muy bajo pero yo fui capaz de oírlo.
Le miré con absoluta incomprensión. Después de contestar el saludo de Taylor me quedé observando su rostro. Estaba realmente sorprendido como si algo de aquella situación no pudiese ser posible a pesar de que para mí era lo más normal del mundo.
- No puede ser... -susurró una vez más que comenzó a vestirse.
- ¿Te vas? -pregunté aún sabiendo la respuesta.
Mi mente sabía hacer buenas películas. Estaba preparando la salida dramática de un Robert imaginario de mi habitación y de mi apartamento.
- Sí, tengo que irme.. Quédate con tu Taylor -bramó y salió de la habitación como un rayo.
Me dejé caer en la silla mientras esperaba la respuesta de Taylor a lo que hacía unos segundos acababa de contestarle.
¿Cómo estás preciosa? Pensaba que no volverías a conectarte.. Me tenías preocupado.
No te preocupes por eso Taylor. Sabes que te prometí que siempre iba a conectarme pero me sucedió algo extraño. Mi mente ya sabes como funciona y volvió a jugarme una mala pasado. Pero para serte sincera lo único que en este momento me interesa es contarte algo que me tiene dubitativa.
Tú dirás, preciosa
Fruncí un poco el ceño. No parecía el mismo Taylor pero debía ser él porque si no ¿por qué me había hablado?
Estoy pensando en la posibilidad de terminar con todo, de irme y jamás volver. De desaparecer de este mundo para que nada ni nadie pueda volver a torturarme o molestarme. Quiero morir Taylor, esa es la única verdad, es lo único que me interesa y me cuesta admitirlo pero es la verdad. He sido cobarde tanto tiempo y estoy más que harta que ella consiga llegar a mi vida y destrozarla por completo con solo aparecer.
Lucía, no puedes hacer eso porque no es cierto. Tú vales mucho más de lo que crees y es necesario que dejes de pensar en la posibilidad de decir adiós para siempre a la vida que aún tienes que empezar a disfrutar. ¿Sabes lo que realmente sería cobarde? Precisamente lo que estás dudando hacer. Si eres valiente te quedarás luchando por la vida que te mereces y un día conseguirás pero si no lo haces es cuando todo lo que habrás luchado no servirá de nada. ¿Quieres que todo lo que has conseguido averiguar de ti misma no valga para nada? ¿Quieres que todo se quede en el pasado y no te concederás a ti misma la posibilidad de ser feliz? Piénsalo bien.
Podía tener razón pero de qué me servía hablar con él si no le había visto en persona, de qué me servía luchar por una vida que deseaba pasar con Robert y no había posibilidad para conseguirlo hasta el punto que mi propia mente le había hecho desaparecer de mi lado. Absolutamente de nada valdría.
Capítulo 74. El consuelo de Taylor
La idea de la muerte era lo único en lo que era capaz de pensar. Necesitaba trazar un plan para que fuese posible llegar al fin de la tortura que sentía a cada segundo de mi vida.
Las caricias de Robert me erizaban la piel desde el punto donde empezaban. Sus dedos comenzaban a descender con lentitud por mi frente hasta mi barbilla intentando que dejase de pensar en aquello que estaba realmente gobernando mi mente.
Sus ojos azules observaban cada centímetro de mi rostro mientras seguía sumergida en mi mundo.
¿Cómo podía pensar en otras cosas que no fuese aquel océano que me hacía sentir en paz?
Miré sus ojos mientras sus dedos rozaban mi mentón con detenimiento como si necesitasen tocar mi piel para seguir allí a mi lado.
- Necesito hablar con Taylor -susurré.
- ¿Qué?
Robert se incorporó de inmediato como si le estuviese echando de allí, de mi vida o de mi cuarto.
Le miré sin comprender. ¿Por qué mi alucinación actuaba de esa manera?
- ¿Sientes algo por él? -preguntó mientras me miraba con temor.
- Ya sabes lo que siento... -me levanté y me puse una bata que cubriese mi cuerpo-. Espero que Taylor esté conectado.
Me senté en la silla y noté como Robert se ponía muy nervioso. Empezaba a balbucear algo y me giré mientras el ordenador se encendía.
- ¿Qué es lo que estás diciendo? -enarqué una ceja mientras analizaba cada pequeño gesto que hiciese.
- Dudo que esté ahora... -musitó.
Me volví a girar y sonreí cuando una pequeña pantalla me indicaba que Taylor acababa de hablarme.
- ¡Sí! ¡Sí, está! -sonreí feliz.
Robert se levantó de inmediato y se acercó al ordenador con los ojos como platos.
- No es posible.. -susurró muy bajo pero yo fui capaz de oírlo.
Le miré con absoluta incomprensión. Después de contestar el saludo de Taylor me quedé observando su rostro. Estaba realmente sorprendido como si algo de aquella situación no pudiese ser posible a pesar de que para mí era lo más normal del mundo.
- No puede ser... -susurró una vez más que comenzó a vestirse.
- ¿Te vas? -pregunté aún sabiendo la respuesta.
Mi mente sabía hacer buenas películas. Estaba preparando la salida dramática de un Robert imaginario de mi habitación y de mi apartamento.
- Sí, tengo que irme.. Quédate con tu Taylor -bramó y salió de la habitación como un rayo.
Me dejé caer en la silla mientras esperaba la respuesta de Taylor a lo que hacía unos segundos acababa de contestarle.
¿Cómo estás preciosa? Pensaba que no volverías a conectarte.. Me tenías preocupado.
