Me desperté mientras los rayos del sol comenzaban a darme de
lleno en mis ojos que gracias al cielo permanecían cerrados en esos
momentos o me hubiese quedado completamente ciego.
Fruncí mi ceño y abriendo un solo ojo intenté levantarme de la cama.
No
recordaba gran cosa de lo que había pasado porque la mayor parte del
tiempo la pasaba pensando en ella. Emilie era lo único que me hacía
sentir bien, vivo pero ahora junto a su nueva vida me había robado la
mía como la vil ladrona que siempre pareció esconder entre sonrisas y
caricias. Entre amor y compromiso cuando en realidad nunca pareció
amarme.
Me revolví entre las sábanas y me encontré con unos hermosos ojos azules y un perfecta sonrisa.
- Buenos días, dormilón -dijo mientras dejó un pequeño beso en la punta de mi nariz.
- Buenos días.. -murmuré con la voz un como ronca-. ¿Qué haces aquí?
-
Mmmm.. veamos.. -colocó su codo sobre la almohada y recostó su cabeza
sobre su mano mientras se hacía la pensativa-. El señorito aquí presente
comenzó a beber y cientos de botellines de cerveza terminaron vacíos
mientas me contaba lo que había sucedido con esa horrible mujer que no
debió aparecer en su vida. Entonces llegó a tal grado de embriaguez que
¿qué clase de amiga sería si me fuese de su casa cuando podía hacer
cualquier cosa? -levantó una ceja sin dejar de sonreír mientras puso una
mano sobre mi mejilla y la acarició lenta y suavemente.
Suspiré
y me quedé mirándola. Ella siempre hacía que todo fuese tan pero tan
sencillo. Que nada hasta el más increíble de los bochornos fuese
avergonzante o doloroso todo era dulce, nada me atormentaba. Me sentía
en paz.
Tenía una extraña sensación que no entendía. Levanté mi mano y acaricié su mandíbula con mucho cuidado.
Sentí
su suave piel bajo las yemas de mis dedos mientras un escalofrío
recorría su espalda. Su sonrisa no se borraba y me encantaba ver como se
enmarcaba una hermosa dentadura entre aquellos preciosos labios con una
increíble curvatura que invitaba a perderse en ellos.
¿Qué
estaba pensando? Muchas veces había pensado de esa manera en ella pero
siempre entendía que era lo natural siendo yo un hombre y ella una
mujer. No quería pensar en ella de esa manera. Es una mujer preciosa
pero no podía hacerle eso. Seguramente lo que sentía era deseos de
olvidar a Emilie y por horrible instinto quería seguramente besarla.
Suspiré
y me acerqué a su rostro. Ella me sonrió aún más y tomó mi rostro entre
sus suaves manos. Cuando estuvimos muy cerca ella acarició con sus
pulgares mis mejillas mientras yo miraba alternativamente su boca y sus
ojos.
Depositó un pequeño besito en cada una de mis mejillas.
- Vamos a levantarnos ya, señorito gandul -sonrió y se levantó de la cama separándose por completo de mí.
Suspiré y moví mi cabeza de un lado al otro mientras ella me desprendía de entre las sábanas.
Me
incorporé y me quedé sentado en la cama observando detenidamente como
su figura se perdía en el pasillo después de cruzar la puerta de mi
habitación.
Suspiré y me puse de pie. No tenía
camiseta tan solo tenía pantalones y eso hizo que ligeramente me
sonrojase por la idea de que Laura me hubiese visto sin camiseta.
Aquello era extraño pero tenía que evitar sentir aquello que tan solo
rompería la amistad ya que sería tan solo un beso para olvidar.
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