Capítulo 1. El triste
despertar
Bella ha muerto. Esa era la frase que resonaba en la mente de todos los
presentes a su entierro. Odiaba que me recordasen la pura realidad. Mi amor, mi
único y verdadero amor había muerto sin que yo pudiese evitarlo.
Permanecía sentado en el sofá del salón sin hacer ni un solo movimiento. Realmente debía parecer un verdadero muerto pero no me importaba nada. No dejaba de intentar comprender el porqué de su muerte. Miraba mi alianza. Sabía que ella había roto conmigo hacía semanas pero aún hasta el último segundo nos habíamos besado y demostrado nuestro amor. Ella solamente necesitaba tiempo pero pensé que después de cometer el error de aceptar a ese estúpido, ya que no podía llamarle de otra manera volvería conmigo. Al fin y al cabo ella tenía toda la eternidad para arrepentirse. En ese momento me encantó haberla convertido, que fuese inmortal como yo ya que así ella podía volver de nuevo a mis brazos aunque fuese un siglo después. Eso al menos si podría soportarlo.
Gruñí internamente frustrado por no poder llevar. El dolor de mi pecho estaba creciendo al recordar que Bella, mi Bella había muerto en esas circunstancias tan terribles. Me levanté del sofá rápidamente y pasé entre todos los que se quedaban charlando en la entrada de mi casa. No quería escuchar más pensamientos y menos de gente ridículamente absurda que no habían llegado a comprender lo hermosa que Bella era en todos los aspectos.
Bajé las escaleras pero un brazo me detuvo y luego otros dos brazos me rodearon sin que el primer brazo me soltase.
- Edward, no puedes irte – me susurró con la calidez que fue capaz la voz de mi padre Carlisle.
- Hijo, tienes que quedarte aunque duela – susurró la delicada voz de Esme.
Les miré fijamente a los dos y solamente pude hacer eso nada más. Las palabras no salían de mi boca, se quedaban encerradas en mi garganta sin darme ni una sola posibilidad de desahogarme. Entonces escuché los pensamientos que menos deseaba escuchar. Los ladridos de aquel maldito perro.
Mi frustración y mi dolor se convirtieron en ira. Ira porque por su culpa el amor de mi “vida” había muerto. Gruñí en mi fuero interno y en segundos todos los lobos junto con toda mi familia se interpusieron entre nosotros. Solamente deseaba matarle, era más rápido que ninguno y podría hacerlo sin ningún problema aprovechando que podía leer su mente y saber sus movimientos. La única de mi familia que no estaba entre nosotros era Alice lo que a cualquiera podía parecerle extraño ya que ella no deseaba nunca peleas.
Leí su mente rápidamente. No me hizo falta porque ella lo dijo en voz alta.
- Mátale, no te cohíbas. Le deseo muerto por matar a mi hermanita –dijo gruñendo- Además yo te ayudaré.
Noté como todos los lobos se pusieron a temblar, no me importaba. Tenía mis ojos fijos en un solo chucho al que debía haber matado hacía mucho tiempo ya la primera vez que se interpuso entre mi vida y yo.
Le miré fijamente y noté como en sus ojos había puro sufrimiento mezclado con ira. ¿Sufrimiento? Él había matado a lo más hermoso del mundo. No debía ser sufrimiento sino puros remordimientos. Sí debían ser remordimientos de conciencia por no haber hecho lo correcto.
Leí su mente aún sin quererlo y tenía en sus pensamientos muchos recuerdos en los que aparecía Bella feliz. Bella, mi Bella. El dolor de mi pecho fue aún más fuerte y gruñí sonoramente, odiaba no volver a verla. Necesitaba verla, necesitaba su olor, su tacto, su voz la necesitaba por completo y él me la había arrebatado.
No me lo pensé más, sabía que no debía pero contaba con la ayuda de Alice y corrí lo más rápido que fui capaz, cogí a aquel odioso perro del cuello y le empotré contra un árbol casi rompiéndolo por el impacto. Gruñí con toda mi ira y pude hablar por primera vez desde que me dijeron la noticia.
