viernes, 30 de noviembre de 2012

Mi camino hasta ti (Segunda temporada tercera parte)



Mi camino hasta ti
Capítulo 80. Encontronazo


Allí estaban. Esos ojos azules completamente fijos en ambos. Nos miraba mientras sus puños estaban apretados como si intentase contenerse de algo que no parecía querer revelar ni siquiera con aquella mirada de odio que estaba consiguiendo intimidarme. 

Pensaba que era otra de mis alucinaciones pero Taylor se giró mirando al mismo lugar que yo estaba observando. Aquello quería decir que era real. Robert estaba realmente allí y había llamado a Taylor. ¿Acaso se conocían? 

- Hola, Robert... -sonrió Taylor como suficiente y extendió una mano para que él la estrechase. 

Robert no lo hizo. Le miraba a los ojos mientras su mandíbula se apretaba encajándose por completo. 

- ¿Puedo hablar contigo un momento? -siseó entre sus dientes los cuales parecían rechinar por la ira. 

Mi fuero interno se encendió. Ni siquiera se había dignado a saludarme después de lo que me había hecho en el hospital. Besarme y luego irse como si no fuese nada ni tuviese sentimientos. 

Taylor dejó de sonreír bajando la mano y asientió. Robert le hizo un gesto con la cabeza y ambos se separaron de mí unos metros para que no pudiese escuchar su conversación. 

Ninguno de los dos gesticulaba. Tan solo hablaban y parecía que aquellas miradas que se echaban matarían. ¿Qué les podía tener tan furiosos? 

Me senté en un banco del parque mientras les miraba como se contenían ya que parecían dispuestos a pegarse si uno de los dos decía una palabra más alta que la otra. 

Suspiré mientras ponía mis piernas sobre el banco y me las abrazaba. 

Aquella situación no me gustaba y el odio que sentía por el desprecio de Robert estaba consiguiendo que olvidase por completo el amor que siempre le había procesado. 

Me mordí mi labio inferior para no gritarle aquello que quería. Deseaba chillarle que le odiaba aunque fuese mentira pero no quería que supiese que estaba perdidamente enamorada de él. 

- Robert ...

Escuché una voz femenina que a mi espalda había susurrado el nombre de aquel que gobernaba mi corazón. Giré por completo mi rostro para encontrarme con la figura de aquella mujer que había visto en tantas películas. 

Sus cabellos dorados ahora estaban un poco más cortos que de costumbre pero seguía teniendo aquella maravillosa figura hermosa. Era perfecta, tan perfecta que no parecía estar realmente allí parecía que la habían recortado de una película y pegado en el imperfecto mundo que nos rodea.

Sus manos niveas se posaron en el respaldo del banco donde yo estaba sentada haciendo que pareciese que estaba en el lugar indicado para que ella pusiese una postura en la que parecía estar actuando. 

Ella buscaba a Robert y eso me hizo morderme el labio inferior. Quería saber lo que ella necesitaba de él para llamarle de aquella manera pero no sabía si era preciso que lo hiciese o sonaría muy descortés. 

Preferí no molestarla, en su lugar volví a mirar a aquellos dos chicos que se disponían a matarse según lo encorvados que estaban sus cuerpos el uno frente al otro. 

Robert se había atrevido a tocar el hombro de Taylor y él le había quitado la mano sin ni siquiera tocarle, tan solo moviendo el hombro. 

Las venas de los dos comenzaban a hincharse lo que significaba que se estaban conteniendo para no chillar en un lugar público. 

Las manos de ambos se apretaban y sus antebrazos estaban excesivamente tensos. 

En ese instante la chica que estaba detrás de mí susurró el nombre de Taylor. Ahora lo entendía todo, ella tenía que ser el motivo de la pelea de ellos dos y por eso estaban así, por eso ni siquiera Robert me había dirigido la mirada. 

Bramé en mi interior enfadada, furiosa porque los dos fuesen así. Eran definitivamente ambos odiosos, no quería perder mi tiempo en una tontería como esa así que me levanté del banco y decidí salir cuanto antes de Central Park ya que unas pequeñas gotas comenzaban a caer del cielo.

Mi camino hasta ti
Capítulo 81. Frustración


El cielo comenzaba a chispear mientras en mi mente comenzaba a tomar forma la historia de lo que había ocurrido entre ellos. 

Aquella chica preciosa era Resee, Resee Witherspoon una maravillosa actriz a la que siempre había admirado y era obvio que Taylor y Robert se habían peleado porque seguramente Taylor había intentado algo con Resee o le había dicho que estaba enamorado de ella. 

Robert debía ser el novio de Resee o que él hubiese estado enamorado de ella mucho antes por eso estaba tan infinitamente molesto con Taylor y lo comprendía. 

Perfecto, tenía una culebrón que podía contar a quien quisiese pero en cambio prefería guardármelo y sufrir en silencio ya que aquel triángulo amoroso parecía haberse convertido en un cuadrado porque me molestaba muchísimo lo que estaba sucediendo. Me dolía que Taylor y Robert más que Robert estuviese enamorado de otra chica que era sumamente perfecta. 

Notaba en mi pecho una gran presión que comenzaba a dejarme sin aire por esa inmensa presión. Los latidos de mi corazón me dolían muchísimo más de lo que jamás me habían dolido. Podía sentir como se rompía con cada uno de los bombeos de sangre. 

Los ojos azules de Robert estaban fijos en mi mente. Suspiré cuando comencé a recordar aquella fantasía en la que habíamos estado juntos, en la que me había dicho que me amaba y no era así. 

