viernes, 30 de noviembre de 2012

Mi camino hasta ti (Segunda temporada primera parte)



Mi camino hasta ti
Capítulo 51. Comenzar entre penumbras


Allí estaba. De nuevo estaba en mi habitación en la que tantas cosas había vivido. Suspiré y miré a mi alrededor. Ahí aún estaba el radiocasete que me habían regalado un año por navidad. 

Tenía curiosidad por darle al play para ver cual era la última canción que había escuchado antes de desaparecer por semanas de mi habitat natural, mi cuarto, mi mundo, mi vida. 

Di al botón y entonces comenzó a sonar una canción que me había acompañado durante mucho tiempo: http://www.youtube.com/watch?v=y9_flwz_WUY&feature=related . 

No sabía de donde era aquella canción pero me encantaba. Podía sentirme sola, pero acompañada a la vez aunque mi cantautor favorito hacía que me temblase todo mi ser. Mi cuerpo se sentía como en paz cuando escuchaba su voz cantar aquellas increíbles letras. 

Necesitaba escuchar alguna de sus letras, de sus composiciones pero todas ellas las tenía en mi ordenador. 

Me levanté de la cama y apagué el radiocasete. Me dirigí hacia el ordenador y lo encendí. Hacía tanto tiempo que no se ponía en marcha que duda si funcionaba ya. 

El ordenador obedeció sin rechistar y puse la contraseña para poder pasar a mi perfil. Después de eso me dispuse a mirar en la carpeta de mis canciones las que tenían aquella increíble voz de la que desconocía su dueño. 

Cliqué en una de las canciones al azar y se abrió el reproductor de Windows Media. Segundos después comenzó a sonar: http://www.youtube.com/watch?v=u41N2EaNDsI

Tarareé la canción y después cliqué en el icono del escritorio donde estaba el símbolo de messenger. Seguramente nadie estaría o no me habrían dejado nada, ningún mensaje ni un solo e-mail pero por curiosidad comencé a poner mi dirección de correo electrónico y después la contraseña. 

En segundos se abrió y comprobé que nadie me había dejado ni un solo mensaje pero alguien que desconocía me había añadido como contacto. No perdía el tiempo si le aceptaba, seguro no me hablaría nunca. Lo hice acepté y después comencé a pasar aquellas páginas del diario que me habían ayudado tantísimo en los momentos que había pasado en aquel lugar, al ordenador. 

Estando allí había tomado la decisión de sacar de mi mente todo lo que había sucedido y por ello tenía que rememorar por completo todo lo que tenía guardado en mi mente e intentar meditar sobre ello. Sería doloroso y lo sabía pero era algo que sentía debía hacer. 

Era la única manera de que mi razón ganase a mi locura, que madurase consiguiendo superar todo aquello que me había hecho sufrir y había guardado durante mucho tiempo pero al fin y al cabo, ¿podría significar aquello que debía desahogar mi alma con otra persona que no fuese yo misma? 

No, la vergüenza y algo más me podía por lo que nadie mejor para ayudarme que yo misma. Lo escribiría y lo enterraría para siempre en lo más profundo de mi ser. Nadie conocería aquella parte oscura de mí si es que alguien alguna vez intentaba conocerme a mí tal y como era ya que lo veía realmente difícil ya que con mi forma de ser nadie conseguía estar más de dos semanas a mi lado. 

Suspiré y me coloqué bien en la silla mientras comenzaba a teclear aquellas palabras que leyéndolas poco a poco desgarraban mi pecho.
Mi camino hasta ti
Capítulo 52. Increíble descubrimiento


Después de pasar todo el diario a un documento word comencé a pensar si debería seguir escribiendo en ese momento y para ser precisa lo necesitaba. 

¿Por qué quiero morir a cada segundo? ¿Por qué no puedo ser una sencilla o normal joven de veinte años que vive todos los días como si fueran el último por puro placer y no por temor? ¿Por qué no podía ser una simple chica que salía con sus amigos y no en su lugar una que se quedaba en casa discutiendo consigo misma sobre quién tenía el control de la mente el día de hoy? 

Detesto cada segundo, cada centímetro cúbico de aire que respiro pero sobre todo lo detesto porque no estoy con él, entre sus brazos. Sé que debo olvidarle pero no consigo hacerlo.. Aún siento como sus labios queman los míos, como sus manos me pegan a su cuerpo y consiguen que en mí no haya ninguna otra sensación nada más que la completa paz por sentirse amada, sentirse deseada y el increíble e intenso milagro de tener a un hombre que suspire por mí. 

Le extraño. Pensé que no lo haría pero le extraño como a nadie en mi vida. No solo ese momento sino también sus ojos. Sentía como si me quemase con esa mirada potente que tenía pero... había desaparecido para siempre de mi vida y no tenía ánimos ni motivos para buscarle. Me besó y se fue así de simple... 


En ese momento una ventana apareció de repente en medio de la pantalla de mi ordenador. Me quedé sorprendida. 

