Mi
camino hasta ti
Capítulo 61. Las preguntas de Taylor
Respiré hondo y me preparé para las que podrían ser sus preguntas.
Seré un caballero y dejaré que empieces tú a preguntar
Demasiado amable. Igual que Robert pero ¿por qué no dejaba de pensar en la posibilidad de que fuese él quien estuviese al otro lado de la pantalla? ¿Sería lo que en realidad deseaba pero no me atrevía a decir? No, no era verdad tan solo había sido el único amable conmigo y eso era todo.
Está bien. Gracias. ¿Cuántos años tienes?
Sabía que era una pregunta realmente estúpida pero al fin y al cabo desconocía su edad. Necesitaba saberla.
Tengo 19 años
¿Cómo? ¿19 años y era el ayudante de un médico? Eso no podía creérselo ni él. Ya le había pillado. Era un mentiroso, en realidad no debía ser nada de lo que me había dicho. Iba a dejar de hablarle en ese preciso instante después de decirle que se fuese a engañar a otra parte.
¿Con 19 años trabajas para un médico que lleva mucho tiempo en su profesión? Ni siquiera te ha dado tiempo a terminar la carrera pequeño, tú a mi ya no me vas a engañar más
Iba a apagar el ordenador pero rápidamente se puso a escribir. Sentía curiosidad por lo que pudiese llegar a contestarme como excusa así que esperé a que terminase de narrar lo que él creía que me iba a hacer cambiar de opinión.
Sí, sé que puede parecer increíble pero soy superdotado. Me adelantaron muchos cursos y por eso con 19 años a he terminado la carrera y estoy trabajando con mi tío. Siento que te pueda parecer poco probable pero es la verdad. No tendría porqué mentirte
Suspiré. Era cierto no tenía porque mentirme pero tampoco porqué decirme la verdad. Si su tío no le había dado esos datos ¿quién podía haberlo hecho? Nadie, aquellos datos quedaban solo y exclusivamente en el hospital así que al menos por ese motivo quizá si podía tener razón.
Respiré hondo mientras intentaba decidir que hacer. Las conversaciones con Taylor me podrían servir a distraerme un poco de mis propios problemas y no pensar en nada más que en lo que me escribe y lo que yo le contesto. Obviamente no pensaba ser en absoluto sincera, sería mejor que muchas de las cosas me las guardase para mí o las modificase de manera que no supiese todo lo que me ocurría al menos hasta que pudiese confiar más en él, que todo lo que me dijese fuese coherente.
¿Dejaremos de hablar?
¿De verdad quería quedarme de nuevo "sola" en mi continuo mundo de fantasías cada vez más aterradoras? Ella podría aparecer con más facilidad si no tenía nada en lo que pensar nada más que en el miedo que la tenía.
Inspiré y espiré lentamente un par de veces hasta que tuve las ideas más claras.
No, no dejaremos de hablar no te preocupes por eso. Te creo pero quizá sea necesario que sepa más de ti para poder confiar un poco más ya que sinceramente tu explicación puede ser coherente pero me pilló por sorpresa
Sí, entiendo que ahora puedas estar a la defensiva y que en el fondo pienses en apagar el ordenador y que no volvamos a hablar nunca más pero ¿hasta que punto eso te haría bien? ¿Te sentirías bien si no tienes a nadie con quién desahogar eso que puede que dañe a cada segundo? Tú medítalo. Decidas lo que decidas lo aceptaré igual
No, no es necesario meditar nada. No voy a apagar el ordenador. Me sirve para distraerme un poco, conversar contigo así que seguiremos hablando como si nada hubiese sucedido
Me parece la mejor decisión. ¿Seguimos con las preguntas?
Sonreí un poco. Podría estar hablando con él un rato para intentar evadirme sí, me gustaba la idea.
Claro. Es tu turno para preguntarme.
Es cierto. ¿Cuántos años tienes tú?
Tengo veinte años. Soy mayor que tú
Reí un poco. La sola idea de desahogarme con alguien que podría ser mi hermano pequeño me daba mucha risa pero me centré en la fotografía. Aquel chico realmente era guapo y podría ayudarme a sacarme de la cabeza a Robert aunque solo fuese teniendo un amigo las veinticuatro horas del día a mi "lado".
Capítulo 61. Las preguntas de Taylor
Respiré hondo y me preparé para las que podrían ser sus preguntas.
Seré un caballero y dejaré que empieces tú a preguntar
Demasiado amable. Igual que Robert pero ¿por qué no dejaba de pensar en la posibilidad de que fuese él quien estuviese al otro lado de la pantalla? ¿Sería lo que en realidad deseaba pero no me atrevía a decir? No, no era verdad tan solo había sido el único amable conmigo y eso era todo.
Está bien. Gracias. ¿Cuántos años tienes?
Sabía que era una pregunta realmente estúpida pero al fin y al cabo desconocía su edad. Necesitaba saberla.
Tengo 19 años
¿Cómo? ¿19 años y era el ayudante de un médico? Eso no podía creérselo ni él. Ya le había pillado. Era un mentiroso, en realidad no debía ser nada de lo que me había dicho. Iba a dejar de hablarle en ese preciso instante después de decirle que se fuese a engañar a otra parte.
¿Con 19 años trabajas para un médico que lleva mucho tiempo en su profesión? Ni siquiera te ha dado tiempo a terminar la carrera pequeño, tú a mi ya no me vas a engañar más
Iba a apagar el ordenador pero rápidamente se puso a escribir. Sentía curiosidad por lo que pudiese llegar a contestarme como excusa así que esperé a que terminase de narrar lo que él creía que me iba a hacer cambiar de opinión.
Sí, sé que puede parecer increíble pero soy superdotado. Me adelantaron muchos cursos y por eso con 19 años a he terminado la carrera y estoy trabajando con mi tío. Siento que te pueda parecer poco probable pero es la verdad. No tendría porqué mentirte
Suspiré. Era cierto no tenía porque mentirme pero tampoco porqué decirme la verdad. Si su tío no le había dado esos datos ¿quién podía haberlo hecho? Nadie, aquellos datos quedaban solo y exclusivamente en el hospital así que al menos por ese motivo quizá si podía tener razón.
Respiré hondo mientras intentaba decidir que hacer. Las conversaciones con Taylor me podrían servir a distraerme un poco de mis propios problemas y no pensar en nada más que en lo que me escribe y lo que yo le contesto. Obviamente no pensaba ser en absoluto sincera, sería mejor que muchas de las cosas me las guardase para mí o las modificase de manera que no supiese todo lo que me ocurría al menos hasta que pudiese confiar más en él, que todo lo que me dijese fuese coherente.
¿Dejaremos de hablar?
¿De verdad quería quedarme de nuevo "sola" en mi continuo mundo de fantasías cada vez más aterradoras? Ella podría aparecer con más facilidad si no tenía nada en lo que pensar nada más que en el miedo que la tenía.
Inspiré y espiré lentamente un par de veces hasta que tuve las ideas más claras.
No, no dejaremos de hablar no te preocupes por eso. Te creo pero quizá sea necesario que sepa más de ti para poder confiar un poco más ya que sinceramente tu explicación puede ser coherente pero me pilló por sorpresa
Sí, entiendo que ahora puedas estar a la defensiva y que en el fondo pienses en apagar el ordenador y que no volvamos a hablar nunca más pero ¿hasta que punto eso te haría bien? ¿Te sentirías bien si no tienes a nadie con quién desahogar eso que puede que dañe a cada segundo? Tú medítalo. Decidas lo que decidas lo aceptaré igual
No, no es necesario meditar nada. No voy a apagar el ordenador. Me sirve para distraerme un poco, conversar contigo así que seguiremos hablando como si nada hubiese sucedido
Me parece la mejor decisión. ¿Seguimos con las preguntas?
Sonreí un poco. Podría estar hablando con él un rato para intentar evadirme sí, me gustaba la idea.
Claro. Es tu turno para preguntarme.
Es cierto. ¿Cuántos años tienes tú?
Tengo veinte años. Soy mayor que tú
Reí un poco. La sola idea de desahogarme con alguien que podría ser mi hermano pequeño me daba mucha risa pero me centré en la fotografía. Aquel chico realmente era guapo y podría ayudarme a sacarme de la cabeza a Robert aunque solo fuese teniendo un amigo las veinticuatro horas del día a mi "lado".
Mi
camino hasta ti
Capítulo 62. Locura
Después de hablar con Taylor durante todo el día decidí quitarme un poco del ordenador para descansar la vista. Volvía a ser de noche de nuevo.
Me refregué los ojos y después sentí que nuevamente no estaba sola. No, no quería volver a tener una alucinación así que decidí vestirme sin mirar a ningún lugar y salir de mi casa, quizá pasear me haría bien.
Comenzaba a escuchar como me seguía aquello que mi mente estaba comenzando a proyectar. No le permitiría a ella comenzar a llenarme de nuevo de terror. Apreté mi mandíbula y salí corriendo hacia la calle. Me metí entre las calles pero estaban casi sin personas, seguramente todas estarían o en su casa descansando o en alguna discoteca o bar.