Fruncí mi ceño mientras las lágrimas recorrían una y otra vez mis mejillas. Intenté secármelas en el momento que la lluvia empezó a caer más fuerte. 

Me subí la capucha para no mojarme el pelo mientras seguía paseando hasta llegar a la boca del metro para volver a mi casa e intentar de alguna manera sanar el dolor que había en mi corazón. Suspiré mientras la presión iba aumentando. Tenía deseos de chillarle a Robert que le odiaba con todo mi corazón. 

Nadie jamás me había hecho tantísimo daño salvo yo misma como él lo estaba consiguiendo. Estaba destrozando mi corazón con cada recuerdo suyo que venía a mi mente. 

Las lágrimas seguían recorriendo mis mejillas una y otra vez como si de esa manera el dolor se pudiese paliar pero era más que imposible ya que estaba destinada a sufrir mucho más con cada segundo que recordase cada uno de los momentos que había pasado junto a él. 

Me intenté secar las lágrimas mientras una mano se posaba sobre mi hombro. 

- Lucía... 

No me importó saber de quien era esa voz pero necesitaba llorar sin importarme quien fuese. Al menos me conocía. 

Me acurruqué en el pecho de aquella persona que me había llamado por mi nombre. Noté como sus manos me acariciaban con lentitud la espalda y como sus brazos me refugiaban entre ellos. 

- Tranquila preciosa -susurró en mi oído. 

Mis brazos se ciñeron alrededor de su cintura mientras el berrinche continuaba. 

Las lágrimas se mezclaban lentamente con las gotas de lluvia que también habían decidido posarse sobre mis mejillas. 

No conseguía serenarme pero aquellos brazos seguían meciéndome lentamente de un lado a otro sin dejar de acariciar mi espalda. 

Cerré mis ojos mientras escondía mi rostro en su cuello y aspiraba su aroma. Sabía que no era Robert, debía ser Taylor el que me estaba abrazando esa vez y su calor también era muy agradable pero no me tranquilizaba solo quería llorar y llorar para descargar mi frustración. 

- No te dejaré..llora lo que quieras -susurró en mi oído mientras sus brazos me refugiaron más entre los suyos dándome aún más calor en medio de aquella fría lluvia que estaba sacando a la luz todo lo doloroso que quería guardar en mi pecho para siempre.

Mi camino hasta ti
Capítulo 82. La explicación de Taylor


Me acurruqué en aquel pecho que jamás me había cobijado. Cuanta razón tenía cuando imaginaba cada dos por tres que alguien fuese quien fuese me abrazaba brindándome su calor. 

Me sentía tan sumamente bien entre los brazos de alguien que parecía preocupado por mí. 

Sus manos acariciaban con suavidad mi espalda intentando reconfortarme para que mis lágrimas cesasen y lo consiguió, poco a poco pero lo logró. 

Mis mejillas se secaron por completo y quedaron frías por el viento frío que se levantaba después de la lluvia. 

No tenía frío, ni calor, estaba en la gloria entre los brazos de Taylor que evitaban que demasiado viento me diese haciendo que bajase mi temperatura corporal. 

- ¿Estás mejor? -susurró en mi oído.

Asentí sin ni tan siquiera moverme de la posición en la que estaba. Puse mi frente contra su cuello y noté como se estremecía levemente al sentirlo. Imaginé que seguramente mi rostro estaba más frío de lo que yo pensaba. 

- ¿Qué te ha pasado? -susurró bajito pero lo suficientemente alto como para que yo pudiese escucharle. 

- No me sentía bien -musité mientras ceñía mis brazos en su cintura para que no se separase de mí. 

- ¿Por qué te fuiste así sin despedirte? -preguntó e inmediatamente después depositó un pequeño beso en mi frente. 

- Estabas en medio de una discusión con Ro...con tu amigo. No quise interrumpiros ni molestar ya que no tenía derecho a ello por lo que preferí dejaros con la razón des vuestra pelea e irme ya que sobraba en algo mucho más importante que a mí no me compete -dije del tirón sin ni siquiera abrir los ojos que mantenía cerrados para así poder imaginar que nada a nuestro alrededor ocurría y centrarme en su tacto. 

- ¿El motivo de nuestra discusión? ¿Cuál crees tú que es? 

- Pues obviamente la chica que se quedó en el banco, Resee Witherspoon -contesté casi inmediatamente. 

Noté como Taylor se reía disimuladamente lo cuál no comprendí en absoluto pero no quise moverme para observar su rostro preferí seguir en la misma posición para así estar tan a gusto como hasta ese momento. 

- Pues me temo que obviamente te equivocas -dijo tajante. 

- ¿Me equivoco? ¿Entonces cuál es la verdad? 

- Veamos, el motivo de la discusión no tiene que ver con Resee sino que Robert es bipolar, después de pedirme un favor no me dejó hacer algo de lo que él no se atrevía en absoluto a hacer. Segundo, Resee es la novia de Robert o eso tengo entendido y jamás tendría ningún tipo de interés por ella, mis gustos son muy diferentes -respondió.

Noté como se encogía de hombros mientras yo intentaba asimilar aquello que Taylor me acababa de decir. 

Resee era la novia de Robert. Estaban juntos. Por ese motivo ella estaba en ese mismo lugar y le había llamado. Seguramente habrían estado paseando en una cita romántica y al verle Robert había estallado por todo lo que había pasado entre ellos. 

Como era lógico ni siquiera se había fijado en mí y todo después de haberme besado. 

Cerré con más fuerza mis ojos notando como la sangre comenzaba a hervirme por el intenso dolor que me estaba causando la noticia pero también por el odio que le estaba teniendo. 