Un nick en colores oscuros contenía una frase hermosa pero llena de dolor: I find my paradise but I decided to leave it and that's the worst thing I could do ( Encontré i paraíso pero decidí dejarlo y eso es lo peor que pude hacer). Alguien me estaba saludando pero desconocía por completo esa dirección. 

Decidí ignorarla, cerré la ventana y apagué el messenger. No sabía quien me hablaba y tampoco deseaba descubrirlo. 

Suspiré y decidí entrar en internet. Hacía mucho que no veía algunas de todas aquellas noticias que habían sucedido en estos días. 

Me dispuse a ponerme al día de la actualidad en el mundo y comencé a leer las miles de noticias que habían sucedido. Después miré la cartelera del cine más cercano de mi casa. Dudaba que fuese pero siempre me gustaba saber las sinopsis de las películas que estrenaban, si alguna realmente me gustaba si que hacía el esfuerzo para ir a verla. 

Miré los estrenos y quedé de piedra. No, aquello no podía ser. Debía ser un error. Me acerqué todo lo que pude a la pantalla y vi aquel póster de esa película que parecía haber recaudado ya algunos millones. Fruncí mi ceño y leí la sinopsis. Aquella era sin duda la historia de Stephanie Meyer, aquella que había revolucionado a las adolescentes, era la historia de Twilight que habían llevado a la gran pantalla pero lo que no podía creerme es quien era el actor que interpretaba a Edward. 

Robert Pattinson. Tenía que ser una casualidad pero hubiese sido así si solo hubiese conocido el nombre pero era él. Su rostro, su sonrisa... todo. Aquel era Robert por lo que no era un médico en prácticas sino un actor que seguramente estaría ensayando para algún papel. 


Debía intentar averiguar todo lo posible además de ver aquella película, tenía que verla me costase lo que me costase. Robert Pattinson, pensaba que era el único que se había abierto un poco a mí pero no había sido así, había ocultado quien era. Seguramente pensaba que yo era una idiota por no haberle reconocido cuando a estas alturas era el hombre más conocido de este y de todos los planetas. 

¿Podía haberme sucedido a mí eso? 

Mi camino hasta ti
Capítulo 53. El verdadero Robert


No podía creerme lo que estaba viendo. Robert, el Robert que había conocido y había estado en mi habitación intentando consolarme muchas veces no era quien yo pensaba, era un actor. 

Había usado ese tiempo seguramente para intentar meterse en algún papel y yo había sido nada más que un simple objeto en medio de su trabajo. Quizá hasta le había servido para ese dichoso papel en el que seguramente tendría que hacer que se enamora de alguna paciente. 

¿¡Por qué demonios soy tonta!? ¿Cómo había podido creerme que realmente le importaba o que yo pudiese llegar a hacer que él sintiese algo por mí? Definitivamente era ingenua, demasiado ingenua y esta era la verdadera prueba que me lo indicaba. 

Apagué todo el ordenador. La ira me invadía. El fuego de mi ser me quemaba. Le odiaba, le detestaba por haber jugado conmigo de aquella manera. ¿Cómo había sido capaz de hacerlo? ¿Por qué había decidido usarme como si yo no tuviese sentimientos? ¿Por qué había decidido utilizar mi problema para su propio beneficio? 

Si volvía a verle le chillaría, le pegaría y le diría que le odio con todo mi ser. Me quemaba por completo aquel fuero que se había hecho cada vez más grande con cada segundo que volvía a pensar que me había utilizado como si no fuese nada más que una estúpida muñeca sin sentimientos. 

Odio, un tremendo odio hacia aquel Robert que ahora había conocido, el que era el verdadero Robert. 

Gruñí, jamás mi ira había podido a mi tristeza, a mi vacío pero aquella ira comenzaba a disiparse en el momento que sentí un gran dolor en mi pecho que me estaba torturando, me perforaba por completo sin importarle que yo fuese solamente humana.

Aquel dolor era realmente fuera de lo que se podía considerar como normal. Las lágrimas otra vez comenzaban a amenazarme con romper la frontera de mis párpados y resbalar con mis mejillas una y otra vez hasta llenarlas de aquel húmedo líquido salado que tantísimo detestaba. 

Puse mi cabeza entre mis manos e intenté de alguna manera parar aquel ir y venir de pensamientos, de recuerdos, de razonamientos en los que intentaba comprender los porqués que llevaron a Robert a hacer todas y cada unas de las cosas que había hecho cuando estuve en su compañía. 

Llegué tan solo a una posible conclusión: teatro, aquello había sido puro teatro. Actuaba, era su profesión y nunca dejaba de hacerlo. Era un simple profesional en su trabajo y yo había caído como una estúpida. 

Necesitaba ver aquella película, por alguna estúpida razón lo necesitaba así que me salí de mi casa y fui al cine tan rápido como me fue posible. 

Cuando la película comenzó no podía creérmelo realmente era él pero lo peor es que cada una de las miradas que me había dado a mí se las había dado a vete tu a saber a cuantísimas mujeres más se las había regalado. 