- Murió por tu culpa, no sé que haces aquí – dije con la voz ronca.
- Déjame chupasangre – dijo escupiendo desprecio por su tono.
- No lo haré. Si es necesario te mataré porque es lo único que te mereces –me apresuré sin pensarlo a responderle.
- Hazlo, seguramente sería mucho mejor que este infierno sin su presencia – masculló con tristeza.
Le miré sin comprender. ¿Cómo podía decir eso? Él era el causante de todo eso, si la hubiese elegido a ella y no sus estúpidos impulsos lobunos que no servían para nada. La odiosa imprimación había sido la culpable de todo eso. Yo sabía que realmente amaba a Bella, más que a nada. Dios sabe que por mucho que me doliese tenía que admitirlo pero el muy estúpido se había dejado llevar por la ceguera de la estúpida imprimación. Quería matarle pero él tenía toda la razón, tenía que sufrir el resto de su vida sin su presencia como me tocaba sufrir a mí. Golpeé el árbol rompiéndolo y me fui de su lado para llegar a mi anterior posición.
La manada pareció tranquilizarse al volver a mi lugar. No podía evitar
fulminar con la mirada a Jacob. Le odiaba con todas mis fuerzas, mucho más de
lo que podía haberle odiado en algún momento de la vida de Bella. Bella, mi
Bella. Su recuerdo hacía que mi dolor fuese más intenso.
Vi en la mente de Jacob como pensaba en ella, como recordaba todos los momentos felices que había pasado con en su compañía.
Apreté mi mandíbula pero no me preocupé por lo que le hacía sentir sino que me centré en la imagen de ella. La reproducción de mi hermosa Bella. Su precioso y perfecto rostro sonriente. Me concentré en como arrugaba la nariz cuando reía. Era tan dulce, tan buena.. tan pura. Vi sus hermosos ojos color chocolate, hacía tanto que no tenía ya esos ojos. Aquellos ojos que tanto amaba habían sido como el espejo de su alma al no poder leerle la mente.
Noté un pinchazo en mi frío y gélido corazón. No me importaba seguí centrándome en los pensamientos de aquel perro, quería seguir viéndola. Necesitaba seguir viendo a mi Bella.
Me centré de nuevo en ella, su pálida piel que hacía visible rápidamente el rubor de sus mejillas. Aquello incluso debía agradecérselo a ese malnacido perro. Solté una leve carcajada viendo como en uno de sus recuerdos Bella le daba una cachetada.
Noté que los ojos del perro se posaban en mi al reírme. Sabía que le estaba leyendo la mente y jugó sucio. Cambió radicalmente sus pensamientos, les vi besarse, como se acariciaban mutuamente y como comenzaban a hacer el amor.
Gruñí en mi interior. Le odiaba, después de tenerla la había hecho eso. Me puse en posición de ataque pero dos duros brazos me pararon.
-Edward, tranquilízate. No es ni el momento ni el lugar aunque yo te ayudaría a matarlo sin ningún problema pero hazlo por el recuerdo de Bells -dijo Emmett furioso al tener que contenerse ya que leí en su mente que quería matarle tanto como yo.
- Edward, métete dentro. Renée quiere hablar contigo -me susurró Alice.
Me solté de los brazos de Emmett, me giré después de fulminar a Jacob con la mirada y entré en la casa para hablar con Renée.
La busqué entre la gente intentando dejar de leer la mente de todos los allí presentes, ya eran dolorosos solamente mis recuerdos y no podría con los de los demás o gritaría de puro e intenso dolor.
Encontré a Renée sin mucho esfuerzo. La abracé como ella me pidió con un solo gesto y no se dio cuenta de lo frío que era mi cuerpo.
- Edward- susurró con su voz quebrada por el llanto- quiero que hablemos de Bella.
Me tensé sabía de lo que tenía que hablar ahora. Aquello que me dolía más que nada que Bella me hubiese dejado por aquel maldito perro.
