Me deslicé entre las sombras contemplando su cuerpo sobre la cama.
Miraba con tristeza por la ventana y podía notar como su corazón se
aceleraba mientras recordaba el baile que habíamos compartido en el
lago. Helen, tan deseable e increíblemente hermosa miraba las estrellas
como si las contase, con admiración. ¿Cómo se podía amar a todo lo que
te rodeaba? Puede que se tratase algo solo comprensible entre las
personas que tienen tanto dinero y viven en un mundo paralelo desde que
son jóvenes.
Permanecí observando cada gesto. Su pecho se alzaba y bajaba al ritmo
de la respiración. Sus mejillas comenzaban a enrojecerse debido al
recuerdo de aquel baile que jamás olvidaría.
En ese momento abrieron la puerta. Me hundí más en mi escondite mientras Helen se incorporaba sobresaltada.
- ¡Mamá! -dijo en un grito ahogado.
Se bajó de la cama rápidamente y corrió a socorrer a la pobre mujer
que se tambaleaba mientras intentaba avanzar con paso más firme hasta la
cama de su hija. Agarró con fuerza pero de manera que no la lastimaba
pues prácticamente en su cuerpo al borde de la muerte quedaba la energía
suficiente para poder conseguir hacer daño a alguien.
- No deberías estar fuera de la cama -le reprende pero con un deje cariñoso y de preocupación mezclados.
- Tenía que hablar contigo, hija mía -murmura suavemente con una voz
que deja entender que esa mujer puede morir en cualquier momento.
- Mamá, podrías haber hablado con cualquiera de tus criados y que me hubiese llamado si tanta prisa corría.
- No puedo hacer eso. Tu padre se enteraría.
Helen ayudó a su madre a sentarse en uno de los confortables sofás en
los que habíamos charlado antes. Arropó a su progenitora y tomó su mano
mientras ambas se miraban a los ojos.
- Necesito que entiendas algo, querida. Eres la más vulnerable al
poder que ejerce tu padre en este reino y no quiero que salgas herida
-murmuró.
- Mamá, sé que no me lastimaría.
- ¡Oh, querida! No tengas tan claro lo que hará tu padre o no pero no
es la única persona que me preocupa que pueda acercarse a ti -su mirada
impactó en mí y después volvió a los ojos de su hija-. Necesito que te
pongas esto.
En ese momento sacó un collar con forma de lágrima. Por una razón que
no pude comprender los músculos de mi cuerpo se tensaron y de mi
garganta quería salir un gruñido pero le haría saber a las dos que
estaba allí aunque era más que obvio que la reina lo sabía a la
perfección. El collar comenzó a lanzar unas ondas a medida que se movía
entre los dedos de la mujer que hizo que me moviese a su ritmo.
Comenzaba a no poder escuchar y entonces un pitido tan horrible como
agudo me perforó los tímpanos llevándome a la locura. Apoyé mis manos en
mis oídos y salí corriendo de allí, intentando separarme del horrible
sonido que estaba consiguiendo que me volviese sordo.
¿Qué era eso? ¿Todo estaba producido por aquel collar? Pero si
parecía de lo más normal. Necesitaba salir de allí escapar del palacio
pero si lo hacía podían descubrir que no era un ser normal.
Debía buscar inmediatamente un refugio pero no conocía bien el
palacio. Me apoyé en la pared del pasillo. ¿Cómo podía ser cada vez más
potente el sonido de ese collar? Quería gritar pero si lo hacía
despertaría a todos los que estaban durmiendo. Mi miedo comenzaba a
apoderarse de mí. En aquellas circunstancias cualquiera que desease
atacarme podría hacerlo pues no tenía posibilidad alguna de defenderme
ante nada salvo que lo viese delante de mí.
Apreté mi mandíbula buscando algún lugar en el que no pudiese
escuchar semejante ruido. No podía pensar con claridad. Aplasté mis
orejas con mis manos para ver si de esa manera podía conseguir que el
sonido no taladrase mi cerebro.
¡La escalera! Grité en mi mente y salí corriendo tambaleándome por
los pasillos hasta que comencé a bajar los escalones. Parecía que el
ruido iba remitiendo y ahora no parecía estar a punto de explotarme la
cabeza. ¿Qué era ese collar? Sin duda una herramienta para que no
pudiese acercarme a Helen. ¡Oh, no! ¿Cómo conseguiría ahora llevar a
cabo mi plan? ¡Bruja metiche!
Deambulé por el pasillo de la planta en la que estaba y encontré una
habitación con la puerta entreabierta. Era una estancia enorme que
estaba a oscuras. Decidí recorrerla mientras intentaba escuchar la
conversación que tenían la reina y su hija ahora que el ruido tan agudo
había remitido. No podía escuchar nada. ¡Maldición! ¿Estaría sordo?
Esperaba que no.
Comencé a mirar aquel cuarto y fue entonces cuando me dí cuenta de lo
enorme que era. Las grandes estanterías estaban repletas de tomos de
cuantiosas novelas. Pasé mi dedo índice por unos cuantos de ellos hasta
que vi una lucecita en el fondo de la estancia.
Lentamente y en sigilo me acerqué a ella para comprobar con gran
sorpresa que la joven hermana de Helen, Leonor estaba absorta en su
lectura. Su cabello recorría sus mejillas mientras mordisqueaba su
pulgar siendo consciente de que no era observada. Estaba tan absorta en
su lectura que no se percató de mi presencia ni de que nadie más la
estuviese observando.
Pensé en toda la familia real y comprendí que allí había muchos más
secretos de los que ha simple vista parecía, sin ir más lejos el
heredero era un vampiro tan ávido de sangre como yo lo estaba. ¿Podría
él saber más de lo que significaba ser esa clase de criaturas de la
noche? ¿Podría haber más como nosotros? Desconocía como nos
convertíamos. Sabía poco lo escaso que había leído en un libro anticuado
que seguramente tenía que volver a leer. Ahora debía estudiar mi
naturaleza. ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Puede que mi
estúpida imaginación me hubiese llevado a pensar que era el único de mi
naturaleza que existía en ese lugar y como no debía enfrentarme a nadie
así no tendría que saber mis puntos débiles.
Bramé internamente. Era un orgulloso según muchas mujeres y lo estaba
descubriendo en ese lugar. Me asentí a mi mismo. Sabía que no era
tiempo de andarse con chiquitas. Tenía que saber qué podía estar
ocurriendo allí y cómo alguien podía saber todo lo que yo había hecho.
¿La reina sería una enemiga o solo protegía a su hija? Estaba claro que
la protegía pero yo quería tenerla conmigo, entre mis brazos y eso nadie
lo frustraría.
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