Abro la puerta de mi habitación mientras Elle me
sigue. No puedo evitar estar nervioso pero ella ahora necesita estar en
compañía de alguien que no la juzgue y parece que en mí encontró a la
persona que necesita.
Entro y recojo lo poco que está desordenado. Dejo mi libro sobre la estantería, en su lugar y me giro para ver a mi invitada.
- Tienes una habitación muy bonita –susurra.
- Gr-ra-cias –suspiro.
Por un minuto me quedo pensativo. Si ella dormirá
en mi cama, ¿dónde dormiré yo? Quizá poniendo unas mantas en el suelo
no lo pase del todo mal. ¿A quién quiero engañar? No podré dormir con
ella en la misma habitación.
- ¿Dónde dormiré? –pregunta con una voz tan suave como el terciopelo.
Se acerca lentamente hasta mí y desliza su dedo
índice entre los mechones del lateral de mi flequillo para después
apartarlo un poco de mis ojos. Suspiro al sentirla tan cerca. Alzo mi
mano derecha y señalo la cama. Su mirada sigue la dirección de la señal
de mi dedo, después rápidamente me mira comenzando a negar.
- ¡Oh, no! Daniel, simplemente pon algunas mantas y yo dormiré en el suelo.
- N-no. T-t-tú e-e-en la-la-la c-a-cama –respondí.
- Pero…
Llevo mi dedo índice hasta sus labios y ella no
dice nada más. Sus ojos azules se quedan muy abiertos observándome
mientras una corriente eléctrica recorre todo mi cuerpo. Una de mis
falanges estaba rozado sus suaves y blandos labios.
Ella entiende y camina hasta la cama lentamente.
Permanezco esos segundos observando su figura. Es toda una mujer a la
que nadie podría evitar envidiar pero aún así la desprecian por
cualquiera.
Se sienta en el colchón quitándose los zapatos de
tacón que lleva de sus delicados pies. Sus uñas están perfectamente
pintadas del mismo color azul claro que las de sus manos haciendo juego
con el vestido.
Apoya sus deditos sobre la tarima y parece
agradecer el frío tacto. Los mueve, estira y encoge hasta que vuelve a
plantarlos de nuevo al parecer mucho más a gusto.
Abro la puerta del armario y busco las mantas
para prepararme mi cama improvisada. Tomo entre mis manos algunas mantas
y respiro profundamente. Toda mi habitación huele a ella, a su colonia
de vainilla.
Me doy la vuelta para llevar las mantas al otro
extremo de la habitación pero me encuentro con su pequeña figura. Sonríe
ligeramente sonrojada y me pregunto lo que habré hecho para incomodarla
pero no puedo evitar pensar en lo increíblemente adorable que se ve con
sus pómulos sonrosados.
- ¿Puedes prestarme una camiseta o sudadera para dormir?
No había pensado en eso. Claro. Ella tiene que
dormir con algo cómodo y desconozco si su vestido azul es lo
suficientemente confortable como para pasar una noche enfundada en él.
Asiento y dejo las mantas en el suelo para buscar
algo que pueda quedar bien a su bonito cuerpo. No sé si se quedará mi
ropa pero si no lo hace será con la camiseta con la que duerma cada día
de mi vida a partir de ahora.
Tomo una vieja que parece lo suficientemente
grande como para no dejar a la vista nada más que lo necesario de su
pequeña anatomía. Se la entrego y me sonríe mientras camina hasta el
baño de mi habitación. Por suerte no tiene que cruzar el pasillo o bajar
las escaleras para ello. Si tuviese que ir al piso de abajo podría
encontrarse con Gilbert y vaya usted a saber la cantidad de alcohol que a
esas horas tendrá en sus venas.
Vuelvo a agarrar las mantas para colocarlas más
tarde en el lugar que había pensado: al otro extremo de la sala y
dándole privacidad.
Una vez están puestas apoyo en la que será la
cabecera uno de los cojines decorativos que Christine me compró una vez
por sorpresa intentando que así fuese un poco más acogedora mi
habitación.
Elle aún no sale por lo que tengo tiempo para
ponerme mi pijama. Me siento en la cama y me quito los zapatos junto a
los calcetines. Doblo los calcetines dejándolos metidos dentro del
calzado para luego llevarlos al cesto de la ropa sucia que hay en el
cuarto de baño. Cojo los zapatos y los dejo en su lugar. Frente al
armario.
Me quedo de pie. Me quito las gafas dejándolas en
mi mesilla. Agarro entre mis dedos los bajo de mi jersey y me lo quito.
Hago lo mismo con la camiseta que tengo debajo de él. Doblo la ropa que
ya no está en mi cuerpo y la dejo perfectamente alineada en el suelo
junto a mis zapatos. Me vuelvo a erguir para deshacerme de mis
pantalones. Los dejo al igual que el resto de mi ropa en un montón
uniforme y mientras juego con mis manos intentando calmar un poco mis
nervios, retorciendo mis dedos, camino hasta la cama. La abro dejando a
la vista las sábanas blancas. Levanto la almohada y localizo mi pijama.