Salí de la película peor de lo que estaba. Mi cuerpo se estaba paralizando, mi corazón estaba desbocado y dolido por lo que acababa de ver. No quiero volver a verle nunca más, hizo bien en salir de mi vida para no volver porque yo le sacaría ahora de la mía. 

Estaba decidido. Robert era parte de mi horrible pasado que jamás volvería a recordar o si lo haría sería una sola vez y después de eso lo borraría para siempre.
Mi camino hasta ti
Capítulo 54. Conversando con un extraño


Cuando cerré la puerta de mi casa tras de mí me derrumbé. No podía ser cierto, todo aquello podía ser producto de mi mente y nada más que eso. ¿Era tan poderosa que no sabía distinguir entre la realidad y la fantasía? 

No, no debía permitirme lo que en el fondo de mi ser deseaba. Jamás volvería a llorar y menos por él. Me castigaría de la manera más cruel que se ocurriese si una sola gota descendía por mis mejillas con su nombre grabado. 

Froté mis ojos con las palmas de mis manos. Mi cuerpo me comenzaba a doler. ¿Por qué? Simple, tiendo a somatizar absolutamente todo lo que me pasa. Si mentalmente no me encuentro bien se refleja si o si en mi cuerpo, es realmente horrible porque no hay ni un solo día que me sienta bien. 

Me levanté del suelo e intenté permanecer de pie. Suspiré y caminé hasta mi habitación para intentar dejar de pensar en aquello que estaba haciendo que nuevamente me hundiese en el fango. 

Encendí el ordenador. Estaba dispuesta a escribir todo lo necesario para descargarme emocionalmente y no volver a sentir nada de todo aquello por mucho que me recordasen su nombre. 

Respiré hondo y abrí el documento Word que ahora tenía todas mis cavilaciones. Mi corazón deseaba que me pusiese a escribir lo antes posible para ver si aquella angustia que le invadía se liberaba y así lo hice. 

Hasta los placeres de la vida tienden a volverse oscuros. Los regalos del universo pueden ser arrebatados en segundos sin que tú lo sepas y más a sabiendas que todo fue originado por algo en especial. Quizá todas aquellas miradas, aquellas sonrisas, aquello que creía verdadera preocupación nunca existió tan solo lo hizo en mi mente la cual parece divertirse con mi continua agonía ya que cada poco tiempo consiga que sienta deseos de hacer lo que ella me propone. 

No le pondré fin a todo, no quiero hacerlo al menos aún. Puede que sea la decisión más cobarde a mi parecer que haya tomado en toda mi vida o para otras personas sea la inclinación más acertada pero a mi entender todo lo que en mí cause sufrimiento no está bien. 

Debo atacar yo por primera vez. Construir tal muralla que nadie ni nada pueda penetrarla así quizá algún día pueda pensar con claridad cuando verdaderamente esté sola que ni mi mente, ni mi mundo de fantasía puedan acompañarme. ¿Lo conseguiré? Espero que sí, algún día de estos. 


Respiré hondo después de escribir aquello. Me levanté y decidí que era hora de ducharme ya que ni yo misma conseguía soportar aquella especie de peste que emanaba de mí. No era real, esa misma mañana me había duchado pero tenía aquella horrible sensación y decidí ponerle remedio. 

Unos cinco minutos fueron más que suficientes para sentirme mejor. En algunas civilizaciones el agua es signo de pura y en eso les doy la razón. Cuando ese líquido transparente recorre mi cuerpo por unos minutos me limpia de todo el malestar que tenga. 

Me sequé y caminé a mi habitación para ponerme algo más cómodo de ropa. 

Después me senté en frente del ordenador y moví el ratón para que el protector de pantalla desapareciese. El escritorio se mostró ante mis ojos y una pequeña ventanita parpadeaba. Cliqué para descubrir que era y como no, el messenger se había conectado solo ya que tenía esa opción puesta. Alguien me estaba hablando y volvía a ser aquella persona con el nick desconocido. 

Hola

Aquello era lo que había escrito y no sabía si responder o no pero, ¿qué demonios? No tendría porqué hacerme ningún mal. 

Hola 

No hicieron falta nada más que unos míseros segundos para recibir una respuesta casi inmediata. 

¿Cómo estás? 

No tenía porqué contestarle la verdad así que decidí mentir. Total, ni siquiera sabía quien diablos era. 

Bien, y ¿tú?

La respuesta fue casi instantánea. Parecía esperar que yo le respondiese. 

Bien. Me alegra saber que estás bien. ¿Sabes quién soy? 

Me quedé paralizada. ¿Podría conocer a esa persona sin saberlo? Fruncí mi ceño pensativa. 

No. No sé quién eres. ¿Me lo dirás?

Puede, pero quizá sea en un futuro. 

Fruncí mi ceño enfadada. Si yo no sabía quien era no pensaba hablarle, eso lo tenía completamente claro. 

Entonces será mejor que no me hables más. Dudo que vaya a contestarte. 

