Toc,toc,toc,toc…
Habían pasado semanas desde aquel día en que su adiós fue más que
definitivo. Me acurruqué entre las sábanas sin querer escuchar lo que
parecían ser los nudillos de alguien tocando en la puerta. No estaba
para nadie y lo había dejado perfectamente claro, por esa misma razón
nadie, absolutamente nadie me había molestado durante todo este tiempo.
¿Por qué hoy tenía que ser diferente?
Toc, toc, toc..
Fruncí mi ceño molesto porque no dejasen ni se cansasen de tocar el
timbre quien quiera que fuese que me estuviese castigando de aquella
manera. No existía para nadie nunca más. Jamás saldría de entre las
sábanas de aquella cama que sin ella parecía tan grande e imposible de
llenar su vacío. Uno inmenso que dejó no solo en mi cama sino en toda mi
vida. Ella princesa de un sueño olvidado por fin habló conmigo y ahora
dejaría que mi vida terminase con su partida.
Creí que era un ángel y puede que lo fuese pero las cosas hermosas de la
vida si no sabes apreciarlas desaparecen por completo. De la misma
forma que iluminan tu vida durante unos instantes consiguen dejarte sin
nada más que un mísero sentimiento: el dolor.
Toc, toc, toc, toc…
Me levanté a regañadientes frunciendo con fuerza mi entrecejo. Caminé
hacia la puerta y suspiré mientras lo hacía. Mis piernas me pesaban como
si fuesen de plomo.
Llegué al fin a la puerta y miré por la mirilla. No vi nada salvo una
pequeña mancha del color de la carne.
Puse mi frente contra la madera de la puerta y después suspiré dejando
que de mis pulmones se escapase cada centímetro cúbico de aire.
Toc, toc, toc, toc…
- ¡Thomas se que estás ahí! ¡Abre de una vez! -gritó una voz femenina
desde el otro lado.
Por un instante soñé que era ella. Miré de nuevo por la mirilla y pude
ver unos mechones de cabello rubios. Mi amada podría estar al otro lado y
haberme devuelto la vida con tan solo una palabra.
Sonreí. Necesitaba abrir la puerta para estrecharla entre mis brazos.
Lo hice. Su figura femenina, dulce y ligera asomó entre sus manos.
Aquellos eran sus ojos azules o.. no, no era ella.
- Thomas -sonrió mi mejor amiga Laura.
- Laura.. -suspiré.
Por un instante el dolor había desaparecido pero volvió con mucha más
fuerza que antes.
- Sé que no soy la chica que esperabas -hizo una mueca-, lo siento
mucho.
La dejé pasar y ella me abrazó sin esperar que yo se lo pidiese.
Necesitaba que ella estuviese a mi lado al igual que el amor de mi
existencia.
- Pensaba que lo vuestro iba en serio -murmuró Laura.
- Yo también lo pensaba pero se fue.. se fue para no volver más -sollocé
intentando contener las lágrimas.
A pesar de que había estado con ella mucho tiempo jamás me había
abrazado de la misma manera que Laura lo hacía. Me acurrucaba entre sus
brazos como si fuese un niño pequeño y me hacía sentir mejor siempre con
su sonrisa.
Noté como los extremos de mis labios se curvaron hacia arriba
ligeramente mientras ponía mis brazos alrededor de aquella mujer que me
ha cuidado como si fuese su hijo. Como si fuese lo único importante para
ella.
- No te dejaré nunca… -susurró contra mi oído y acaricié su espalda
lentamente.
Aquello era lo único que parecía paliar un poco el dolor que sentía en
mi corazón por la perdida de la que fue y siempre, o al menos eso
pensaba, sería mi vida.
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