Gruñí un poco, ahora que necesitaba gente no había en aquella ciudad. Si le decía eso a cualquiera no se lo creería.
Caminé por las oscuras calles intentando encontrar algún grupo de personas en el que poder permanecer hasta que la horrible alucinación que seguro me esperaba desapareciese.
Corrí por algunas calles escuchando algún ruido que indicaba que un montón de personas estaban juntas en algún lugar. Subí por una cuesta aumentando el ritmo de mi zancada. Al final de una calle encontré un bar en el que el ruido era más fuerte, allí debían estar algunas personas. Quería meterme porque así quizá podría evitar que me aterrorizase aquella horrible alucinación.
¿Por qué no podría intentar olvidar con alcohol lo que iba a pasar? Jamás me había emborrachado pero siempre había escuchado que la gente lograba olvidar todo cuando tomaba más de la cuenta. ¿Conseguiría aquello calmar a mi mente? No perdía nada por intentarlo.
Entré en aquel bar que estaba poco iluminado. Estaba prácticamente lleno pero todo el mundo parecía querer estar de pie. Busqué alguna mesa que estuviese libre mientras me abría camino entre las parejas y grupos que bailaban y hablaban en la pista de baile al ritmo de aquella música que estaba muy alta.
Encontré en el fondo del local una mesa que estaba libre y me senté en ella. El camarero tardó poco en preguntarme lo que quería y le contesté que una cerveza. ¿Podría ser eso lo más flojito? No lo sabía pero como jamás la había probado lo intentaría ahora.
Miré a todos los que estaban cerca. Todos parecían pasárselo bien y divertirse mucho. Después dirigí mi mirada hasta la barra. Allí sentía como unos ojos me observaban. Eran aquellos ojos azules.
Perfecto. Ya estaba viendo cosas que no existían y seguramente todo el mundo alucinaría si seguía observando aquello que no existía. ¿En realidad alguien se daría cuenta de mí? Lo dudaba muy seriamente.
Robert respiró hondo y después se acercó a mí. Se sentó a mi lado y me miró a los ojos fijamente mientras yo le correspondía la mirada.
- Hola -susurró en mi oído después de acercarse a mí.
Sabía que estaba loca y más sintiendo lo que quería hacer. Aspiré todo el aire del que fui capaz y decidí levantarme. Le miré de manera que le indicaba que me siguiese.
No quería que todas las personas se diesen cuenta de que estaba tan loca como en realidad lo estaba. Salí del bar y me quedé en la calle.
- ¿Por qué? -susurré mirándole-. ¿Por qué ahora vuelves a aparecer?
- No quería irme yo.. -musitó mientras me miraba a los ojos intensamente.
No lo soporté más. Deseaba hacerlo por mucho que fuese la mayor estupidez que iba a cometer en mi vida. Tomé su rostro entre mis manos y sentí como si su tacto fuese real. Sonreí un poco por ello ya que lo extrañaba tanto y él puso sus manos sobre las mías haciendo que mil oleadas de sensaciones recorriesen mi cuerpo.
- No me importa si estoy loca pero necesito hacerlo -susurré sobre sus labios y después cerré mis ojos mientras acercaba nuestros labios.
Le besé sintiendo la suavidad de sus labios en los míos amoldándose lentamente con los míos.
Capítulo 62. Locura
Después de hablar con Taylor durante todo el día decidí quitarme un poco del ordenador para descansar la vista. Volvía a ser de noche de nuevo.
Me refregué los ojos y después sentí que nuevamente no estaba sola. No, no quería volver a tener una alucinación así que decidí vestirme sin mirar a ningún lugar y salir de mi casa, quizá pasear me haría bien.
Comenzaba a escuchar como me seguía aquello que mi mente estaba comenzando a proyectar. No le permitiría a ella comenzar a llenarme de nuevo de terror. Apreté mi mandíbula y salí corriendo hacia la calle. Me metí entre las calles pero estaban casi sin personas, seguramente todas estarían o en su casa descansando o en alguna discoteca o bar.
Gruñí un poco, ahora que necesitaba gente no había en aquella ciudad. Si le decía eso a cualquiera no se lo creería.
Caminé por las oscuras calles intentando encontrar algún grupo de personas en el que poder permanecer hasta que la horrible alucinación que seguro me esperaba desapareciese.
Corrí por algunas calles escuchando algún ruido que indicaba que un montón de personas estaban juntas en algún lugar. Subí por una cuesta aumentando el ritmo de mi zancada. Al final de una calle encontré un bar en el que el ruido era más fuerte, allí debían estar algunas personas. Quería meterme porque así quizá podría evitar que me aterrorizase aquella horrible alucinación.
¿Por qué no podría intentar olvidar con alcohol lo que iba a pasar? Jamás me había emborrachado pero siempre había escuchado que la gente lograba olvidar todo cuando tomaba más de la cuenta. ¿Conseguiría aquello calmar a mi mente? No perdía nada por intentarlo.
Entré en aquel bar que estaba poco iluminado. Estaba prácticamente lleno pero todo el mundo parecía querer estar de pie. Busqué alguna mesa que estuviese libre mientras me abría camino entre las parejas y grupos que bailaban y hablaban en la pista de baile al ritmo de aquella música que estaba muy alta.
Encontré en el fondo del local una mesa que estaba libre y me senté en ella. El camarero tardó poco en preguntarme lo que quería y le contesté que una cerveza. ¿Podría ser eso lo más flojito? No lo sabía pero como jamás la había probado lo intentaría ahora.
Miré a todos los que estaban cerca. Todos parecían pasárselo bien y divertirse mucho. Después dirigí mi mirada hasta la barra. Allí sentía como unos ojos me observaban. Eran aquellos ojos azules.
Perfecto. Ya estaba viendo cosas que no existían y seguramente todo el mundo alucinaría si seguía observando aquello que no existía. ¿En realidad alguien se daría cuenta de mí? Lo dudaba muy seriamente.
Robert respiró hondo y después se acercó a mí. Se sentó a mi lado y me miró a los ojos fijamente mientras yo le correspondía la mirada.
- Hola -susurró en mi oído después de acercarse a mí.
Sabía que estaba loca y más sintiendo lo que quería hacer. Aspiré todo el aire del que fui capaz y decidí levantarme. Le miré de manera que le indicaba que me siguiese.
No quería que todas las personas se diesen cuenta de que estaba tan loca como en realidad lo estaba. Salí del bar y me quedé en la calle.
- ¿Por qué? -susurré mirándole-. ¿Por qué ahora vuelves a aparecer?
- No quería irme yo.. -musitó mientras me miraba a los ojos intensamente.
No lo soporté más. Deseaba hacerlo por mucho que fuese la mayor estupidez que iba a cometer en mi vida. Tomé su rostro entre mis manos y sentí como si su tacto fuese real. Sonreí un poco por ello ya que lo extrañaba tanto y él puso sus manos sobre las mías haciendo que mil oleadas de sensaciones recorriesen mi cuerpo.
- No me importa si estoy loca pero necesito hacerlo -susurré sobre sus labios y después cerré mis ojos mientras acercaba nuestros labios.
Le besé sintiendo la suavidad de sus labios en los míos amoldándose lentamente con los míos.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 63. El deseo de mi corazón
¿Podría amar a alguien que tan solo me había hecho daño? Esperaba que no pero en mi corazón sabía que sí, que me había enamorado de él como una estúpida.
Enredé mis dedos con lentitud en su pelo mientras sentía como sus dedos acariciaban mis manos. Debía verme ridícula besando el aire pero no me importaba. Necesitaba hacerlo y aquella fuerza que había tomado en mi mente era increíble. Sentía como si estuviese allí como si fuese real.
Seguimos besándonos mientras poco a poco íbamos aumentando ambos la pasión de aquella muestra de amor.
Las yemas de sus dedos comenzaron a apartar mi cabello de mi rostro dejándolo tras mi oreja mientras ponía sus cálidos dedos en mi nuca.
Su aliento era de menta pero también olía a cerveza. No podía evitar sentirme pletórica sintiéndolo sobre mis labios pero algo en mi deseaba que se mezclase con el mío para ver si el aroma que se conseguía cuando se mezclasen era extraordinario o no.
En ese instante sentí como sus labios abrían lentamente los míos para que la intensidad y profundidad del beso fuese aún mayor.
Me puse ligeramente de puntillas mientras mis dedos agarraban con un poco más de fuerza su cabello.
Mi corazón estaba completamente desbocado necesitaba seguir besándole, sintiéndole tan cerca. Ojalá fuese real, deseaba que fuese el verdadero Robert que me estuviese besando demostrándome que me amaba tanto como ahora comenzaba a comprender que yo sentía muchas cosas por él que no me había permitido descubrir.
Sus manos comenzaron a recorrer mi espalda con lentitud hasta que se posaron en mis caderas y me acercaron más a él. Mi cuerpo se comenzó a amoldar al suyo mientras nuestros labios no se separaban ni un solo segundo como si no necesitásemos respirar.
Robert me daba su aliento y yo le daba el mío para que no fuese necesario parar ni un solo segundo aquel maravilloso beso que parecía que ambos habíamos necesitado demasiado.
