Tocaron la puerta de mi habitación y supe quien era. Alice
estaba al otro lado de la madera. No quería verla, ni a ella ni a nadie.
Intenté no leer su mente. No quería que nadie me hablase para que no me
molestasen. Mis pensamientos ya me torturaban bastante como para tener
que fingir que estaba bien cuando el mundo se me estaba cayendo a los
pies a una velocidad de vértigo.
- Edward.. ábreme -escuché al otro lado de la puerta.
Negué y suspiré. No quería abrir la puerta. Prefería hacer como si no estuviese. Sabía que se terminaría cansando de llamar.
Fruncí
mi ceño y metí mi cabeza entre mis piernas para intentar sentirme así
más protegido. Quizá buscaba de esa manera que el consuelo de los brazos
de mi amada. Ese calor que hacía años le había arrebatado y ya jamás
podría recuperar.
Me agaché. Aro se abalanzó sobre
mí en busca de mi cuello. Cayó a mi espalda y me giré tan rápido como
fui capaz para así darle una patada intentando desestabilizarle pero en
su lugar tan solo conseguí que diese una vuelta en el aire pero volvió a
posar sus dos pies sin problema alguno sobre la hierba del descampado.
Miré sus ojos rojos con furia. Fruncí mi ceño y después conseguí escapar de los golpes que con ira lanzaba contra mi rostro.
Buscaba algún punto débil y por suerte conseguía que no encontrase ningún lugar donde atacarme.
Escuché un pequeño grito. Bella a escasos metros de mí estaba tumbada en el suelo mientras Alec saltaba sobre ella.
- ¡¡NO!! -grité en mi interior.
En
ese preciso instante vi como Rosalie se acercaba y de una patada
lanzaba lejos a Alec contra uno de los árboles que rodeaban aquel claro.
Sonreí
pero sin darme cuenta Aro me agarró del cuello por detrás. Puse mis
manos sobre su brazo el cual comenzaba a apretar mi cuello deseando
romperlo. Miré a Emmett, el cual deseoso de batalla ya que había
eliminado a uno de los esbirros de Aro, tomo los cabellos de este último
estirando su cabeza hacia atrás.
Me deshice del agarre del
anciano vampiro y lo empujé con todas mis fuerzas hacia delante para
conseguir que en un momento de despiste pudiese saltar contra su cuello y
romperlo para que así tuviésemos un problema menos del que
preocuparnos.
Suspiré y volví a abrir los ojos
como platos. No. Aquel maldito recuerdo me seguía atormentando. No me
permitiría volver a vivir aquel horrible momento después de esa batalla
en la que terminó llevándose mi vida por completo dejándome ahora en ese
estado vegetal del que no podía despertar sin ella.
Cada
segundo que recordaba los ojos rojos de aquel legendario clan deseaba
destrozarlos a todos y cada uno de ellos lenta y dolorosamente. Quería
matarlos entre terribles sufrimientos para que supiesen lo que ellos,
cada uno de esos horribles monstruos me había hecho padecer con la
pérdida de un ángel con quien había compartido unos hermosos e
increíbles años que jamás volvería a alcanzar.
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