Vi sus pequeños ojos azules y rocé con lentitud su apretada mejilla.
Era tan hermoso como siempre había soñado. Ella me había dicho que era
mi hijo y seguía sin poder creerlo.
- Eres adorable -murmuré lentamente-.
Pude sentir en mi corazón que iba a luchar por ese hijo pero no solo
por él, sino por la mujer que había perdido hace demasiado tiempo.
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