No te preocupes por eso Taylor. Sabes que te prometí que siempre iba a conectarme pero me sucedió algo extraño. Mi mente ya sabes como funciona y volvió a jugarme una mala pasado. Pero para serte sincera lo único que en este momento me interesa es contarte algo que me tiene dubitativa.
Tú dirás, preciosa
Fruncí un poco el ceño. No parecía el mismo Taylor pero debía ser él porque si no ¿por qué me había hablado?
Estoy pensando en la posibilidad de terminar con todo, de irme y jamás volver. De desaparecer de este mundo para que nada ni nadie pueda volver a torturarme o molestarme. Quiero morir Taylor, esa es la única verdad, es lo único que me interesa y me cuesta admitirlo pero es la verdad. He sido cobarde tanto tiempo y estoy más que harta que ella consiga llegar a mi vida y destrozarla por completo con solo aparecer.
Lucía, no puedes hacer eso porque no es cierto. Tú vales mucho más de lo que crees y es necesario que dejes de pensar en la posibilidad de decir adiós para siempre a la vida que aún tienes que empezar a disfrutar. ¿Sabes lo que realmente sería cobarde? Precisamente lo que estás dudando hacer. Si eres valiente te quedarás luchando por la vida que te mereces y un día conseguirás pero si no lo haces es cuando todo lo que habrás luchado no servirá de nada. ¿Quieres que todo lo que has conseguido averiguar de ti misma no valga para nada? ¿Quieres que todo se quede en el pasado y no te concederás a ti misma la posibilidad de ser feliz? Piénsalo bien.
Podía tener razón pero de qué me servía hablar con él si no le había visto en persona, de qué me servía luchar por una vida que deseaba pasar con Robert y no había posibilidad para conseguirlo hasta el punto que mi propia mente le había hecho desaparecer de mi lado. Absolutamente de nada valdría.
Mi camino hasta ti
Capítulo 75. La sorpresa de Taylor
Suspiré mientras miraba hacia la ventana. Dios, no podía ser más estúpida de lo que ya lo era.
Estaba enamorada de Robert y él había desaparecido para siempre de mi vida. Había tenido una fantasía de algo que jamás sucedería y encima era más que obvio que yo misma me odiaba sobre todas las cosas. ¿Qué podía hacer allí más que sufrir? Por algún extraño motivo Taylor si parecía estar interesado en lo que me sucedía pero no le conocía en persona. No sabía nada de él y lo que yo ahora mismo necesitaba era un abrazo, alguien que me acurrucase en su pecho como otras veces Robert había hecho.
Él... si tan solo tuviese la oportunidad de volver a verle...
En ese momento miré la pantalla y vi como Taylor volvía a escribir.
¿Te gustaría que quedásemos Lucía? Yo creo que esto deberíamos hablarlo en persona, ¿no crees tú lo mismo? Seguramente necesitarás un abrazo o alguien que te consuele de verdad.
Jamás se me había pasado por la cabeza la posibilidad de verle a él en persona. Ya tenía asumido que esto sería tan solo conversaciones por internet pero para ser exactos sí, lo necesitaba. Ansiaba un abrazo más que otra cosa en el mundo y él parecía dispuesto a dármelo.
¿En serio harías eso? ¿Quieres que nos conozcamos? ¿Por qué?
Sinceramente algo de todo aquello me asustaba y necesitaba saber si había algún otro motivo por el que quisiese conocerme.
¿Qué otro motivo podía haber? El único que se me ocurría podía ser fácilmente evitable. Llevaría un spray de pimienta y me defendería con todas mis fuerzas. ¿Lugar donde podíamos encontrarnos? Un lugar muy público, excesivamente transitado para que así no pudiese hacerme absolutamente nada.
No sé. Hemos hablado muchas cosas y creo que lo que más necesitas es un abrazo, Lucía. Me gustaría poder consolarte y decirte en persona que no todo es malo. Intentar hacerte ver las cosas buenas y positivas que tienes en tu vida.
Fruncí un poco mi ceño pero realmente la idea un poco si me agradaba. Podría ser una ingenua pero en la desesperación muchas veces no manda la cordura. Si no me sintiese tan sola, si no desease mi propia muerte seguramente no hubiese cedido pero no podía razonar con claridad.
Está bien. ¿Podríamos quedar en Central Park? Me gustaría poder ver un poco de de vegetación
Esperé impaciente a que me respondiese porque temía que obviamente se daría cuenta que temía que él pudiese hacerme algo.
Claro. No tengo ningún tipo de problema, Lucía. Me gustaría que confiases un poco más en mí pero es cierto que será la primera vez que nos vemos. Por eso puedo entender que no te sientas muy a gusto en un lugar más privado así que lo acepto. [/b
Sonreí un poco al ver como él aceptaba mi plan pero había que saber que día y a que hora podríamos quedar. A mí no me importaba realmente la hora ya que no tenía nada que hacer pero quizá él sí.
Por mí perfecto. Gracias por entenderme. Por cierto podríamos quedar a las siete más o menos de la tarde ¿no?
Claro. Me parece una hora más que perfecta. Entonces mañana a las siete en Central Park.
Sonreí levemente. Mañana iba a tener un encuentro con la realidad. Al fin estaría con algún humano hablando que no fuese fruto de mi imaginación ya que me daba cuenta que vivía en un mundo completamente aparte. Estaba mi mundo donde las leyes naturales no valían, nadie intercedía en aquel lugar imposible salvo mi perversa y maquiavélica mente.
En ese momento y sin previo aviso Taylor se desconectó y me quedé completamente paralizada. ¿Qué podía haber pasado?
Capítulo 75. La sorpresa de Taylor
Suspiré mientras miraba hacia la ventana. Dios, no podía ser más estúpida de lo que ya lo era.
