Radley se separó de los labios de MarieLu mientras su mirada se
fijaba en ella. Aquella hermosa muchacha que había conseguido calmarle
tantas veces ahora permanecía quieta, sorprendida y con sus mejillas
completamente sonrojadas por lo que él había hecho.
- ¿Ves? Dos pueden besarse a pesar de que uno esté en shock -susurró Radley.
El corazón de MarieLu se disparó. Había tenido tanto tiempo que
ocultar cuantísimo deseaba ese beso y tan solo había sido para probar
una teoría. Frunció su ceño mientras abría sus ojos hasta encontrarse
con los azules que tantas noches le habían robado el sueño.
- Me acabas de robar un beso.
- Eso me temo -sonrió ladinamente Radley.
Pasó sus dedos por las mejillas aún sonrojadas de aquella tierna
princesa inocente que se había escapado de un cuento en el que él solo
podría aspirar a ser monstruo.
No podía evitar acordarse de los hermosos rasgos de Rose bajo sus
dedos y como ella podía hacerle enloquecer. ¿Por qué no podía estar él
con una mujer como ella? Sabía que en su vida no había amado a una mujer
de la manera que lo hacía con Rose y ahora debía explicarle a aquella
inocente chica todo lo que había pasado en su vida desde que la locura
había invadido su vida.
- Hay tanto que necesito contarte… No soy el hombre que piensas -susurró para después dejar un beso sobre la frente de MarieLu.
Ella calmó su respiración y bajó la mirada. Comprendía que aún debía
escuchar como se había enamorado o había caído en aquella extraña
situación en la que tras el dolor de la pérdida de su amor había
sucumbido a aceptar que su corazón pertenecía a aquel cáncer de la
sociedad.
- Cuéntame -respondió.
Radley volvió hasta el sofá en el que había estado sentado antes.
Arrugó su frente intentando recordar donde había dejado la historia
antes de hablar de aquella bruja morena.
Tras varios días de grabaciones, Rose y Radley habían estrechado
su vínculo. Permanecían juntos casi todo el día y no dejaban de reír.
Radley se había olvidado por completo de que ella iba a casarse pues en
su mente se había fraguado la idea de que Rose estaba tan perdidamente
enamorada de él como él de ella.
Radley no estaba desencaminado. Rose estaba confusa y sabía que
algo más estaba ocurriendo que una bonita amistad entre ambos. Las
atenciones de Radley eran tan dulces y sus dedos siempre conseguían
hacer que enrojeciese cuando la rozaban.
Se habían convertido en sus personajes. Amándose en secreto sin
pronunciar palabra alguna. Rose siempre acudía a despertarle a su
camerino haciéndole cosquillas o dejando tiernos besos en sus mejillas y
su nariz. Radley jamás había tenido mejores despertares que aquellos en
los que al abrir sus ojos podía ver el angelical rostro de la mujer que
había conquistado su corazón.
Un día mientras sonreían atendiéndose con simples caricias como
enamorados que no pueden dejar de observar a la persona con la que
sueñan despiertos, Radley entrelazó sus dedos con los de Rose y subió su
otra mano hasta la nuca de ella acercándole a él. Podía sentir el
aliento dulce de su amada contra sus labios y sin dudarlo ni un instante
más la besó, lenta y apasionadamente. Rose no pudo evitarlo y le
respondió el beso. ¿Qué estaban haciendo ambos? Aquel estúpido gesto
podía conseguir que dentro de poco ambos deseasen desaparecer de la vida
del otro cuando Rose tuviese que decir “sí, quiero” frente al altar.
Radley disfrutaba de los labios de aquella diosa rubia mientras
sus manos bajaban a la cadera de ella tumbándola sobre él. Rose se dejó
pero poco a poco su cuerpo comenzó a moverse. Tomó el rostro de su
amante entre sus manos y siguió besándole. Ninguno podía parar la pasión
incondicional de aquel beso delicioso en el que ya habían perdido la
consciencia.
Apoyando uno de sus brazos alrededor de la pequeña cintura de
Rose y el otro en su pierna, Radley se giró dejándola a ella sobre la
cama y comenzó a besar con más pasión y necesidad aquella seductora boca
que le había provocado desde que se habían curvado por primera vez en
un “hola”.
Rose enredó sus dedos entre los mechones del cabello de Radley
apretando más sus labios, ávida de su boca y de aquella nueva sensación
que estaba experimentando. Había querido eso desde hacía tanto tiempo
que se estaba asustando de los sentimientos ocultos que tenía por él.
Los dedos de Radley ascendieron por el muslo de Rose dejando
lentamente a la vista aquella suave piel. ¿Quién podía ser tan estúpido
de no desearle? Rose, tomando el bajo de la camiseta de Radley la fue
subiendo y al final se la quitó.
Se miraron un instante a los ojos y el beso volvió a hundirlos en
la locura. Los labios de Radley descendían por el cuello de Rose y ella
jadeante acariciaba la espalda de su amante.
El chico desabrochó el vestido de su hermosa amada dejando sus
senos a la vista. Bajó más sus labios hasta aquella aún más suave piel y
comenzó a recorrerlos a besos mientras Rose arqueaba con suavidad su
espalda.
Ambos estaban locos por el otro. La lujuria y el amor recorría
sus venas en un deseo de dar y recibir placer solamente del otro.
Radley desnudó la parte de abajo del cuerpo de su amor y
deslizando la tela del vestido por su cuerpo hasta que desapareció.
Contempló aquel cuerpo del pecado y ayudó a Rose para que él también se
quedara desnudo.
Sus bocas volvieron a fundirse en una desesperada lucha por hacer
entender al otro que no podían pensar en nada ni en nadie que no fuese
ese momento.
Olvidándose de las medidas de seguridad para evitar embarazos
Radley en cuanto sintió que su dulce Rose también lo deseaba se hundió
lentamente disfrutando de la sensación. Estaba al fin, haciéndole el
amor a la mujer con la que había soñado durante toda su vida.
Los gemidos invadieron el camerino mientras el ritmo de sus
movimientos aumentaba conforme lo hacía la necesidad por escuchar al
otro seguir gimiendo de placer por su amor, clandestino, loco, único y
prohibido.
- ¿Hiciste el amor con Rose? -preguntó MarieLu completamente boquiabierta.
- Y esa no fue la última vez… MarieLu, estaba tan enamorado de ella y ella me correspondía, sé que lo hacía.
- Pero, ella iba a casarse.
- Lo sé, lo sé… pero el mundo de la interpretación es tan difícil…
Hay una línea muy fina entre la fantasía y la realidad. Es en ocasiones
tan imposible impedir que tu personaje te controle y más cuando quieres
que así sea… La deseaba tanto. La amaba tanto. Solo quería que fuese
mía. Quería que no se casara con su prometido y ella, ella tampoco lo
deseaba, MarieLu. Por unos instantes no lo deseó. Ella me amaba a mí. Sé
que me amaba -explicó desesperado.
- Radley pero…
- ¡NO! Ella me amaba, MarieLu. Lo sé. También sé que aún lo hace y
que no está conmigo no porque no lo desee sino porque no podemos estar
juntos -bajó su mirada tragando en seco-, no después lo que la hice…
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