viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 2

Toc,toc,toc,toc… Habían pasado semanas desde aquel día en que su adiós fue más que definitivo. Me acurruqué entre las sábanas sin querer escuchar lo que parecían ser los nudillos de alguien tocando en la puerta. No estaba para nadie y lo había dejado perfectamente claro, por esa misma razón nadie, absolutamente nadie me había molestado durante todo este tiempo. ¿Por qué hoy tenía que ser diferente?
Toc, toc, toc.. Fruncí mi ceño molesto porque no dejasen ni se cansasen de tocar el timbre quien quiera que fuese que me estuviese castigando de aquella manera. No existía para nadie nunca más. Jamás saldría de entre las sábanas de aquella cama que sin ella parecía tan grande e imposible de llenar su vacío. Uno inmenso que dejó no solo en mi cama sino en toda mi vida. Ella princesa de un sueño olvidado por fin habló conmigo y ahora dejaría que mi vida terminase con su partida. Creí que era un ángel y puede que lo fuese pero las cosas hermosas de la vida si no sabes apreciarlas desaparecen por completo. De la misma forma que iluminan tu vida durante unos instantes consiguen dejarte sin nada más que un mísero sentimiento: el dolor.
 Toc, toc, toc, toc… Me levanté a regañadientes frunciendo con fuerza mi entrecejo. Caminé hacia la puerta y suspiré mientras lo hacía. Mis piernas me pesaban como si fuesen de plomo. Llegué al fin a la puerta y miré por la mirilla. No vi nada salvo una pequeña mancha del color de la carne. Puse mi frente contra la madera de la puerta y después suspiré dejando que de mis pulmones se escapase cada centímetro cúbico de aire.
Toc, toc, toc, toc…
- ¡Thomas se que estás ahí! ¡Abre de una vez! -gritó una voz femenina desde el otro lado.
 Por un instante soñé que era ella. Miré de nuevo por la mirilla y pude ver unos mechones de cabello rubios. Mi amada podría estar al otro lado y haberme devuelto la vida con tan solo una palabra. Sonreí. Necesitaba abrir la puerta para estrecharla entre mis brazos. Lo hice. Su figura femenina, dulce y ligera asomó entre sus manos. Aquellos eran sus ojos azules o.. no, no era ella.
 - Thomas -sonrió mi mejor amiga Laura.
 - Laura.. -suspiré.
Por un instante el dolor había desaparecido pero volvió con mucha más fuerza que antes.
 - Sé que no soy la chica que esperabas -hizo una mueca-, lo siento mucho.
La dejé pasar y ella me abrazó sin esperar que yo se lo pidiese. Necesitaba que ella estuviese a mi lado al igual que el amor de mi existencia.
- Pensaba que lo vuestro iba en serio -murmuró Laura.
 - Yo también lo pensaba pero se fue.. se fue para no volver más -sollocé intentando contener las lágrimas. A pesar de que había estado con ella mucho tiempo jamás me había abrazado de la misma manera que Laura lo hacía. Me acurrucaba entre sus brazos como si fuese un niño pequeño y me hacía sentir mejor siempre con su sonrisa. Noté como los extremos de mis labios se curvaron hacia arriba ligeramente mientras ponía mis brazos alrededor de aquella mujer que me ha cuidado como si fuese su hijo. Como si fuese lo único importante para ella.
- No te dejaré nunca… -susurró contra mi oído y acaricié su espalda lentamente.
Aquello era lo único que parecía paliar un poco el dolor que sentía en mi corazón por la perdida de la que fue y siempre, o al menos eso pensaba, sería mi vida.

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