¿Por qué me había ilusionado con la posibilidad de que fuese importante para él cuando solamente había pasado los mejores momentos de mi vida en compañía de una fantasía con su cuerpo? 

En ese instante me detesté aún más que nunca. Todo había sido por mi horrible mente que me había conseguido llevar a un maravilloso mundo que muy en el fondo había terminado creyéndome. 

Ahora sabía la verdad. Robert tan solo había jugado conmigo y nada más porque él seguramente ya era novio de Resee antes de interpretar aquel "papel" en el que había conseguido entrar en mi corazón como nadie lo había hecho pero ahora tenía claro que tenía que sacarlo me costase lo que me costase.

Mi camino hasta ti
Capítulo 83. La sonrisa de Taylor


Suspiré y levanté mi mirada para cruzarla con la de Taylor. Él me dejó un besito en la punta de la nariz y consiguió que me sintiese un poco mejor. 

Él había estado conmigo mientras Robert tan solo había jugado y cuando me había visto había pasado por completo de mí aún a sabiendas de que me iba a destrozar el corazón después del último encuentro que tuvimos en el hospital. 

Intenté sonreír mientras Taylor acariciaba un poco mi espalda. 

- ¿Estás mejor? -susurró sonriendo mientras acariciaba lentamente mi mejilla con las yemas de sus dedos. 

- Sí, estoy mucho mejor -le besé la mejilla para agradecerle por haber sido tan tierno conmigo. 

Me acurruqué de nuevo en su pecho mientras él comenzaba a caminar. No sabía hacia donde me llevaba pero me gustaba saber que no estaba sola, que él estaba conmigo, que al menos a él si le importaba. 

Seguí abrazada a su cintura mientras volvíamos al lugar donde antes estábamos. 

Miré a Robert y Resee que continuaban allí. Fruncí mi ceño y escondí mi rostro en el cuello de Taylor. 

- Tranquila -musitó como si supiese algo que no debía conocer. 

Sentía como los ojos azules de Robert estaban fijos en nosotros y una parte de mí deseaba volver a verlos de nuevo ya que pensaba no volver a verlos nunca más. 

Respiré hondo e intenté encontrar el valor que no tenía para dejar de esconderme. 

Moví mi rostro y observé como la mirada penetrante de Robert estaba contemplándome con oido y con ira. Parecía estar hirviendo de furia por dentro pero no tenía ni el más mínimo derecho. Yo era la única que podía estar enojada por lo que él me había hecho. No tenía motivos y no le consentiría que se atreviese a cambiar los papeles poniéndome a mí como la mala de la película en ningún momento. 

Agarré la chaqueta de Taylor en mis puños intentando controlar el intenso enfado que sentía. 

Taylor me agarró más fuerte de la cintura para evitar que hiciese algo pero que no tenía vuelta de hoja atrasarlo más. Estaba comenzando a sentir como mis ojos echaban chispas. 

Le detestaba, le odiaba por haberme hecho todo eso. Era el hombre más despreciable de la tierra y por lo que parecía ahora él también me odiaba por lo que sería mucho más divertida la pelea entre ambos. 

Le miré mientras apretaba mis labios tan fuerte como podía pero la conversación no la comenzamos ninguno de los dos. 

- Hola de nuevo, Taylor -sonrió Resee con una maravillosa sonrisa que indicaba de nuevo que era perfecta. 

- Hola de nuevo, Resee -sonrió Taylor mientras me apretaba más a su cuerpo. 

Robert y yo seguíamos mirándonos fijamente. Si las miradas matasen ambos llevaríamos mucho tiempo en el cementerio desde que comenzamos a observarnos. Detestaba cada segundo que me había estado contemplando.

Apreté mi mandíbula mientras intentaba escuchar un poco la conversación que Taylor y Resee estaban manteniendo. 

- ¿Quién es la joven que te acompaña, Taylor? -sonrió Resee aún más ampliamente que antes. 

- Es...es mi novia, Lucía -dijo Taylor. 

Levanté un instante mi mirada para cruzarla con la de Taylor y comprendí lo que estaba haciendo. Asentí disimuladamente y volví a contemplar a Robert.

- Así que..tú..novia... -siseó Robert entre dientes mientras no dejaba de penetrarme con aquella mirada que me estaba volviendo loca. 

- Sí, su novia.. -bramé mientras mis mandíbulas lentamente se encajaban.

Ardía en deseos de chillarle todo lo que le odiaba pero tenía que contenerme.

Mi camino hasta ti
Capítulo 84. Discusión con Robert


Su intensa mirada estaba consiguiendo quemarme pero no dejaría que lo supiese, no daría mi brazo a torcer ya que la única que tenía razón en estar furiosa era yo. 

Noté como la indignación estaba consiguiendo que mi boca se secase. Mi corazón estaba acelerado por la ira y mi garganta tan solo deseaba chillar. 

Taylor y Resee continuaban conversando pero yo no podía escuchar aquel diálogo, por el odio que cada segundo crecía un poco más mis oídos se había taponado por completo. 

- ¿Puedo hablar contigo un momento? -preguntó Robert con la voz ronca mirándome a mí. 

¿Qué era lo que ahora pretendía? No tenía ningún problema si quería discutir, en ese momento era lo único que deseaba así que sin pensarlo ni una sola vez asentí. 

Movió un poco su cabeza y caminó hacia un lugar algo más alejado que en su pico a pico con Taylor. Intenté seguirle pero los brazos de mi amigo no me dejaban avanzar ni un solo centímetro. 

- No quiero que vayas -susurró en mi oído. 

Suspiré e intenté pensar en algo para no chillarle a Taylor en ese momento ya que no tenía sentido que lo hiciese, era el único al que realmente importaba. 