Llevé a Renee hasta otra habitación en la que estuviésemos ella y yo
solos. Aquella situación me estaba matando y más ese día. No quería tener que
urgar en la herida pero parecía inevitable. Entramos en la cocina y vi como la
mujer parecía aún más frágil que cualquier humano normal. La muerte de su hija
la estaba destrozando tal y como pude leer en su mente. Intenté respirar hondo
para tranquilizarme ya que uno de los dos debía ser fuerte.
Sabía que yo no podía llorar y no podía desahogarme de manera alguna lo cual aumentaba mis deseos de muerte para irme con mi amada por no poder expresar mi intenso y agonizante dolor. Si hubiese sido humano no hubiese dejado de llorar hasta prácticamente deshidratarme y aún así hubiese continuado llorando si era preciso, sangre.
Intenté poner mi mente en blanco aunque parecía realmente imposible y mucho más que otras veces. Todas las personas que estaba cerca pensaban en Bella y quería escuchar cada uno de sus pensamientos para sentirla como si estuviese viva pero al mismo tiempo no lo deseaba. Mi mente estaba tan confusa que me sorprendía que aún supiese quien era.
En ese instante Renee se apoyó en el fregadero dándose la vuelta. Suspiré, quizá así sería algo más fácil contarle todo lo que había pasado sin ver su expresión, observando su espalda. De esta manera ni un solo rasgo podría recordarme a su hija.
- ¿Qué pasó con Bella, Edward? -susurró casi sin fuerzas.
La miré fijamente. Renee nunca había sido una persona que se fuese mucho por las ramas, es más siempre hacía todas las preguntas directas pero al leer su mente pensé que seguramente tardaría más en hacerme esa pregunta.
- Renee -suspiré- Bella, Bella decidió dejarme - noté como el dolor de mi pecho aumentó al decir aquellas horribles palabras.
Renee no se giró. Aún permanecía mirando el fregadero como si allí fuese a encontrar las respuestas a las múltiples preguntas que tenía sobre su hija.
- ¿Lo hizo por alguna razón? -susurró de nuevo.
Fruncí el ceño. Tenía que admitir la verdad. Si había perdido a Bella había sido solamente por mi culpa. Miré la espalda de Renee y respiré hondo.
- Fue por mi culpa Renee -suspiré- Estuve desaparecido mucho tiempo, la dejé sola y.. ese tiempo estuvo Jacob -gruñí en mi fuero interno.
- Así que volvió a pasar algo parecido a lo que pasó cuando estabais en el instituto – afirmó.
- Sí, al menos ella lo tomó así – asentí.
Renee se giró con gran dolor en sus ojos. Me miraba con una mezcla de sentimientos pero reinaba el dolor sobre todos ellos. Respiró hondo antes de decirme algo.
- ¿Entiendes que Bella solamente se obligó a amar a alguien que siempre estaba allí? – me preguntó levantando una ceja.
La miré estupefacto. Jamás había pensado que eso fuese la verdad. Jamás pude imaginar que podía haber pasado algo así por la mente de Bella, de mi Bella pero ella tenía una mente muy complicada.
Renee suspiró de nuevo y me miró fijamente. Se acercó a mí pero no me tocó.
- Hablé con Bella. Hace dos días. Me dijo todo lo que pasaba por su mente. Solamente quería poder rehacer su vida contigo pero sabía que Jacob la amaba de alguna manera y ya era demasiado tarde como para quitarle de su cabeza aquel sentimiento que se había impuesto –susurró para que solamente yo lo escuchase.
La miré aún más soprendido.Miré sus ojos y leí su mente para saber si me decía la verdad. Vi aquel recuerdo completamente nítido.
<<Bella estaba sentada en el sofá de la casa de Jacksonville. Miraba a su madre deseosa de contarle algo. Se llevó una mano a su pecho por la angustia que parecía sentir.
Aquel gesto aumentó la angustia en mí. No entendía como no me había dado cuenta que no era feliz con aquel maldito perro. Seguí mirando el recuerdo para poder comprender todo.