Unos instantes cesamos nuestro beso. Respiré como pude algo agitada aún con los ojos cerrados.
No sabía a donde podía llevarme aquella fantasía que se había hecho excesivamente real. Jamás podría comprender que algo así pudiese sucederme. ¿Cómo podía ser verdad que mi mente fuese tan poderosa hasta el punto de sentir como si Robert estuviese a mi lado?
Fruncí mi ceño pero entonces sus labios volvieron a besar a los míos. Acaricié lentamente su nuca con las yemas de mis dedos mientras seguía aquella increíble demostración de mis sentimientos mientras sentía como empezaba a caminar hacia la pared pegándome a ella.
Agarré con fuerza su pelo mientras el beso era aún más apasionado. Necesitaba que no dejase ni un solo segundo de hacerlo, ansiaba que mis labios se fundiesen con los suyos para siempre.
La respiración lentamente se iba acelerando. Mi pulso incrementaba y mis deseos de sentirle más cerca seguían aumentando.
Me apretó con su cuerpo contra la pared mientras una de sus manos agarraba con determinación mi pelo y su otra mano acariciaba con lentitud mi cintura.
Sus dedos comenzaron a juguetear con el final de mi camiseta acariciando con lentitud un poco de mi piel que asomaba entre mi camiseta y mi pantalón. Era tan suave la caricia que mi piel se erizó inmediatamente.
Adoraba la calidez de sus manos sobre aquella fragmento de mi piel que parecía quemarme cuando no sentía su tacto. Mientras mis manos descendían lentamente hasta sus hombros y agarraba con fuerza sus hombros de manera que así no pudiese alejarse de mí, si lo hacía me haría más daño que cualquier otra cosa en el mundo.
Sus dedos con mucha cautela comenzaron a ascender bajo mi camiseta pero solamente unos centímetros.
¿Podría seguir con ello? ¿Dónde me llevaría aquello?
Capítulo 63. El deseo de mi corazón
¿Podría amar a alguien que tan solo me había hecho daño? Esperaba que no pero en mi corazón sabía que sí, que me había enamorado de él como una estúpida.
Enredé mis dedos con lentitud en su pelo mientras sentía como sus dedos acariciaban mis manos. Debía verme ridícula besando el aire pero no me importaba. Necesitaba hacerlo y aquella fuerza que había tomado en mi mente era increíble. Sentía como si estuviese allí como si fuese real.
Seguimos besándonos mientras poco a poco íbamos aumentando ambos la pasión de aquella muestra de amor.
Las yemas de sus dedos comenzaron a apartar mi cabello de mi rostro dejándolo tras mi oreja mientras ponía sus cálidos dedos en mi nuca.
Su aliento era de menta pero también olía a cerveza. No podía evitar sentirme pletórica sintiéndolo sobre mis labios pero algo en mi deseaba que se mezclase con el mío para ver si el aroma que se conseguía cuando se mezclasen era extraordinario o no.
En ese instante sentí como sus labios abrían lentamente los míos para que la intensidad y profundidad del beso fuese aún mayor.
Me puse ligeramente de puntillas mientras mis dedos agarraban con un poco más de fuerza su cabello.
Mi corazón estaba completamente desbocado necesitaba seguir besándole, sintiéndole tan cerca. Ojalá fuese real, deseaba que fuese el verdadero Robert que me estuviese besando demostrándome que me amaba tanto como ahora comenzaba a comprender que yo sentía muchas cosas por él que no me había permitido descubrir.
Sus manos comenzaron a recorrer mi espalda con lentitud hasta que se posaron en mis caderas y me acercaron más a él. Mi cuerpo se comenzó a amoldar al suyo mientras nuestros labios no se separaban ni un solo segundo como si no necesitásemos respirar.
Robert me daba su aliento y yo le daba el mío para que no fuese necesario parar ni un solo segundo aquel maravilloso beso que parecía que ambos habíamos necesitado demasiado.
Unos instantes cesamos nuestro beso. Respiré como pude algo agitada aún con los ojos cerrados.
No sabía a donde podía llevarme aquella fantasía que se había hecho excesivamente real. Jamás podría comprender que algo así pudiese sucederme. ¿Cómo podía ser verdad que mi mente fuese tan poderosa hasta el punto de sentir como si Robert estuviese a mi lado?
Fruncí mi ceño pero entonces sus labios volvieron a besar a los míos. Acaricié lentamente su nuca con las yemas de mis dedos mientras seguía aquella increíble demostración de mis sentimientos mientras sentía como empezaba a caminar hacia la pared pegándome a ella.
Agarré con fuerza su pelo mientras el beso era aún más apasionado. Necesitaba que no dejase ni un solo segundo de hacerlo, ansiaba que mis labios se fundiesen con los suyos para siempre.
La respiración lentamente se iba acelerando. Mi pulso incrementaba y mis deseos de sentirle más cerca seguían aumentando.
Me apretó con su cuerpo contra la pared mientras una de sus manos agarraba con determinación mi pelo y su otra mano acariciaba con lentitud mi cintura.
Sus dedos comenzaron a juguetear con el final de mi camiseta acariciando con lentitud un poco de mi piel que asomaba entre mi camiseta y mi pantalón. Era tan suave la caricia que mi piel se erizó inmediatamente.
Adoraba la calidez de sus manos sobre aquella fragmento de mi piel que parecía quemarme cuando no sentía su tacto. Mientras mis manos descendían lentamente hasta sus hombros y agarraba con fuerza sus hombros de manera que así no pudiese alejarse de mí, si lo hacía me haría más daño que cualquier otra cosa en el mundo.
Sus dedos con mucha cautela comenzaron a ascender bajo mi camiseta pero solamente unos centímetros.
¿Podría seguir con ello? ¿Dónde me llevaría aquello?
Mi
camino hasta ti
Capítulo 64. Dos almas fundidas
- ¿Quieres continuar? -susurró Robert sobre mis labios con aquella voz que hacía que me estremeciese como una hoja que está a punto de caerse contra el viento que la hace moverse.
No podía negarlo. Lo deseaba aunque fuese una fantasía necesitaba tener ese momento al fin y al cabo solo yo lo pasaría.
Asentí mientras mis ojos aún seguían cerrados y su nariz acariciaba con cuidado la mía.
- Vamos a tu casa -musitó sobre mis labios.
Me mordí el labio inferior y tomé su mano. Deseaba que nada ni nadie me hiciese volver a la realidad. Quería tener aquella locura, quería al menos que aquel sueño llegase a su final aunque despertar de él fuese lo más doloroso del mundo.
Sentía como mientras caminábamos Robert acariciaba el dorso de mi mano con su pulgar como otras veces había hecho en el hospital. Sonreí no podía evitar sentirme pletórica por tenerle a mi lado en ese momento.
El camino a mi casa se hizo corto pero mientras llegábamos sus brazos se pusieron alrededor de mi cintura y sus labios comenzaron a recorrer todo mi pelo aspirando mi aroma.
- Cuanto lo extrañaba -susurró muy bajito y dejó un beso en mi sien.
Mientras subíamos las escaleras del portal hasta mi apartamento dejó dulces besos por todo mi rostro hasta mi mandíbula.
Entramos en mi casa y cerró la puerta tras nosotros. Me giró con lentitud para mirarme a los ojos y tomó mi rostro entre sus manos. Me besó de nuevo con dulzura, sin una pizca de pasión pero en segundos aquel beso volvió a tornarse desesperado. Sus labios volvían a abrirse llevando con ellos los míos. Nuestros alientos comenzaron a mezclarse lentamente entre nuestras bocas.
Sus cálidos dedos descendieron por los lados de mi cuello rozándolo solamente con las yemas para después seguir bajando por mis brazos hasta mis muñecas. Las acarició con suavidad y después mientras caminaba haciéndome retroceder hasta mi cuarto las agarró de manera posesiva.
Al llegar a mi habitación nos quedamos en medio de la sala. Sus manos volvieron a descender por mis palmas hasta que entrelazó nuestros dedos.
El beso cada vez más desesperado comenzaba a transformarse en un deseo por el otro incontrolable. Nuestras lenguas se dieron un tímido abrazo al principio y después la suya recorrió toda mi cavidad bucal haciéndome sentir mil y una emociones diferentes.
Ningún hombre antes me había besado y menos de aquella manera. En ese instante más que nunca desee que se transformase en Robert, que fuese él de verdad.
Sus manos subieron junto a las mías a mi cintura y me apretaron más a su cuerpo. No parecía desear precipitar nada. Era como vivir todo en cámara lenta pero me encantaba a la vez que me desesperaba.
Me dejó respirar y por eso comprendí que lo necesitaba. Sus labios acariciaron mi mejilla hasta que llegaron a mi cuello y empezaron a depositar pequeños besos que me hacían sentir escalofríos en la espalda.
No pude evitar jadear. Mi cuello era extremadamente sensible y ahora lo estaba comprobando. Aquellos besos no cesaron hasta que llegaron a la base de mi cuello mientras mi corazón se aceleraba mucho más.