- No te preocupes...sé cuidarme.. -susurré y le besé la mejilla mientras escuchaba como Robert carraspeaba. 

Me giré sobre mis talones y caminé hacia su posición. Le seguí bastantes metros ya que sabía él tanto como yo que íbamos a chillar y no deseaba que nos escuchase nadie. 

Se paró en un lugar donde nadie estaba paseando. Sus ojos azules volvieron a mirarme con intensidad. 

- ¿Eres su novia? 

Fruncí mi ceño mientras él me hacía esa pregunta que no debía importarle nada. 

- ¿A ti que te importa lo que haga con mi vida? 

- No has contestado a mi pregunta... -dijo frío.

- No pienso contestarla ya que no es de tu incumbencia. Tú tienes novia y no debe importarte lo que yo haga en mi vida -bramé mientras apretaba aún más mi mandíbula.

- Es una simple pregunta. ¿Por qué no puedes contestarla? ¡Maldita sea! Un solo sí o un no. ¿Es tan complicado? -comenzó a elevar el tono de su voz. 

- Sincera y llanamente porque no me da la gana responder a algo que no te importa -intenté controlarme para no chillar. 

- Está bien. Entonces respondéme a otra pregunta. ¿Le amas? 

Se acercó un poco a mí mientras le miraba completamente incrédula. ¿Por qué me estaba haciendo aquel interrogatorio que debería traerle sin cuidado? 

- ¿Amas tú a tu novia? 

- ¿¡Por qué no puedes decirme una odiosa respuesta!? ¿¡Tanto te cuesta ser como el resto del mundo!? ¡Si se hace una pregunta se contesta! 

- ¡Quizá porque nuestra relación no es como la que pueda tener con cualquier persona normal! ¡Porque Taylor por ejemplo no me dejó en el...allí después de besarme haciendo que pensase que le importaba pero que era tan solo un mísero juego para él y para su odioso ego! -grité mientras apretaba mis manos convirtiéndolas en puños. 

- ¡A ti no te importó que me fuese! 

- ¡Tú eres idiota! ¡Es obvio que me importó pero eres tan tonto que no te das cuenta de nada! -chillé aún más fuerte. 

- ¿Te..te importó? -bajó rápidamente su tono de voz mirándome como si le estuviese diciendo algo nuevo. 

- No pienso responder a eso -musité mientras bajaba mi mirada hasta mis manos y jugueteaba con mis dedos. 

- Yo... tengo algo que decirte Lucía -susurró mientras se acercaba a mí mucho más.

Me estaba poniendo mucho más nerviosa al tenerle tan cerca. ¿Qué podía querer decirme? 

- Lucía...-musitó una voz realmente escalofriante.

No. No quería que aquello pasase de nuevo. No podía tener una horrible fantasía de nuevo con esa horrible Lucía que hacía que sintiese un terrible malestar en mi interior. 

Los ojos de Robert comenzaban a mirarme de manera que sentía la preocupación. Mi rostro debía indicar el pánico que me producía haber escuchado mi nombre salir de la boca de aquel clon de mi misma.

Mi camino hasta ti
Capítulo 85. Robert vs mi némesis


- Ella.... 

Eso fue lo único que pude decir antes de que sintiese como si mi cuerpo se quedase completamente paralizado. 

Ella había vuelto con más fuerza que nunca. Podía notarlo, era capaz de apreciar todo lo que ella emanaba de su ser. 

Estaba increíblemente furiosa. Podía notarlo. Mi cuerpo estaba completamente rígido, mis manos se comenzaban a quedar heladas, tan heladas que empezaba a no sentir los dedos. 

Miré aterrada a Robert. En sus ojos pude comprobar que me había entendido, sabía lo que le había dicho con tan solo una palabra. 

- No... no dejaré, no -susurró más para él que para mí. 

Pude sentir en ese momento como unos brazos comenzaban a tirar de mi hacia atrás. Sabía que era una alucinación pero todo era muy real y más cuando mis ojos comenzaron a no ver toda la realidad. 

El cielo en un segundo se tornó tan oscuro como la noche pero sin ningún tipo de estrellas. Todos los árboles desaparecieron en la oscuridad y las luces las consumió la negrura. 

Sentí un aliento gélido en mi oído mientras toda la temperatura de mi cuerpo descendía más que nunca. Parecía estar en el polo norte del intenso frío que sentía. 

Unos brazos que parecían de muertos me agarraron por el cuerpo, era exactamente igual que una cárcel de hielo. Quería chillar pero en ese preciso momento fui consciente de que mis pulmones estaban completamente congelados. 

- Ya eres mía... -susurró aquella escalofriante voz que hacía que desease morir para no volver a escucharla, para no tener que soportar aquella infinita angustia y aquel pánico que me hacía sentir. 

Algo extraño pasó en ese instante. La furia de mi enemiga estaba aumentando y en mi cuerpo comencé a sentir un calor que contrastaba con todo lo helado que me rodeaba. 

- No te dejaré.. no dejaré que sucumbas -musitó una voz que me llenó de paz. 

En un abrir y cerrar de ojos me sentí volar en el aire. Algo o alguien me estaba moviendo hacia otro lugar. 

- ¡No! No podrá conmigo -bramó la parte sin corazón de mí misma-. ¡Le destruiré como te destruiré a ti! ¡Solo yo puedo comprenderte! ¡Solo yo sabe que es lo que realmente necesitas! ¡Necesitas saber la cruda realidad que nadie salvo yo puede dártela! 