Frunció su ceño mirando sus manos y se debatió unos instantes si contárselo o no.
- Bella, mi vida -dijo Renee con un tono muy suave- algo te pasa, cuéntame lo que sea.
Bella asintió. Miró con los ojos confusos a su madre. Ocultaba cientos de emociones diferentes.
- Mamá, tengo que serte completamente sincera -suspiró- Jacob me pidió matrimonio y si hubiese sido completamente feliz, le hubiese dicho que sí pero no fui capaz.
- ¿Qué Jacob te pidió matrimonio? -dijo Renee estupefacta.
Aquella palabra me hizo enfurecer. Aquel odioso perro le había pedido matrimonio. ¡Matrimonio! ¿Acaso ese malnacido sabía lo que significaba casarse con la mujer más hermosa, dulce y buena.. en definitiva casarse con Bella, con mi Bella? Gruñí en mi interior y busqué rápidamente con la mirada a Jacob. Le odiaba aún más. No podía creer que teniendo absolutamente todo hubiese hecho aquello.
Sabía que yo no podía llorar y no podía desahogarme de manera alguna lo cual aumentaba mis deseos de muerte para irme con mi amada por no poder expresar mi intenso y agonizante dolor. Si hubiese sido humano no hubiese dejado de llorar hasta prácticamente deshidratarme y aún así hubiese continuado llorando si era preciso, sangre.
Intenté poner mi mente en blanco aunque parecía realmente imposible y mucho más que otras veces. Todas las personas que estaba cerca pensaban en Bella y quería escuchar cada uno de sus pensamientos para sentirla como si estuviese viva pero al mismo tiempo no lo deseaba. Mi mente estaba tan confusa que me sorprendía que aún supiese quien era.
En ese instante Renee se apoyó en el fregadero dándose la vuelta. Suspiré, quizá así sería algo más fácil contarle todo lo que había pasado sin ver su expresión, observando su espalda. De esta manera ni un solo rasgo podría recordarme a su hija.
- ¿Qué pasó con Bella, Edward? -susurró casi sin fuerzas.
La miré fijamente. Renee nunca había sido una persona que se fuese mucho por las ramas, es más siempre hacía todas las preguntas directas pero al leer su mente pensé que seguramente tardaría más en hacerme esa pregunta.
- Renee -suspiré- Bella, Bella decidió dejarme - noté como el dolor de mi pecho aumentó al decir aquellas horribles palabras.
Renee no se giró. Aún permanecía mirando el fregadero como si allí fuese a encontrar las respuestas a las múltiples preguntas que tenía sobre su hija.
- ¿Lo hizo por alguna razón? -susurró de nuevo.
Fruncí el ceño. Tenía que admitir la verdad. Si había perdido a Bella había sido solamente por mi culpa. Miré la espalda de Renee y respiré hondo.
- Fue por mi culpa Renee -suspiré- Estuve desaparecido mucho tiempo, la dejé sola y.. ese tiempo estuvo Jacob -gruñí en mi fuero interno.
- Así que volvió a pasar algo parecido a lo que pasó cuando estabais en el instituto – afirmó.
- Sí, al menos ella lo tomó así – asentí.
Renee se giró con gran dolor en sus ojos. Me miraba con una mezcla de sentimientos pero reinaba el dolor sobre todos ellos. Respiró hondo antes de decirme algo.
- ¿Entiendes que Bella solamente se obligó a amar a alguien que siempre estaba allí? – me preguntó levantando una ceja.
La miré estupefacto. Jamás había pensado que eso fuese la verdad. Jamás pude imaginar que podía haber pasado algo así por la mente de Bella, de mi Bella pero ella tenía una mente muy complicada.
Renee suspiró de nuevo y me miró fijamente. Se acercó a mí pero no me tocó.
- Hablé con Bella. Hace dos días. Me dijo todo lo que pasaba por su mente. Solamente quería poder rehacer su vida contigo pero sabía que Jacob la amaba de alguna manera y ya era demasiado tarde como para quitarle de su cabeza aquel sentimiento que se había impuesto –susurró para que solamente yo lo escuchase.
