Mirarte en el espejo durante horas
esperando encontrar a la persona maravilla que siempre soñaste ser.
Observar cada mínimo gesto, cada centímetro de tu rostro para darte
cuenta que mientras más te mires, menos te gustas. Esa soy yo. Estúpida
hasta más no poder. Reflejando al mundo que me importa poco lo que
piensen que me creo mi propia autoestima para después llorar como una
magdalena hasta quedarme dormida. ¿Le importa realmente a alguien como
soy? Tantas amistades y sentirse sola.
Recorro con mis dedos las pecas de mi
rostro y suspiro angustiada. Todo el mundo las encuentra adorables
mientras que a mí solo me resultan fastidiosas. Niego observándome.
- No hay ser más horrible -musito aguantando las lágrimas.
Me paso la vida ofreciendo una imagen de
quien no soy y saliendo con un chico que detesto. Siento cosas por él,
es obvio pero no me gusta que me grite, ni que se enfade por todo. Bebe,
pega a otras personas que él considera inferiores y más de una vez ha
querido levantarme a mí la mano. Vivir aterrorizada es poco. Nunca sé
como reaccionará a la ropa que lleve, a cualquier cosa que diga. Para él
es mucho más fácil enfadarse, tratarme como si fuese escoria pero jamás
pedirme perdón hasta que yo no me acerco a él para intentar arreglar la
situación.
Me siento sobre la silla de mi escritorio.
Ya he hecho los ejercicios en la biblioteca. Tuve que disculpar a Clive
delante de Daniel. ¿Por qué tengo que hacer eso? Ni que fuese su madre.
No entiendo porqué siempre tiene que tomarla con él. Daniel jamás hace
nada malo a nadie. Es un chico diferente pero no parece tener maldad.
Apoyo mis codos en el escritorio y miro por
la ventana de mi cuarto. No me gustaría tener que hablar hoy con Clive.
Estoy furiosa con él por haber vuelto a pegar a Daniel a pesar de
haberle dicho que no lo hiciera. Sabe que no me gusta pero pasa de todo,
se limita a ser un salvaje. Me promete mentiras que yo me creo como
estúpida a pesar de saber que jamás las cumple.
Quiero hablar con alguien que me pueda
entender pero no tengo la suficiente confianza con nadie para así poder
abrirle mi corazón y mucho menos demostrarle a mi novio que soy otra
persona diferente a la que él piensa. Detesto que me consideren la
niñita tonta que no vale para nada. Mis notas son mucho mejores que las
de la mayoría del instituto y no digo nada al respecto. ¿Por qué tienen
que ser tan crueles y juzgar sin conocer?
Las lágrimas recorren mis mejillas y las
dejo que desciendan todo lo que quieran hasta precipitarse desde mi
barbilla contra la madera que hay bajo mis codos. ¿Sirve de algo
continuar fingiendo una felicidad que destroza? Vivir una vida que no me
pertenece. No soy capaz de disfrutar por mucho que me lo proponga de lo
que para mí sería una afición. Ahora todo es obligado, el amor no es
sincero y mi corazón no soporta permanecer sumido en la tristeza sin
desahogarse.
Saco mi diario y lo abro. Quizá escribir
vuelva a conseguir animarme un poco aunque he descubierto que no soy mi
mejor consejera.
¿Cómo llegué a odiarme? Esa pregunta se la hacen tantísimas personas que me han conocido a lo largo de mi inútil vida…
¿Tiene sentido preguntarse algo
semejante si en tan solo segundos puedo desaparecer del planeta? Yo creo
que no pero es la pregunta que sé que cada día, cada minuto, cada
maldito segundo pasa por la mente de todos los que se creen conocerme.
¿Alguien salvo yo tiene derecho a
decirme que hago las cosas mal? Ahora ya no, quizá haya normas, tal vez
haya moral, no lo niego pero me volví agnóstica de todos y cada uno de
los sentidos posibles. Temo decir que ni creo ni dejo de creer, para mí
todo comenzó a carecer de sentido hace demasiado tiempo cuando aún creía
en papá noel y me maravillaba que un diente se transformase en dinero
por obra y gracia de un pequeño ratoncito que siempre intentaba atrapar
con queso. Ahí, ahí quedó mi inocencia en cuatro malditos recuerdos que
echando la vista atrás solo están borrosos y no soy capaz de desbloquear
mi mente para que me muestre ni un solo momento feliz.
¿Crueldad del destino? Lo dudo,
tan solo yo sé que es lo que ocurrió para que dejase de comportarme como
debía una niña de mi edad… pero eso quedó tan atrás…
Ahora mi mundo es simple y llanamente lo
peor que jamás haya nadie podido imaginar. ¿Me pongo de víctima? ¿Para
qué? Importaría poco si mis problemas seguirán ahí aferrándome a un
destino que yo misma, por estúpida decidí sin saberlo.
Dejo de deslizar el bolígrafo por el
cuaderno que hace las veces de diario. Suspiro y lo cierro mientras me
aferro a la cruel idea de que sola podré, algún día, lejano, salir de
ese dolor que niebla todos mis sentidos.
Suena mi móvil y estiro mi brazo mientras
dejo que la soledad me sumerja. Abro el móvil y ve el mensaje. Fiesta,
hoy. No tengo gana ninguna para hacerlo pero debo para no aislarme más
de lo que estoy. Elle, es hora de volver a ponerse la coraza de
felicidad. El mundo no puede saber lo atormentada que estás.
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