Aquellos brazos cálidos me habían sacado de aquella cárcel de hielo y me estaban trasladando hacia algún lugar que no era capaz de ver ya que mis ojos solo captaban la oscuridad. 

- No la escuches, Lucía.. No la escuches -musitaba una y otra vez aquella voz, la voz de Robert en mi oído. 

Él era quien estaba intentando alejarme de ella pero era imposible si ella estaba dentro de mí, si ella era parte de lo que yo ahora era. Estaba haciendo algo realmente estúpido pero gracias a ella mi corazón parecía latir de nuevo. 

Aunque no podía verle me imaginaba que me llevaba en brazos a cualquier sitio que él encontrase seguro. 

Con mi mejilla busqué un poco y choqué contra su cálido pecho. Me acurruqué en él mientras él me aferraba más a su cuerpo. 

- No la escuches..lucha contra ella -susurraba sin descanso. 

- ¡Te encontraré sola, Lucía! ¡Te destruiré me cueste lo que me cueste! Por eso fui creada y llevaré a cabo mi plan. Sucumbirás ante la delicia de la muerte ya que hasta el infierno te parecerá agradable comparado con la vida que tienes destinada. Intenta ser feliz... en los momentos que yo no esté para amargarte la vida -gritó haciendo que su voz fuese aún más y más terrorífica.

Estaba cansada, exhausta de luchar y luchar siempre pero Robert seguía pidiéndome que lo hiciese. ¡No sería mejor que me rindiese ante lo que parecía inminente? ¿Qué más le daba a Robert que sucumbiese a la tentación de aquella no vida sin sufrimiento? ¿Por qué me estaba salvando de lo que no podía? 

Suspiré. En ese momento eso me importaba pero sentirme entre sus brazos era lo único que deseaba disfrutar sin que nadie pudiese romper la "magia" de aquella extraña situación.

Mi camino hasta ti
Capítulo 86. Vuelta a la realidad


La oscuridad comenzaba a disiparse. Empezaba a sentir como poco a poco aquel frío que había invadido mi cuerpo iba desapareciendo. 

Mi mente empezaba a dejar de funcionar de aquella manera que siempre conseguía que un intenso dolor de cabeza continuase día tras día para darme aún más ganas de desear morirme porque ni siquiera físicamente podía sentirme bien. 

¿Por qué no me había ido a mi casa cuando había tenido oportunidad? Ella no iba a poder conmigo, no conseguiría matarme porque no tenía tanto poder o al menos no más que el que yo tenía. Sí ella podía aparecer en el mundo real hasta descolocar mi vida pero yo era la única que era corpórea y de una manera u otra podía romper la malévola conexión que nos unía. 

¿Podía considerar por eso ser poderosa? Lo dudaba, aquello no era poder simplemente aunque me costaba era capaz de volver al mundo real donde todo era normal y nada ni nadie comenzaba a salir de las paredes, apagaban el sol o cosas por el estilo. 

En ese preciso momento fui consciente de que mis oídos estaban captando aquel maravilloso latido tan rítmico que conseguía que me calmase como jamás lo había hecho. 

Llené mis pulmones de aire, un aire cálido que tenía su aroma lo que hizo que el hielo de mis pulmones directamente se derritiese para permitirme de nuevo respirar. 

Suspiré cuando noté como me acurrucaba más en su pecho y la brisa que antes daba en mis mejillas ahora empezaba a desaparecer. 

- ¿Estás más tranquila? -susurró en mi oído.

Asentí ya que no podía hablar. Mis brazos rodearon su cintura y él no lo pensó dos veces, me atrajo más a su cuerpo para que notase su calor. 

Ahora si era consciente de que estaba realmente congelada. Su calor poco a poco conseguía desentumecer mi cuerpo pero no parecía suficiente la rapidez. 

Sentí como si de alguna manera estuviésemos tumbados y me diese todo su calor. 

No podía moverme, no podía hacer nada lo único que escuchaba eran ruidos. No deseaba abrir los ojos ya que si lo hacía temía que ella atacase de nuevo atormentándome y consiguiendo que quisiese llorar de nuevo. 

- ¿Qué pasa aquí? 

Aquella no era la voz de Robert, quien estaba ahí era Taylor. ¿Cómo había aparecido tan pronto? ¿Qué estaba pasando? No podía abrir los ojos para mirar no debía para evitar que terminase chillando descubriendo al mundo entero que estaba completamente loca. 

- No se encontraba bien, estaba congelado -musitó Robert fríamente mientras me apretaba aún más contra su cuerpo. 

- Déjala.. 

Sentí como unos brazos me arrancaban del pecho de Robert para acurrucarme en otro que estaba un poco más caliente. Era más musculoso y estaba claro quien era, podía saber cual era su aroma. Taylor me estaba ahora acunando en su pecho. 

Podía imaginarme la cara de Robert observándome con furia como hasta ese momento en el que ella lo aparecío lo había hecho. 

Tenía otro motivo más por el que no abrir los ojos para encontrarme con aquella mirada que me penetraba con fuerza como un taladro el pecho por el dolor tan intenso que me causaba. 

Lo amaba y saber que él me odiaba me hacía querer odiarlo convertir todo mi amor en pura aversión. 

Intenté relajarme entre los brazos de Taylor pero parecía imposible sabiendo que Robert me había antes acunado. ¿Por qué no podía haberme dejado donde en verdad me sentía bien y a salvo? ¿Por qué no podía alejarme en ese mismo momento de Taylor y acurrucarme entre los brazos de Robert? Eso era lo que deseaba pero como de costumbre no me permitía hacerlo. 

Estaba claro que debía ser consciente de una vez de todo lo que me permitía o no me permitía hacer lo que consideraba como mi deber o lo que para mí era una orden. Tenía que conocerme por completo.