Mis manos rápidamente ascendieron hasta su sedoso cabello y lo agarraron con un poco de fuerza para indicarle que aquello me encantaba y que no desease que parase nunca de besar mi cuello pero sus labios no me obedecieron y volvieron a subir a los míos para regalarme otro beso apasionado.
Sentí como sus dedos agarraron con lentitud mi camiseta y poco a poco fueron subiéndola lentamente acariciando con sus nudillos en el proceso mis costados.
Mi piel reaccionó automáticamente, se erizó como jamás lo había hecho.
Se separó un solo momento de mis labios para terminar de quitarme la camiseta y después observarme.
- Eres tan hermosa -musitó y volvió a besarme disfrutando de mis labios como yo de los suyos mientras tiraba mi camiseta a algún lugar de mi habitación.
Aquello no parecía tener vuelta atrás. Lo deseaba. Me llevase a donde me llevase le seguiría aunque solo fuese una fantasía.
Capítulo 64. Dos almas fundidas
- ¿Quieres continuar? -susurró Robert sobre mis labios con aquella voz que hacía que me estremeciese como una hoja que está a punto de caerse contra el viento que la hace moverse.
No podía negarlo. Lo deseaba aunque fuese una fantasía necesitaba tener ese momento al fin y al cabo solo yo lo pasaría.
Asentí mientras mis ojos aún seguían cerrados y su nariz acariciaba con cuidado la mía.
- Vamos a tu casa -musitó sobre mis labios.
Me mordí el labio inferior y tomé su mano. Deseaba que nada ni nadie me hiciese volver a la realidad. Quería tener aquella locura, quería al menos que aquel sueño llegase a su final aunque despertar de él fuese lo más doloroso del mundo.
Sentía como mientras caminábamos Robert acariciaba el dorso de mi mano con su pulgar como otras veces había hecho en el hospital. Sonreí no podía evitar sentirme pletórica por tenerle a mi lado en ese momento.
El camino a mi casa se hizo corto pero mientras llegábamos sus brazos se pusieron alrededor de mi cintura y sus labios comenzaron a recorrer todo mi pelo aspirando mi aroma.
- Cuanto lo extrañaba -susurró muy bajito y dejó un beso en mi sien.
Mientras subíamos las escaleras del portal hasta mi apartamento dejó dulces besos por todo mi rostro hasta mi mandíbula.
Entramos en mi casa y cerró la puerta tras nosotros. Me giró con lentitud para mirarme a los ojos y tomó mi rostro entre sus manos. Me besó de nuevo con dulzura, sin una pizca de pasión pero en segundos aquel beso volvió a tornarse desesperado. Sus labios volvían a abrirse llevando con ellos los míos. Nuestros alientos comenzaron a mezclarse lentamente entre nuestras bocas.
Sus cálidos dedos descendieron por los lados de mi cuello rozándolo solamente con las yemas para después seguir bajando por mis brazos hasta mis muñecas. Las acarició con suavidad y después mientras caminaba haciéndome retroceder hasta mi cuarto las agarró de manera posesiva.
Al llegar a mi habitación nos quedamos en medio de la sala. Sus manos volvieron a descender por mis palmas hasta que entrelazó nuestros dedos.
El beso cada vez más desesperado comenzaba a transformarse en un deseo por el otro incontrolable. Nuestras lenguas se dieron un tímido abrazo al principio y después la suya recorrió toda mi cavidad bucal haciéndome sentir mil y una emociones diferentes.
Ningún hombre antes me había besado y menos de aquella manera. En ese instante más que nunca desee que se transformase en Robert, que fuese él de verdad.
Sus manos subieron junto a las mías a mi cintura y me apretaron más a su cuerpo. No parecía desear precipitar nada. Era como vivir todo en cámara lenta pero me encantaba a la vez que me desesperaba.
Me dejó respirar y por eso comprendí que lo necesitaba. Sus labios acariciaron mi mejilla hasta que llegaron a mi cuello y empezaron a depositar pequeños besos que me hacían sentir escalofríos en la espalda.
No pude evitar jadear. Mi cuello era extremadamente sensible y ahora lo estaba comprobando. Aquellos besos no cesaron hasta que llegaron a la base de mi cuello mientras mi corazón se aceleraba mucho más.
Mis manos rápidamente ascendieron hasta su sedoso cabello y lo agarraron con un poco de fuerza para indicarle que aquello me encantaba y que no desease que parase nunca de besar mi cuello pero sus labios no me obedecieron y volvieron a subir a los míos para regalarme otro beso apasionado.
Sentí como sus dedos agarraron con lentitud mi camiseta y poco a poco fueron subiéndola lentamente acariciando con sus nudillos en el proceso mis costados.
Mi piel reaccionó automáticamente, se erizó como jamás lo había hecho.
Se separó un solo momento de mis labios para terminar de quitarme la camiseta y después observarme.
- Eres tan hermosa -musitó y volvió a besarme disfrutando de mis labios como yo de los suyos mientras tiraba mi camiseta a algún lugar de mi habitación.
Aquello no parecía tener vuelta atrás. Lo deseaba. Me llevase a donde me llevase le seguiría aunque solo fuese una fantasía.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 65. Sus caricias
Sus manos se posaron sobre mi espalda baja mientras ponía una de las mías en su nuca para que no volviese a separarse de nuevo de mis labios. Los necesitaba para respirar y no recuperar la consciencia que me hiciese separarme de él.
Sentía como sus dedos rozaban mi piel que comenzaba a parecer fuego cada vez que sus dedos se separaban de un centímetro de mi tez.
Lentamente empezaron a descender mientras sentía el ritmo cardíaco de mi corazón que me indicaba que él era el único que podía salvarme de que muriese en la horrible agonía de mi soledad.
Bajé lentamente mis manos comenzando a jugar con los botones de su camisa y con mis dedos temblorosos empecé a desabrocharlos con sumo cuidado como si yo con mis finos dedos pudiese romperlos.
Terminé con mi labor dejando un poco descubierto su torso desnudo. Mis dedos railones empezaron a acariciar su piel, sus músculos. Sentí como se tensaba y un ligero gemido salía de sus labios ahogándose en los míos al notarlo. Su tez comenzaba a ponerse de gallina pero no era por frío, sabía que era por mí.
El beso lo tornó de nuevo desesperado mientras sentía como mis pulmones me suplicaban aire pero no cualquier aire sino su aliento, necesitaba de él para seguir viviendo.
Tomé entre mis manos las solapas de su camisa y se la quité lentamente deslizándola por sus musculosos brazos que se separaron de mi piel nada más que para hacerme más fácil la tarea de desprenderle de su camisa.
La tiré sin importarme donde y entonces Robert puso sus manos en mi cintura apretándome contra su cuerpo. Sentía su piel contra la mía, su torso contra mi abdomen.
Era obvio, no podía evitar temblar al tenerle pegado a mí, al tenerle tan cerca como sabía que tantas veces había deseado.
Sus manos volvieron a ascender con lentitud por mi espalda hasta que remolonearon alrededor del broche de mi sujetador.
No sabía como podían estar mis pechos ya que estaba concentrada en cada trozo de mi piel que él rozaba pero ahora sentía como si me pesase, como si necesitase que mi sujetador desapareciese de entre nuestros cuerpos.
Lo desabrochó y en ese instante mi corazón se paralizó. No sabía que reacción podría llegar a tener, qué podría pasar de ahora en adelante.
Sus hábiles dedos deslizaron las tiras de mi lencería por mis brazos rozando con las yemas de sus dedos la piel de estos haciendo que de nuevo me estremeciese entre sus brazos.
En un abrir y cerrar de ojos desapareció la fina tela de mi sujetador negro y sentí sus pectorales contra mis pechos. Jamás nada los había tocado salvo las esponja, la toalla cuando me duchaba y la tela de mis sujetadores.
Sentí como él comenzaba a ponerse un poco nervioso pero mientras mordía suavemente mi labio inferior sus dedos empezaron a tocar con muchísima gentileza mis pechos haciendo que un gemido saliese de entre mis labios.
Nunca había pensado que la primera vez sería así, sino que podría ser mucho más ruda y él en cambio lo estaba haciendo todo tan tierno, tan hermoso...
Sus dedos exploraron la piel de mis recién estrenados pechos que sentía como poco a poco se iban endureciendo, algo que tan solo me sucedía por el frío.
Sus ojos azules entonces miraron los míos y me dieron un último tierno beso en los labios, bajaron sus manos lentamente por mis costados y desabrocharon mi pantalón.
Sus labios me robaron el aliento en un beso como ninguno de los que me había dado y quitaron con mucha lentitud mi pantalón, yo hice lo propio pero lo dejé caer por sus piernas.
En tan solo unos segundos ambos teníamos una sola prenda cubriendo nuestros cuerpos.
Sentía como sus brazos me alzaban en el aire y después me despositaban con suavidad sobre la cama pero sin dejar de besarme con un millón de sensaciones recorriendo todo mi ser.
Él se puso sobre mí sin poner ni un solo gramo de su peso sobre mi cuerpo y supe que él iba a ser el primero en todo, el primero del que me enamorase, el primero que me acariciase de esa manera y el primero aunque en una simple fantasía me entregase a él. No me importaba por que en mi corazón deseaba que lo fuese.