Cerré el messenger. Sí, sé que fui cruel pero en internet puedes encontrarte a personas de toda clase. ¿Quién sabe quién podía ser?
Mi camino hasta ti
Capítulo 55. La visita de "Robert"


Me senté en la cama enfadada conmigo misma porque aquella situación del cine volvía a molestarme. No quería pensar sobre ella pero parecía absolutamente inevitable. 

Cerré mis ojos para intentar pensar en la nada y parecía que lo había conseguido. Sonreí un poco por la agradable sensación y después abrí los ojos. 

Ahí frente a mí estaba Robert. Grité asustada y pegué un pequeño salto en mi asiento por la impresión. 

- Robert.. ¿qué demonios haces aquí? -fruncí instintivamente mi ceño. 

No podía ser el verdadero Robert. No era el actor sino que era el producto de mi mente. 

- Simplemente vine a verte.. -se encogió de hombros-. ¿No puedo?

- No, porque no quiero verte -contesté con frialdad.

Le miré con odio. Volvía a mandármelo mi subconsciente cuando había decidido no hablarle jamás, no tener de nuevo ningún contacto con aquello que me recordase que él existía y por unos días había permanecido a mi lado, que había aparecido en mi vida. 

- ¿No quieres verme? Tu mente dice otra cosa -sonrió mirándome-. Lucía, sé que quieres hacerlo pero puedes intentar evitarlo aunque como tú sabes que no lo conseguirás. 

- Pues aunque aparezcas todos los días juro que no te haré ni el más mínimo caso -gruñí y miré hacia otro lugar. 

Robert suspiró y después noté como se sentaba delante de mí en el suelo. Me miraba fijamente y aquello comenzaba a agobiarme. Fruncí mi ceño de nuevo y escondí mi rostro entre mis rodillas para que así no le fuese posible observarme de la manera que lo hacía. 

Escuchaba su respiración lenta y profunda allí. No se movía solo me contemplaba. 

Ardía por el odio que me estaba produciendo aquella situación. Levanté mi mirada con la mandíbula apretada y cerré mis puños sintiendo como en las palmas se me clavaban las uñas. 

- ¡Deja de mirarme! -bufé mientras observaba sus ojos azules completamente fijos en los míos. 

- ¿También te molesta eso? El mundo que yo sepa es libre y puedo mirarte cuanto quiera -me contestó sin que la sonrisa se borrase de su rostro. 

- Pero si yo no quiero que me mires pues no lo harás -gruñí. 

- ¿Y porqué? ¿Solo porque tú lo digas? En esta vida nadie controla todo y es algo que tienes que tener ya más que claro, tú no puedes ni controlarte a ti misma pero deberías verme como algo bueno y no que lo haces como algo malo. Recuerda que yo no soy el verdadero Robert, soy solamente un producto de tu imaginación, lo que tú ansías ver y recordar. Quédate con lo bueno y no con lo malo que ocurrió que ahora descubriste. Tú no sabes porqué hice lo que hice no intentes averiguarlo porque si no me lo preguntas directamente a mí no sabrás la verdadera razón -suspiró. 

- Está bien. Entonces, ¿por qué lo hiciste? -le miré fijamente aún más enfadada que antes por la manera que tenía de expresarse. 

- ¿Me lo preguntas a mí? Es como preguntártelo a ti misma. No lo sé, Lucía y es lo que quiero que admitas. No lo sabes. Desconoces muchas cosas y otras las inventas de manera que solo resultas dañada. Enfréntalo, enfrenta que te duele, que te algo de hace daño. Confiésaselo a aquella persona que te lastimó se diese ella cuenta o no. 

Rodé los ojos. ¿Por qué tenía que tener razón? No quería que la tuviese. Solamente quería que se fuese y no parecía dispuesto a ello. 

Volví a esconder mi rostro entre mis rodillas para intentar serenarme. Estaba tan sumamente enfadada que no podía pensar con claridad. Me estaba enfureciendo conmigo misma era cierto ya que aquella imagen estaba proyectada desde mi subconsciente. Suspiré y volví a levantar mi mirada. 

¿Por qué no intentaba aprovechar la posibilidad de abandonar la soledad en su "compañía" por unos momentos?
Mi camino hasta ti
Capítulo 56. "Robert" el comprensivo


Robert se sentó a mi lado y tomó una de mis manos. Empezó lentamente a acariciar el dorso de la mía con su pulgar. Sentía miles de sensaciones en mi cuerpo que solamente aquel tacto era capaz de conseguir. 

Miré sus ojos que me observaban con detenimiento como siempre hacían. Suspiré mientras sentía como poco a poco mi ira se calmaba. Le detestaba por ser capaz de eso. 

Apoyé mi espalda en la pared y después seguí mirándole mientras él me sonreía. 

- ¿Piensas estar todo el tiempo en silencio haciendo eso? -le pregunté algo más fría de lo que pretendía. 

- ¿Acaso es necesario que haga algo diferente? Me gusta estar así, sentirte tranquila -se encogió de hombros. 

- Pues a mí me pones bastante nerviosa si te soy sincera -le dije resoplando. 

Sus ojos se abrieron como platos. Estaba sorprendido por lo que acababa de mencionarle pero era más que obvio que me ponía histérica. 

