lunes, 18 de marzo de 2013

Capítulo 7

Sus ojos azules vacilantes iban desde el plato que había puesto Chris frente a ella hasta la puerta, luego se precipitaban hasta el reloj y bajaba la mirada a sus manos avergonzada. No le gustaba estar en la compañía de nadie porque desde hacía años no había podido hacerlo. 

Su estómago comenzaba a despertarse y sentía como si la mirada de aquel chico pudiese leer su mente. Se obligó a intentar mantener la calma pues su marido no estaba allí, no podía sucederle nada malo y él no tenía que ser como aquellos puños de hierro que perforaban su cuerpo con supuesto amor. 

- ¿No tiene hambre? 

Alzó la mirada y asintió débilmente para después tomar el tenedor y enrollar algunos de esos finos y largos fideos. Abrió su boca y se llevó el tenedor a la boca sonriendo internamente al descubrir que jamás algo le había sabido tan bien a pesar de ser una comida la mar de sencilla. 

Chris sonrió complacido al ver como su rostro parecía un poco más relajado y comenzaron a comer en silencio. Quería preguntarle mil cosas pero no quería asustarle. Al fin y al cabo acababa de sufrir una situación bastante traumática. 




Una vez transcurrida la cena sus miradas se cruzaron mientras ella bebía un poco de su vaso. Él estaba completamente perplejo, ante aquella fragilidad que se podía percibir con solamente contemplarla. No pudo contenerse más. Tenía que preguntarle al menos su nombre. 

- Disculpe, ¿se encuentra mejor? 

- Sí -susurró con un hilo de voz. 

- ¿Podría saber.. -rascó su nuca completamente nervioso sin motivo aparente- su nombre? 

Dejó el vaso en la mesa y deslizó la servilleta por sus labios limpiádose los restos de bebida que haya podido quedarle. Suspiró y asintió a pesar de tener miedo de que su esposo averiguase algo sobre aquel acontecimiento. 

- Me llamo Masha -murmuró. 

Se levantó y movió sus dedos con ansiedad. Después le miró y alzó su mano hasta él. Quería irse, tenía que irse porque si alguien la oía o si alguien veía que estaba allí y llegaba a.... ¡Ni tan siquiera quería pensarlo!

- Yo me llamo Chris -respondió él algo desconcertado. 

- Encantada pero tengo que irme. 

Y en un abrir y cerrar de ojos Masha desapareció de su vista dejando tan solo su perfume cuando la puerta se cerraba tras ella. ¿Sería seguro dejarla irse? ¿Intentaría hacerse daño de nuevo? Al fin y al cabo no era su vida.