Capítulo 65. Sus caricias
Sus manos se posaron sobre mi espalda baja mientras ponía una de las mías en su nuca para que no volviese a separarse de nuevo de mis labios. Los necesitaba para respirar y no recuperar la consciencia que me hiciese separarme de él.
Sentía como sus dedos rozaban mi piel que comenzaba a parecer fuego cada vez que sus dedos se separaban de un centímetro de mi tez.
Lentamente empezaron a descender mientras sentía el ritmo cardíaco de mi corazón que me indicaba que él era el único que podía salvarme de que muriese en la horrible agonía de mi soledad.
Bajé lentamente mis manos comenzando a jugar con los botones de su camisa y con mis dedos temblorosos empecé a desabrocharlos con sumo cuidado como si yo con mis finos dedos pudiese romperlos.
Terminé con mi labor dejando un poco descubierto su torso desnudo. Mis dedos railones empezaron a acariciar su piel, sus músculos. Sentí como se tensaba y un ligero gemido salía de sus labios ahogándose en los míos al notarlo. Su tez comenzaba a ponerse de gallina pero no era por frío, sabía que era por mí.
El beso lo tornó de nuevo desesperado mientras sentía como mis pulmones me suplicaban aire pero no cualquier aire sino su aliento, necesitaba de él para seguir viviendo.
Tomé entre mis manos las solapas de su camisa y se la quité lentamente deslizándola por sus musculosos brazos que se separaron de mi piel nada más que para hacerme más fácil la tarea de desprenderle de su camisa.
La tiré sin importarme donde y entonces Robert puso sus manos en mi cintura apretándome contra su cuerpo. Sentía su piel contra la mía, su torso contra mi abdomen.
Era obvio, no podía evitar temblar al tenerle pegado a mí, al tenerle tan cerca como sabía que tantas veces había deseado.
Sus manos volvieron a ascender con lentitud por mi espalda hasta que remolonearon alrededor del broche de mi sujetador.
No sabía como podían estar mis pechos ya que estaba concentrada en cada trozo de mi piel que él rozaba pero ahora sentía como si me pesase, como si necesitase que mi sujetador desapareciese de entre nuestros cuerpos.
Lo desabrochó y en ese instante mi corazón se paralizó. No sabía que reacción podría llegar a tener, qué podría pasar de ahora en adelante.
Sus hábiles dedos deslizaron las tiras de mi lencería por mis brazos rozando con las yemas de sus dedos la piel de estos haciendo que de nuevo me estremeciese entre sus brazos.
En un abrir y cerrar de ojos desapareció la fina tela de mi sujetador negro y sentí sus pectorales contra mis pechos. Jamás nada los había tocado salvo las esponja, la toalla cuando me duchaba y la tela de mis sujetadores.
Sentí como él comenzaba a ponerse un poco nervioso pero mientras mordía suavemente mi labio inferior sus dedos empezaron a tocar con muchísima gentileza mis pechos haciendo que un gemido saliese de entre mis labios.
Nunca había pensado que la primera vez sería así, sino que podría ser mucho más ruda y él en cambio lo estaba haciendo todo tan tierno, tan hermoso...
Sus dedos exploraron la piel de mis recién estrenados pechos que sentía como poco a poco se iban endureciendo, algo que tan solo me sucedía por el frío.
Sus ojos azules entonces miraron los míos y me dieron un último tierno beso en los labios, bajaron sus manos lentamente por mis costados y desabrocharon mi pantalón.
Sus labios me robaron el aliento en un beso como ninguno de los que me había dado y quitaron con mucha lentitud mi pantalón, yo hice lo propio pero lo dejé caer por sus piernas.
En tan solo unos segundos ambos teníamos una sola prenda cubriendo nuestros cuerpos.
Sentía como sus brazos me alzaban en el aire y después me despositaban con suavidad sobre la cama pero sin dejar de besarme con un millón de sensaciones recorriendo todo mi ser.
Él se puso sobre mí sin poner ni un solo gramo de su peso sobre mi cuerpo y supe que él iba a ser el primero en todo, el primero del que me enamorase, el primero que me acariciase de esa manera y el primero aunque en una simple fantasía me entregase a él. No me importaba por que en mi corazón deseaba que lo fuese.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 66. Suya
Sus manos volvieron a acariciar con lentitud mis costados para después descender a mis piernas y recorrerlas en toda su longitud. Mientras sentía como mi piel ardía en deseos de que no dejase de acariciarme nunca sus labios se separaron de los míos y comenzaron a besar mi mejilla descendiendo por ella hasta mi mandíbula y después empezaron a besar mi cuello hasta la base.
Jadeaba sonoramente sin poder evitarlo mientras mis ojos se cerraban para concentrarme en todo su tacto por mi cuerpo.
Mis manos sentían como poco a poco iba bajando hasta llegar a la altura de mis pechos e hice que mis dedos reaccionasen para acariciar sus hombros y su nuca para después descender por su espalda cuanto podían y subir nuevamente.
Sus labios empezaron a besar toda la piel de mis pechos. Aquello era algo tan nuevo para mí. Me mordí el labio inferior mientras sus besos dejaban un recorrido en círculos sin tocar mis mamas mi una sola vez.
Cambió de pecho volviendo a hacer lo mismo y mis dedos subieron mientras tanto por su nuca hasta juguetear con su cabello.
Entonces sentí como su boca se cerró en uno de mis pezones apretándolo con suavidad haciendo que se escapase un gran gemido de mi boca. Volvió a hacer lo mismo en mi otro pecho e inconscientemente arqueé mi espalda por el placer que aquello me producía.
Su boca descendió con pequeños besos por mi vientre haciendo que mi respiración se entrecortase aún más. Sus manos ascendieron hasta la fina tela de mi ropa interior y la comenzaron a bajar después de dejar un pequeño beso en mi ombligo.
Levantó sus labios de mi piel y quise saber porqué lo hacía así que abrí mis ojos y le miré. Sus ojos estaban fijos en mí.
Terminó de quitarme mi tanga y lo tiró fuera de la cama. Después apagó las luces y se quitó su boxer tirándolo también fuera del colchón hasta que quedamos ambos tal y como dios nos trajo al mundo el uno frente al otro.
Volvió a subir hasta mi boca y me besó pero esta vez sentí el deseo en aquel tierno, apasionado pero desesperado beso. Yo también le deseaba, mi cuerpo pedía a gritos ser suyo pero sentía un poco de miedo. No importaba, ya todo importaba poco porque en el mundo solo estábamos él y yo.
Subió sus manos por mis piernas y las separó para acomodarse entre ellas mientras la pasión de aquel beso me estaba haciendo perder la razón.
Noté como algo duro pero suave acariciaba mi parte más íntima y después una pequeña presión dentro de mi ser. Estaba haciéndome suya pero lo hacía mi lentamente para evitar cualquier dolor posible.
Gemía sin poder evitarlo hasta que llegó a una zona más estrecha. Sabía que continuaría y había escuchado que dolía por lo que me agarré a sus hombros para soportar un poco mejor el dolor que esperaba comenzaría.
Despacio sentí como se rompía mi himen; dolía cada centímetro que entraba en mi ser pero con su beso conseguía paliar un poco el dolor.
Poco tiempo después estaba completamente dentro de mí y se quedó quieto unos instantes. Me miró a los ojos mientras nuestras respiraciones se entrecortaban entre nuestros cuerpos.
Mis dedos subieron hacia su pelo y él me sonrió arrebatadoramente. Sentía su corazón desbocado como el mío y una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras me perdía en sus ojos. Aquella sería la noche más maravillosa de mi vida aunque fuese una fantasía, sería suya, solamente suya y de nadie más.
- Te amo -susurró sobre mis labios con su increíble voz.
Me sorprendí pero era lo que siempre había soñado que pasaría en un momento así.
- Yo también te amo -le respondí mientras con mis manos acaricié sus mejillas.
Sabía que aquel no era nada más que el comienzo de la más maravillosa de las noches que pasaría en mi vida.
Me volvió a besar con lentitud, como si aún estuviésemos vestidos pero en él noté el amor que me sentía, le devolví el beso con el mismo amor que ya no podía negarme. Acarició con lentitud mis mejillas y después como si supiese la música que escuchaba encendíó el radiocasete.
Capítulo 66. Suya
Sus manos volvieron a acariciar con lentitud mis costados para después descender a mis piernas y recorrerlas en toda su longitud. Mientras sentía como mi piel ardía en deseos de que no dejase de acariciarme nunca sus labios se separaron de los míos y comenzaron a besar mi mejilla descendiendo por ella hasta mi mandíbula y después empezaron a besar mi cuello hasta la base.
Jadeaba sonoramente sin poder evitarlo mientras mis ojos se cerraban para concentrarme en todo su tacto por mi cuerpo.
Mis manos sentían como poco a poco iba bajando hasta llegar a la altura de mis pechos e hice que mis dedos reaccionasen para acariciar sus hombros y su nuca para después descender por su espalda cuanto podían y subir nuevamente.
