Comenzó a caminar lentamente por la casa. Aquellos eran lujos. Nunca
había estado en una casa como esa. Las inmensas paredes llenas de
fotografías en blanco y negro algunas con un pequeño matiz en color de
todas las grandes capitales del mundo.
El sonido de sus tacones hacía eco en el silencio de la habitación.
Thomas permanecía observándola maravillado de como aquella mujer se
parecía tanto a la que amaba hasta el delirio a pesar de no ser ella.
Jeanne se abrazó a si misma mientras el millonario caminaba tras ella
con cuidado, en silencio, como si estuviese observando a un cervatillo
que al mínimo ruido o movimiento en falso desaparecería tan rápido de su
vista que sería imposible volver a encontrarle.
- ¿Por qué estoy aquí? -preguntó con un hilo de voz.
Thomas se sorprendió pero se quedó dudando, pensando en como
contestar a esa pregunta de manera que ella no sintiese que estaba
siendo acosada como antes. Por Dios, había sufrido un intento de
violación y tan solo se había desmayado. No lloraba, no estaba en shock,
no tenía el impulso de lastimarse a si misma. Podrían pasarle tantas
cosas y él no pensaba consentir que se hiciese daño.
- Pensé que deberías estar en un lugar más seguro que ese barrio -respondió en un tono conciliador.
Jeanne supo que por alguna extraña razón junto a ese hombre no le
pasaría nada. No al menos esa noche. Se giró poco a poco hacia él que la
miraba tan detenidamente como un admirado experto en arte observando a
la más exquisita obra maestra. Sus miradas se cruzaron durante unos
breves segundos.
- ¿Deseas darte una ducha?
Ella asintió. Él puso las manos en sus bolsillos y caminó con paso
lento pero decidido por un pasillo que conducía hasta el baño más
cercano. Abrió la puerta y dejó que la joven viese el interior. Un
enorme baño con una ducha tan grande como el ascensor en el que habían
subido. Las paredes estaban cubiertas de azulejos de tonos ocre y una
franja blanca en el medio de ellos.
Thomas abrió la mampara y le sonrió levemente indicándole sin
palabras que podía usar lo que quisiera. Los dedos de Jeanne aferrados
al marco de la puerta estaban absortos en ese hombre y en como
desprendía paz para ella.
- Te dejaré a solas para desvestirte… -murmuró.
Caminó hasta ella y se rozaron cuando salía del baño. Su roce hizo
que notasen una sensación nueva para ambos. Sus corazones se aceleraron
de la misma manera.
Durante dos milésimas de segundo aquel roce lo fue todo para ellos
pero entonces Thomas recordó que aquella no era su esposa. Soltó un
prolongado suspiro y caminó de nuevo perdiéndose en el pasillo mientras
que Jeanne cerraba la puerta del baño con pestillo.
Se desvistió quitándose la chaqueta de aquel hombre y después su
vestido hecho trizas. Descalzó sus pies y dejó los pesados zapatos sobre
el suelo. Apoyó las plantas en la alfombrilla que había frente a la
ducha. Alzó la mirada observando aquel habitáculo y entró en él con
cuidado. Estiró su brazo hasta llegar al grifo del agua caliente y lo
abrió.
Mientras tanto Thomas había llegado hasta la sala en la que tantas
veces había permanecido con ella. Durante tanto tiempo había estado
cerrada y no había tenido valor para abrirla nuevamente. Apoyó su frente
contra la madera de la puerta notando un nudo en su garganta. Quería
llorar, quería descargar de alguna manera todos los sentimientos que
estaba viviendo en ese instante pero no podía.
Supo que al otro lado del pasillo el ama de llaves le observaba.
Recobró la compostura y sin mirarle dio unos pasos lentos hasta volver
de nuevo al salón.
- Llévele algo de ropa de… -se atragantó con la palabra esposa. No podía pronunciarla- del armario.
El agua recorría su cuerpo mientras veía delante de ella a aquel
hombre. Podía escuchar de nuevo como rasgaban su vestido y sus labios
por su piel. Quería gritar y mientras alzaba el rostro hasta que el agua
impactó contra su cara. Sus lágrimas se mezclaron con las cálidas gotas
y se dejó caer en el suelo de la ducha. Abrazó sus piernas con sus
brazos y gritó de dolor, de desesperación y de miedo. Estaba sola,
reviviendo una y otra vez lo que podía haber pasado y sintiéndose tan
sucia.
Escuchó unos pasos acercarse rápidamente. Alguien corría hasta donde
estaba. Llamaron a la puerta pero solo era capaz de escuchar el sonido
del agua y la cantidad de groserías que permanecían en su cabeza con
aquella voz grave y dañada por el alcohol.
La puerta estaba cerrada con pestillo. No podía abrirla. Sabía que
algo le pasaba a Jeanne pero en su mente no podía evitar ver a su
esposa. No quería que le ocurriese nada. No podía, era incapaz de dejar
que sufriera.
Se alejó unos pasos. Tomó carrerilla y embistió con su hombro la
puerta una vez. Le dolió, pero le daba igual. Tenía que entrar. Volvió a
hacer lo mismo varias veces hasta que la puerta cedió y se encontró la
escena.
- No paséis.. -murmuró a los agentes de seguridad que acababan de acudir a ayudarle.
Su tono no admitía réplica alguna por lo que dieron unos pasos atrás
mientras que Thomas entraba lentamente en el baño. Jeanne permanecía
llorando abrazada a si misma inmersa en una burbuja de la que no sabía
como podría sacarle. Sabía que aquello podía suceder pero no se
imaginaba que le ocurriese en ese momento.
Se remangó la camisa y metió su brazo en la ducha. Cerró el grifo y
tras ello tomó un albornoz. Se acercó a la rubia que aún estaba absorta
en sus pensamientos mientras daba pequeños gritos entre sollozos. La
tomó entre sus brazos y la colocó el albornoz de manera que no se podía
ver nada. La apretó contra su cuerpo y salió del baño caminando hacia la
habitación en la que había planeado que pasaría la noche para que
descansara. Un lugar cómodo, amplio y sobre todo, un lugar donde podría
permanecer contemplándola por si le necesitaba.
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