viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 7

La velada de negocios estaba transcurriendo tal y como había sido planeada. Thomas ni tan siquiera tuvo que abrir los labios para decirles que o aceptaban o podían quedarse sin todo el dinero que poseían.
La cena había sido divertida para todos e incluso habían bromeado con contratar a Lauren en lugar de las secretarias que tenían allí por su eficiencia. Thomas no había puesto reparo alguno pues en su mente aún tenía la puerta abierta de la verdad que acababa de descubrir. Estaba completamente loco.
Ahora, sentados entre las penumbras de un local de striptease carísimo, tomaban las últimas copas y sus orientales clientes intentaban convencer a alguna que otra joven de que pasase la noche en su compañía.
Las camareras sin sujetador tan solo con unas pezoneras puestas entregaban las copas mientras todos los hombres que allí estaban babeaban necesitados de un trozo de carne que llevarse a la boca.
Thomas permanecía absorto en el líquido ámbar de su vaso pensando en las posibilidades de lidiar con aquel problema. Si ahora veía constantemente a su mujer fallecida, sin duda llegaría un tiempo que no sabría diferenciar la realidad de la ficción o de lo que su mente estaba inventando. Debía buscar ayuda y explicarle a alguien lo sucedido pero lo más probable es que le obligasen a dejar de ver los vídeos de esa mujer tan dulce que había llenado su vida de luz para después llevársela con su muerte y dejándole completamente ciego.
Varios espectáculos se sucedían en los distintos escenarios. Las mujeres vestidas de las maneras más sugerentes movían sus atributos al ritmo de la música mientras se restregaban contra el frío metal de una de las barras situadas en medio del tablón donde eran admiradas por todos los borrachos que sacaban dólares de sus carteras para colocarlos en las diminutas tiras de sus tangas.
La música comenzaba a mezclarse en su cabeza y terminó por obligar al multimillonario a apartarse de sus pensamientos. Tomó otro trago de su whisky dejando que el ardiente líquido recorriese su garganta.
Una voz de hombre carraspeó por la megafonía del local. Estaba a punto de anunciar algún espectáculo importante para los clientes. Alguna otra jovencita que subiría para bailar de la manera más sensual que sabían pero que solamente conseguían endurecer las entrepiernas de los hombres cuando iban deshaciéndose de su ropa.
- Les pedimos a todos los clientes que guarden silencio. Tenemos una gran sorpresa para ustedes. Tras unas semanas de descanso nuestro número estrella ha vuelto con más fuerza que nunca. Recibamos con un fuerte aplauso a la encantadora: Susie.
Todas las luces se apagaron mientras los vítores de los hombres que ya conocían ese espectáculo comenzaban. Un solo foco iluminó la cortina de terciopelo al fondo del escenario y los gritos se hicieron desesperados entre los presentes.
Thomas alzó la mirada hasta el lugar donde la tela roja se deslizaba dejando ver a la mujer más increíblemente enloquecedora en la faz de la tierra.
Para él se paró el mundo. El cabello moreno de la joven era falso, sabía que debía ser una peluca por ese extraño brillo pero los ojos azules, con pestañas negras y tan infinitas como delirantes comenzaban a moverse de arriba abajo como el aleteo de un colibrí.
Su minúsculo cuerpo estaba cubierto con un vestido fucsia ajustado que se deslizaba por sus curvas como si estuviese hecho a su medida para enloquecer a todo hombres que osase observarle. La tela llegaba hasta medio muslo dejando ver esas piernas inmensamente largas y contorneadas. Su piel suave era rozada por la luz de aquel foco que ahora era el único envidiado en aquel lugar.
Sus pequeños pies estaban rodeados por tiras rosas que se entrelazaban en el tacón de al menos diez centímetros que la hacía tener una pose más recta realzando sus pechos y su exquisito trasero.
Allí estaba ella. Era una e inigualable. Sus ojos azules caminaron por todos los presentes y después se quedaron fijamente observando la barra metálica en el centro del escenario.
Thomas tragó en seco. Sabía que podía ser producto de sus delirios, de su locura pero no podía evitar quedarse embobado observando aquella imagen tan increíblemente provocadora. Era una diosa de la seducción nata y lo demostraba con el contoneo de sus caderas.
Alargó la mano con una perfecta manicura hasta la barra en la que otras mujeres, sus compañeras, habían deslizado sus cuerpos casi desnudos por ella. Sonrió coqueta y dio una vuelta por ella impulsándose con sus piernas que se doblaron por el frío metal sosteniendo su cuerpo en el aire. La tela del vestido ascendió por sus muslos pero sin mostrar más de lo necesario.
Thomas apretó la mano que tenía el vaso de licor entre sus dedos. Se sentía tan increíblemente excitado y desconcertado que no podía mover más músculos de su cuerpo que sus manos las que destrozarían de un momento el cristal si seguía exprimiéndolo contra su palma.
Las manos de la bailarina agarraron la barra con fuerza mientras abría las piernas y se quedaba suspendida en el aire en esa pose tan difícil.
Al multimillonario se le encogió el corazón esperado que no se cayese de cabeza en la madera del escenario.  Sus oídos se agudizaron mientras escuchaba los gritos obscenos de los hombres que estaban observando a esa mujer. Seguro que él le estaba poniendo la imagen de su amada esposa pero no era ella.