- ¡Oh, vamos! Si no te has dado cuenta ya eres bastante cortito para ser producto de mi imaginación.. -rodé los ojos. 

- ¡Ey! -rió sonoramente-. Reacciono como tu cabecita quiere que lo haga, no como lo haría en verdad.. ¿recuerdas? 

- Tienes razón -hice una mueca y después fruncí mis labios hasta que fueron una sola línea-. Me gustaría saber porqué -musité y puse mi mentón sobre una de mis rótulas. 

- ¿Por qué que? -preguntó él mientras se sentaba mejor a mi lado apoyando su espalda también en la pared. 

- La razón por la que ocurrió todo eso. Porqué me besaste y después como si nada te fuiste, porqué no me dijiste que en realidad eras actor.. 

Iba a continuar hablando pero Robert me cayó mirándome con un poco de reproche. 

- ¿Y que haya hecho eso significa que el beso que te di no fue sincero o que realmente no me preocupaba por ti? -suspiró-. Piénsalo un poco, un solo instante tal y como te lo explicaré ahora. Si yo no hubiese querido o si por algún motivo no me hubiese sentido atraído por ti; ¿crees que te hubiese mirado tanto? ¿crees que hubiese estado contigo haciéndote preguntas? ¿crees que me hubiese sonrojado cada vez que me descubrías? Pues claro que no. Quería estar ahí contigo y eso es lo que tienes que dejar de una vez bien metido en tu mentecita diabólica -rió bajito-. No pienses más sobre ello porque al fin solo una persona tiene la respuesta y esa no eres tú. 

- No pienso ir a buscarte si es lo que insinúas -bramé. 

- No dije eso en ningún momento, ¿o sí? Que yo sepa señorita Noriega -sonrió levantando solamente una de las comisuras de sus labios lo cual me encantó-, la única que ha pensado eso es usted. No tienes porqué ir a buscarme pero tampoco tienes que basar tu vida en lo que pasó. Sé que quizá te doliese y me detesto por ser el causante de una parte de tu sufrimiento pero escondes en él miles de cosas que sí deberías sacar a relucir, que si deberías descargar y dejar de pensar en ellas porque son increíblemente dañinas. No es normal lo que te sucede con la otra Lucía y tú misma lo sabes. Dudo que puedas luchar contra todo eso sola, y no porque crea que no eres fuerte, sino porque si pones todas aquellas cosas que pasan por tu cerebro en un solo instante será más fácil que las saques de tu mente para que así se conviertan en algo que realmente puedes meditar y olvidar. 

- Puede que tengas razón pero no sé si pueda conseguir mencionar a nadie todo lo que me ocurre, es más ni siquiera sé porqué estoy escribiendo todo el diario -suspiré. 

- ¿Te ayuda? -me preguntó mientras me miraba fijamente. 

Asentí levemente y después volví a esconder mi rostro entre mis rodillas. 

- Entonces no lo pienses más, sigue escribiéndolo si te hace bien -besó mi frente y después se quedó a mi lado abrazándome por los hombros. 

Ojalá él fuera real. Me sentiría mucho mejor pero aún así no sabía si volvería a hablar de nuevo a mi alucinación.Ahora sí que sabía que estaba completamente loca.
Mi camino hasta ti
Capítulo 57. Una noche diferente


Me percaté de que la noche había caído cuando pude separar un instante mi mirada de los ojos de Robert. Suspiré no había hecho nada tan solo había estado conversando con Robert, había visto una película. En definitiva había sido un día bastante poco productivo. No había limpiado, ni nada por el estilo. 

Fruncí mi ceño y volví a mirar a Robert que me seguía abrazando apretándome contra su pecho. 

- ¿Te das cuenta que he pasado todo el día hablando contigo? -le susurré mientras fruncía un poco más mi entrecejo. 

Él levantó uno de sus dedos y pasó la yema de este por mi ceño intentando que así me relajase. Lo consiguió. Dejé de fruncirlo y en su lugar una pequeña sonrisa asomaba por mis comisuras. 

- Ahora mucho mejor -sonrió-. ¿Tiene algo de malo que hayas pasado todo el tiempo hablándome? 

Me quedé pensativa un instante y asentí después ante su mirada de incomprensión. 

- Sí que lo tiene porque tú eres producto de mi imaginación, lo que significa que estoy hablando solo y exclusivamente conmigo misma -suspiré. 

Robert hizo una mueca y acarició con suavidad mi mejilla solamente con las puntas de sus dedos. 

- ¿No entiendes que te necesito? -susurré mirando sus ojos-. No me importa si eres una alucinación o eres el verdadero, necesito hablar contigo, necesito no sentirme sola porque lo único que quiero es tu compañía. Robert solo tú has conseguido que pueda calmarme entre tus brazos. 

- Pero ahora entiende que no estás hablando con una persona real. Sé que debes aprovechar esto porque te ayudará pero te ayudaría mucho más que hablases con mi yo verdadero, no con este que está en tu cabecita.Sé que todo lo que hay en tu vida ahora mismo no te anima mucho a seguir pero intenta encontrar a alguien que de verdad pueda comprenderte, Lucía -susurró y dejó un besito en mi mejilla. 

