No pudo evitarlo. Estuvo soñando con ella despierto mientras
permanecía en su habitación. Su voz, aflautada, dulce, exquisita como
ella. Moría por estrecharla entre sus brazos de nuevo. Sabía que estaba
saliendo con algún hombre pero lucharía por ella no le importaba en
absoluto el tiempo que tuviese que estar tras ella hasta que se
percatase que… ¿qué podría enseñarle él que otros no?
Suspiró frustrado y tapó su rostro con sus manos. Su borrachera no
ayudaba para que sus ideas fluyesen con claridad. Se incorporó sobre la
cama y restregó sus ojos con la parte gruesa de la palma de sus manos.
Crispados sus nervios observó la oscuridad de la noche rodeando hasta el último centímetro de aquella sala.
- Rose.. -susurró en un suspiro triste.
Rememoró el momento que la había visto por primera vez. Sus cabellos
ligeramente pelirrojos, sueltos mientras besaba los labios del actor que
interpretaba a su afortunado marido en la ficción. Lo que había sentido
en ese momento no podía describirlo. Su corazón había latido tan fuerte
y la ira había invadido todo su cuerpo como una oleada de destrucción.
Habían cortado la escena después y la dulce Rose había salido de
entre las sábanas. Le dirigió una sonrisa al joven que la observaba
boquiabierto. Acercándose sin dejar de sonreír le dio un beso en su
mejilla y un abrazo para darle la bienvenida. Él instintivamente había
apretado su pequeño cuerpo contra el suyo.
La voz angelical de esa mujer se había grabado para siempre en su
cerebro. Sonrió como un bobo y abrazó la almohada tapándose la cara. No
podía esperar, quería verla.
Un sonido metálico le indicó que le había llegado un mensaje al
teléfono. Suspiró pensando que podría ser producto de la borrachera de
Kim. Se giró hacia la mesilla y tomó su móvil. Vio que efectivamente le
había llegado un mensaje y cuando vio el nombre no lo pudo creer.
Se apresuró a abrirlo y descubrió que no era un mensaje en blanco
sino que realmente le había mandado un sms a aquellas horas
intempestivas. Le daba igual la hora que fuese, estaba realmente feliz
por poder comunicarse con ella.
¡Bu! Soy el fantasmita rubio
Vine para molestarte mientras dormías.
¿Cómo estás, hijito? Besitos de tu mami.
Rió al leer las líneas que le había dedicado. Siempre tan dulce y
tierna. Se puso nervioso y caminó con el móvil entre sus manos hasta la
ventana para inspirarse y responder su mensaje de manera que supiese que
sacaría una hermosa carcajada de entre sus labios aunque no tuviese la
suerte de escucharla.
¡Me asustaste, fantasmita rubio!
Yo durmiendo tan plácidamente y llegas.
¿Cómo conciliaré ahora el sueño?
Estoy aterrado. Llevo todo este tiempo teniendo
pesadillas. ¡Tendré que besarte! Horror. Moriré.
¿Cómo estás tú, mami?
Envió el mensaje después de leerlo unas cuantas veces e imaginar como
se reiría. Llevó sus manos a su cabello nervioso mientras los segundos
pasaban como si fuesen horas. Apoyó su frente contra el cristal mientras
se concentraba en su respiración que comenzaba a acelerarse al haberse
imaginado su más que perfecta sonrisa.
Esa era mi intención, cachetitos.
Tengo una idea. Lee la prensa rosa.
Cierto. Tendremos que besarnos.
Ahora la que no podrá dormir soy yo.
Gracias por tu agradable recordatorio.
Yo estoy de maravilla. Todo en silencio
pero igual te extrañaba. Quería hablar contigo.
Leyó su mensaje y rápidamente quitó las opciones de respuesta al leer
la última línea. Quería hablar con él y su corazón comenzó a latir tan
acelerado que notaba como el frío de aquella habitación se evaporaba
para convertirse en completo e insólito calor. Abrió la ventana y
respiró profundamente mientras esperaba unos minutos de rigor. No quería
que le notase desesperado a pesar de estarlo. Deslizó sus dedos por las
opciones e inició la llamada. Apoyó el teléfono en su oreja y esperó.
Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Cuatro… No iba a contestar. No iba a
hablar con él y estaba haciendo el ridículo llamando. ¿Cómo iba a
contestar en el primer tono? Era obvio que no quería que sus hijos
escuchasen el teléfono para que no se despertasen pero tan poco era tan
rápida. En el segundo tono, era el momento perfecto para dar al botón
verde y no lo había hecho. En el tercero ya estaba más que claro que no
contestaría por lo que ahora con el cuarto solo desearía que parase de
sonar.
Suspiró con tristeza y se apartó el teléfono de la oreja pero
entonces escuchó una vocecita a lo lejos. Volvió a ponerlo en su lugar.
- ¡Cachetitos! -rió al otro lado-. ¿Sigues ahí o ya pensabas colgar?
- E.. estoy aquí -respondió nervioso.
Había contestado. Después de todas sus cavilaciones estaba hablando
con él en ese momento. Se dejó caer en la cama y esperó poder escuchar
su voz de nuevo.
- Perdón por no contestar antes. Este teléfono se pone en modo
silencioso cuando quiere. Sabes que las nuevas tecnologías y yo no nos
llevamos muy bien -soltó una risita adorable-. ¿Tanto deseabas hacer
realidad mis sueños de hablar contigo que me llamas, cachetitos?
Rió por cada vez que escuchaba como le llamaba de aquella manera. Aún
recordaba el instante que Rose le había puesto ese apodo. Era privado,
solamente ellos sabían el porqué de ese nombre y jamás lo usaban en
público.
No hacía mucho tiempo Radley se había confundido al mandar una foto
que él tenía de cuando era pequeño a su madre y había llegado al
teléfono de Rose. Ella le había respondido que se alegraba de que le
mandase algo tan privado como una foto de pequeño y que se moría de
ganas por comerse esas mejillas y dado que le había hecho mucha gracia
el nombre de cachete, desde entonces le llamaba así, cachetitos.
- Sabes que soy capaz de ir corriendo donde me pidas solo por ti,
barbie -rió-. No mientas. Te asustaste de mi llamada y por eso no
contestaste rápido. Eres una madre penosa, Rose.
- ¡Oh, pero mi cachetitos! Pienso castigarte cuando te vea. Yo soy
una madre maravillosa pero claro si mi hijo es malito tengo que ser dura
con él. Sabes que no es así, de sobra. Adoro hablar contigo y más
cuando montas espectáculos. ¿Fue una linda velada con tu prometida?
- Rose, ni me lo recuerdes -resopló enfadado notando como la sangre
le hervía solo porque fuese capaz de bromear con algo así-. Pues fue un
desastre. Ya sabes, como siempre esta hablando y hablando de cosas sin
sentido. Ahora se cree Becky Smith. Te juro que está completamente loca.
- Radley, no hables así de ella. Seguro que es buena chica después de
todo. Sé que te hacen ir con ella a todas partes pero no creo que sea
tan malo. En muchas ocasiones me has dicho que te diviertes y os he
visto también cogidos de las manos. No creo que sea tan horrible como
ahora planteas.
- Te prometo que daría lo que fuera por irme. No quiero encontrármela
de nuevo pero seguro que aparecerá por el rodaje de “En las fauces del
león” -suspiró exasperado.
- Radley -susurró suavemente-, no puede ser nada tan horrible.
Cuídate mucho y hablaremos en el rodaje. Tengo que ir a atender a uno de
mis hijos que me está llamando. Te quiero mucho, cachetitos.
Colgó sin que pudiese responder y Radley supo entonces que jamás se
libraría de aquella amarga sensación. Rose no le creía cuando le hablaba
sobre Kim. Esperaba que pudiesen conversar más durante el rodaje porque
necesitaba a alguien que le escuchase todo lo que durante tanto tiempo
había callado salvo con su familia. Pero en ese momento solo quería
concentrarse en su voz cuando le había dicho: “Te quiero mucho,
cachetitos”. Ahora sí, sabía que podría dormir durante unas horas
tranquilo.
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