Allí permanecía cigarrillo en mano mientras el humo iba llenando toda
la habitación hasta ahogarle. Observaba el televisor mientras decía una
y otra vez aquellas palabras que le había obligado una empresa
cosmética pronunciar. ¿Cómo habían pasado desde entonces cinco años?
Sus ojos deslumbrantes observándole una y otra vez mientras su voz
resonaba como si fuese la llamada de un ángel desde el cielo. Se daba la
vuelta y sonreía mientras él contemplaba cada pequeño gesto de aquel
rostro. Una muñeca de porcelana con demasiado maquillaje. Unos labios
excesivamente rojos pero no por eso menos apetecibles.
Dio una nueva calada mientras ella caminaba por gracilidad con un
dálmata por la calle. Su cabello ondeaba y acariciaba sus hombros
mientras que sus labios se entreabrían dejando la blanca patilla de las
gafas de sol entre ellos.
Llevó su mano a sus cabellos mientras ella seguía contoneando sus
caderas al ritmo de aquellos abrasadores pasos por la acera. Agarró
entre sus largos dedos algunos de los mechones mientras giraba sobre sí
misma para quitarse después la gabardina que no dejaba admirar el
vestido rojo tan ajustado que llevaba.
Pasó su lengua por sus labios mientras la sonrisa de aquella belleza
se ensanchaba. Sus pechos se movían de arriba abajo por la gracia con la
que se balanceaba a través de la avenida.
Dio al botón de parada y después a otro botón para que la grabación
comenzase de nuevo. Tardó unos segundos hasta que aquella belleza volvía
a estar en el apartamento mientras deslizaba una barra labial por
aquellos carnosos labios.
De fondo sonaban todas y cada una de las canciones que tenía en su
ipod. Era una colección creada por ella y si no había contado mal era la
tercera vez que sonaba Frozen de Madonna.
Disfrutó de nuevo del movimiento de aquella muñeca tan sensual como
inalcanzable. La pantalla era tan grande que podía disfrutar en alta
resolución de cada centímetro de aquella sedosa piel que había recorrido
tantas veces con su boca y sus dedos.
Sus dedos picaban, le recordaban el intenso deseo que sentía por esa
mujer. Puso con más cuidado del necesario el filtro del cigarro entre
sus labios mientras aspiraba aquel aire contaminado. No tardó mucho en
dejar que escapase como si de una caricia se tratase por entre sus
labios que estaban secos después de horas sin beber ni comer nada.
Cambió de vídeo y aquella belleza cambió su maquillaje por uno más
sencillo. Su melena seguía cayendo sobre sus hombros mientras esperaba
dentro de una limusina a ser recogida. Su auténtica estrella.
Aferró sus manos a los reposabrazos del sofá mientras ella mordía su labio inferior. Era demasiado sensual para su propio bien.
Se puso de pie hasta llegar a la enorme pantalla en la que se proyectaba aquella figura insinuante.
- Eloise…
La mujer en la pantalla sonrió como si le hubiese oído y después la pantalla se quedó en negro dando paso a otro vídeo.
La mano que había tocado el fino pero duro cristal del televisor se
convirtió en puño mientras las lágrimas amenazaban con deslizarse por
las mejillas de su dueño hasta ahogarle también en el oscuro abismo de
la tristeza.
Ella sonreía mientras se agarraba a su cuello. Reían juntos mientras
la herida de su corazón se abría tan rápida y dolorosamente que pensaba
que chillaría como si de un niño pequeño se tratase.
El mar chocaba contra las rocas que suplicaban por atención. La arena
fina era el lugar perfecto para pasar unas idílicas horas. Era como un
paraíso sacado de una novela. La cámara entonces llegó hasta ella. Vio a
la maravillosa mujer que enfundada tan solo en un bikini negro cerraba
los ojos disfrutando de la brisa veraniega.
- Eloise… -volvió a susurrar con la voz rota mientras sus dedos dibujaban las perfectas curvas de su silueta.
Como si estuviese allí junto a ella la mujer abrió los ojos y le
sonrió. Le tiró un beso mientras él colocaba la cámara. Entonces
apareció el mismo en escena y agarrando al cintura de Eloise comenzaron a
dar vueltas sin parar de reír hasta que terminaron fundiéndose en un
beso apasionado.
No pudo soportarlo más y mientras se separaba de la pantalla
tiritando de pies a cabeza las lágrimas casi le impedían ver. Llegó
hasta su escritorio. Apretó sus dedos crispados contra la madera
intentando buscar una manera de calmar su ansiedad pero no la
encontraba.
Escuchar su risa de nuevo fue el detonante. Abrió los ojos por
completo y usando todas sus fuerzas volcó la mesa de madera maciza
mientras gritaba. Todos los documentos se volvieron un torbellino de
papel blanco hasta que cayeron de cualquier manera sobre la alfombra que
había salvado al suelo entarimado de un buen golpe.
Agarró con fuerza el butacón en el que se había sentado antes y
sosteniéndolo en alto notó como todos sus músculos se tensaban hasta que
se supo con la fuerza suficiente para tirarlo contra las estanterías
que había en el lado derecho.
El ruido era ensordecedor y el agente de seguridad que tenía
contratado llegó tan rápido como pudo hasta la puerta que estaba cerrada
con llave. Comenzó a llamar junto al ama de llaves. Él, encolerizado,
no les hizo ni el menor caso. Tomó entre sus manos el cuadro que ella
siempre había odiado y lo rompió con todas sus fuerzas contra una de las
paredes.
Quería irse con Eloise pero nadie le dejaba. Notó los trozos de
cristal bajo sus zapatos y dejando caer el más que destrozado marco, se
agachó para coger uno de ellos brillantes trozos. Lo alzó lentamente
hasta dejarlo a la altura de su rostro volviéndose bizco mientras lo
observaba.
Una patada tiró la puerta abajo dejando ver una habitación diáfana,
de colores oscuros y moderna, tan solo iluminada por el rostro de la
mujer que había estado viviendo en aquel lugar hasta hacía unos meses.
Su risa llegaba hasta los oídos de todos y se les encogió el corazón
viendo como el hombre que tan feliz había sido ahora estaba
completamente destruido por su pérdida.
- Señor, no lo haga -imploró el ama de llaves.
- Quiero irme con Eloise…
Era algo tan lógico para él y tan extraño para todos los que le
rodeaban que no sabía como podían llamarse humanos si no tenían
sentimientos. ¿Era tanto pedir que le dejasen morir e irse con la mujer
que tanto había amado? No habían hecho nada para salvarla y él ya no
podía ni quería seguir permaneciendo en aquel mundo en el que su luz no
existía.
Acercó el cristal a su garganta y entonces un disparo hizo que todos los corazones de la sala dejasen de latir a la vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.