viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 2

Alzó suavemente las cejas mientras me observaba. Apreté mis manos contra la silla apoyando mi espalda en el respaldo de mi silla.
- ¿Necesitará un traductor? -preguntó uno de los hombres que había entrado con él.
Negué. Sabía que le entendería a pesar de que llevaba mucho tiempo sin hablarlo. No tenía problema a la hora de comprender cuando escuchaba una conversación en inglés, la dificultad se me presentaba a la hora de contestar.
Todos los allí presentes se miraron mientras que el joven que estaba frente a mí se quitaba las gafas y les decía que podían irse de la habitación. Me tensé de los pies a la cabeza pero no dejé que se notase en mi expresión.
La mujer rubia me observó durante unos instantes y después a su cliente. Suspiró resignada ante la insistencia de él y salió junto a los guardaespaldas de la sala.
Los ojos azules del chico se perdieron en el paisaje que se veía a través de la ventana. Su semblante cambió varias veces. Parecía no saber si sonreír o como comportarse en aquel momento.
¿Cuántas veces anteriormente había soñado con una situación similar? Si ese día no hubiese existido, ese día en el que descubrí cuan rastrero podía ser el mundo, quizá estaría suspirando por sus huesos.
Era demasiado delgado. Tal y como le recordaba. Pasó sus manos por su cabello y se giró hacia mi posición.
- ¿Puedo sentarme?
No sabía porqué escuchar su voz estaba consiguiendo mermar mi autocontrol. Mi ira solo deseaba escapar de mi interior con tantos gritos como me permitiese mi garganta.
Seguía mirándome, esperando una respuesta o al menos eso supuse y asentí con la cabeza sin permitirme decir una palabra para no decirle las verdades a la cara.
- ¿Sabes por qué te llamé?
Respiré profundamente e intenté recordar como contestarle lo que deseaba.
- En absoluto -dije al fin.
Puso sus gafas de sol sobre la mesa y después jugó con las patillas. Rodé los ojos y miré hacia otro lugar dejando que siguiese con sus juegos.
- Eso lo hará más difícil.
Sonó mi blackberry mientras fruncía el ceño ante su comentario y la saqué. Observé en la pantallita que era mi novio por lo que decidí contestarle.
“¿Sabes ya quién es, mi amor?”
Claro que lo sabía y seguro que él se sorprendería tantísimo como yo.
“Robert Pattinson, bebé” tecleé rápidamente.

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