Puse mi frente contra la suya mientras mi mano lentamente se acercó a acariciar su mejilla. Sentía el aire, eso era lo que tenía debajo de mi palma, solamente el oxígeno de la habitación. 

- Ojalá fueses real -musité mientras el acariciaba con su nariz la mía. 

- Créeme que me encantaría serlo para poder sentir esa hermosa caricia -musitó y después me separé. 

- Esto es una idiotez. Eres el típico amigo imaginario que tienen los niños de tres años, no una joven de veinte. ¿Ves como estoy completamente loca? Además debería estar furiosa contigo y no derretirme por una de tus falsas caricias, las cuales si siento es porque estoy realizando un increíble esfuerzo mental para que esta patraña siga siendo "cierta" unos segundos más. Para que no desaparezcas de mi lado y así no estar aún más sola de lo que me siento -suspiré. 

Robert me miró con dolor. Se levantó de la cama también y se puso frente a mí. En ese momento fui consciente de la altura que me sacaba. 

- ¿Me estás diciendo que quieres que me vaya? Si es así sé sincera Lucía Noriega porque te juro que estás consiguiendo sacarme de quicio y es porque eres capaz de sacarte a ti misma de tus propias casillas -frunció su ceño y se acercó más a mí para que pudiese comprobar la sinceridad en sus profundos ojos azules. 

- Lo sé, sé que yo me pongo histérica a mí misma pero ¿qué quieres que le haga eh? Soy desquiciante y lo sé pero no puedo hacer nada, soy así y así tengo que aprender a aceptarme -bufé.

- ¡No! Entiende de una maldita vez, Lucía, que tú no eres lo que te está sucediendo. Todas las personas vieron un gran cambio en ti, personas que verdaderamente te conocen y eso es porque tú no eres tal y como ahora te comportas. Tú has sido de mil maneras diferentes pero eso no significa que tú seas ahora tu enfermedad. No lo eres, tú y solo tú estás ahí escondida pero si no quieres sacarte nadie ni nada podrá hacerlo -afirmó mirándome con dureza a los ojos. 

Me derrumbé. Tenía razón y no podía negarlo. Robert rápidamente me abrazó y me acurrucó en su pecho mientras acariciaba lentamente mi pelo. Me acunó y después ambos nos tumbamos en mi cama quedando todo más tranquilo en minutos ya que conseguí dormir. 

Aquel había sido un día realmente agotador mentalmente para mí. No sabía como iba a poder seguir soportando eso pero esperaba que no me acarrease ningún problema seguir viendo a Robert, aquel que podía llamar "mi" Robert.
Mi camino hasta ti
Capítulo 58. Pesadilla


El sueño había conseguido invadirme al fin y sonreí levemente al notar que comenzaba a soñar aún en los brazos de "Robert". 

Estaba sentada en el porche de una casa. Leía un libro del que jamás había escuchado hablar y que el título no parecía importarme. 

Levanté mi mirada de las páginas del libro en el que parecía estar completamente sumergida. Un ruido extraño me estaba como invitando a ir hacia donde provenía. 

Me incorporé y puse mis pies en el suelo bajándome del balancín en el que estaba sentada. Dejé el libro en él y después caminé hacia el lugar de origen de aquel singular sonido. 

¿Podía ser el mar? ¿Podría estar escuchando agua? Sí, al menos agua era o bien un río o bien un lago pero era agua lo que llegaba a mis oídos. 

Seguí paseando intentando captar perfectamente el lugar exacto de donde procedía aquello que parecía como una especie de murmullo por lo que sospeché que quizá podría tratarse de alguna pequeña cascada. 

Me metí entre los árboles que había delante de mí y en poco tiempo llegué hasta un acantilado. 

Era realmente hermoso. La brisa que ahora acariciaba mis mejillas y jugaba con mi pelo me invitaba a seguir allí durante mucho tiempo, a que no me fuese de ese lugar ya que te daba mucha paz. 

Me acerqué un poco al borde y miré el maravilloso mar azul que había a unos metros hacia abajo de donde me encontraba. Me entró un poco de vértigo por lo que preferí separarme un poco pero algo me impidió hacerlo. 

- Hola, Lucía... 

Era ella. Aquella odiosa que siempre hacía todo lo posible para conseguir que tuviese miedo a todo lo que había a mi alrededor. 

Giré ligeramente mi rostro para verla. Estaba vestida exactamente como yo pero en su mirada malévola se podía distinguir que no era un espejo a lo que estaba mirando. 

- ¿Qué quieres? -gruñí apretando mi mandíbula mientras miraba como se acercaba lentamente hasta mí como si fuese a hacer algo bueno pero en ella era completamente imposible. 

- Quiero hablar contigo -sonrió poniendo cara de ángel pero que hacía que pareciese aún más terrorífica. 

- Habla -bramé mientras apretaba mis manos intentando controlar el pánico que le tenía. 

