viernes, 30 de noviembre de 2012

Idea

Su mirada recorría la oscuridad con rapidez pero le parecía estar contemplando siempre el mismo rectángulo negro delante de sus ojos. Sus pupilas estaban dilatadas como las de un gato acechante esperando el más mínimo movimiento de su presa para saltar sobre ella.
Intentó sentir sus dedos pero parecía que su propio cuerpo no respondía en absoluto las continuas órdenes que su cerebro le enviaba. Salvo por aquella profunda visión de la oscuridad no había nada más que pudiese indicarle que estaba bien ni tan siquiera como estaba. ¿Su cuerpo yacía? ¿Dormitaba? ¿Rodaba por el suelo?
Gritó pero no escuchó su voz. Ni tan siquiera en su mente. Hizo un esfuerzo más para expulsar el aire que tenía en sus pulmones por su garganta pero en vano. No sentía dolor en su garganta por el chillido ni tan siquiera un ligero sonido había llegado hasta ella.
¿Dónde podía estar? ¿Cómo podía ahora ser ciega, sorda y muda? Había perdido todos sus sentidos y la posibilidad de conocer su paradero cada vez era más nula.
Deseaba gritar, pedir auxilio pero no sabía ni tan siquiera si su voz le funcionaba o también le había abandonado como el resto de sus sentidos.
Se sentía como un juguete roto, un juguete al que había que buscarle piezas nuevas para que pudiese continuar funcionando pero parecía que la habían dejado así porque habían robado de su cuerpo sus pequeñas funciones vitales.
Quería abandonarse a la inconsciencia esperando que todo aquello fuese solamente un mal sueño, que no fuese real ni jamás nadie tuviese que padecerlo pues no había peor tortura que aquella pero… se equivocaba.

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