Su mirada recorría la oscuridad con rapidez pero le
parecía estar contemplando siempre el mismo rectángulo negro delante de
sus ojos. Sus pupilas estaban dilatadas como las de un gato acechante
esperando el más mínimo movimiento de su presa para saltar sobre ella.
Intentó sentir sus dedos pero parecía que su propio
cuerpo no respondía en absoluto las continuas órdenes que su cerebro le
enviaba. Salvo por aquella profunda visión de la oscuridad no había
nada más que pudiese indicarle que estaba bien ni tan siquiera como
estaba. ¿Su cuerpo yacía? ¿Dormitaba? ¿Rodaba por el suelo?
Gritó pero no escuchó su voz. Ni tan siquiera en su
mente. Hizo un esfuerzo más para expulsar el aire que tenía en sus
pulmones por su garganta pero en vano. No sentía dolor en su garganta
por el chillido ni tan siquiera un ligero sonido había llegado hasta
ella.
¿Dónde podía estar? ¿Cómo podía ahora ser ciega,
sorda y muda? Había perdido todos sus sentidos y la posibilidad de
conocer su paradero cada vez era más nula.
Deseaba gritar, pedir auxilio pero no sabía ni tan
siquiera si su voz le funcionaba o también le había abandonado como el
resto de sus sentidos.
Se sentía como un juguete roto, un juguete al que
había que buscarle piezas nuevas para que pudiese continuar funcionando
pero parecía que la habían dejado así porque habían robado de su cuerpo
sus pequeñas funciones vitales.
Quería abandonarse a la inconsciencia esperando que todo
aquello fuese solamente un mal sueño, que no fuese real ni jamás nadie
tuviese que padecerlo pues no había peor tortura que aquella pero… se
equivocaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.