Estaba enamorada de Robert y él había desaparecido para siempre de mi vida. Había tenido una fantasía de algo que jamás sucedería y encima era más que obvio que yo misma me odiaba sobre todas las cosas. ¿Qué podía hacer allí más que sufrir? Por algún extraño motivo Taylor si parecía estar interesado en lo que me sucedía pero no le conocía en persona. No sabía nada de él y lo que yo ahora mismo necesitaba era un abrazo, alguien que me acurrucase en su pecho como otras veces Robert había hecho.
Él... si tan solo tuviese la oportunidad de volver a verle...
En ese momento miré la pantalla y vi como Taylor volvía a escribir.
¿Te gustaría que quedásemos Lucía? Yo creo que esto deberíamos hablarlo en persona, ¿no crees tú lo mismo? Seguramente necesitarás un abrazo o alguien que te consuele de verdad.
Jamás se me había pasado por la cabeza la posibilidad de verle a él en persona. Ya tenía asumido que esto sería tan solo conversaciones por internet pero para ser exactos sí, lo necesitaba. Ansiaba un abrazo más que otra cosa en el mundo y él parecía dispuesto a dármelo.
¿En serio harías eso? ¿Quieres que nos conozcamos? ¿Por qué?
Sinceramente algo de todo aquello me asustaba y necesitaba saber si había algún otro motivo por el que quisiese conocerme.
¿Qué otro motivo podía haber? El único que se me ocurría podía ser fácilmente evitable. Llevaría un spray de pimienta y me defendería con todas mis fuerzas. ¿Lugar donde podíamos encontrarnos? Un lugar muy público, excesivamente transitado para que así no pudiese hacerme absolutamente nada.
No sé. Hemos hablado muchas cosas y creo que lo que más necesitas es un abrazo, Lucía. Me gustaría poder consolarte y decirte en persona que no todo es malo. Intentar hacerte ver las cosas buenas y positivas que tienes en tu vida.
Fruncí un poco mi ceño pero realmente la idea un poco si me agradaba. Podría ser una ingenua pero en la desesperación muchas veces no manda la cordura. Si no me sintiese tan sola, si no desease mi propia muerte seguramente no hubiese cedido pero no podía razonar con claridad.
Está bien. ¿Podríamos quedar en Central Park? Me gustaría poder ver un poco de de vegetación
Esperé impaciente a que me respondiese porque temía que obviamente se daría cuenta que temía que él pudiese hacerme algo.
Claro. No tengo ningún tipo de problema, Lucía. Me gustaría que confiases un poco más en mí pero es cierto que será la primera vez que nos vemos. Por eso puedo entender que no te sientas muy a gusto en un lugar más privado así que lo acepto. [/b
Sonreí un poco al ver como él aceptaba mi plan pero había que saber que día y a que hora podríamos quedar. A mí no me importaba realmente la hora ya que no tenía nada que hacer pero quizá él sí.
Por mí perfecto. Gracias por entenderme. Por cierto podríamos quedar a las siete más o menos de la tarde ¿no?
Claro. Me parece una hora más que perfecta. Entonces mañana a las siete en Central Park.
Sonreí levemente. Mañana iba a tener un encuentro con la realidad. Al fin estaría con algún humano hablando que no fuese fruto de mi imaginación ya que me daba cuenta que vivía en un mundo completamente aparte. Estaba mi mundo donde las leyes naturales no valían, nadie intercedía en aquel lugar imposible salvo mi perversa y maquiavélica mente.
En ese momento y sin previo aviso Taylor se desconectó y me quedé completamente paralizada. ¿Qué podía haber pasado?
Mi camino hasta ti
Capítulo 76. ¿Taylor el olvidadizo?
El resto del día fue extraño. No me atrevía a hacer nada. No quería ni tan siquiera moverme de la silla porque pensaba que en cualquier momento me rompería.
Debía acostarme aunque en mi interior sentía deseos de escribir pero mis manos no parecían obedecer la orden. Decidí que mañana sería otro día y podría intentar despejar mi mente que ahora sentía un gran torbellino de pensamientos por lo que solo empezaba a sentir dolor de cabeza.
Mi cuerpo comenzaba a estar excesivamente cansado así que la decisión era unánime.
Me levanté con excesivo cuidado de la silla del escritorio y me metí en la cama intentando conciliar el sueño. Mi cuerpo estaba muy tenso y entonces sonreí al encontrar allí entre las sábanas el olor de Robert pero.. ¿cómo podía estar ahí su aroma si tan solo había sido una fantasía que mi mente maquiavélica me había dejado disfrutar hasta muchas horas después? ¿Acaso mi mente seguía regalándome pequeñas pistas para que llegase a pensar que lo sucedido era real y no parte de una fantasía?
Unas horas después conseguí despertarme en medio de una horrible pesadilla que no quiero recordar, no quiero volver a recordar en toda mi vida.
El reloj de la mesilla parecía sonar más fuerte que nunca. Suspiré y me levanté de la cama ya que no tenía más ánimos para seguir en ella pero las sábanas con el aroma aún impregnado de Robert me encantaban así que tomé una de las mantas y me la puse sobre los hombros.
Después me senté en la silla y encendí de nuevo mi ordenador. Necesitaba hablar con Taylor. Quizá él pudiese hacer que dejase de pensar en todo lo que me estaba martilleando una y otra vez la cabeza.
Abrí el messenger y comprobé que estaba de nuevo ahí. Sonreí y rápidamente se abrió una ventana. Supe que era él lo que me alegró aún más.
Hola
Hola
¿Cómo estás?
