viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 3

Me desperté mientras los rayos del sol comenzaban a darme de lleno en mis ojos que gracias al cielo permanecían cerrados en esos momentos o me hubiese quedado completamente ciego.

Fruncí mi ceño y abriendo un solo ojo intenté levantarme de la cama.

No recordaba gran cosa de lo que había pasado porque la mayor parte del tiempo la pasaba pensando en ella. Emilie era lo único que me hacía sentir bien, vivo pero ahora junto a su nueva vida me había robado la mía como la vil ladrona que siempre pareció esconder entre sonrisas y caricias. Entre amor y compromiso cuando en realidad nunca pareció amarme.


Me revolví entre las sábanas y me encontré con unos hermosos ojos azules y un perfecta sonrisa.

- Buenos días, dormilón -dijo mientras dejó un pequeño beso en la punta de mi nariz.

- Buenos días.. -murmuré con la voz un como ronca-. ¿Qué haces aquí?

- Mmmm.. veamos.. -colocó su codo sobre la almohada y recostó su cabeza sobre su mano mientras se hacía la pensativa-. El señorito aquí presente comenzó a beber y cientos de botellines de cerveza terminaron vacíos mientas me contaba lo que había sucedido con esa horrible mujer que no debió aparecer en su vida. Entonces llegó a tal grado de embriaguez que ¿qué clase de amiga sería si me fuese de su casa cuando podía hacer cualquier cosa? -levantó una ceja sin dejar de sonreír mientras puso una mano sobre mi mejilla y la acarició lenta y suavemente.

Suspiré y me quedé mirándola. Ella siempre hacía que todo fuese tan pero tan sencillo. Que nada hasta el más increíble de los bochornos fuese avergonzante o doloroso todo era dulce, nada me atormentaba. Me sentía en paz.

Tenía una extraña sensación que no entendía. Levanté mi mano y acaricié su mandíbula con mucho cuidado.

Sentí su suave piel bajo las yemas de mis dedos mientras un escalofrío recorría su espalda. Su sonrisa no se borraba y me encantaba ver como se enmarcaba una hermosa dentadura entre aquellos preciosos labios con una increíble curvatura que invitaba a perderse en ellos.

¿Qué estaba pensando? Muchas veces había pensado de esa manera en ella pero siempre entendía que era lo natural siendo yo un hombre y ella una mujer. No quería pensar en ella de esa manera. Es una mujer preciosa pero no podía hacerle eso. Seguramente lo que sentía era deseos de olvidar a Emilie y por horrible instinto quería seguramente besarla.

Suspiré y me acerqué a su rostro. Ella me sonrió aún más y tomó mi rostro entre sus suaves manos. Cuando estuvimos muy cerca ella acarició con sus pulgares mis mejillas mientras yo miraba alternativamente su boca y sus ojos.

Depositó un pequeño besito en cada una de mis mejillas.

- Vamos a levantarnos ya, señorito gandul -sonrió y se levantó de la cama separándose por completo de mí.

Suspiré y moví mi cabeza de un lado al otro mientras ella me desprendía de entre las sábanas.

Me incorporé y me quedé sentado en la cama observando detenidamente como su figura se perdía en el pasillo después de cruzar la puerta de mi habitación.

Suspiré y me puse de pie. No tenía camiseta tan solo tenía pantalones y eso hizo que ligeramente me sonrojase por la idea de que Laura me hubiese visto sin camiseta. Aquello era extraño pero tenía que evitar sentir aquello que tan solo rompería la amistad ya que sería tan solo un beso para olvidar.

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