Sus labios empezaron a besar toda la piel de mis pechos. Aquello era algo tan nuevo para mí. Me mordí el labio inferior mientras sus besos dejaban un recorrido en círculos sin tocar mis mamas mi una sola vez.
Cambió de pecho volviendo a hacer lo mismo y mis dedos subieron mientras tanto por su nuca hasta juguetear con su cabello.
Entonces sentí como su boca se cerró en uno de mis pezones apretándolo con suavidad haciendo que se escapase un gran gemido de mi boca. Volvió a hacer lo mismo en mi otro pecho e inconscientemente arqueé mi espalda por el placer que aquello me producía.
Su boca descendió con pequeños besos por mi vientre haciendo que mi respiración se entrecortase aún más. Sus manos ascendieron hasta la fina tela de mi ropa interior y la comenzaron a bajar después de dejar un pequeño beso en mi ombligo.
Levantó sus labios de mi piel y quise saber porqué lo hacía así que abrí mis ojos y le miré. Sus ojos estaban fijos en mí.
Terminó de quitarme mi tanga y lo tiró fuera de la cama. Después apagó las luces y se quitó su boxer tirándolo también fuera del colchón hasta que quedamos ambos tal y como dios nos trajo al mundo el uno frente al otro.
Volvió a subir hasta mi boca y me besó pero esta vez sentí el deseo en aquel tierno, apasionado pero desesperado beso. Yo también le deseaba, mi cuerpo pedía a gritos ser suyo pero sentía un poco de miedo. No importaba, ya todo importaba poco porque en el mundo solo estábamos él y yo.
Subió sus manos por mis piernas y las separó para acomodarse entre ellas mientras la pasión de aquel beso me estaba haciendo perder la razón.
Noté como algo duro pero suave acariciaba mi parte más íntima y después una pequeña presión dentro de mi ser. Estaba haciéndome suya pero lo hacía mi lentamente para evitar cualquier dolor posible.
Gemía sin poder evitarlo hasta que llegó a una zona más estrecha. Sabía que continuaría y había escuchado que dolía por lo que me agarré a sus hombros para soportar un poco mejor el dolor que esperaba comenzaría.
Despacio sentí como se rompía mi himen; dolía cada centímetro que entraba en mi ser pero con su beso conseguía paliar un poco el dolor.
Poco tiempo después estaba completamente dentro de mí y se quedó quieto unos instantes. Me miró a los ojos mientras nuestras respiraciones se entrecortaban entre nuestros cuerpos.
Mis dedos subieron hacia su pelo y él me sonrió arrebatadoramente. Sentía su corazón desbocado como el mío y una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras me perdía en sus ojos. Aquella sería la noche más maravillosa de mi vida aunque fuese una fantasía, sería suya, solamente suya y de nadie más.
- Te amo -susurró sobre mis labios con su increíble voz.
Me sorprendí pero era lo que siempre había soñado que pasaría en un momento así.
- Yo también te amo -le respondí mientras con mis manos acaricié sus mejillas.
Sabía que aquel no era nada más que el comienzo de la más maravillosa de las noches que pasaría en mi vida.
Me volvió a besar con lentitud, como si aún estuviésemos vestidos pero en él noté el amor que me sentía, le devolví el beso con el mismo amor que ya no podía negarme. Acarició con lentitud mis mejillas y después como si supiese la música que escuchaba encendíó el radiocasete.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 67. El más intenso de los placeres
La música empezó a soñar: http://www.youtube.com/watch?v=D-AbN0TVjPA(recomendación: escucharla mientras leéis todos los capitulos (A))
Una canción tan romántica que parecía propicia para ese momento.
Sus labios besaban los míos mientras sus manos comenzaron a recorrer mis piernas ascendiendo por ellas.
En ese preciso instante comenzó a moverse lentamente para que el dolor no fuese insoportable. Podía notar como me iba haciendo suya con aquel baibén, ese compás que estaba consiguiendo que el dolor se disipase en tan solo unos segundos.
Solo quedó el placer, un placer que poco a poco iba haciéndose más intenso.
Sus manos no se quedaron quietas mientras se movía y yo intentaba acompañar sus movimientos ellas subían acariciando cada centímetro de mí. Me agarré con fuerza a sus hombros mientras los gemidos no dejaban de salir de mi garganta sin descanso.
Arqueaba la espalda apretando mi cuerpo al suyo lo que él aprovechó para poner sus manos en mi espalda baja y atraerme aún más contra él. Ambos ansiábamos estar unidos como fuese. No queríamos que nuestras almas no se fundiesen sino que llegásemos a la cúspide del placer entre besos y caricias.
Me alzó lentamente haciendo que ambos quedásemos sentados y yo sobre sus piernas sin deshacer nuestra unión.
Sus labios comenzaron a besar mi cuello mientras mis manos agarraban con fuerza sus cabellos.
Los movimientos de ambos se hicieron más rápidos y profundos mientras de mi boca ya no se escapaban gemidos sino gritos de un maravilloso placer del que quería ser presa toda la vida.
Notaba como nuestras caderas chocaban pero no por ello el momento empezaba a ser brusco y poco romántico sino que me hacía sentirme total y absolutamente suya lo único que podía desear.
El ritmo de aquel vaivén que tanto placer nos estaba causando se aceleró mucho más.
Comencé a ser consciente de como mi cuerpo se iba tensando a cada segundo un poco más. Arqueé mi espalda mientras él se hacía dueño de mis pechos y me quedaba sin respiración por aquella intensa oleada de placer.
Un grito fue seguido de aquel silencio una vez que hube alcanzado la cumbre de mi clímax. No tardó mucho tiempo Robert en llegar a también a la suya después de arrebatarme un beso.
Me dejó con cuidado sobre la cama tumbada mientras él se ponía sobre mí y reposaba su cabeza en mi pecho.
Ambos con la respiración a mil sonreíamos como estúpidos enamorados.
Mis dedos recorrían su cabello jugando con algunos mechones de su cabello mientras él aún permanecía dentro de mí.
Escondió su rostro en mi cuello aspirando mi aroma y deposité un beso en su frente esperando que jamás olvidase aquel increíble momento que solo quedaría en mi memoria al saber que era una fantasía.
Cerré mis ojos sin poder dejar de sonreír al sentir como acariciaba con lentitud mi cuello una y otra vez con su nariz.
Me quedé dormida entre sus brazos cuando mi corazón aún estaba desbocado por el recuerdo.
Durante toda la noche reviví una y otra vez la maravilla noche, las increíbles sensaciones que me había producido y pude sentir sus caricias y tiernos besos por mi cuerpo como si no descansase mi mente ni un solo instante, como si Robert estuviese allí a mi lado real, único y verdadero dándome un amor que dudaba realmente sintiese.
- Te amo -susurró tantas veces esa noche en mi oído que ya me parecía una maravillosa melodía.
La había vencido al menos una noche a ella que había intentado asustarme cuando fui al bar, había luchado todo lo que había podido contra mis deseos pero el amor que sentía por Robert era mucho más fuerte. Lo mejor de aquello es que el verdadero jamás lo sabría y podría olvidarle con Taylor aunque sabía que no sería capaz, solamente intentaría vivir una vida en la que alguien que no fuese Robert intentase sanar la herida que él me iba a dejar cuando mi alucinación hubiese desaparecido a la mañana siguiente.
Capítulo 67. El más intenso de los placeres
La música empezó a soñar: http://www.youtube.com/watch?v=D-AbN0TVjPA(recomendación: escucharla mientras leéis todos los capitulos (A))
Una canción tan romántica que parecía propicia para ese momento.
Sus labios besaban los míos mientras sus manos comenzaron a recorrer mis piernas ascendiendo por ellas.
En ese preciso instante comenzó a moverse lentamente para que el dolor no fuese insoportable. Podía notar como me iba haciendo suya con aquel baibén, ese compás que estaba consiguiendo que el dolor se disipase en tan solo unos segundos.
Solo quedó el placer, un placer que poco a poco iba haciéndose más intenso.
Sus manos no se quedaron quietas mientras se movía y yo intentaba acompañar sus movimientos ellas subían acariciando cada centímetro de mí. Me agarré con fuerza a sus hombros mientras los gemidos no dejaban de salir de mi garganta sin descanso.
Arqueaba la espalda apretando mi cuerpo al suyo lo que él aprovechó para poner sus manos en mi espalda baja y atraerme aún más contra él. Ambos ansiábamos estar unidos como fuese. No queríamos que nuestras almas no se fundiesen sino que llegásemos a la cúspide del placer entre besos y caricias.
Me alzó lentamente haciendo que ambos quedásemos sentados y yo sobre sus piernas sin deshacer nuestra unión.
Sus labios comenzaron a besar mi cuello mientras mis manos agarraban con fuerza sus cabellos.
Los movimientos de ambos se hicieron más rápidos y profundos mientras de mi boca ya no se escapaban gemidos sino gritos de un maravilloso placer del que quería ser presa toda la vida.
Notaba como nuestras caderas chocaban pero no por ello el momento empezaba a ser brusco y poco romántico sino que me hacía sentirme total y absolutamente suya lo único que podía desear.
