Volterra. Ese era mi destino. Debía llegar en avión ya que no había otro medio de transporte posible.
El
viaje se me estaba haciendo eterno. Recordé la última vez que fui a
Volterra y el amor de mi vida me salvó de la muerte. Ella princesa que
me había salvado de tanto ahora se había convertido en cenizas bajo el
fuego purificador.
Pasé mis manos por mi rostro
mientras cerraba la ventanilla para que el sol no rozase mi rostro y
todo el allí presente comprendiese que era de una naturaleza
completamente diferente.
Recordé aquella vez en
la que mi amor vino a salvarme. Sonreí internamente. Realmente lo había
pasado fatal durante esos instantes en los que pensaba que mi amor, la
razón de mi existencia estaba muerta y lamentablemente después tuve que
saborear de nuevo ese amargo veneno.
Cerré los ojos y
recordé cada instante mientras me desabrochaba la camisa bajo la torre
del reloj en la plaza de aquella ciudad llamada Volterra.
Solo
faltaban 4 minutos. Sólo cerré los ojos y empecé a caminar hacia mi
muerte o mejor dicho hacia mi vida. Sonreí mientras miles de imagines
junto a ella aparecieron de repente. Cuando la conocí, su sonrisa, sus
ojos, cuando por primera vez dijo mi nombre en sueños, cuando nos dimos
nuestro primer beso. Reí internamente. Mi pequeña humana y sus hormonas.
Sonreí por los recuerdos que acechaban mi mente. Miles de imágenes más
fueron inundando cada rincón de mi mente dándome una dulce despedida de
su cruel mundo.
El viento tocaba mis mejillas suavemente. La brisa
era cálida. Imaginé que eran sus manos acariciando mi rostro como
siempre lo hacían con tan suma delicadeza. Sonreí sin abrir los ojos
ante la sola idea de borrar de mi mente aquel delicioso regalo que una
simple ráfaga de aire me estaba regalando.
Escuché el bullicio a mi
alrededor. Todos los presentes estaban pendientes del paso que cruzaba
la plaza en ese mismo instante. No me importaba lo más mínimo lo que
pasaba por sus mentes pero en pocos minutos sabía que me mirarían
solamente a mí todos aquellos ojos. Pero, ¿acaso me importaba? Solamente
quería irme de ese cruel mundo donde me había sido arrebatado lo más
hermoso que mis centenarios ojos habían contemplado.
Noté que una
niña si se había percatado de cómo brillaba mi piel después de dar un
paso hacia mi perdición o hacia la gloria suprema donde encontraría
aquellos hermosos ojos color chocolate mostrándome las puertas del
paraíso.
Fruncí ligeramente el ceño. Estaba sintiendo algo
que…aquello si era un verdadero regalo. Sentí su delicioso olor. No
podía creerme que me estuviese recreando hasta el más mínimo detalle de
la mujer más hermosa. Sonreí pensando hasta donde podría llegar en mi
corto trecho a la muerte.
Fui a dar otro paso y escuché los latidos
de un corazón desbocado. Parecían los latidos del corazón de ella, de mi
amor. Era capaz hasta de recrear el sonido de sus latidos el cuál era
tan adorablemente maravilloso.
Morir de aquella manera, era la más
dulce de la que jamás había soñado. Di un paso y escuché su celestial
voz gritando mi nombre. Sonreí más. Aquello tenía que ser el cielo. Cada
paso que daba a mi muerte ella estaba más cerca.
Entonces cuando
menos lo esperaba noté todo su cuerpo sobre el mío abrazándome. Estaba
en el cielo. No podía creer que mi imaginación hubiese llegado hasta
sentirla en mis brazos como si realmente estuviese allí.
Recordé
aquel momento con suma añoranza. Suspiré pensando en ella. Ojalá
pudiese regresar ella de donde quiera que estuviese para abrazarme de
aquella manera.
Sonreí levemente pero con dolor. Mi Bella, mi amor.. la única capaz de salvar a un inmortal de la propia muerte.
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