Mi camino hasta ti
Capítulo 87. Hablando con Taylor


Poco tiempo tardamos en estar solos. Robert furioso se había ido con Resee al no verme abrir los ojos ni que protestase porque Taylor me hubiese arrebatado de sus brazos. 

Abrí los ojos tan solo lo necesario para ver como me lanzaban aquellos ojos azules una mirada asesina y volvían a caminar alejándose de mi vida rompiéndome el corazón como lo había hecho la otra vez. 

No sabía como podía hablarle ya a Robert para que comprendiese que le amaba y se acercase a mí pero como de costumbre tendía a alejarle y el hecho de que pensase que Taylor y yo éramos novios no parecía ayudar. 

El dolor que invadía mi pecho tan solo podía convertirlo en odio, puro odio para que fuese posible mantenerme en pie sin caerme, sin llorar, sin que se notase que terminaría cediendo a los chantajes de mi némesis. 

¿Quién tenía la culpa de todo eso? Nadie, nadie salvo yo. Estaba claro que todo lo malo que había sufrido yo misma me lo había ganado. ¿Por qué había tomado las decisiones que me había llegado a acabar en aquel pozo del que ya no veía salida? 

Allí estaba junto a Taylor, un amigo pero nada más. No deseaba tenerle a él a mi lado en ese instante solo quería tener a Robert, sentirme entre sus brazos y que me salvase de nuevo de ella la cual sabía estaba volviendo a acechar. 

- ¿Estás mejor? Parece que tienes más color en tus mejillas -sonrió Taylor mientras me arrastraba hacia el lado puesto donde se iba vida, mi amor, Robert. 

- Sí, ya estoy algo mejor... -susurré mientras me separaba un poco de sus brazos intentando hacer un poder por mantenerme yo sola en pie. 

- ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué Robert te ha llevado en brazos hasta allí? -preguntó mirándome muy curioso. 

- No es nada... tan solo que bueno tú sabes muchas cosas ya de mi Taylor... -suspiré-. No te preocupes es tan solo que hay determinadas "situaciones" que no quiero revivir. 

- Ojalá confiases en mí como lo haces en Robert... -musitó.

Le miré rápidamente. ¿Por qué decía eso? Yo no confiaba en Robert como él decía que pasaba. Suspiré y rodé los ojos. Lo único que había pasado es que Robert había estado en el momento preciso en el instante preciso no que yo hubiese deseado desahogarme con él, quizá en el hospital sí pero ahora... 

- Taylor no pienses eso.. pero me gustaría hablar contigo de algo.. ¿De dónde os conocéis Robert y tú? -le miré mientras me mordía levemente el labio ya que lo necesitaba. 

- Bueno..compartimos profesión -sonrió ampliamente. 

- ¿Sois...actores? -fruncí el ceño. 

- Así es.. -sonrió aún más.

No, aquello ya era demasiado extraño. Taylor me había mentido en las conversaciones que habíamos tenido. ¿Por qué resultaba ser ahora actor y antes tan solo ser un chico superdotado que se acababa de sacar la carrera? ¿Por qué me había mentido? No entendía nada pero lo peor de todo era que desconocía los motivos que le habían llevado a saber que hubiese estado en ese hospital. 

¿Podía tener sentido ahora que hubiese estado tan extraño? Era cierto que Taylor me parecía otro diferente, no se comportaba igual que normalmente lo hacía en las conversaciones que habíamos mantenido por internet. 

Fruncí aún más mi ceño. Aquello solo parecía tener una manera de solucionarse. Debía interrogar a Taylor me costase lo que me costase ya que al fin y al cabo podía haber estado todo aquel tiempo con un verdadero desconocido, con alguien con quién jamás había hablado, con alguien que podía ser un loco maníaco obsesionado con mi vida. 

¿Podía ser la vida aún peor de como siempre la había vivido?

Mi camino hasta ti
Capítulo 88. A traición


Me separé rápidamente de él. La falsedad había llegado a su fin. No podían continuar mintiéndome, engañándome. Algo raro estaba sucediendo porque parecían ser dos Taylor distintos pero dudaba que fuese capaz de eso. ¿Y si todo eso me lo estaba imaginando yo? ¿Y si algunas cosas que habían pasado habían sido fruto de mi imaginación? 

Ya no podía estar segura de todo lo que había pasado. No era justo que ya no fuese capaz de diferenciar el mundo alternativo que mi mente creaba del mundo real en el que cada vez me daba cuenta que vivía menos. 

- ¿Qué te ocurre? -preguntó Taylor mirándome preocupado. 

No había tenido ningún amigo desde hacía muchísimo tiempo. Desde que había tenido cuatro años había estado sola o al menos yo me había sentido así. Ni un solo año había disfrutado de la compañía de nadie que pudiese llamar de esa manera. Jamás había tenido a alguien con el que estar en todo momento. 

Suspiré mientras me decidía por olvidar lo sucedido en ese momento. ¿Por qué iba a perder lo más parecido a alguien que parecía importarse por mí que había tenido en mi vida por el simple hecho de ser una neurótica obsesionada con los detalles de todos y cada uno de los sucesos de mi vida? 

- No pasa nada... -musité mientras volvía a acercarme a Taylor. 

Me acurruqué en su pecho mientras caminábamos un poco más lejos hacia la boca del metro. 

Sus manos acariciaban con cuidado mi espalda y me apretaban lentamente a su cuerpo para que así fuese capaz de sentir como me daba su calor pero al contrario de lo ocurrido con Robert no nos amoldábamos el uno al otro. Era ligeramente más incómodo. 

