viernes, 30 de noviembre de 2012

Introducción

Vi sus pequeños ojos azules y rocé con lentitud su apretada mejilla. Era tan hermoso como siempre había soñado. Ella me había dicho que era mi hijo y seguía sin poder creerlo.
- Eres adorable -murmuré lentamente-.
Pude sentir en mi corazón que iba a luchar por ese hijo pero no solo por él, sino por la mujer que había perdido hace demasiado tiempo.

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