viernes, 30 de noviembre de 2012

Capitulo 4

Arrugó su naricita en el instante que le vio y corrío a sus brazos saltando a su cuello. Sonrió como bobo mientras la tomaba en sus brazos y giraba con ella mientras se perdía en su mirada azul.
Rió, ambos se perdieron en ese delicioso momento durante muchos minutos que a ambos se le vuelven segundos.
- Rose -murmuró sin poder creerlo y hundió su nariz entre sus hermosos cabellos.
- Radley -susurró con aquella voz tan dulce.
Él notó en ese momento como su cuerpecito era perfecto para estrecharlo entre sus brazos. Sus brazos rodeaban ahora su cintura y no deseaba en momento alguno separarse de su reconfortante calor.
Bajó la mirada y sonrió viendo como ella tampoco hacía ademán de separarse ni un centímetro. Sus dedos se deslizaban por entre los mechones de aquella hermosa cabellera. Mientras tanto las manos de ella acariciaban su espalda para después encoger sus brazos y apoyarlos sobre el pecho de él.  Sus dedos estaban cerrados en un puño y sus suaves nudillos estaban situados en el sitio exacto donde se encuentra su corazón.
- No sabes lo mucho que te he extrañado, Rose -sonrió.
- Yo también a ti -respondió y alzó sus grandísimos ojos.
Se pierdió en su mirada y puso su frente contra la suya. Rozó suavemente sus mejillas con las yemas de sus dedos. Dejó un pequeño besito en la punta de su naricita y el fruto de su adoración rió. Hermosa era poco. Aquella visión de ella así pudiendo tenerla entre sus brazos después tantísimo tiempo. Su corazón martilleaba con tanta fuerza que temía que se saliese para cantarle una serenata.
- Vamos -susurró Rose y tomó la mano de Radley entre sus suaves dedos.
- ¿Dónde me llevas?
Radley divertido rodeó su cintura por detrás con sus brazos. Se dejaba llevar por el momento. Su corazón latía una y otra vez con fuerza el nombre de Rose. Estaba perdidamente enamorado de ella desde hace tanto tiempo que si lo supiera la hermosa mujer que tenía delante de él se quedaría boquiabierta.
- ¿Qué haces? -rió sorprendida por sentir las manos de su cachetitos en su cintura.
Ella parecía no comprender que la amaba pero lo que él no entiendía es que Rose solo le veía como su hijo que se hizo mayor hasta convertirse en un hombre infinitamente deseado.
Apoyó sus palmas en las enormes manos de él y alzó la mirada sobre su hombro con el ceño ligeramente fruncido pero sin perder la sonrisa. A él no le importaban las señales que le indicaban que ella pueda estar pensando que eso era raro, al contrario, él solo quería fundirse con ella en un beso interminable.
Se acercó a ella más mientras ella le respondía su acercamiento con una dulce caricia nariz contra nariz.
- ¿Sabías que te has vuelto muy cariñoso? -preguntó la imponente rubia.
- Soy así depende de las personas -sonrió y se encogió de hombros.
- Sentémonos en ese bar. Tomaremos un café y me cuentas sobre esa prometida  tuya -rió-. Quiero saber absolutamente todo.
- Rose… -suspiró.
El buen humor se le esfumó. Le había recordado el fruto de sus pesadillas mientras caminaban hacia la cafetería más cercana. Rose se había separado y tomado su mano para caminar pues no quería caerse en la posición en la que estaban. Caminaban a paso ligero y entraron en el local. Rose con mucho salero caminó por entre las mesas hasta la que estaba más alejada al fondo.
Radley contempló el lugar. Olía a puro café y el calor que desprendían las tazas rozaba la piel como una brisa seductora. El espacio era reducido pero bastante cuco. Las mesitas eran de madera y para dos personas salvo alguna grande que era para cuatro. Alguna de las mesitas pequeñas estaban junto a la pared y como asiento tenían un sillón de piel acolchado. Rose caminó hasta la que daba esquina y tenía ambos asientos que eran de aquel sillón empotrado.
- Siéntate, cachetitos -susurró la última palabra.
Se sentó en un hueco del sillón acolchado y miró el menú de los cafés para ver cual decidía mientras que Radley admirándola esperaba que decidiese para tomar lo mismo que ella. Sonrió observando los gestos que hacía con su nariz y sus labios leyendo los nombres de las especialidades.
- ¿Sabes lo que vas a pedir? -preguntó con dulzura.
- Sí. Un capuccino -mordió suavemente su labio.
- Pediré otro -asintió Radley.
Llegó poco tiempo después la camarera pero Radley no dirigió ni una sola de sus miradas hacia la joven que le había reconocido. Él estaba absorto en la piel tan suave que tenía la mujer que pedía con una amabilidad  incomparable y una sonrisa de oreja a oreja su pedido.
- Cuéntame.
- ¿Qué quieres que te cuente, Rose?
- Ya lo sabes… -murmuró.
- Kim es una joven un tanto peculiar, Rose. Se siente odiada y provoca que la odien. Como ya te dije se cree que es el personaje que interpreta. Es bueno a la hora de grabar películas, supongo, pero analiza hasta la última coma del libro. Es como obsesión. Es una mal hablada, Rose. No sé como no la mando a callar cada vez la escucho, su voz me exaspera pero lo que más me revienta es ver en todas partes que estoy con ella cuando no lo estoy y tener que vender la maldita noticia como un sí estamos pero no lo decimos. No puedes ni imaginarte lo agobiante que me resulta tener que observar siempre, vaya a donde vaya, fotos de los dos juntos. Rose, a mí la gente no me quiere, quiere al personaje que esté con el personaje de ella. No me ven como persona, no lo separan. ¿Qué puedo hacer que no sea meterme litros de alcohol en vena?
Rose frunció su ceño enfadada y apretó sus labios sin decir nada mientras pensaba como podía decirlo de la manera más suave.
- No me gusta como te hace sentir esta situación. ¿Cómo puedes estar emborrachándote todos los días? Eso no es saludable para ti, en absoluto -suspiró y le abrazó con todas sus fuerzas para consolarle-. Quiero saber más de ti. Ojalá encontremos una solución juntos. Prométeme que no seguirás bebiendo tanto.
- No puedo prometerte eso. Es la única manera que tengo para soportar este calvario -aspiró el aroma que emanaban los cabellos oro líquido de la hermosa mujer que estaba con él.
Llegó el camarero y se separaron por vergüenza de ella. Fue entonces cuando se percató del anillo que llevaba en el dedo. ¿Qué era ese anillo tan brillante? Por favor, que no fuese un regalo de otra pareja.

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