Sus ojos azules se quedaron completamente fijos en los míos mientras
el crepitar del fuego rompía el silencio que en ese momento gobernaba la
habitación. Los destellos que llegaban a sus hermoso rostro hacía que
la desease aún más que antes.
- ¿Tiene familia? -preguntó con un brillo de curiosidad.
Esperaba todo menos una pregunta sobre mi vida personal. Esa vida que
nadie conocía, esa que había guardado durante tantísimo tiempo. Me
tensé por completo apretando mis dedos contra mis muslos.
- ¿Por qué desea hablar sobre eso? -mi voz sonó más como un gruñido que otra cosa.
Ella pareció asustarse. Su corazón se aceleró y noté como sus latidos
llegaban a mis oídos. Su olor embriagaba todo mi sistema. La sed de su
sangre comenzaba a hacerse cada vez más intensa. Cerré mis ojos un
instante y los desvié hasta el fuego.
- Sí, quiero hablar de eso -murmuró con un hilo de voz.
Resoplé frustrado y decidí ceder en algunas cosas. No tendría que contarle nada demasiado profundo, excesivamente íntimo.
- Tuve una familia -murmuré suavemente.
- ¿Qué sucedió con ellos? -preguntó mirándome fijamente pero con compasión.
Detestaba que me tuviesen lástima por eso no quería que nadie supiese
lo que había pasado con mi familia. Mi mirada permaneció durante varios
minutos en el violento fuego que convertía en cenizas los trozos de
tronco que habían sido puestos para avivarlo.
- Mi familia murió durante la guerra de sucesión -susurré apretando mis dientes hasta que rechinaron.
Noté como Helen se alarmó. Sabía que mis ojos se estaban volviendo de
otra tonalidad más oscura pues recordar un determinado rostro me hacía
enfurecer. Aún podía ver perfectamente los ojos grises de aquel hombre
que me sonrió tras dejar todo el salón de la pequeña casa en la que
vivía lleno de sangre.
Una suave mano sobre mi mejilla me sacó de mis pensamientos. Me
sobresalté y contemplé a la hermosa princesa regalándome su afecto como
si de verdad sintiese que mi familia hubiera fallecido.
- Seguro que estén donde estén están infinitamente orgullosos de tener un hijo tan maravilloso.
Noté como me picaban los brazos. ¿Qué era aquella extraña sensación?
Quería abrazarle. Deseaba estrecharle entre mis brazos con fuerza,
quería que siguiese escuchando todos mis males. ¿Cómo una mujer podía
irradiar tanta comprensión? Negué aferrándome al sofá. ¿Qué demonios
estaba pensando?
- Creo que sería conveniente que cambiase de tema -susurró y separó su calor de mi cuerpo.
- Como quiera -respondí secamente.
- He oído hablar de usted entre algunas de mis doncellas -mordió
suavemente su labio inferior pensando si podía hablar de aquel tema.
Sonreí. Aquel era mi terreno. La tensión desapareció para encontrar
tan solo un maravilloso y exquisito deseo de que pronunciase las
palabras correctas para así atraer su curiosidad ante las prácticas
físicas.
- Me han comentado que es un amante del mundo femenino -comenzó
mientras se sonrojaba por completo-. Me gustaría pedirle tan solo un
favor -se giró hacia mí y me incliné mostrándole mi mirada más
juguetona-. No intente conmigo esos trucos.
Su manera de responder me dejó completamente helado. ¿Que no usase
con ella mis trucos? Estaba claro que como Daniel Simmons tampoco
conseguiría acercarme a ella de manera alguna que no fuese un “amigo”.
¿Podía ser más santurrona? La estúpida de su hermana menor iba
calentando braguetas sin problema ninguno y a mí me tenía que atraer
sexualmente de una manera desorbitada la mujer con menos ganas de
entregarse a la pasión del mundo. ¡Perfecto, Daniel! Resoplé y asentí
furioso pero ocultándolo. Sabía que costaría más pero esa mujer caería.
- Me alegra que acepte -sonrió aliviada.
Sonreí de lado y me incliné hacia su cuerpo mientras ella me miraba
con unos ojos azules inocentes. Eso me gustaba más. Paseé mis dedos por
las arrugas de la tela de su vestido mientras ella me miraba un tanto
sorprendida pero sin entender.
- Princesa -susurré seductoramente-, ¿usted jamás ha sido cortejada por un hombre?
- ¿Cortejada? ¿Se refiere al intento de Christopher por conseguir que
mi corazón sea suyo o alguna otra clase de cortejo? -preguntó.
Bufé al escuchar el nombre de aquel estúpido larguirucho que
solamente lograba que me sintiese de mal humor. Acomodé un mechón del
sedoso cabello rubio de su alteza mientras mis ojos centelleaban de
deseo.
- A otra clase de cortejo
Ella sonrojada se levantó y negó varias veces. Apoyó sus manos sobre
mis mejillas y dejó un beso en mi frente. Rió mientras con gracilidad
caminaba hacia el instrumento que había estado tocando antes de que la
hubiese interrumpido.
- No sabe lo que se pierde -sonreí mientras movía mis cejas.
Helen volvió a reír sorprendida pero sumamente divertida con aquel juego, con mi comportamiento.
- ¿Acaso usted quiere cortejar a una princesa? -preguntó-. Ya me hizo saber que conmigo no utilizaría tales armas.
- No debería ser una norma válida pues usted alteza consigue
despertar en cualquier hombre instintos que no deberían ser consentidos.
- Por suerte para usted no tendrá que mantener un juego semejante ya
que con un asentimiento dio su palabra para mantenerse alejado en ese
aspecto de mí. Que sea inocente y desconozca lo que acontece entre un
hombre y una mujer bajo las sábanas del dormitorio, no significa que
vaya a ceder ante los encantos de un joven al que acabo de conocer para
que me muestre esos placeres o torturas, me es igual el resultado de ese
coqueteo pues en mí siempre recibirá una negación. ¿Acaso cree que seré
un número más en una lista? Además no pienso entregarme jamás a un
hombre -suspiró y se giró mirando por la ventana.
Entendí en sus palabras que no se sentía bien por ese contrato. A
pesar de lo que dijese no le gustaba para nada tener que soportar ver
como sus hermanas podrían antes o después encontrar el amor y ella haber
tenido que negarse la posibilidad de estar con Christopher. Ella
pensaba que durante un tiempo le amó que quizá aún lo hacía pero que no
podía corresponderle jamás porque su padre le había destinado como
esposa a su hermana pequeña.
Debía encontrar ese contrato pero antes lograr sacar al menos unas
horas aquella princesa que estaba encarcelada en sus aposentos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.