viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 4

Regresé a mi nuevo hogar tras un breve paseo. Los ronquidos de Jacob no se escuchaban por ningún lado pero si los gritos de su mente. Entré en la casa y me sonrió en el momento que le daba un gran bocado a un enorme bocata que se había preparado con todo lo que había en el frigorífico.
- ¿Recuperando fuerzas? -pregunté dejando las llaves sobre una mesita al lado de la puerta.
- Nof -negó.
Dejé mis manos sobre la encimera de la cocina y Jacob terminó de masticar y tragar lo que tenía en la boca. Mientras lo hacía intentaba escuchar a mis hermanos y parecía que estaban dando a Renesmee de cenar en ese instante aunque Emmett jugaba con ella. Rosalie le regañaba porque no hacía más que causarle risa a mi hija y ella podría atragantarse.
- Quería cenar un poco.
Presté de nuevo atención a Jacob y sonreí levemente. Vi como volvía a meterse en la boca otro montón de comida después de encogerse de hombros.
- ¿Viste la nota que dejé en la puerta? -pregunté alzando ligeramente mi mentón hacia el electrodoméstico que tenía a su espalda.
Asintió y entrecerró los ojos esperando terminar de tragar para que pudiese entenderle. Pude leer en su mente que iba a ir a ver a Renesmee en cuanto terminase de comerse aquel inmenso bocadillo.
- Aún cena como tú -me apresuré a responder-. No tengas prisa, puedes ir cuando tu quieras. Seguramente te está extrañando tanto como tú a ella.
Caminé hacia el salón y me senté en el sofá en el que había estado antes de que mi hija se despertase. Apreté suavemente el puente de mi nariz observando el exterior. Nueva York parecía tan tranquilo pero era como si unas alas estuviesen protegiendo esa ciudad de todo lo que pasaba. Forks en cambio la última vez que lo había contemplado, el verde se había transformado en fuego. Era mi propio infierno.
Bella aún recorría mi mente como un orgulloso vampiro al acecho para arrancar mi corazón de nuevo y jugar con él como un balón de fútbol.
Suspiré en el instante que escuchaba la puerta cerrarse. Todos tenían allí a la persona con la que pasarían el resto de sus existencias. Esme y Carlisle se habían enamorado casi al instante. Alice y Jasper, no había pareja que se conociese mejor que ellos. Emmett y Rosalie después de todo eran perfectos el uno para el otro. Jacob estaba destinado a pasar su vida junto a Renesmee y aunque detestase que tuviese que mantenerse metida en ese mundo de locura entre vampiros y lobos, no había duda que estaría protegida siempre junto al hombre que se había ligado a ella por la imprimación.
Era el único que tras buscar el amor durante más de un siglo lo había perdido. Podía sentirme más solo que nunca. Mi corazón era atrapado por unas espinas dolorosas que intentaban hacer que se desangrase a pesar de estar muerto y no tener sangre en mi sistema.
Respiré de nuevo y por alguna razón mis pulmones no dolían como siempre. Fue entonces cuando recordé aquel ahora cicatrizante, embriagador y poderoso que había penetrado mis pulmones. Aquella melena rubia que había rozado mi pecho y deslicé instintivamente mis dedos por los botones de mi camisa. Uno de sus sedosos cabellos se había quedado enganchado. Lo agarré entre mis dedos y fue entonces cuando en mi otro brazo sentí la agradable sensación de un fuego quemándome lentamente la piel. Mis dedos me hormigueaban.
¿Sería algún tipo de criatura? No era posible pues su corazón latía. Latía con tanta fuerza por la vergüenza cuando nos habíamos chocado.
Moví la cabeza rápidamente de un lado al otro. Los ojos dorados de mi esposa aparecieron en mi mente en el momento que cerré los míos. Amarga tristeza. Ansiaba con tanta fuerza verlos de nuevo y tener su pequeña cintura entre mis brazos pero mientras esos ojos parpadeaban el dolor de mi pecho se hacía mucho más intenso que antes.
¿Qué había hecho él? ¿Por qué no me había dicho ni tan siquiera un adiós? Mi cabeza estaba hecha un completo lío y solo deseaba llorar pero por mi estúpida naturaleza no podía hacerlo.
Apreté mis dientes hasta que se encajaron mis mandíbulas y fue en ese momento cuando en un simple parpadeo los ojos de mi esposa se convirtieron en los azules de aquella pequeña mujer que había visto hacía unos instantes.
¿Por qué su solo recuerdo sanaba las posibles heridas que me causaba mi esposa? Debía encontrar para ver si era uno de nosotros, o quizá una mujer híbrida como mi hija. Si estaba usando su don en mí solo quería que cesase pero también darle las gracias. Nadie sin conocerme se había preocupado tantísimo por mí para curar mis heridas amorosas con un don.
Abrí mis ojos y me levanté del sillón. Una ciudad enorme y yo estaría en busca de una diminuta muchacha. ¿Me estaría volviendo loco? No podía ser nada de lo que estaba pensando simplemente la soledad me estaba calando demasiado hondo.
Locura. Era lo único que me faltaba. Locura e incoherencia. Debía olvidar aquel dolor y centrarme en mi princesa. Nadie merecía tener un padre loco, obsesionado con una idea e imaginando realidades alternativas.
Bella había desaparecido. Tenía que aceptarlo pero sabía que si volvía comprendería que nadie salvo yo podría amar de esa manera en la que nosotros nos amábamos.
Bajé mi mirada hasta mi anillo de casado y lo deslicé por mi dedo quitándomelo por completo. Ni Bella, ni aquella pequeña mujercita con la que me había chocado. Ahora solo y exclusivamente existiría para mi hija.

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