Supongo que bien y ¿tú? ¿Por qué te fuiste antes tan de repente sin ni siquiera despedirte? ¿Ocurrió algo?
No sabía porqué pero tenía la necesidad de preguntar. Que no se aburriese y me dijese lo que había sucedido. Suspiré y miré mis manos como si él estuviese delante pero no conseguiría ponerme jamás tan nerviosa, en absoluto.
Sí, lo siento pero la luz se cortó. No pude despedirme de ti por eso. Lo siento de verdad.
No te preocupes al menos la cita ya estaba arreglada así que no tendremos ningún tipo de problema
¿Cita? ¿Qué cita?
Leí la pantalla con el ceño fruncido. ¿No se acordaba de la cita que el mismo me había propuesto? Aquello era muy extraño, no parecía muy normal que en tan solo unas horas olvidase todo lo que habíamos hablado para vernos y menos si tantas ganas tenía de verme.
Ya sabes. Lo que hablamos hace unas horas. Ya concretamos hora, lugar y todo.
Ya.. y perdona por mi mala memoria pero... ¿vamos a vernos? ¿Podrías decirme en que lugar y hora hemos quedado?
Ah, no. Eso si que no. Aquello era excesivamente raro y yo no permitiría que nadie me tomase el pelo. Iría a ese lugar y quién se presentase que se presente pero no pensaba repetir a aquella persona que no parecía Taylor donde estaríamos.
Apagué el ordenador sin despedirme de él. No, aquello era demasiado. Todo era excesivamente extraño o ya me estaba volviendo completamente loca y veía fantasmas donde no los había.
Capítulo 76. ¿Taylor el olvidadizo?
El resto del día fue extraño. No me atrevía a hacer nada. No quería ni tan siquiera moverme de la silla porque pensaba que en cualquier momento me rompería.
Debía acostarme aunque en mi interior sentía deseos de escribir pero mis manos no parecían obedecer la orden. Decidí que mañana sería otro día y podría intentar despejar mi mente que ahora sentía un gran torbellino de pensamientos por lo que solo empezaba a sentir dolor de cabeza.
Mi cuerpo comenzaba a estar excesivamente cansado así que la decisión era unánime.
Me levanté con excesivo cuidado de la silla del escritorio y me metí en la cama intentando conciliar el sueño. Mi cuerpo estaba muy tenso y entonces sonreí al encontrar allí entre las sábanas el olor de Robert pero.. ¿cómo podía estar ahí su aroma si tan solo había sido una fantasía que mi mente maquiavélica me había dejado disfrutar hasta muchas horas después? ¿Acaso mi mente seguía regalándome pequeñas pistas para que llegase a pensar que lo sucedido era real y no parte de una fantasía?
Unas horas después conseguí despertarme en medio de una horrible pesadilla que no quiero recordar, no quiero volver a recordar en toda mi vida.
El reloj de la mesilla parecía sonar más fuerte que nunca. Suspiré y me levanté de la cama ya que no tenía más ánimos para seguir en ella pero las sábanas con el aroma aún impregnado de Robert me encantaban así que tomé una de las mantas y me la puse sobre los hombros.
Después me senté en la silla y encendí de nuevo mi ordenador. Necesitaba hablar con Taylor. Quizá él pudiese hacer que dejase de pensar en todo lo que me estaba martilleando una y otra vez la cabeza.
Abrí el messenger y comprobé que estaba de nuevo ahí. Sonreí y rápidamente se abrió una ventana. Supe que era él lo que me alegró aún más.
Hola
Hola
¿Cómo estás?
Supongo que bien y ¿tú? ¿Por qué te fuiste antes tan de repente sin ni siquiera despedirte? ¿Ocurrió algo?
No sabía porqué pero tenía la necesidad de preguntar. Que no se aburriese y me dijese lo que había sucedido. Suspiré y miré mis manos como si él estuviese delante pero no conseguiría ponerme jamás tan nerviosa, en absoluto.
Sí, lo siento pero la luz se cortó. No pude despedirme de ti por eso. Lo siento de verdad.
No te preocupes al menos la cita ya estaba arreglada así que no tendremos ningún tipo de problema
¿Cita? ¿Qué cita?
Leí la pantalla con el ceño fruncido. ¿No se acordaba de la cita que el mismo me había propuesto? Aquello era muy extraño, no parecía muy normal que en tan solo unas horas olvidase todo lo que habíamos hablado para vernos y menos si tantas ganas tenía de verme.
Ya sabes. Lo que hablamos hace unas horas. Ya concretamos hora, lugar y todo.
Ya.. y perdona por mi mala memoria pero... ¿vamos a vernos? ¿Podrías decirme en que lugar y hora hemos quedado?
Ah, no. Eso si que no. Aquello era excesivamente raro y yo no permitiría que nadie me tomase el pelo. Iría a ese lugar y quién se presentase que se presente pero no pensaba repetir a aquella persona que no parecía Taylor donde estaríamos.
Apagué el ordenador sin despedirme de él. No, aquello era demasiado. Todo era excesivamente extraño o ya me estaba volviendo completamente loca y veía fantasmas donde no los había.
Mi camino hasta ti
Capítulo 77. Nueva alucinación
Aún quedaban muchas horas para que tuviese que ir a la cita con Taylor a la que temía que acudiría sola ya que él no parecía acordarse de nada u otra persona estaba en su lugar siendo estoy más que imposible ya que ¿cómo podía saber entonces mi nombre cuando no lo tenía puesto en ningún lugar?
Suspiré y miré a mi alrededor. Aún casi nadie estaba levantado salvo las personas que tenían que ir a trabajar en aquellas horas en las que solamente te apetece estar en la cama relajado entre las sábanas soñando con lo que sea que tu mente te regale mientras descansas.