El ritmo de aquel vaivén que tanto placer nos estaba causando se aceleró mucho más.
Comencé a ser consciente de como mi cuerpo se iba tensando a cada segundo un poco más. Arqueé mi espalda mientras él se hacía dueño de mis pechos y me quedaba sin respiración por aquella intensa oleada de placer.
Un grito fue seguido de aquel silencio una vez que hube alcanzado la cumbre de mi clímax. No tardó mucho tiempo Robert en llegar a también a la suya después de arrebatarme un beso.
Me dejó con cuidado sobre la cama tumbada mientras él se ponía sobre mí y reposaba su cabeza en mi pecho.
Ambos con la respiración a mil sonreíamos como estúpidos enamorados.
Mis dedos recorrían su cabello jugando con algunos mechones de su cabello mientras él aún permanecía dentro de mí.
Escondió su rostro en mi cuello aspirando mi aroma y deposité un beso en su frente esperando que jamás olvidase aquel increíble momento que solo quedaría en mi memoria al saber que era una fantasía.
Cerré mis ojos sin poder dejar de sonreír al sentir como acariciaba con lentitud mi cuello una y otra vez con su nariz.
Me quedé dormida entre sus brazos cuando mi corazón aún estaba desbocado por el recuerdo.
Durante toda la noche reviví una y otra vez la maravilla noche, las increíbles sensaciones que me había producido y pude sentir sus caricias y tiernos besos por mi cuerpo como si no descansase mi mente ni un solo instante, como si Robert estuviese allí a mi lado real, único y verdadero dándome un amor que dudaba realmente sintiese.
- Te amo -susurró tantas veces esa noche en mi oído que ya me parecía una maravillosa melodía.
La había vencido al menos una noche a ella que había intentado asustarme cuando fui al bar, había luchado todo lo que había podido contra mis deseos pero el amor que sentía por Robert era mucho más fuerte. Lo mejor de aquello es que el verdadero jamás lo sabría y podría olvidarle con Taylor aunque sabía que no sería capaz, solamente intentaría vivir una vida en la que alguien que no fuese Robert intentase sanar la herida que él me iba a dejar cuando mi alucinación hubiese desaparecido a la mañana siguiente.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 68. Maravilloso despertar
No pude evitar ronronear al sentir como algo acariciaba con suavidad mi mejilla una y otra vez.
Me giré levemente y choqué contra algo cálido y blando que me hizo sentirme perfectamente segura.
Noté en ese momento como unas manos acariciaban con ternura mi espalda haciendo que un increíble escalofrío la recorría de un extremo a otro.
No quería abrir los ojos pero tenía que hacerlo para asegurarme que esa vez no había sido como la otra, que mi fantasía aún continuaba aunque fuese realmente extraño que pudiese ser así ya que mi cerebro debía haber desconectado al dormir esa noche.
Lo primero que vi fue su hermosa sonrisa. Unos perfectos dientes blancos que desaparecieron un poco solamente para robarme un pequeño beso.
Levanté mi mirada y me encontré con sus ojos azules que me observaban con tanto que amor que me sentía en el más perfecto de los paraísos.
Su nariz acarició la mía mientras sus dedos comenzaron a dibujar un corazón en mi espalda.
No pude evitar sonrojarme aunque sabía que no tenía porqué ya que era parte de mi alucinación pero era tan real, era como tenerle allí de verdad.
Retiró con dos de sus dedos un mechón de mi rostro poniéndolo tras mi oreja.
- Me encanta cuando te sonrojas -musitó rozando con su aliento mis labios.
No pude evitar sonreír mientras se acercaba aún más a mis labios. Dejaba un tierno y cálido beso que hizo que me volviese a entregar a ese beso como si fuese el último que iba a darle. Mis dedos se enredaron con rapidez en su cabello para que no se separase y él al sentirlo sonrió sobre mis labios.
- No me separaré de tus labios tu tranquila -susurró entre besos.
Reí un poco y seguí besándole sonriendo al sentir de nuevo como sus manos acariciaban mis costados con adoración.
- Tengo miedo -susurré al fin y me confesé aunque solo fuese una parte de mí que ya sabía lo que pasaba.
Era extraño pero se separó y me miró a los ojos con incredulidad, con incomprensión. ¿Cómo el propio producto de mi imaginación no sabía lo que estaba pensando como otras veces?
- ¿Miedo? -preguntó curioso.
- Sí, tengo miedo porque sé que en cualquier momento te irás, te evaporarás de mi lado y será el instante más doloroso de mi vida -susurré-. Sé que eres una alucinación y por eso es por lo que he cedido, por lo que he estado contigo y te he dicho que te amo pero sé que debo verme ahora mismo y seguramente fue así como estuve toda la noche realmente ridícula. Mientras tú, tu verdadero yo está en algún set de rodaje yo estoy volviéndome por segundos más loca. Necesito de ti, de tu verdadero yo pero sé que no volverás porque te fuiste para siempre y sé que es lo mejor para ambos porque así podré intentar conocer a Taylor y olvidarte por completo -contesté mientras veía como sus ojos se iban abriendo como platos a cada palabra mía.
- Solo...soy una alucinación -musitó y se fue incorporando-. ¿Has tenido más de estas?
- No tan reales -susurré y me incorporé con él sintiendo que algo era diferente.
Parecía como si realmente le doliese que yo pensase que era una alucinación como si todo aquello fuese lo último que esperaba oír.
- ¿Algo diferente? -preguntó mientras estaba sentado frente a mí algo más pálido que antes.
- Sí, antes yo podía sentir tus caricias pero no eran ni punto de comparación iguales a las de esta noche, y tú no podía sentir las mías ¿no lo recuerdas? -le miré realmente curiosa.
Lo único que podía explicar su desconcierto sería que realmente fuese el verdadero Robert pero no, aquello sí que era imposible.
Acaricié su pálida mejilla y él comenzó a sonreír un poco. Besó la palma de mi mano y después recuperó poco a poco el color que siempre tenía.
- ¿Puedo preguntarte algo? -susurró mientras volvía a acariciar mi mejilla con las yemas de sus dedos y dejaba otro mechón de mi cabello tras mi oreja.
- Claro -sonreí al sentir la suavidad de sus caricias.
- ¿Qué sientes por Taylor? -preguntó entrecerrando los ojos.
Capítulo 68. Maravilloso despertar
No pude evitar ronronear al sentir como algo acariciaba con suavidad mi mejilla una y otra vez.
Me giré levemente y choqué contra algo cálido y blando que me hizo sentirme perfectamente segura.
Noté en ese momento como unas manos acariciaban con ternura mi espalda haciendo que un increíble escalofrío la recorría de un extremo a otro.
No quería abrir los ojos pero tenía que hacerlo para asegurarme que esa vez no había sido como la otra, que mi fantasía aún continuaba aunque fuese realmente extraño que pudiese ser así ya que mi cerebro debía haber desconectado al dormir esa noche.
Lo primero que vi fue su hermosa sonrisa. Unos perfectos dientes blancos que desaparecieron un poco solamente para robarme un pequeño beso.
Levanté mi mirada y me encontré con sus ojos azules que me observaban con tanto que amor que me sentía en el más perfecto de los paraísos.
Su nariz acarició la mía mientras sus dedos comenzaron a dibujar un corazón en mi espalda.
No pude evitar sonrojarme aunque sabía que no tenía porqué ya que era parte de mi alucinación pero era tan real, era como tenerle allí de verdad.
Retiró con dos de sus dedos un mechón de mi rostro poniéndolo tras mi oreja.
- Me encanta cuando te sonrojas -musitó rozando con su aliento mis labios.
No pude evitar sonreír mientras se acercaba aún más a mis labios. Dejaba un tierno y cálido beso que hizo que me volviese a entregar a ese beso como si fuese el último que iba a darle. Mis dedos se enredaron con rapidez en su cabello para que no se separase y él al sentirlo sonrió sobre mis labios.
- No me separaré de tus labios tu tranquila -susurró entre besos.
Reí un poco y seguí besándole sonriendo al sentir de nuevo como sus manos acariciaban mis costados con adoración.
- Tengo miedo -susurré al fin y me confesé aunque solo fuese una parte de mí que ya sabía lo que pasaba.
Era extraño pero se separó y me miró a los ojos con incredulidad, con incomprensión. ¿Cómo el propio producto de mi imaginación no sabía lo que estaba pensando como otras veces?
- ¿Miedo? -preguntó curioso.
- Sí, tengo miedo porque sé que en cualquier momento te irás, te evaporarás de mi lado y será el instante más doloroso de mi vida -susurré-. Sé que eres una alucinación y por eso es por lo que he cedido, por lo que he estado contigo y te he dicho que te amo pero sé que debo verme ahora mismo y seguramente fue así como estuve toda la noche realmente ridícula. Mientras tú, tu verdadero yo está en algún set de rodaje yo estoy volviéndome por segundos más loca. Necesito de ti, de tu verdadero yo pero sé que no volverás porque te fuiste para siempre y sé que es lo mejor para ambos porque así podré intentar conocer a Taylor y olvidarte por completo -contesté mientras veía como sus ojos se iban abriendo como platos a cada palabra mía.