Le sonreí cuando llegamos a la entrada al subsuelo. Aquella sería nuestra despedida al menos para ese día. No quería pensar en la posibilidad de no volver a verle nunca, de no conocerle más y poder llamarle algún día mi amigo habiendo olvidado todo aquello que parecía haber descubierto. 

- ¿Estarás bien? ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

- No, tranquilo no tienes que acompañarme y sí estaré bien no te preocupes por eso -sonreí aún más mientras me quedaba a centímetros del primer escalón.

- Cuídate mucho, por favor -susurró y me abrazó fuerte de nuevo con tanta fuerza que podía sentir como me costaba respirar. 

- Lo haré tranquilo -dije mientras me separaba de él para bajar los escalones. 

- Adiós -susurró. 

- Adiós -sonreí y me giré para comenzar a bajar la escalinata que me llevase hasta el tren. 

En ese instante unas manos hicieron que me girase. Me apretaron contra su cuerpo y sentí como unos labios se posaban sobre los míos. 

Aquellos no eran los labios que había deseado besar durante tanto tiempo. Quería, deseaba que ese fuese Robert pero sabía que era Taylor. 

Mi corazón destrozado me suplicaba que le alejase y eso fue lo que hice inmediatamente después de ser consciente de que era él. 

- ¿Qué haces? -grité mientras fruncía mi ceño. 

- Besarte... 

La expresión que tenía no me gustó en absoluto. No me importó no controlarme, lo único que deseaba una y otra vez era dejarme llevar y lo hice. 

Le pegué una cachetada tan fuerte que una persona que pasaba por ahí se giró. Me había hecho daño en la mano pero no me importó. 

Desconocía si iba a volver a verle después de eso pero lo único que podía hacer era marcharme furiosa. 

Bajé casi corriendo las escaleras mientras él gritaba mi nombre. Tenía que subirme al tren antes de que me alcanzase ya que si lo hacía no sabía que era lo que querría hacer. 

El pitido indicaba que iba a salir la única manera de librarme de él. No lo pensé dos veces y corrí tan rápido como pude hasta que al final entre en uno de los vagones por los pelos. 

Me giré y comprobé como Taylor se quedaba en el andén mirándome con tristeza. ¿Volvería hablar con él? Ya no sabía ni lo que haría tan solo quería volver a casa y llorar amargamente aunque no permitiese a las lágrimas recorrer mis mejillas como otras veces lo habían conseguido.

Mi camino hasta ti
Capítulo 89. Me siento muy sola


Suspiré mientras sentía como me dolía muchísimo el pecho. El dolor de aquel beso dado a traición me estaba matando. No podía estar con él cuando no le amaba, cuando ni siquiera yo era lo suficientemente estable como para cuidarme a misma. 

Me senté en un asiento del último vagón de aquel tren en el que había conseguido entrar por los pelos. Subí las piernas al asiento y escondí mi rostro entre mis rodillas.

Odiaba como me sentía. Detestaba que Taylor hubiese hecho aquello. ¿Significaba entonces que me amaba de verdad o tan solo era otro juego como lo fui para Robert? 

La presión que sentía se estaba volviendo realmente insoportable. Mi corazón no podía estar más roto de como lo estaba en ese momento. 

Las lágrimas me quemaban en las cuencas de mis ojos, me amenazaban por desbordarse y salir hasta recorrer mis mejillas en un camino que mi piel terminaría sintiendo como si el fuego lo abrasase. 

Pasé mis manos por mi rostro y respiré hondo. No, ni una sola lágrima. No dejaría que nadie me viese llorar. 

Levanté mi mirada y me di cuenta que estaba a un sola parada de llegar al andén donde debía bajarme. 

Tenía claro que lo único que intentaría hacer cuando llegase a mi casa es tumbarme en mi cama e intentar conciliar el sueño para que así aquel horrible dolor cesase de una vez por todas. 

Me sentí aliviada cuando por fin había llegado a la estación. Me levanté y salí corriendo del tren para llegar cuanto antes a las escaleras que me llevasen a la calle que me conduciría hasta mi casa. 

La calle estaba realmente oscura. Todo había pasado tan rápido y mi cuerpo lentamente había dejado de sentir, podía decirse que directamente no era capaz de notar nada fuese lo que fuese que me tocase. 

Caminé tan rápido como mis piernas me permitían. Las calles se hacían más borrosas mientras sentía como las cuencas de mis ojos se llenaban de lágrimas. 

No quedaba mucho para que llegase a la puerta de mi casa y extrañas formas aparecían delante de mis ojos. No, ella no podía aparecer ahora; simplemente debía ser que las lágrimas estaban jugando con las formas de la calle. No se ve nada igual detrás de una cortina de agua. 

Me paré en medio de la calle que estaba desierta. Nadie paseaba a esas horas por ahí y por eso me gustaba el lugar donde vivía. Todo era tan solitario como yo me sentía. 

Me froté los ojos para evitar así que las lágrimas consiguiesen su objetivo que era salir de mis lacrimales para que así las mejillas comenzasen a empaparse por el líquido salado que cada segundo detestaba más de mí y con el que siempre tenía que luchar para que no mostrase su existencia. 

Necesitaba la música ahora más que nunca. Ansiaba poder perderme en un mundo que tan solo tuviese acordes, del que me supiese las letras y mi mente solo pudiese trabajar en recordarlas para así cantarlas aunque sea para mí misma. 

Sí, ahora más que nunca tenía que ponerme los auriculares de mi mp3 y rezar porque no se hubiese terminado la batería. 