- Ni se te ocurra seguir escribiendo ese dichoso diario que escribes ahora -dijo con los ojos fijos en los míos-. Sabes todo lo que soy capaz, bueno.. para ser exacta sabes una mínima parte del terror que te puedo llegar a causar. No quiero que sigas haciéndolo o sufre con las consecuencias. 

- ¿Ah si? Dudo que puedas hacerme ya más nada.. -dije intentando intimidarla. 

- ¿Eso crees? -susurró en mi oído. 

¿Cómo había podido cambiar tan rápido de lugar? ¿Por qué estaba ahora detrás de mí? 

- Sí, eso creo -musité. 

- Mmmm.. respuesta equivocada -susurró y entonces sentí como el suelo desaparecía debajo de mis pies. 

Grité e intenté agarrarme a algo mientras sentía como iba cayendo por el acantilado. Alcancé a cogerme a unas rocas salientes que habían destrozados mis palmas por el golpe pero no me importó, seguí aferrándome a ellas con todas mis fuerzas mientras chillaba buscando algo de ayuda. 

Lucía mientras tanto comenzaba a reírse al ver mi sufrimiento. Gruñí enfadada. Las fuerzas comenzaban a flaquearme y sentía como terminaría cayéndome sin posible escapatoria. 

Las manos me quemaban y poco a poco se resbalaron por la roca hasta que caí por el acantilado sintiendo un tremendo terror. Cuando choqué contra el agua sentí millones de cuchillos recorrer mi cuerpo como si me estuviesen cortando realmente la piel. 


Me desperté con sudor frío recorriendo todo mi cuerpo. Tiritaba. Estaba temblando de frío y de pánico. Había sido una horrible pesadilla pero mi corazón desbocado no parecía entender que era un mal sueño nada más. 

¿Podría pasar eso en la vida real? Ya no estaba tan segura de que la respuesta fuese negativa. Se estaba volviendo poderosa, controlaba más que yo mi mente que tenía poder sobre mis sueños. ¿Por qué no lo haría en el mundo real? 

Intenté serenarme mientras me acurrucaba entre las sábanas. No, ella no podría en el mundo real porque solamente yo vivía en él. Al menos en este mundo podría decirse que estaba "a salvo". Solamente podría aterrorizarme.
Mi camino hasta ti
Capítulo 59. ¿Amigos por internet? 


Me intenté relajar ya que había sido muy agobiante aquella situación. Había estado agarrada a una roca y me había caído al mar a muchos metros de altura. Suspiré intentando serenarme pero parecía realmente poco probable. 

Me senté en la cama mientras pasaba mis manos por mi rostro notando aquel sudor frío. 

Me levanté y caminé hacia el baño. Me refresqué el rostro limpiando todo rastro posible de aquella secreción pero después moviéndome un poco me di cuenta que tenía todo el cuerpo empapado. Sería mejor que aunque fuesen unas horas inapropiadas para ello para que me duchase pero necesitaba hacerlo. 

Me desnudé y me di otra rápida ducha. Necesitaba quitarme aquella capa de líquido transparente que tenía por todo mi cuerpo símbolo del pánico que había pasado en mi pesadilla. 

Me restregué el cuerpo notando otra vez aquella sensación de pureza inmensa que tan solo el agua conseguía darme. 

Me sequé y sin mirarme en el espejo me puse algo de ropa, sabía que no iba a conseguir dormirme en lo que quedaba de noche, de sobra me conocía. 

Me senté en la silla de mi ordenador y decidí volver a encenderlo. No sabía porqué pero allí tendría algún videojuego o algo que pudiese distraerme un poco durante las horas de noche que aún quedaban. Como siempre muchos programas se encendían automáticamente y el messenger volvió a iniciar su sesión. Suspiré, en cuanto se quitasen todas las ventanas lo cerraría. 

Una pequeña ventana de conversación apareció de repente indicándome que me habían dejado un mensaje mientras estaba desconectada. 

Otra vez volvía a ser aquella persona que desconocía su identidad. 

No, por favor :( Quiero hablarte, soy uno de los ayudantes del hospital para que continúes con tu terapia de una manera diferente. 

Fruncí mi ceño. No podía creerlo. ¿En realidad existía algo así? Dudaba mucho que hiciesen eso. Terapia ahora por internet...¡imposible! 

Aquel contacto seguía conectado. Respiré hondo y me dispuse a escribir ya que quería aclarar aquella situación de una vez. 

Ok, si eso eres hablaremos pero quiero que antes me digas tu nombre.

Unos minutos de silencio fueron seguidos a mi respuesta. Suspiré y comencé a mordisquear mi labio inferior esperando que hubiese alguna respuesta a lo que yo acababa de escribir. 

Está bien. ¿Hablaremos todos los días? 

Fruncí mi ceño. ¿Lo iba a hacer? ¿Iba a hablar realmente con él? ¿Por qué no? ¿Qué iba a perder? Pues nada. 

Claro, hablaremos todos los días. 

Esperé su respuesta porque al fin y al cabo el era el único que podría contestarme a lo que yo necesitaba saber, su identidad. 