La miré aún más soprendido.Miré sus ojos y leí su mente para saber si me decía la verdad. Vi aquel recuerdo completamente nítido.
<<Bella estaba sentada en el sofá de la casa de Jacksonville. Miraba a su madre deseosa de contarle algo. Se llevó una mano a su pecho por la angustia que parecía sentir.
Aquel gesto aumentó la angustia en mí. No entendía como no me había dado cuenta que no era feliz con aquel maldito perro. Seguí mirando el recuerdo para poder comprender todo.
Frunció su ceño mirando sus manos y se debatió unos instantes si contárselo o no.
- Bella, mi vida -dijo Renee con un tono muy suave- algo te pasa, cuéntame lo que sea.
Bella asintió. Miró con los ojos confusos a su madre. Ocultaba cientos de emociones diferentes.
- Mamá, tengo que serte completamente sincera -suspiró- Jacob me pidió matrimonio y si hubiese sido completamente feliz, le hubiese dicho que sí pero no fui capaz.
- ¿Qué Jacob te pidió matrimonio? -dijo Renee estupefacta.
Aquella palabra me hizo enfurecer. Aquel odioso perro le había pedido matrimonio. ¡Matrimonio! ¿Acaso ese malnacido sabía lo que significaba casarse con la mujer más hermosa, dulce y buena.. en definitiva casarse con Bella, con mi Bella? Gruñí en mi interior y busqué rápidamente con la mirada a Jacob. Le odiaba aún más. No podía creer que teniendo absolutamente todo hubiese hecho aquello.
Quise moverme para matarle pero algo me retuvo. Una cálida mano en mi brazo y un nuevo recuerdo que supe que Alice lo pensaba con fuerza para que llegase a mí.
Sollocé y hubiese llorado pero.. no podía hacerlo. Era el recuerdo más hermoso, ella llegando a mi lado el día de nuestra boda.
Aquel recuerdo era tan maravilloso. Bella, mi Bella. Sonreí internamente
recordando mientras sentía una punzada en mi pecho. No quise hacer caso a la
punzada solamente me centré en el recuerdo tan maravilloso que Alice me estaba
regalando. Le agradecería más tarde que me hubiese quitado la idea de matar a
Jacob delante de todos.
Cerré los ojos para no ver nada más que ese inolvidable recuerdo. Era como ver a Bella delante de mí. Me había costado tantísimo que me dijese que sí. Estuvo tan reacia desde un principio a la idea de casarnos pero el día que accedió fue el más feliz de mi vida.
Volví a centrarme en esos ojos marrón chocolate que tanto me gustaban. Bella, mi Bella estaba realmente hermosa ese día, bueno era hermosa pero ese día brillaba aún más si eso era posible.
Con mis ojos cerrados levanté una mano como hice ese mismo día para acariciar su mejilla. No noté nada pero mi imaginación si lo hizo. El suave tacto de su piel en la mía. La calidez de ella calentando mi fría y dura piel.
El recuerdo de Alice se volvió aún más hermoso cuando Bella me sonrió. Sus hermosas facciones tan dulces y maravillosas para mí se iluminaban con aquella increíble y mágica sonrisa que hacía que mi duro y frío corazón latiese de nuevo.
Suspiré. No podía ver más ese recuerdo. Si lo hacía gritaría de dolor al tener que abrir de nuevo mis ojos.
Miré a Alice y le sonreí levemente. Susurré un apenas audible gracias y volví donde estaba Renee que aún me esperaba.
Me abrazó de nuevo y me miró fijamente. Siguió pensando en su recuerdo. Parecía que sabía lo que yo podía hacer.
Bella se levantó de su asiento y se dirigió a la ventana con expresión de suma tristeza. Se veía tan frágil.. Sabía que era vampiro pero parecía que por un segundo volvía a ser humana, la humana más frágil de todas.