Lo hice, me coloqué los auriculares. Encendí el pequeño aparato y me dispuse que escuchar la canción que ahora mismo sonaba en mi cabeza. 

http://www.youtube.com/watch?v=C73NjVQoRww&feature=feedlik

- Another day has gone
I'm still all alone
How could this be
You're not here with me
You never said goodbye
Someone tell me why
Did you have to go
And leave my world so cold

Everyday I sit and ask myself
How did love slip away
Something whispers in my ear and says
That you are not alone
For I am here with you
Though you're far away
I am here to stay

But you are not alone
For I am here with you
Though we're far apart
You're always in my heart
But you are not alone

'Lone, 'lone
Why, 'lone

Just the other night
I thought I heard you cry
Asking me to come
And hold you in my arms
I can hear your prayers
Your burdens I will bear
But first I need your hand
Then forever can begin

Everyday I sit and ask myself
How did love slip away
Something whispers in my ear and says
That you are not alone
For I am here with you
Though you're far away
I am here to stay

For you are not alone
For I am here with you
Though we're far apart
You're always in my heart
For you are not alone

Whisper three words and I'll come runnin'
And girl you know that I'll be there
I'll be there

You are not alone
For I am here with you
Though you're far away
I am here to stay
For you are not alone
For I am here with you
Though we're far apart
You're always in my heart

For you are not alone
For I am here with you
Though you're far away
I am here to stay

For you are not alone
For I am here with you
Though we're far apart
You're always in my heart

For you are not alone...


En el instante que terminó llegué a la puerta de mi casa. Me quité un casco al escuchar algo extraño. 

- Vaya..por fin apareces ..

Mi camino hasta ti
Capítulo 90. Olvídame


Me quedé helada. Aquella voz. Mi imaginación volvía a invadir mi mundo real. Estaba claro que aquello ya estaba pudiendo conmigo. Ahora ya no era ni siquiera capaz de identificar cuando pasaba antes de que sucediese. 

Me giré sobre mis talones y miré aquellos ojos azules que estaban fijos en mí haciendo que el dolor que sentía en mi pecho comenzase a convertirse en un intenso odio. 

- Sí.. llegué -susurré mientras sentía como mis mandíbulas comenzaban a encajarse ante la dureza de tu mirada. 

- Pensé que estarías más tiempo con tu novio... 

- ¿Acaso te importa lo que haga o deje de hacer con él? Tu novia debería preocuparte más que el hecho de que yo tenga a Taylor o no a mi lado. 

Era definitivo, ya no podía controlarme más. El odio estaba aumentando dentro de mí pero también el miedo porque mi alucinación se trajese también a mi némesis. 

¿Cómo sabía que era una alucinación? Robert jamás había estado en mi casa por lo que era imposible que pudiese esperarme allí. Aquella noche realmente fantástica la había pasado con su yo imaginario no con el verdadero. 

Robert apretó los puños. Él también estaba furioso algo que me parecía normal ya que yo me encontraba así. 

- ¿Les has besado? 

- A ti eso no te importa. ¿Has besado tú a tu novia? -contesté elevando una poco la voz.

- ¡Contéstame! ¿Le has besado? 

Rodé los ojos y me giré de nuevo. Abrí la puerta del portal y me metí dentro de él. 

En ese instante sentí como unos brazos me agarraban las muñecas y como mi espalda golpeaba en un abrir y cerrar de ojos contra una de la paredes del portal. 

- ¡No te irás hasta que me digas si le has besado! -gritó muy cerca de mi rostro.

Robert no parecía el mismo. Estaba realmente fuera de sí como si todo el odio que yo sentía en mi interior le estuviese invadiendo a él también, a mi alucinación. 

- ¡Me besó él, sí! -grité completamente fuera de mí. 

- ¡¿Te gustó el beso?! 

Le miré fijamente a los ojos. ¿Por qué me preguntaba eso? Era mi alucinación debía saber que le había apartado y le había dado una cachetada después de haberme besado. 

- ¡CONTÉSTAME! -chilló con la respiración acelerada y con los ojos fijos en los míos. 

- ¡A TI QUÉ TE IMPORTA! 

- ¡¿TE GUSTÓ MÁS SU BESO QUE EL MÍO?! 

Quería hacerle daño. Por algún motivo quería hacerlo y mucho. Mi mente intentaba razonar pero todo aquello me parecía infinitamente imposible. 

- ¡¡SÍ, ME HIZO TOCAR EL CIELO CON SUS LABIOS!! ¡¡AHORA SÉ LO QUE ES AMAR!! -grité. 

Sus ojos me miraron con dolor pero no se movió ni un solo centímetro. 

- Yo te enseñaré lo que es amar... -susurró y entonces sentí como sus labios se posaron sobre los míos. 

Quería rechazarle. Quería gritarle que me dejase en paz pero no podía, el odio se estaba desvaneciendo ante aquel apasionado beso que estaba consiguiendo dejarme sin aliento. 

Mis manos se posaron sobre sus hombros. Deseaba besarle pero algo dentro de mí era mucho más fuerte que eso. No, la sola idea de saber que había besado a su novia, que tenía una. Le alejé rápidamente y le miré completamente incrédula.

- Olvídame -susurré. 

Me alejé de él y subí rápidamente por las escaleras hasta la puerta de mi casa la que abrí lo más deprisa que fui capaz y de metí dentro. 

Aquello ya no podía ser peor de lo que era. Estaba renunciando por completo al amar de mi vida, al único hombre que me había hecho muchísimo bien. 

Suspiré y me dejé caer al suelo sintiendo como la presión de mi pecho me estaba desgarrando consiguiendo que sintiese unas inmensas ganas de morir.

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