Me levanté de la silla y volvía a meterme entre las sábanas pero aún sentada. No quería tumbarme y dormir dando así la posibilidad a mi mente de contraatacar con algo que me mantuviese en vela durante años.
Tenía que hacer algo pero no sabía el qué. No podía leer porque casi no había luz, no podía dibujar por el mismo motivo; no podía escribir porque algo en mi interior estaba como bloqueado así que tan solo me quedaba escuchar música que parecía no molestaría a nadie si me ponía los auriculares.
Tomé mi mp3. Me lo habían regalado hacía años y era muy antiguo pero al menos funcionaba y eso era lo que me importaba. Me regalaba aún aquellas maravillosas canciones que había metido mucho tiempo atrás ya que ahora no era capaz de cambiar algunas de ellas o modificarlas para que apareciesen en la lista de reproducción otras. Eso sucede cuando se compra en rebajas a un precio que hasta te indica que algo malo debe tener pero aún así seguía funcionando.
Me puse los auriculares y busqué en la lista de reproducción aquella canción que consiguiese que una sonrisa se dibujase en mi rostro.
Allí estaban las maravillosas melodías de aquella alma rota que sentía como si me comprendiese. Sin pensarlo casi de al botón de play para que me brindase la oportunidad de perderme en la maravillosa sensación de no sentirse sola en un sufrimiento.
Cerré los ojos mientras los acordes de aquella guitarra comenzaban a embriagar todo mi cuerpo consiguiendo que dejase de sentir aquel dolor mundano que parecía hecho tan solo a mi medida.
- I'll be your man
I'll understand
I'll do my best
to take good care of you
Sonreí. No podía evitarlo. En ese preciso instante mi mente comenzó a jugar conmigo pero no me importó. Sentí como si los auriculares desapareciesen de uno de mis oídos y en su lugar alguien comenzase a cantar.
Notaba su aliento rozar mi oreja como si estuviese de verdad cantándome aquella maravillosa alma a mí.
- I'll be your man
I'll understand
I'll do my best
to take good care of you
No quería abrir los ojos porque sabia que si lo hacía desaparecería aquella maravillosa fantasía de mi mente.
Desconocía el rostro de aquel alma tan pura pero sabía que sería el único capaz de comprenderme de verdad, ni Robert, ni Taylor, tan solo él.
- Derry down green
color of my dream
A dream that's daily coming true.
And ohhh when the day is through
I will come to you and take you on
Your many charms
Suspiré mientras aquel aliento comenzaba a acariciar lentamente mi mejilla mientras sentía como mi piel se erizaba y me estremecía lentamente.
Ojalá conociese a aquella alma que estaba tan torturada como la mía para abrazarla y decirle que yo le comprendía.
- And you'll look at me
With eyes that see
And we'll melt into each others arms
Suspiré mientras sentía mi corazón acelerado y por algún extraño motivo aquella voz me era más familiar que en otras ocasiones. ¿Por qué me sonaba tanto? No caía quien podía ser aquel que tuviese una voz tan parecía a la de aquella alma que me estaba regalando un instante de paz.
- You'll be my queen
And I'll be your king
And I'll be your lover too
Mientras la melodía terminaba unos labios que no eran casi materiales se posaron sobre los míos cuando un suspiro salía desde lo más profundo de mi ser.
Abrí los ojos y todo desapareció. La alucinación había sido fantástica pero tan solo había sido eso.. una alucinación.
Capítulo 77. Nueva alucinación
Aún quedaban muchas horas para que tuviese que ir a la cita con Taylor a la que temía que acudiría sola ya que él no parecía acordarse de nada u otra persona estaba en su lugar siendo estoy más que imposible ya que ¿cómo podía saber entonces mi nombre cuando no lo tenía puesto en ningún lugar?
Suspiré y miré a mi alrededor. Aún casi nadie estaba levantado salvo las personas que tenían que ir a trabajar en aquellas horas en las que solamente te apetece estar en la cama relajado entre las sábanas soñando con lo que sea que tu mente te regale mientras descansas.
Me levanté de la silla y volvía a meterme entre las sábanas pero aún sentada. No quería tumbarme y dormir dando así la posibilidad a mi mente de contraatacar con algo que me mantuviese en vela durante años.
Tenía que hacer algo pero no sabía el qué. No podía leer porque casi no había luz, no podía dibujar por el mismo motivo; no podía escribir porque algo en mi interior estaba como bloqueado así que tan solo me quedaba escuchar música que parecía no molestaría a nadie si me ponía los auriculares.
Tomé mi mp3. Me lo habían regalado hacía años y era muy antiguo pero al menos funcionaba y eso era lo que me importaba. Me regalaba aún aquellas maravillosas canciones que había metido mucho tiempo atrás ya que ahora no era capaz de cambiar algunas de ellas o modificarlas para que apareciesen en la lista de reproducción otras. Eso sucede cuando se compra en rebajas a un precio que hasta te indica que algo malo debe tener pero aún así seguía funcionando.
Me puse los auriculares y busqué en la lista de reproducción aquella canción que consiguiese que una sonrisa se dibujase en mi rostro.
Allí estaban las maravillosas melodías de aquella alma rota que sentía como si me comprendiese. Sin pensarlo casi de al botón de play para que me brindase la oportunidad de perderme en la maravillosa sensación de no sentirse sola en un sufrimiento.
Cerré los ojos mientras los acordes de aquella guitarra comenzaban a embriagar todo mi cuerpo consiguiendo que dejase de sentir aquel dolor mundano que parecía hecho tan solo a mi medida.