Desvió un segundo su mirada hacia el agente de seguridad que le observaba directamente con el rostro desencajado por la sorpresa. Era igual que si hubiese visto a un fantasma. Espera, entonces…
Thomas alzó su mirada de nuevo hasta la mujer que estaba en ese momento bailando. Eloise, era ella.
Los celos invadieron cada partícula de su cuerpo mientras que ella seguía contoneándose alrededor de la barra al ritmo de la música.
Un hombre subió al escenario tomándola de la cintura y fue en ese momento cuando Thomas se levantó. Caminó a grandes zancadas y estampó su puño contra la mandíbula del hombre que estaba tocando a su esposa.
Encolerizado y loco de ira observó los ojos azules de la joven que le miraba como si fuese un completo y loco desconocido.
Se creó un gran revuelo mientras ellos seguían con la mirada fija en el otro. Algunos hombres tan sedientos de aquella lujuriosa joven la agarraron de la cintura y se la llevaron corriendo mientras que otros agarraban a Thomas de los brazos comenzando a pegarle tantos puñetazos como puños tenían.
La seguridad del multimillonario se acercó y con unas cuantas llaves dejaron libre a su jefe que sin pensarlo ni un solo segundo salió corriendo en busca de su esposa.
Eloise, la había vuelto a encontrar después de haberla perdido en los brazos de la única separación posible, la muerte.
Los gorilas del lugar intentaron pegarle pero Thomas se agachó antes de que lo lograran. Salió por la puerta principal notando como una de sus costillas debía estar fracturada pero hizo caso omiso al dolor. Ella era la única que importaba en ese momento.
- ¡Señor!
Thomas se giró para ver como Hellman llegaba hasta él con un pequeño corte en la ceja y con pistola en mano.
- ¿Dónde está? -preguntó desesperado mientras Hellman se encogía de hombros.
Se concentró pensando en algún lugar donde podrían haberse llevado a esa dulce mujer que había terminado en el lugar menos idóneo para ella. Podía notar como su corazón se volvía a desgarrar y la sola idea de la que hiciesen daño le estaba matando.
- ¡NO! ¡DEJADME! -gritó aquella voz entre llantos.
Era ella. Hellman y su jefe corrieron en dirección al callejón sin salida que había por la puerta trasera de edificio. Cuando llegaron allí pudo ver la imagen más devastadora que podía haber imaginado.
Eloise estaba inmovilizada en el suelo con el vestido roto por el escote mostrando su sujetador rosa de encaje y sobre ella un hombre que babeaba intentando besarle pero que solo conseguía deslizar sus labios por el inmaculado cuello de su amada.
La ira se apoderó de la locura de Thomas y pegó una patada con todas sus fuerzas al hombre que la intentaba obligar. A ella no, a ella no. Agarró el pelo de ese sinvergüenza y estampó su cabeza contra la pared mientras un gruñido de coraje escapaba de su garganta. El hombre intentó defenderse mientras que Thomas solo pensaba en matarle. Había tocado e intentado abusar de su mujer. Ella no era ninguna puta y no le consentiría a nadie rozar de nuevo la piel que él tanto había necesitado. No podía pensar. Ya no. Sus puños se hundieron una y otra vez en el estómago del borracho mientras que él comenzaba a escupir sangre. Le había roto algunos dientes pero no le importaba, no era suficiente para él.
- ¡Señor, pare! -le agarró Hellman de los brazos.
- ¡Suéltame! -gritó encolerizado.
- ¡Cálmese o le matará!
- ¡Eso quiero!
Luchó contra la prisión que tenía pero Hellman estaba mucho más preparado que él para inmovilizar y evitar que hiciese algún otro movimiento. Resignado no volvió a intentar escapar de su agarre pero mirando fijamente al hombre que tenía a sus pies escupiendo aún sangre supo que debía amenazarle.
- Como vuelvas a acercarte a ella, te mato. ¿Me oyes? ¡Te mato!
El borracho se fue gateando y fue cuando Thomas miró a la joven que estaba tumbada cerca de la otra pared del callejón donde lloraba y se quitaba la melena morena que ocultaba sus cabellos rubios. Intentaba taparse sin éxito pues su vestido estaba completamente destrozado.
Con una sola mirada Hellman soltó a su jefe y éste se quitó la chaqueta del traje. Caminó hasta su sueño hecho realidad que seguía llorando sin saber cómo actuar. Se inclinó sobre ella dejando la chaqueta sobre sus finos hombros y acurrucándola en ella. Tras ello deslizó sus manos por la cintura minúscula y la atrajo a su cuerpo apretándole a él.
- Eloise… -susurró escondiendo su rostro entre sus cabellos.
Ella quieta sin saber cómo actuar o como responder a esa muestra de cariño de un completo desconocido, pero que le había salvado de una violación segura, se sorprendió al escuchar como la llamaba. ¿Por qué había pronunciado ese nombre? Ella no se llamaba así. Alzó sus hinchados ojos azules  hasta encontrarse con los de él y negó.
- Me llamo Jeanne -murmuró con un hilo de voz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.