Me pongo el pantalón y la camiseta para después
estirar mi mano a la mesilla. Encuentro palpando las gafas y las coloco
sobre el puente de mi nariz percatándome en ese momento que Elle está
observándome desde la puerta del baño.
Me sonrojo inmediatamente al igual que ella y
bajo mi mirada sin saber qué decir. Me ha visto desnudo y seguro que
ahora tiene que estar comparándome con el atlético de su ex novio. Es
más que obvio que saldré perdiendo. Ni para amigo me querrá.
Me levanto del colchón y camino sin decir nada ni
tan siquiera mirarla hasta las mantas que he dejado en el suelo. Aquel
será mi lecho durante esta noche.
Escucho sus casi silenciosos pasos mientras me
tumbo sobre las mantas. Me quito las gafas y con cuidado las deposito
sobre el montón de ropa que hay a mi lado.
Las sábanas suenan cuando Elle cubre su pequeño
cuerpecito con ellas y cierro los ojos para intentar conciliar el sueño.
No quiero pensar en el momento tan vergonzoso que acabo de pasar, tan
solo me hará sentirme aún peor.
- Buenas noches, Daniel –susurra rompiendo el incómodo silencio.
- Bu-buen-n-as no-ch-ches, E-ll-ll-e–respondo.
Apaga la luz y nos quedamos a oscuras.
El suelo no es precisamente cómodo y me hace daño
en todos los huesos por lo que debo cambiar de postura cada dos por
tres. Mantengo mis ojos cerrados para que así con suerte pueda dormirme
en algún instante sin tener que preocuparme más por el malestar.
Respira tranquila. Puedo oírlo desde aquí. No
parece que se esté moviendo por lo que quizá está ya dormida y eso me
tranquila. Al menos ella está mejor y entregada a la inconsciencia.
Las agujas de mi despertador suenan. No me había
percatado antes. Es un sonido que me hace permanecer despierto e incluso
me pone nervioso. Retuerzo las mantas entre mis dedos para así no tener
que hacer ninguno de mis tics pero me cuesta, es un esfuerzo demasiado
grande.
- Daniel.
Pensaba que Elle estaba dormida pero no es así. A
menos que me esté llamando en sus sueños. Por si algo así pudiese
pasar, sueño despierto y no contesto esperando volver a escuchar ese
susurro que para mí fue celestial.
- Daniel –repite- ¿puedes dormir?
Está despierta. Intento contestarle rápidamente
pero aún la vergüenza por lo sucedido hace estragos en mi piel. Mis
mejillas me arden y solo rezo porque ella no cuente el horrible cuerpo
que tengo entre los compañeros.
- N-n-no –respondo al fin.
Escucho el sonido de las sábanas y después sus
piececitos caminar por la tarima hasta donde estoy. Se pone de rodillas y
acaricia suavemente mi cabello.
- Vente a la cama conmigo –murmura.- Yo tampoco puedo dormir.
Me sonrojo aún más de lo que estaba. ¿Dormir en
la misma cama que Elle? Dios mío. Aquel día debo estar soñándolo por
completo. Nada de todo lo que está sucediendo puede ser real. En mi
habitación está la chica más guapa de todo el mundo, vestida con una
simple camiseta mía y durmiendo en mi colchón.
Abro mis ojos y ella me sonríe pero en sus ojos
se puede ver la súplica. Se incorpora y yo hago lo mismo preso de un
hechizo, el de sus ojos.
Vuelve a meterse en la cama y hago lo propio. Me
giro hacia ella y su sonrisa permanece mientras deja un pequeño beso en
mi nariz.
- Gracias por todo esto, Daniel. Si no te hubiese
encontrado antes no sé que hubiese hecho. Y no digas, por favor, que no
tengo nada que agradecer. Solamente quería pedirte un último favor
–suspira- ¿Puedo abrazarte?
Asiento casi inmediatamente aún atónito por todo
esto pero más por el espectáculo que he contemplado mientras caminaba
tras ella. Sus largas e infinitas piernas a la vista solo tapadas en su
parte más alta por la camiseta que ahora tenía la suerte de contornear
su figura.
Sus brazos rodean mi cintura mientras su mejilla
se apoya en mi pecho. Sé que mi corazón late a mil por hora y podrá
escucharlo, lo que me da aún más vergüenza pero ella parece tranquila.
Rodeo su pequeño cuerpo con mis brazos intentando que de esa manera no
se escape nunca más. Siento como sonríe contra mi pecho.
- Buenas noches, Daniel.
- Bu-bue-enas n-n-noch-ch-es.
No importa lo tenso que estoy, la fragancia que
inunda mis pulmones y el hecho de ser la primera vez que alguien me
abraza. Ella, me consigue atormentar pero regalarme la calma suficiente
para caer en un profundo sueño tras saber que ella lo hizo previamente.
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