- I'll be your man
I'll understand
I'll do my best
to take good care of you
Sonreí. No podía evitarlo. En ese preciso instante mi mente comenzó a jugar conmigo pero no me importó. Sentí como si los auriculares desapareciesen de uno de mis oídos y en su lugar alguien comenzase a cantar.
Notaba su aliento rozar mi oreja como si estuviese de verdad cantándome aquella maravillosa alma a mí.
- I'll be your man
I'll understand
I'll do my best
to take good care of you
No quería abrir los ojos porque sabia que si lo hacía desaparecería aquella maravillosa fantasía de mi mente.
Desconocía el rostro de aquel alma tan pura pero sabía que sería el único capaz de comprenderme de verdad, ni Robert, ni Taylor, tan solo él.
- Derry down green
color of my dream
A dream that's daily coming true.
And ohhh when the day is through
I will come to you and take you on
Your many charms
Suspiré mientras aquel aliento comenzaba a acariciar lentamente mi mejilla mientras sentía como mi piel se erizaba y me estremecía lentamente.
Ojalá conociese a aquella alma que estaba tan torturada como la mía para abrazarla y decirle que yo le comprendía.
- And you'll look at me
With eyes that see
And we'll melt into each others arms
Suspiré mientras sentía mi corazón acelerado y por algún extraño motivo aquella voz me era más familiar que en otras ocasiones. ¿Por qué me sonaba tanto? No caía quien podía ser aquel que tuviese una voz tan parecía a la de aquella alma que me estaba regalando un instante de paz.
- You'll be my queen
And I'll be your king
And I'll be your lover too
Mientras la melodía terminaba unos labios que no eran casi materiales se posaron sobre los míos cuando un suspiro salía desde lo más profundo de mi ser.
Abrí los ojos y todo desapareció. La alucinación había sido fantástica pero tan solo había sido eso.. una alucinación.
Mi camino hasta ti
Capítulo 78. ¿Cita con Taylor?
Las horas pasaron un poco más rápido de lo que esperaba. Me metí en la ducha y después me sequé. Me vestí rápidamente ya que me quedaba un camino considerable hasta que llegase al lugar de Central Park donde habíamos quedado.
Caminé por las calles mirando el suelo cediendo a lo que mi mente me estaba pidiendo que pensase y pensase sobre mil temas distintos.
Me puse los auriculares de nuevo haciendo que aún fuese más fácil la abstracción del mundo real. No escuchaba nada a mi alrededor tan solo escuchaba en mi mente lo que ella deseaba analizar al detalle además de la música que tanto bien me hacía.
El ruido desaparecía gracias a aquellos pequeños altavoces introducidos en mis oídos.
Intenté parar mi mente comenzando a tararear lentamente aquella canción que siempre me había gustado aunque parecía imposible que consiguiese parar el runrun continuo y automático de mi mente.
Bajé las escaleras que me dirigían hacia el subsuelo, hacia el metro.
Suspiré mientras entraba y me quedaba de pie en el último vagón apoyada en la pared. Miraba por la ventanilla de la puerta en la que había una pegatina de no salir ni entrar después de escuchar el silbato.
Reí un poco. Aquello era más que obvio pero la gente seguía haciéndolo todos los días con serios riesgos de que alguna vez les pillase la puerta provocándoles algún golpe serio dejándoles un buen cardenal pero a la gente no parecía importarle en absoluto.
Me quedé un rato mirando el suelo del vagón mientras sin darme cuenta mis fantasías volvían a tomar forma en mi mente.
Suspiré y cerré un instante mis ojos mientras aquella música seguía meciendo mis oídos como si fuese una nana.
En ese mismo momento unos dedos rozaron mi mentón y lo levantaron con sumo cuidado. Mientras aún tenía los ojos cerrados sabía quien era aquel que estaba acariciando lentamente mi barbilla con las yemas de sus dedos.
Unos dulces y tiernos labios se posaron sobre los míos mientras no podía evitar sonreír sobre ellos.
- Te amo -susurró mientras seguía besándome lentamente sin querer aumentar ni un solo segundo la intensidad de ese tierno beso.
Su cuerpo me apretó contra la pared mientras sus manos empezaron a ceñirse alrededor de mi cintura.
Robert siempre era tan tierno y me lo demostraba cada segundo en mis fantasías. No parecía estar enfadado en absoluto aunque yo sí debería estarlo porque en mi anterior fantasía se hubiese marchado de aquella manera tan dolorosa.
Subí mis manos lentamente por su espalda hasta que llegaron a su cabello y enredé mis dedos en él.
Mi corazón iba a mil por hora mientras la respiración se me entrecortaba.
- Te amo -susurré.
Abrí los ojos y fui consciente de que estaba en el metro pero al menos mi cuerpo no se había movido durante aquella fantasía. Suspiré con una presión en mi pecho mientras llegábamos a la parada en la que debía bajarme.
Salí del vagón y subí las escaleras llegando a la salida viendo los árboles verdes del Central Park.
Llegué en poco tiempo hasta el lugar donde había quedado con Taylor y esperé el tiempo necesario sin empezar a impacientarme ya que aún no era la hora a la que habíamos quedado.
Miré hacia todas partes y alguien me tocó el hombro. Aún llevaba los cascos puestos así que simplemente escuché un murmullo muy bajito en el que no entendí nada. Me quité el casco para poder escucharlo bien.
- Lucía...
Me giré y sonreí. Aquellos ojos marrones ya estaban allí.
Capítulo 78. ¿Cita con Taylor?
