viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 3

Tocaron la puerta de mi habitación y supe quien era. Alice estaba al otro lado de la madera. No quería verla, ni a ella ni a nadie. Intenté no leer su mente. No quería que nadie me hablase para que no me molestasen. Mis pensamientos ya me torturaban bastante como para tener que fingir que estaba bien cuando el mundo se me estaba cayendo a los pies a una velocidad de vértigo.

- Edward.. ábreme -escuché al otro lado de la puerta.

Negué y suspiré. No quería abrir la puerta. Prefería hacer como si no estuviese. Sabía que se terminaría cansando de llamar.

Fruncí mi ceño y metí mi cabeza entre mis piernas para intentar sentirme así más protegido. Quizá buscaba de esa manera que el consuelo de los brazos de mi amada. Ese calor que hacía años le había arrebatado y ya jamás podría recuperar.

Me agaché. Aro se abalanzó sobre mí en busca de mi cuello. Cayó a mi espalda y me giré tan rápido como fui capaz para así darle una patada intentando desestabilizarle pero en su lugar tan solo conseguí que diese una vuelta en el aire pero volvió a posar sus dos pies sin problema alguno sobre la hierba del descampado.

Miré sus ojos rojos con furia. Fruncí mi ceño y después conseguí escapar de los golpes que con ira lanzaba contra mi rostro.

Buscaba algún punto débil y por suerte conseguía que no encontrase ningún lugar donde atacarme.

Escuché un pequeño grito. Bella a escasos metros de mí estaba tumbada en el suelo mientras Alec saltaba sobre ella.

- ¡¡NO!! -grité en mi interior.

En ese preciso instante vi como Rosalie se acercaba y de una patada lanzaba lejos a Alec contra uno de los árboles que rodeaban aquel claro.

Sonreí pero sin darme cuenta Aro me agarró del cuello por detrás. Puse mis manos sobre su brazo el cual comenzaba a apretar mi cuello deseando romperlo. Miré a Emmett, el cual deseoso de batalla ya que había eliminado a uno de los esbirros de Aro, tomo los cabellos de este último estirando su cabeza hacia atrás.

Me deshice del agarre del anciano vampiro y lo empujé con todas mis fuerzas hacia delante para conseguir que en un momento de despiste pudiese saltar contra su cuello y romperlo para que así tuviésemos un problema menos del que preocuparnos.


Suspiré y volví a abrir los ojos como platos. No. Aquel maldito recuerdo me seguía atormentando. No me permitiría volver a vivir aquel horrible momento después de esa batalla en la que terminó llevándose mi vida por completo dejándome ahora en ese estado vegetal del que no podía despertar sin ella.

Cada segundo que recordaba los ojos rojos de aquel legendario clan deseaba destrozarlos a todos y cada uno de ellos lenta y dolorosamente. Quería matarlos entre terribles sufrimientos para que supiesen lo que ellos, cada uno de esos horribles monstruos me había hecho padecer con la pérdida de un ángel con quien había compartido unos hermosos e increíbles años que jamás volvería a alcanzar.

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