Soy Taylor, un aprendiz del doctor que te atendió en el hospital. 

Está bien. Gracias por decirme quien eres

Puedes tratarme como un amigo si quieres. No te haré nada malo. 

Claro. Iré a descansar un rato. Adiós. 

¿De verdad iba a confiar en aquello? Tendría que hablarlo primero con alguien del hospital para que me asegurase que eso era verdad. No podría contarle a cualquiera lo que me había sucedido o lo que me pasaba... No era tan idiota.
Mi camino hasta ti
Capítulo 60. Pacto


Había intentado descansar pero era imposible. En mi cabeza tan solo tenía aquel sueño y la extraña conversación que había mantenido por el messenger con aquel chico. ¿Realmente podría tratarse de algo así? 

Dudaba ahora hasta de mi sombra. ¿Por qué iba a creerle a él? ¿Quizá porque necesitaba no sentirme sola y aunque fuese un horrible perturbado quien estaba al otro lado de la ventana no me importaba? 

Me levanté y volví a sentarme en la silla. Puse una de mis piernas sobre el asiento y miré fijamente la pantalla. El ordenador seguía encendido. Aquel salvapantallas comenzaba a marearme. 

Moví un poco el ratón para que desapareciese y en su lugar pudiese ver el fondo de pantalla. El messenger rápidamente pasó de estado inactivo a disponible. Tenía curiosidad por saber si Taylor aún seguía ahí. 

Cliqué y abrí la ventana de mis contactos. Ahí estaba. Aún estaba activo. Parecía esperarme y sinceramente no tenía nada mejor que hacer. 

Mentalmente mientras me mordía el labio inferior, me reproché a mi misma por hacer lo que acto seguido no pude parar. Abrí la ventana de la conversación y escribí las palabras de rigor. 

Hola

Acto seguido vi como me iba a responder. Las comisuras de mis labios se curvaron un poco hacia arriba ocultando una pequeña sonrisa. ¿Por qué sonreía? 

Hola, ¿descansaste bien? 

Sí, gracias por preguntar 

De nada. Me alegro que descansases 

Era demasiado amable. Tenía que intentar saber porqué era así. Quizá solo quería engañarme y que cayese en una horrible trampa. 

Tengo algo que quiero exponerte ya que no me parecería justo no hacerlo si es que tengo que tratarte como un amigo. ¿Puedo? 

Unos segundos de rigor me indicaron que él parecía un poco sorprendido hacia lo que acababa de enviarle pero así era yo, más le valía irse acostumbrando. 

Por supuesto. Leeré lo que me escribas encantado

Fruncí mi ceño. Excesivamente amable. Esperaba que aquello no escondiese algo peor. 

Perfecto. Tú quieres que yo te considere mi amigo para contarte mis más horribles secretos o aquello que me perturba. Entiendo que quizá en una consulta hubiese terminado cediendo sin pedir nada a cambio pues ya tendría al menos un contacto ocular contigo pero... ¿cómo puedo saber yo que no me ocultas algo y debo abrir por completo mi alma ante un desconocido? Es más ciertas deberían ser mis medidas para que yo admitiese hablar contigo. Veo que tienes webcam, no sería mala idea que mientras conversásemos me mostrases tu rostro y así pudiese tener una mayor confianza al menos en lo que se refiere a que ambos conoceríamos algo del otro. Pero por supuesto también desearía conocer algo de ti pues no sería justo que abriese por completo mi mente a ti a un completo desconocido sin recibir nada a cambio.

Esperé a que leyese la increíble parrafada que le había escrito intentando pillarle de esa manera por si me estaba mintiendo pero en su lugar unos minutos después vi como escribía. 

Interesante. Está bien, acepto. La webcam está estropeada pero puedo ponerte una foto mía sin ningún inconveniente. Además si quieres conocer algo más de mí podríamos hacernos una tanda de preguntas si así lo deseas. 

Un momento. ¿Tanda de preguntas? Eso, eso me lo había dicho Robert. Me levanté rápidamente la silla. ¿Podría ser Robert quien estuviese al otro lado? Fruncí mi ceño, no aquello si que era imposible. Robert era actor y estaba ahora descansando o grabando alguna película. Debía relajarme, aquella expresión podría haberla usado cualquiera. 

Respiré hondo y me senté de nuevo en la silla. Me dispuse a contestarle para que no pensase que me había marchado. 

Está bien. Acepto que pongas una foto tuya y además me parece un idea excelente que nos preguntemos ambos cosas. Cuenta conmigo desde ya. 

Entonces perfecto :) En un momento cambio la foto y así sabrás quien soy 

Esperé impaciente y vi como de un instante al otro se cambiaba la fotografía. Increíble. Era guapísimo. No podía creer que un chico tan maravilloso estuviese al otro lado de la pantalla. 

¿Empezamos? 

Sonreí levemente. Aquello parecía una pequeña aventura. Era una tontería pero ¿por qué no seguir?

Por supuesto 

Respondí rápidamente empezando a ponerme nerviosa por lo que pudiese preguntar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.