Cigarro en mano escuchó su último comentario. Ya eran más de las dos
de la madrugada y debía volver a casa. Frunció el ceño mientras notaba
como su risa salía de entre sus labios sin él habérselo ordenado.
- La verdad es que no entiendo esto -comenzó ella mientras volvía a cambiar la posición de su cabello una vez más.
- ¿Qué exactamente? -preguntó divertido.
Observó como a duras penas su acompañante era capaz de llevar el vaso a sus labios derramando un poco del alcohol en el mantel.
- No entiendo lo que te ven -respondió para después mirarse las uñas
mal pintadas-. Es decir, eres guapo y todo eso, pero no sé, no te veo
tan jodidamente sexy como todas esas niñatas. Además tu nariz es fea. La
tienes así aplastada, como si alguien te hubiese metido un puñetazo de
pequeño.
Alzó una ceja sorprendido. Y todo eso lo decía ella, ella que tenía
de cuerpo de mujer lo que un palo de escoba. Se dedicó a dar una calada
profunda a su cigarrillo y expulsar lentamente el humo entre sus labios.
- ¿Sabes lo que no entiendo yo? -sonrió con sorna.
- ¿Qué? -dijo encogiéndose de hombros.
- Que puedan pensar que yo haga tantísimas locuras por ti -alzó sus
cejas moviéndolas lentamente de arriba abajo para crear una situación
cómica.
- ¡Oh, cierto! -exclamó sin percatarse de mi ofensivo comentario-,
¿estamos ahora prometidos? -rió mientras se quedaba pensativa.
- Eso creo -contestó con absoluta indiferencia.
La situación era cada vez peor. Solamente deseaba ir casa para poder
descansar pero se temía que sería incapaz de hacerlo porque sin duda les
tendrían preparado algún otro espectáculo para el día siguiente. Quería
huir, volver de nuevo a su país y perderla de vista durante semanas.
Olvidarse por un tiempo de todo aquel circo pero sin duda le atarían
durante muchas semanas más allí.
Alzó su mirada cuando empezó un monólogo que no le apetecía escuchar
pero que debía hacerlo por si tenía que contestar a alguna de aquellas
supuestas preguntas retóricas pero que no lo eran realmente.
- ¿Crees que la gente me quiere por lo que realmente soy o adoran el
personaje que interpreto en la pantalla? A veces tengo esa duda. De
todas maneras cuando se ponen a chillarme en el oído y a regalarme todas
esas cosas. ¡Oh por Dios! ¿Sabes las ganas que me dan de decirles que
maduren? Soy autónoma y puedo comprarme lo que me de la gana. ¿Cómo
quieren que me ponga esa horrible pulsera o esos anillos? ¿Y cuando van
vestidas de mí? En serio, locas. Nadie puede ser Becky Smith porque lo
soy yo. ¿Entenderán eso algún día? A mí me da que su cerebro no llega
para tanto -negó y tomó otro trago de su bebida.
- Perdona que interrumpa pero… ¿tanto te molesta que se vistan como Becky? Es solamente un personaje de ficción.
- No es solo un personaje de ficción. Piénsalo bien. Ellos son
nuestra identidad ahora en el mundo. Tú eres Ernest y yo Becky no somos
solo sus caras. Y no sé tú pero en mí tiene sentido. Es como mi vida
¿sabes? Todos me envidian por la razón que sea, no sé que coño les
rondará por la cabeza, pero luego, termino siendo aceptada, por un grupo
que es al que todo el mundo quiere aspirar. Ahora mismo todos desearían
por conocer a todo el elenco de la saga. ¿Ves? Es exactamente igual.
- Así que según tus cavilaciones tú y yo terminaremos juntos -rió
divertido-. Es raro eso ¿no crees? Puesto que según tú no soy nada más
que “guapo”. A mí que deberías meditar bien lo que estás diciendo.
- ¿Crees que no lo he analizado? Días con sus completas horas pero es
a la conclusión que he llegado por eso me encanta ese hombre. Tiene que
seguir escribiendo para que así esto puedo seguir -sonrió mientras
mordía una de sus uñas.
- ¿Y si no lo hace tu vida no continuará o algo así?
- ¡Cállate idiota!
Enarcó sus cejas y resopló frustrado. No tenía ni media leche pero
debía calmarse para no pegarle. Nunca lo había hecho pero esa chica se
lo merecía más que nadie. Presionó el puente de su nariz y se incorporó.
Se levantó y con su cigarillo entre sus labios la miró e hizo un gesto
de cabeza.
- Ya es hora de que nos larguemos…
Hizo un mohín mientras se terminaba la bebida que tenía sobre la mesa
frente a ella. Levantándose tomó su chaqueta se la puso y caminaron
hasta la puerta dejando que sus publicistas pagasen al ser los que
habían concretado aquella “cita”.
Se apresuró a abrir la puerta y salir antes de ella. No quería
recibir tantos flashes pues conseguían que en seguida su dolor de cabeza
aumentase a una velocidad vertiginosa.
Los fotógrafos no dejaban que caminase. No le importó. Sacó pecho y
cargando con sus hombros se abrió paso a trompicones. En su rostro se
podía percibir la ira contenida. Esperaba que aquella fuese la última
velada en la que estarían solos, lo exigiría le costase lo que le
costase. El mundo quería verles juntos, los verían pero no solos.
Cansaba soportarla. Quería una carabina con quien hablar.
Se acomodó en el asiento del coche una vez que pudo llegar hasta el
vehículo y permaneció serio, impasible notando como los destellos
iluminaban toda su cara por todos los ángulos existentes. Esperaba que
Megan estuviese satisfecha. Saldrían en todos los portales de prensa
rosa.
Refunfuñando y soltando pestes por su boca al fin llegó la señorita.
Alzó su mirada un segundo y vio como mostraba su dedo medio, un gesto
realmente obsceno a todos los paparazzi que estaban alrededor.
Tierra trágame, pensó. Como viese eso su madre sabía todo lo que le
diría. Por suerte se pusieron en marcha y el bochornoso momento había
terminado.
Sonó su teléfono en el instante que escuchaba la voz de aquel intento de mujer enfuruñada.
- Podrías haberme esperado, joder.
Contestó la llamada rápidamente al ver de quién se trataba. Rose le
hablaba visiblemente emocionada e intentó prestarle atención pero con
los gritos de la señorita era más que imposible.
- ¡Cállate de una jodida vez! -le gritó.
Ella ni corta ni perezosa le hizo un gesto obsceno pero al fin había logrado lo que pretendía.
- Dime, Rose -dijo en un tono mucho más amable al teléfono.
- En las fauces del león ¿recuerdas ese contrato?
- Por supuesto, ¿cómo podría olvidarlo?
- Entonces, espero que te guste comenzar a grabar la semana que
viene. Al fin puso fecha el señor Lewiston -anunció completamente feliz.
- ¿Me estás hablando en serio? – preguntó sin poder creérselo.
- ¡Por supuesto! Prepárate para vivir una gran aventura -rió y colgó.
Se quedó en silencio mientras una enorme sonrisa cruzaba su rostro
por completo. Al fin podría volver a verla. Después de tanto tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.