viernes, 30 de noviembre de 2012

Capítulo 9

Comenzó a caminar lentamente por la casa. Aquellos eran lujos. Nunca había estado en una casa como esa. Las inmensas paredes llenas de fotografías en blanco y negro algunas con un pequeño matiz en color de todas las grandes capitales del mundo.
El sonido de sus tacones hacía eco en el silencio de la habitación. Thomas permanecía observándola maravillado de como aquella mujer se parecía tanto a la que amaba hasta el delirio a pesar de no ser ella.
Jeanne se abrazó a si misma mientras el millonario caminaba tras ella con cuidado, en silencio, como si estuviese observando a un cervatillo que al mínimo ruido o movimiento en falso desaparecería tan rápido de su vista que sería imposible volver a encontrarle.
- ¿Por qué estoy aquí? -preguntó con un hilo de voz.
Thomas se sorprendió pero se quedó dudando, pensando en como contestar a esa pregunta de manera que ella no sintiese que estaba siendo acosada como antes. Por Dios, había sufrido un intento de violación y tan solo se había desmayado. No lloraba, no estaba en shock, no tenía el impulso de lastimarse a si misma. Podrían pasarle tantas cosas y él no pensaba consentir que se hiciese daño.
- Pensé que deberías estar en un lugar más seguro que ese barrio -respondió en un tono conciliador.
Jeanne supo que por alguna extraña razón junto a ese hombre no le pasaría nada. No al menos esa noche. Se giró poco a poco hacia él que la miraba tan detenidamente como un admirado experto en arte observando a la más exquisita obra maestra. Sus miradas se cruzaron durante unos breves segundos.
- ¿Deseas darte una ducha?
Ella asintió. Él puso las manos en sus bolsillos y caminó con paso lento pero decidido por un pasillo que conducía hasta el baño más cercano. Abrió la puerta y dejó que la joven viese el interior. Un enorme baño con una ducha tan grande como el ascensor en el que habían subido.  Las paredes estaban cubiertas de azulejos de tonos ocre y una franja blanca en el medio de ellos.
Thomas abrió la mampara y le sonrió levemente indicándole sin palabras que podía usar lo que quisiera. Los dedos de Jeanne aferrados al marco de la puerta estaban absortos en ese hombre y en como desprendía paz para ella.
- Te dejaré a solas para desvestirte… -murmuró.
Caminó hasta ella y se rozaron cuando salía del baño. Su roce hizo que notasen una sensación nueva para ambos. Sus corazones se aceleraron de la misma manera.
Durante dos milésimas de segundo aquel roce lo fue todo para ellos pero entonces Thomas recordó que aquella no era su esposa. Soltó un prolongado suspiro y caminó de nuevo perdiéndose en el pasillo mientras que Jeanne cerraba la puerta del baño con pestillo.
Se desvistió quitándose la chaqueta de aquel hombre y después su vestido hecho trizas. Descalzó sus pies y dejó los pesados zapatos sobre el suelo. Apoyó las plantas en la alfombrilla que había frente a la ducha. Alzó la mirada observando aquel habitáculo y entró en él con cuidado.  Estiró su brazo hasta llegar al grifo del agua caliente y lo abrió.
Mientras tanto Thomas había llegado hasta la sala en la que tantas veces había permanecido con ella. Durante tanto tiempo había estado cerrada y no había tenido valor para abrirla nuevamente. Apoyó su frente contra la madera de la puerta notando un nudo en su garganta. Quería llorar, quería descargar de alguna manera todos los sentimientos que estaba viviendo en ese instante pero no podía.
Supo que al otro lado del pasillo el ama de llaves le observaba. Recobró la compostura y sin mirarle dio unos pasos lentos hasta volver de nuevo al salón.
- Llévele algo de ropa de… -se atragantó con la palabra esposa. No podía pronunciarla- del armario.
El agua recorría su cuerpo mientras veía delante de ella a aquel hombre. Podía escuchar de nuevo como rasgaban su vestido y sus labios por su piel. Quería gritar y mientras alzaba el rostro hasta que el agua impactó contra su cara. Sus lágrimas se mezclaron con las cálidas gotas y se dejó caer en el suelo de la ducha. Abrazó sus piernas con sus brazos y gritó de dolor, de desesperación y de miedo. Estaba sola, reviviendo una y otra vez lo que podía haber pasado y sintiéndose tan sucia.
Escuchó unos pasos acercarse rápidamente. Alguien corría hasta donde estaba. Llamaron a la puerta pero solo era capaz de escuchar el sonido del agua y la cantidad de groserías que permanecían en su cabeza con aquella voz grave y dañada por el alcohol.
La puerta estaba cerrada con pestillo. No podía abrirla. Sabía que algo le pasaba a Jeanne pero en su mente no podía evitar ver a su esposa. No quería que le ocurriese nada. No podía, era incapaz de dejar que sufriera.
Se alejó unos pasos. Tomó carrerilla y embistió con su hombro la puerta una vez. Le dolió, pero le daba igual. Tenía que entrar. Volvió a hacer lo mismo varias veces hasta que la puerta cedió y se encontró la escena.
- No paséis.. -murmuró a los agentes de seguridad que acababan de acudir a ayudarle.
Su tono no admitía réplica alguna por lo que dieron unos pasos atrás mientras que Thomas entraba lentamente en el baño. Jeanne permanecía llorando abrazada a si misma inmersa en una burbuja de la que no sabía como podría sacarle. Sabía que aquello podía suceder pero no se imaginaba que le ocurriese en ese momento.
Se remangó la camisa y metió su brazo en la ducha. Cerró el grifo y tras ello tomó un albornoz. Se acercó a la rubia que aún estaba absorta en sus pensamientos mientras daba pequeños gritos entre sollozos. La tomó entre sus brazos y la colocó el albornoz de manera que no se podía ver nada. La apretó contra su cuerpo y salió del baño caminando hacia la habitación en la que había planeado que pasaría la noche para que descansara. Un lugar cómodo, amplio y sobre todo, un lugar donde podría permanecer contemplándola por si le necesitaba.

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