Nerviosa continuaba leyendo mientras Robert la observaba de reojo con
sus ojos azules muy abiertos. ¿Le habría reconocido? Esperaba que no
pero estaba tan sumamente confundido porque Mari no podía concentrarse
para nada en su lectura. El hombre que tanto había soñado estaba a su
lado. Robert Pattinson el hombre más sexy del mundo según muchas
revistas.
Se revolvió en su asiento mientras respiraba pausadamente. Poco a
poco el habitáculo se llenaba de la colonia de él y ella podía sentir
como sus pulmones rápidamente se hacían adictos a esa fragancia.
- Perdona -interrumpió sus pensamientos-. ¿Puedo saber dónde vamos? -se pasó la mano por el cabello visiblemente nervioso.
Mari alzó la mirada hasta encontrarse con sus ojos azules y asintió.
Después intentó encontrar su voz pero no se veía capaz hasta que se
obligó a si misma a no mirarle directamente a los ojos.
¡Perfecto! Sabe quién soy, bufó Robert en su interior y rodó los
ojos. Le ponían nervioso las fans histéricas solo esperaba que ella no
fuese como las demás.
- Al aeropuerto.
Sonrió. Podía haber dado con otro vehículo pero parecía que sus
súplicas habían sido escuchadas. Abandonar el país, sin equipaje pero
con la documentación encima. ¿Por qué no? Podía permitírselo. Tenía
dinero para aburrir y normalmente no gastaba mucho. Aprovecharía esa
oportunidad.
- ¿Tú eres…?
Ella estaba segura de que era el chico por el que había suspirado
tantísimo tiempo. Vio como en sus ojos azules se desataba el pánico e
inmediatamente negó ante la idea. ¿Cómo podía estar negando cuando le
preguntaba si era Robert? Era él, estaba segurísima.
- No, no soy él.. -susurró desviando la mirada por la ventanilla.
La ilusión de ella se rompió de golpe. ¿Podía ser que sus ojos la
engañasen mostrándole un parecido increíblemente obvio con el hombre
inglés? Negó en su interior. Era él, estaba segura pero no diría nada
más al respecto puesto que el tema parecía incomodarle.
El trayecto lo hicieron en un completo silencio. Ambos nerviosos,
deseosos de que el otro cortase aquella tensión pero era imposible.
Robert permanecía sumergido en lo que haría, en cómo volvería… No, no
volvería por una buena temporada. Tenía que encontrar un lugar donde no
le molestasen y sabía que Londres no sería buen sitio. Pasó sus largos
dedos por su frente mientras fruncía el ceño intentando pensar algún
paraje donde nadie le esperase pero que fuese lo suficientemente
tranquilo como para no agobiarle. ¿Podría pasar desapercibido en algún
otro lugar que no fuese su ciudad natal? Debía intentarlo. No quería
escuchar los continuos, “te lo dije” de su madre. Bastante tendría con
escucharlos por teléfono. ¡Oh! Las mujeres eran tan increíblemente
difíciles de contentar.
Mari mientras tanto intentaba analizar como les diría a sus amigas
que había estado en el mismo taxi que Robert Pattinson después de haber
terminado sus semanas de vacaciones en Estados Unidos. Habían retrasado
la premiere de Cosmópolis un día por lo que le habían arruinado la
posibilidad de ir a verles en la alfombra roja pero aquello le parecía
un milagro. Él estaba sentado a menos de medio metro de ella. Había
podido ver de cerca sus rasgos de nuevo. Suspiró levemente. ¿Cómo le
diría a ese hombre todo lo que quería ahora que estaba junto a él a
solas salvo por el taxista que miraba también sorprendido la parte
trasera de su vehículo? Mordió su labio indecisa mientras él se revolvió
en su lugar rumiando algún plan que desconocía.
- ¿Puedo saber dónde vas? -preguntó Robert.
Quizá si ella le decía a donde iba podría darle una ayuda en su intento de fuga.
- Voy a Madrid, España -respondió con una voz un tanto extraña que le obligó a carraspear después.
¡España! Allí nadie le esperaría porque no tenía motivo alguno para
acudir. Las veces que había estado le había gustado. Sí, aquella chica
estaba seguro que era su salvación, le había dado todo lo que
necesitaba. Suspiró satisfecho sabiendo a donde le depararía la vida
durante las próximas semanas. Debería llamar a su agente, a su madre
para que no se preocupara y a David para disculparse por el escándalo
que había hecho… ella. No quería ni nombrarla.
-¿Puedo saber tu nombre? -preguntó con sus ojos azules centelleando por la emoción de saberse lejos de todo aquel espectáculo.
- Amm, Mari -susurró-. Bueno María pero todos me llaman Marie -se
encogió de hombros como disculpándose por la explicación que acababa de
darle.
Viajaría con Mari a España. Si, necesitaba al menos algún guía porque él salvo cerveza poco más sabía decir en español.
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