- Mamá, lo único que deseo todas las noches es volver a ver a Edward luchar por mí. Si no hubiese tirado la toalla de esa manera... Cuando le dije lo de Jacob, que le escogía a él no hizo nada. Simplemente asintió y me besó la frente. No hizo nada más, ni siquiera pareció molestarle –asintió con dolor.
Renee se levantó y abrazó a su hija. Bella comenzó a sollozar en el hombro de su madre.
- Mi vida.. seguramente él pensó que sería lo correcto. Que si ya no le amabas debía dejarte ir –susurró en su oído.
No quise leer más. Era el hombre más estúpido del mundo. Bella aún me amaba y yo fui tan idiota de dejarla ir. Gruñí internamente enfadado conmigo mismo. Era cierto, cada vez que nos habíamos besado sin planearlo y habíamos estado juntos sin decidirlo simplemente había surgido en el momento era porque ella lo deseaba tanto como yo.
Cada te amo que me había dicho en momentos en los que yo pensaba que lo decía imaginando a aquel chucho resulta que era completamente cierto.
Una punzada de dolor abrió de nuevo la herida. El culpable de la muerte de mi Bella no había sido otro nada más que yo. Todo había sido culpa mía.
Me giré sobre mi mismo y noté como Alice me abrazaba.
- Hermanito, tranquilo. No pienses lo que sé que estás pensando - me susurró muy bajo solo audible para mí- Vi lo que te enseñaba y tu reacción. No hagas lo que piensas por favor.
Le miré fijamente. Tenía los ojos brillantes del dolor y leí su mente. Edward por favor no te mates La miré sorprendido. Por un segundo no había pensado en lo que podía hacer después de ese día. La palabra muerte no había pasado por mi cabeza y solamente por mi hija. Ella aún me necesitaba porque sufría muchísimo por todo lo que había pasado con su madre. Miré mis manos y asentí sin mirar a Alice.
- No lo haré- susurré solamente para ella y el abrazo de mi hermanita fue más fuerte.
Miré por la ventana. Si en algún momento pensaba en la muerte, Alice lo
vería en seguida. Suspiré y dejé que todos los pensamientos que había reprimido
comenzasen a tomar forma en mi mente. Cerré los ojos. Miles de imagen de la
mujer más hermosa de todas me inundaban. Sonreí aquello era como estar en el
paraíso. Mi imaginación me ayudó a sentirla a mi lado. Me concentré en uno de
los recuerdos en los que ella se acercaba a mí y me acariciaba el rostro.
Sentí de repente una cálida brisa, pensé que alguien había abierto la ventana pero no me centré en eso. Imaginé que la brisa eran sus cálidas manos. Cuando era humana me acariciaba de esa manera dando calor a mi fría piel.
Sentí de repente una cálida brisa, pensé que alguien había abierto la ventana pero no me centré en eso. Imaginé que la brisa eran sus cálidas manos. Cuando era humana me acariciaba de esa manera dando calor a mi fría piel.
La sonrisa de mi rostro fue aún mayor. Mi Bella, solamente mía de nadie más. En los pensamientos de todos noté como se fijaban en mí pero aquel pensamiento en el que me había concentrado seguía por mi mente. Aquel pensamiento era de alguno de mis hermanos estaba completamente seguro. Respiré hondo y me di la vuelta. Todos me miraban.
Me concentré en ver quien estaba recordando y descubrí que Esme mi querida madre se había sentado en las escaleras e imaginaba aquel dulce recuerdo sin que nadie pudiese interrumpirla.
Me acerqué rápidamente a ella a velocidad humana y me senté a su lado dándole un beso en la mejilla.
- Gracias -le susurré.
Levantó la mirada con una sonrisa. Me miró con ojos tristes al igual que los míos y me abrazó.
- Edward, hijo, sé lo que estás pasando pero no hagas nada loco, por favor – musitó con un hilo de voz.
Asentí pero no pude prometerle que no haría nada. Suspiré y miré a todos los presentes. Una odiosa voz estaba chillando en su mente.
Se que me oyes chupasangre. Quiero que hablemos tú y yo solos ahora mismo. Tenemos cosas que aclarar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.