Las horas pasaron un poco más rápido de lo que esperaba. Me metí en la ducha y después me sequé. Me vestí rápidamente ya que me quedaba un camino considerable hasta que llegase al lugar de Central Park donde habíamos quedado.
Caminé por las calles mirando el suelo cediendo a lo que mi mente me estaba pidiendo que pensase y pensase sobre mil temas distintos.
Me puse los auriculares de nuevo haciendo que aún fuese más fácil la abstracción del mundo real. No escuchaba nada a mi alrededor tan solo escuchaba en mi mente lo que ella deseaba analizar al detalle además de la música que tanto bien me hacía.
El ruido desaparecía gracias a aquellos pequeños altavoces introducidos en mis oídos.
Intenté parar mi mente comenzando a tararear lentamente aquella canción que siempre me había gustado aunque parecía imposible que consiguiese parar el runrun continuo y automático de mi mente.
Bajé las escaleras que me dirigían hacia el subsuelo, hacia el metro.
Suspiré mientras entraba y me quedaba de pie en el último vagón apoyada en la pared. Miraba por la ventanilla de la puerta en la que había una pegatina de no salir ni entrar después de escuchar el silbato.
Reí un poco. Aquello era más que obvio pero la gente seguía haciéndolo todos los días con serios riesgos de que alguna vez les pillase la puerta provocándoles algún golpe serio dejándoles un buen cardenal pero a la gente no parecía importarle en absoluto.
Me quedé un rato mirando el suelo del vagón mientras sin darme cuenta mis fantasías volvían a tomar forma en mi mente.
Suspiré y cerré un instante mis ojos mientras aquella música seguía meciendo mis oídos como si fuese una nana.
En ese mismo momento unos dedos rozaron mi mentón y lo levantaron con sumo cuidado. Mientras aún tenía los ojos cerrados sabía quien era aquel que estaba acariciando lentamente mi barbilla con las yemas de sus dedos.
Unos dulces y tiernos labios se posaron sobre los míos mientras no podía evitar sonreír sobre ellos.
- Te amo -susurró mientras seguía besándome lentamente sin querer aumentar ni un solo segundo la intensidad de ese tierno beso.
Su cuerpo me apretó contra la pared mientras sus manos empezaron a ceñirse alrededor de mi cintura.
Robert siempre era tan tierno y me lo demostraba cada segundo en mis fantasías. No parecía estar enfadado en absoluto aunque yo sí debería estarlo porque en mi anterior fantasía se hubiese marchado de aquella manera tan dolorosa.
Subí mis manos lentamente por su espalda hasta que llegaron a su cabello y enredé mis dedos en él.
Mi corazón iba a mil por hora mientras la respiración se me entrecortaba.
- Te amo -susurré.
Abrí los ojos y fui consciente de que estaba en el metro pero al menos mi cuerpo no se había movido durante aquella fantasía. Suspiré con una presión en mi pecho mientras llegábamos a la parada en la que debía bajarme.
Salí del vagón y subí las escaleras llegando a la salida viendo los árboles verdes del Central Park.
Llegué en poco tiempo hasta el lugar donde había quedado con Taylor y esperé el tiempo necesario sin empezar a impacientarme ya que aún no era la hora a la que habíamos quedado.
Miré hacia todas partes y alguien me tocó el hombro. Aún llevaba los cascos puestos así que simplemente escuché un murmullo muy bajito en el que no entendí nada. Me quité el casco para poder escucharlo bien.
- Lucía...
Me giré y sonreí. Aquellos ojos marrones ya estaban allí.
Mi camino hasta ti
Capítulo 79. Un paseo interesante
Era él. Taylor estaba allí conmigo. ¿Por qué entonces habíamos tenido aquella conversación tan extraña? No podía evitar esa pregunta pero sabía que tenía que hacer las preguntas de rigor antes de eso.
- Hola... -sonreí y me quité los dos cascos mirándole fijamente.
Aún era mucho más guapo en persona que en aquella fotografía. Era muy musculoso. Su sonrisa era realmente perfecta, tenía unos dientes blanquísimos.
- ¿Cómo estás, Lucía? -me preguntó con una voz notablemente grave que me encantó.
Su aspecto era realmente de un chico desarrollado, es decir de todo un hombre.
Guardé mis auriculares mientras él me miraba de arriba abajo haciendo que me sonrojase levemente. Solamente un chico me había mirado tan atentamente y había sido Robert.
- Supongo que bien.. -sonreí sin muchas ganas-. ¿Y tú?
- De maravilla.. y más ahora que te conozco.
Noté como las comisuras de sus labios comenzaban a subir haciendo que dejase visible una sonrisa coqueta.
Reí internamente. Esperaba que no intentase coquetear conmigo porque si lo hacía iba mal en su intento.
- ¿Puedo preguntarte algo? -le miré un poco dubitativa mientras él empezaba a caminar un poco poniendo una mano en la parte baja de mi espalda para que pasease a su lado.
Él me miró frunciendo un poco el ceño pero su sonrisa no se borraba ni un solo segundo. Se mordió ligeramente el labio inferior y asintió.
Puse mi mirada de nuevo al frente ya que sus penetrantes ojos marrones me estaban poniendo un poco nerviosa.
- Claro, puedes preguntarme todo lo que quieras -susurró mientras notaba como se acercaba un poco más de lo necesario a mí.
- ¿Por qué fingiste no acordarte del lugar y la hora cuando estuvimos hablando hace unas horas? -le miré para ver la reacción de su rostro.
Su rostro se puso un poco pálido y sentí como la mano que tenía en mi espalda baja se tensaba empezando a cerrarse en un puño pero al darse cuenta que le miraba me sonrió y se relajó.
