Abrió los ojos y se encontró en una habitación privada, completamente
vacía. Era blanca tanto las paredes como el escaso mobiliario. La
cabeza le molestaba menos que antes pero el dolor del hombro seguía
siendo constante. Se llevó la mano a la frente mientras intentaba
analizar como comenzaría a trabajar de nuevo una vez aclarado este
incidente.
Tenía ganas de comer. El hambre se apoderaba de él pero no quería ni
tan siquiera pedirlo a menos que le obligasen y la comida de los
hospitales tenía una fama de ser vomitiva.
La última vez que había estado en un hospital había sido aquel día.
Si tan solo él hubiese estado a su lado en ese momento no la hubiese
pasado nada.
Alzó su mano mirando la alianza en la que ponía su nombre y la fecha
de su boda. Se había prometido a sí mismo que jamás se la quitaría. No
pensaba ni tan siquiera salir con otra mujer. Eloise era la única que
había conquistado su corazón y le había devuelto la alegría a pesar de
su pasado.
Movió su cabeza hasta la pequeña ventana a través de la cual pasaban
los fuertes rayos del mediodía. Había estado durmiendo muchas horas,
habría recuperado bastantes pero aún se sentía cansado.
Tomó el móvil de su mesilla y tras desbloquear la pantalla buscó
entre los menús la música. Necesitaba escuchar algo que le recordase a
ella. Siempre tan alegre la dueña de su corazón y no era lo que quería
tener en ese momento como banda sonora. Cientos de artistas de distintas
nacionalidades organizados en una biblioteca hasta que encontró el
nombre de Aerosmith dentro de la carpeta baladas. ¿Por qué no había
visto esa carpeta nunca? Los compases de I don’t wanna miss a thing
inundaron la habitación y los gritos de Steven Tyler desgarraban aún más
su corazón. No sabía porqué todo el mundo escuchaba canciones
románticas después de las rupturas pero ahora lo entendía. Era el método
perfecto para seguir atormentándote.
La voz rota del cantante expresaba todo lo que él hubiese deseado
decir por lo que le escuchaba atentamente sin ni tan siquiera pestañear.
Las enfermeras entraron. Le quitaron el suero después de obligarlo a
hacer pis pero él permanecía perdido en la música que una y otra vez se
repetía en su mente.
Debía escuchar alguna otra melodía que hubiese guardado Eloise en su
teléfono en esa misma carpeta. Una vez que le quitaron el suero y la
enfermera salió de la habitación, volvió a buscar entre aquella melodías
que tanto decían sobre ella y sus estados de ánimo. Aún podía sentirla
con cada letra que analizaba.
Muchas canciones estaban en otros idiomas pero lo que él quería era
poder entender a la perfección la letra y no tener que imaginársela. Su
dedo se deslizó por el cristal líquido hasta que encontró una canción
con un título prometedor, Stay with me. Clicó en reproducir e
inmediatamente los acordes y las voces de varias mujeres le
transportaron a su antigua habitación.
Eloise estaba allí sonriente mientras acariciaba su rostro. Thomas
había dormido mal esa noche pues había estado enfermo y su esposa no
descansó esa noche mientras intentaba que le bajase la fiebre. Había
sido siempre tan tierna y dulce con él…
Abrieron la puerta de golpe y Thomas no abrió los ojos. Quería seguir
escuchando a aquellas jóvenes entrar en su alma y atormentarla con la
sensación de soledad. No podía estar sin Eloise y tenía que sobrevivir
en un mundo que se empeñaba en hacer que se olvidase de la mujer de su
vida.
Escuchó un ruido y vio que una enfermera rubia que tenía el cabello
recogido en una coleta dejaba una bandeja sobre una mesita con ruedas
que estaba acercando hasta el sillón. Quería que se levantase estaba
claro. Apagó el reproductor del teléfono y se quitó las sábanas de
encima de las piernas.
La mujer quitó la tapa de la bandeja mientras él observaba el cuerpo
tan minúsculo y de muñequita que tenía. Toda la ropa de ese verde
imposible que llevaban todas en ese hospital le quedaba enorme.
Se levantó con cuidado y se puso las zapatillas que le había traído
seguramente Hellman ya que no había visto por allí a Claire. Su ama de
llaves debía estar limpiando el desorden de aquella habitación en la que
había estado tantos días viviendo con el recuerdo de Eloise.
Caminó hasta el sofá mientras intentaba no chocarse con la mujer que
se había puesto de espaldas a él todo el tiempo. Caminó hasta el baño
mientras él se sentaba y observaba su menú.
De primero tenía una crema con una pinta poco apetecible de judías
verdes. Al menos estaba caliente, eso podía ser un punto a favor de esa
cocina para personas que desconociesen como sabía la buena comida. De
segundo, un muslo de pollo que no habían tenido el detalle de cortar y
que por supuesto él no podía hacerlo ya que tenía prohibido mover de
nuevo el hombro durante esas veinticuatro horas que estuviese en el
hospital. Como postre un yogur de macedonia.
Resopló y notó como se le hacía un enorme nudo en el estómago
indicándole que sería aún más difícil conseguir que se comiese todo lo
que estaba en aquella bandeja.
Giró la bandeja hasta dejar frente a él el cuenco con el puré de
judías verdes. Tomó la bolsa que parecía de chucherías con los cubiertos
y la mini servilleta abriéndola con los dientes. Sacó la cuchara y
volvió a dejar la bolsa en su lugar. Dio un par de vueltas al puré y al
final se obligó a tomar una cucharada y llevársela a la boca.
Repugnante. Se estremeció de pies a cabeza pero se obligó a tomarse otra cucharada más.
Escuchó a la joven enfermera que salía del baño después de haber
cambiado las toallas porque llevaba una bolsa como si fuese de basura
con todo lo que ya había usado.
No había mirado aún su cara y rara vez lo hacía cuando se trataba de alguien que no fuese muy conocido para él.
- Veo que no le partieron el pollo.
Chascó la lengua mientras se acercaba a la bandeja. Tomó el tenedor y
el cuchillo comenzando a hacer trozos el pollo dejando a un lado el
hueso y los tendones. Thomas permanecía sentado tomando lentamente aquel
asqueroso mejunje. Cerró los ojos y cuando la enfermera terminó de
cortar caminó hasta la puerta. Mientras la abría Thomas tomó otro poco
de su puré verde al cual le faltaba tanta sal como judías naturales y
alzando la mirada se quedó completamente perplejo viendo los ojos azules
que tanto había amado.
- A comérselo todo ¿eh? -sonrió Eloise y salió de la habitación.
No podía ser. Era Eloise. Había visto a Eloise. ¿Acaso se estaba
volviendo loco? No llevaba maquillaje y su cuerpo era minúsculo. ¿Era
Eloise? ¿Realmente no estaba muerta?
Se levantó rápidamente empujando la mesita hasta la pared. No le
importó para nada el destrozo que estuviese ocasionando. Si era Eloise
tenía que recuperarla. Eloise, su Eloise.
Abrió la puerta y miró hacia todos lados buscando aquel cabello rubio
pero no estaba. Eloise no estaba. Se había esfumado tan pronto como
había aparecido. No, no podía perderle. Sabía que todo el mundo diría
que estaba loco, nadie vuelve de entre los muertos pero tenía que saber
quién era ella y si era su mujer.
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