El tiempo en Forks acompañaba mi corazón. Había pasado más de
una semana sin dejar de llover un solo segundo. Por instantes me sentía
acompañado como si a algo o a alguien le importase pero era más que
lógico que era ella. Mi Bella de alguna manera estaba intentando que no
me sintiese tan solo pero al vacío que dejó en mi vida después de su
partida fue demasiado horrible tanto que un monstruo que está muerto
jamás pensaría que la muerte sería menos dolorosa que una vida sin ella.
Lo
viví una vez y me juré a mi mismo que no permitiría que se convirtiese
en realidad. ¿Quién iba a pensar que ella tan fuerte, tan inmortal pero a
la vez tan humana iba a terminar muriendo frente a mí sin que yo
pudiese hacer absolutamente nada?
El recuerdo hacía
que un gran gruñido escapase de mi interior. Los días, las horas, los
segundos comenzaban a convertirse en algo realmente odioso pero su solo
recuerdo en vida conseguía aplacar un poco al dolor hasta que esa imagen
de ella completamente muerta me torturaba de una manera inimaginable.
Cuando
se es humano se puede llorar, se pueden tener berrinches. El dolor
termina yéndose poco a poco con las lágrimas pero en mi caso no hay
desahogo posible. No puedo llorar a pesar de que mi cuerpo lo desea y
entre las sombras del que fue nuestro cuarto permanezco mirando la cama
donde ella se tumbó por última vez.
Cerré los ojos
un segundo intentando respirar hondo para ver si así aquella tortura se
volvía un poco más liviana pero en su lugar sentí como si mis fríos
pulmones ardiesen ante el contacto de aquel aire que ya no tenía tu
esencia.
Allí estaban. Los ojos de Aro y Jane fijos
en mí. Había llegado el momento. Conocía todo lo que pensaban y me sería
de mucha ayuda para así ganar la batalla pero el don de Jane, poderoso
donde los haya conseguía que fuese vulnerable y que lo más probable
fuese que perdiese la batalla.
En ese momento vi como si fuese un
terremoto corriendo hacia mí que el don de Jane se acercaba a una
velocidad excesivamente potente pero algo a escasos centímetros de mí lo
paró.
Fui consciente al fin que mi Bella había puesto su escudo para protegerme.
“No consentiré que muera el amor de mi vida” -pensó.
Sonreí
ante aquel hermoso pensamiento y me puse en posición de ataque. Aro
también se había percatado de ello y pidió a Jane que se alejase. La
pelea sería entre nosotros dos a pesar que Aro deseaba combatir contra
Carlisle, mi padre.
Leí los pensamientos de este último y
comprobé que tenía una batalla también escabrosa. Cayo estaba frente a
él usando todas sus técnicas aunque algo anticuadas de batalla.
Abrí
rápidamente mis ojos. No no quería volver a recordar eso. Si revivía
ese momento de nuevo gritaría del dolor de una manera tan desoladora que
conseguiría atraer hasta aquí a Jacob y mi hija Renesmee.
Mi
pequeña tenía suficiente ahora con haber perdido a su madre y no quería
que supiese que su padre no podría seguir viviendo sin ella. Prefería
que Jacob, el cual daría su vida por protegerla, la cuidase hasta que
recuperase un poco las fuerzas siendo capaz de mentir ante los ojos
chocolate que mi hija había heredado de su madre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.