- Quería que me lo confirmases, aunque creo que en ese momento estaba pensando en otra cosa y por eso creo que ni yo mismo supe lo que escribí... -rió-. Por cierto, quería decirte que me he cambiado de messenger y si quieres que sigamos hablando pues me gustaría que me agregases a esta otra dirección.
Sacó un pequeño papel de su bolsillo y me lo entregó. Sonreí mientras lo guardaba en mi pantalón y asentí.
- Claro no te preocupes yo te agregaré en cuanto llegue a casa.
Seguimos caminando hasta que llegamos a un pequeño quiosco donde tenían varias cosas para comer.
Taylor muy caballerosamente me invitó a un perrito caliente a mi gusto y un refresco mientras él se comía otro igual.
Mientras paseábamos comiéndonos el pequeño tentempié me notaba como observada y temía que mi mente se manifestase de nuevo consiguiendo que pareciese una loca esquizofrénica delante de Taylor aunque él ya supiese que yo tenía problemas de ese tipo.
- Entonces, ¿porqué querías que quedásemos? ¿Ya no querías seguir por messenger o qué? -le miré después de haberme comido el último trozo de mi perrito.
- Porque quería conocerte, quería verte en persona y darte un gran abrazo si comenzabas a llorar... -se encogió de hombros-. Tienes.. un poco de ketchup..ahí -me señaló la barbilla.
Busqué mi servilleta para limpiarme pero entonces Taylor pasó la suyo limpiando con delicadeza mi mentón.
Le miré y le sonreí mientras me miraba a los labios fijamente. No podía entender porque lo estaba haciendo pero algo extraño pasó en ese momento.
- Taylor -dijo una voz que me sonaba muchísimo e hizo que me tensase.
No, no podía estar allí.
Capítulo 79. Un paseo interesante
Era él. Taylor estaba allí conmigo. ¿Por qué entonces habíamos tenido aquella conversación tan extraña? No podía evitar esa pregunta pero sabía que tenía que hacer las preguntas de rigor antes de eso.
- Hola... -sonreí y me quité los dos cascos mirándole fijamente.
Aún era mucho más guapo en persona que en aquella fotografía. Era muy musculoso. Su sonrisa era realmente perfecta, tenía unos dientes blanquísimos.
- ¿Cómo estás, Lucía? -me preguntó con una voz notablemente grave que me encantó.
Su aspecto era realmente de un chico desarrollado, es decir de todo un hombre.
Guardé mis auriculares mientras él me miraba de arriba abajo haciendo que me sonrojase levemente. Solamente un chico me había mirado tan atentamente y había sido Robert.
- Supongo que bien.. -sonreí sin muchas ganas-. ¿Y tú?
- De maravilla.. y más ahora que te conozco.
Noté como las comisuras de sus labios comenzaban a subir haciendo que dejase visible una sonrisa coqueta.
Reí internamente. Esperaba que no intentase coquetear conmigo porque si lo hacía iba mal en su intento.
- ¿Puedo preguntarte algo? -le miré un poco dubitativa mientras él empezaba a caminar un poco poniendo una mano en la parte baja de mi espalda para que pasease a su lado.
Él me miró frunciendo un poco el ceño pero su sonrisa no se borraba ni un solo segundo. Se mordió ligeramente el labio inferior y asintió.
Puse mi mirada de nuevo al frente ya que sus penetrantes ojos marrones me estaban poniendo un poco nerviosa.
- Claro, puedes preguntarme todo lo que quieras -susurró mientras notaba como se acercaba un poco más de lo necesario a mí.
- ¿Por qué fingiste no acordarte del lugar y la hora cuando estuvimos hablando hace unas horas? -le miré para ver la reacción de su rostro.
Su rostro se puso un poco pálido y sentí como la mano que tenía en mi espalda baja se tensaba empezando a cerrarse en un puño pero al darse cuenta que le miraba me sonrió y se relajó.
- Quería que me lo confirmases, aunque creo que en ese momento estaba pensando en otra cosa y por eso creo que ni yo mismo supe lo que escribí... -rió-. Por cierto, quería decirte que me he cambiado de messenger y si quieres que sigamos hablando pues me gustaría que me agregases a esta otra dirección.
Sacó un pequeño papel de su bolsillo y me lo entregó. Sonreí mientras lo guardaba en mi pantalón y asentí.
- Claro no te preocupes yo te agregaré en cuanto llegue a casa.
Seguimos caminando hasta que llegamos a un pequeño quiosco donde tenían varias cosas para comer.
Taylor muy caballerosamente me invitó a un perrito caliente a mi gusto y un refresco mientras él se comía otro igual.
Mientras paseábamos comiéndonos el pequeño tentempié me notaba como observada y temía que mi mente se manifestase de nuevo consiguiendo que pareciese una loca esquizofrénica delante de Taylor aunque él ya supiese que yo tenía problemas de ese tipo.
- Entonces, ¿porqué querías que quedásemos? ¿Ya no querías seguir por messenger o qué? -le miré después de haberme comido el último trozo de mi perrito.
- Porque quería conocerte, quería verte en persona y darte un gran abrazo si comenzabas a llorar... -se encogió de hombros-. Tienes.. un poco de ketchup..ahí -me señaló la barbilla.
Busqué mi servilleta para limpiarme pero entonces Taylor pasó la suyo limpiando con delicadeza mi mentón.
Le miré y le sonreí mientras me miraba a los labios fijamente. No podía entender porque lo estaba haciendo pero algo extraño pasó en ese momento.
- Taylor -dijo una voz que me sonaba muchísimo e hizo que me tensase.
No, no podía estar allí.
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