- Solo...soy una alucinación -musitó y se fue incorporando-. ¿Has tenido más de estas?
- No tan reales -susurré y me incorporé con él sintiendo que algo era diferente.
Parecía como si realmente le doliese que yo pensase que era una alucinación como si todo aquello fuese lo último que esperaba oír.
- ¿Algo diferente? -preguntó mientras estaba sentado frente a mí algo más pálido que antes.
- Sí, antes yo podía sentir tus caricias pero no eran ni punto de comparación iguales a las de esta noche, y tú no podía sentir las mías ¿no lo recuerdas? -le miré realmente curiosa.
Lo único que podía explicar su desconcierto sería que realmente fuese el verdadero Robert pero no, aquello sí que era imposible.
Acaricié su pálida mejilla y él comenzó a sonreír un poco. Besó la palma de mi mano y después recuperó poco a poco el color que siempre tenía.
- ¿Puedo preguntarte algo? -susurró mientras volvía a acariciar mi mejilla con las yemas de sus dedos y dejaba otro mechón de mi cabello tras mi oreja.
- Claro -sonreí al sentir la suavidad de sus caricias.
- ¿Qué sientes por Taylor? -preguntó entrecerrando los ojos.
Mi
camino hasta ti
Capítulo 69. Sorpresa
¿Por qué me preguntaba eso? No podía comprender que le llevaba a cuestionarme algo que de sobra sabía. Nada, no sentía absolutamente nada por Taylor porque estaba increíblemente enamorada del verdadero Robert.
- ¿Cómo me preguntas algo que ya sabes? - fruncí mi ceño mientras no podía evitar reír-. Estás increíblemente loco, ¿lo sabías?
Puse mis manos sobre su pecho y le hice tumbarse en la cama mientras las sábanas tapaban nuestros cuerpos. Me coloqué sobre él mientras le miraba sonriendo burlonamente.
- ¿No me diga señor Pattinson que ahora es un celoso incontrolable? -reí-. Recuerda que siempre te amaré pero eres solo una alucinación.
Él suspiró y asintió mientras tragaba saliva. Volvió a acariciar con suavidad mi mejilla. Permaneció callado y no dijo nada como queriendo esconder algo que yo debía saber pero que necesitaba ocultarme.
Suspiré y le besé con lentitud mientras sus labios se amoldaban a los míos. Me sentía tan bien besándole, era como volver a la vida; me encontraba como en el mismísimo cielo con cada una de sus caricias y cariños.
Me incorporé una vez terminó el beso y suspiré de felicidad contra sus labios mientras sonreía sin poder evitarlo.
- Tus labios son como mi droga -susurró Robert mientras ponía sus manos sobre mis mejillas.
Me sonrojé inevitablemente cuando escuché lo que él decía. Acaricié con lentitud su nariz con la punta de la mía.
- Y los tuyos para mí -musité.
- ¿Sabes? Tengo una sorpresa para ti -susurró mientras ponía sus manos en mi cintura.
- ¿Ah sí? - fruncí mi ceño con incomprensión.
¿Qué podía tener como sorpresa una alucinación? La sola idea de que ella apareciese comenzaba a aterrarme y esperaba que no fuese eso pero por instinto me tensé automáticamente mientras mis ojos nerviosos no pudieron evitar mirar a mi alrededor.
Robert tomó de nuevo mi rostro entre sus manos e hizo que le mirase.
- ¿Qué ocurre? -musitó y después dejó un besito en la punta de mi nariz-. No te preocupes por nada. Mi sorpresa es que me quedaré contigo todo este día -dijo sonriendo.
No pude evitar sonreír al igual que él. Un día más completo conmigo sería como un sueño aunque obviamente sería muy doloroso cuando se fuese de mi lado para volver vete tú a saber cuando.
Me tumbé y me acurruqué en su pecho mientras él me protegía con cuidado entre sus brazos dejando un pequeño beso en mi frente.
Puse mi oído contra su corazón para escuchar sus latidos como tantas otras veces había hecho en el hospital cuando me había protegido de tantas cosas que me habían hecho temblar de miedo.
Sus brazos se estrecharon a mi alrededor mientras contemplaba el techo de mi habitación que nunca me había parecido tan hermoso como ahora.
Robert mientras tanto tenía sus labios contra mi frente sin querer dejar de besarla ni un solo momento. Podía sentir como sonreía de vez en cuando ya que sus labios se movían sobre mi piel.
- ¿Por qué sonríes? -susurré mientras acaricié con cuidado su pecho.
Cada segundo me maravilla más de que pudiese sentirlo tan real como si fuese material y no esa proyección de mi mente.
- Porque pensaba que jamás podría tenerte así conmigo de nuevo -musitó-. Cuando nos despedimos en el hospital supe que me odiabas y ahora volver a tenerte como antes es igual que vivir un sueño..
Sonreí feliz al escucharle decir eso ya que yo también lo había deseado más que otra cosa en mi vida. Me encantaba estar entre sus brazos porque me podía sentir segura como si nada malo pudiese pasarme mientras él estuviese conmigo aunque en otras ocasiones algo había conseguido atormentarme.
Dejé un pequeño besito en su pecho y recé porque no me volviese de esa manera adicta a mi propia locura.
Capítulo 69. Sorpresa
¿Por qué me preguntaba eso? No podía comprender que le llevaba a cuestionarme algo que de sobra sabía. Nada, no sentía absolutamente nada por Taylor porque estaba increíblemente enamorada del verdadero Robert.
- ¿Cómo me preguntas algo que ya sabes? - fruncí mi ceño mientras no podía evitar reír-. Estás increíblemente loco, ¿lo sabías?
Puse mis manos sobre su pecho y le hice tumbarse en la cama mientras las sábanas tapaban nuestros cuerpos. Me coloqué sobre él mientras le miraba sonriendo burlonamente.
- ¿No me diga señor Pattinson que ahora es un celoso incontrolable? -reí-. Recuerda que siempre te amaré pero eres solo una alucinación.
Él suspiró y asintió mientras tragaba saliva. Volvió a acariciar con suavidad mi mejilla. Permaneció callado y no dijo nada como queriendo esconder algo que yo debía saber pero que necesitaba ocultarme.
Suspiré y le besé con lentitud mientras sus labios se amoldaban a los míos. Me sentía tan bien besándole, era como volver a la vida; me encontraba como en el mismísimo cielo con cada una de sus caricias y cariños.
Me incorporé una vez terminó el beso y suspiré de felicidad contra sus labios mientras sonreía sin poder evitarlo.
- Tus labios son como mi droga -susurró Robert mientras ponía sus manos sobre mis mejillas.
Me sonrojé inevitablemente cuando escuché lo que él decía. Acaricié con lentitud su nariz con la punta de la mía.
- Y los tuyos para mí -musité.
- ¿Sabes? Tengo una sorpresa para ti -susurró mientras ponía sus manos en mi cintura.
- ¿Ah sí? - fruncí mi ceño con incomprensión.
¿Qué podía tener como sorpresa una alucinación? La sola idea de que ella apareciese comenzaba a aterrarme y esperaba que no fuese eso pero por instinto me tensé automáticamente mientras mis ojos nerviosos no pudieron evitar mirar a mi alrededor.
Robert tomó de nuevo mi rostro entre sus manos e hizo que le mirase.
- ¿Qué ocurre? -musitó y después dejó un besito en la punta de mi nariz-. No te preocupes por nada. Mi sorpresa es que me quedaré contigo todo este día -dijo sonriendo.
No pude evitar sonreír al igual que él. Un día más completo conmigo sería como un sueño aunque obviamente sería muy doloroso cuando se fuese de mi lado para volver vete tú a saber cuando.
Me tumbé y me acurruqué en su pecho mientras él me protegía con cuidado entre sus brazos dejando un pequeño beso en mi frente.
Puse mi oído contra su corazón para escuchar sus latidos como tantas otras veces había hecho en el hospital cuando me había protegido de tantas cosas que me habían hecho temblar de miedo.
Sus brazos se estrecharon a mi alrededor mientras contemplaba el techo de mi habitación que nunca me había parecido tan hermoso como ahora.
Robert mientras tanto tenía sus labios contra mi frente sin querer dejar de besarla ni un solo momento. Podía sentir como sonreía de vez en cuando ya que sus labios se movían sobre mi piel.
- ¿Por qué sonríes? -susurré mientras acaricié con cuidado su pecho.
Cada segundo me maravilla más de que pudiese sentirlo tan real como si fuese material y no esa proyección de mi mente.
- Porque pensaba que jamás podría tenerte así conmigo de nuevo -musitó-. Cuando nos despedimos en el hospital supe que me odiabas y ahora volver a tenerte como antes es igual que vivir un sueño..
Sonreí feliz al escucharle decir eso ya que yo también lo había deseado más que otra cosa en mi vida. Me encantaba estar entre sus brazos porque me podía sentir segura como si nada malo pudiese pasarme mientras él estuviese conmigo aunque en otras ocasiones algo había conseguido atormentarme.
Dejé un pequeño besito en su pecho y recé porque no me volviese de esa manera adicta a mi propia locura.
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