- ¡Papá! -gritó desde el pasillo la dulce voz de mi hija.
Giré mi cabeza instintivamente. Había permanecido contemplando las
vistas de aquella ciudad y el tránsito del tráfico durante horas
mientras ella descansaba en su nueva habitación.
Mi familia había alquilado un apartamento de dos habitaciones para
cada una de las parejas. En nuestro apartamento residíamos Jacob,
Renesmee y yo mientras que en los demás estaban Esme y Carlisle, en la
planta baja Emmett y Rosalie junto a Alice y Jasper los cuales tenían
continuamente juegos puesto que Emmett y Alice mientras estuviesen en la
misma habitación no podrían estar quietos nunca. Siempre se gastaban
bromas el uno al otro. Jasper defendía a su mujer mientras que Rosalie
ponía los ojos en blanco cuando Emmett dejaba de prestarle atención.
Esme y Carlisle se pasaban el tiempo pensando en las posibilidades
que tendrían en todas y cada una de las ciudades que le habían ofrecido
trabajo y hablando con el amigo de mi padre que era uno más de nosotros.
Le habíamos tenido que agarrar entre varios para que no intentase
arrancarle la yugular a Jacob el cuál impasible había permanecido en el
suelo jugando a las cartas con mi hija.
Ahora roncaba tanto que conseguía que retumbasen las paredes y era
obvio que Renesmee no quería molestarle. Sonreí con calidez a mi joven
hija que se apresuraba a sentarse en mis piernas para contemplar la
vista conmigo. Acaricié con delicadeza su sedoso cabello y besé su
frente mientras la protegía entre mis brazos.
- Buenas, mi princesa durmiente -susurré-. ¿Cómo has dormido?
- Muy bien. Ni me enteré de cuando llegamos -movió sus hombros
suavemente y alzó mi mirada hasta la mía-. ¿Puedo pedirte algo papi?
- Claro, mi princesa.
Sabía lo que era pero deseaba que fuese su voz la que me pidiese su
capricho como si fuese una niña normal con un padre novampiro. Sonrió de
manera que un brillo hizo que su mirada se iluminase de una manera
realmente adorable. Sonreí inmediatamente al contemplar la cara de
felicidad de mi hija y como de aquel modo intentaba persuadirme de que
mi respuesta fuese si.
- Me gustaría ir con los tíos a jugar. ¿Puedo? -pestañeó varias veces.
Reí al ver su gesto y nos puse de pie tomándola en mis brazos. Ella
puso sus manitas sobre mis hombros y poniendo mi frente contra la suya
deposité un besito en su pequeña nariz.
- Claro que puedes. Yo aprovecharé para ir a pasear ahora que es de noche. Que te den de cenar o me encargaré de ellos.
- ¡Gracias, papi! -besó sonoramente mi mejilla y la bajé para que así fuese al piso de enfrente.
Alice ya la esperaba detrás de nuestra puerta y me sonrió. Me guiñó
un ojo con suavidad y mientras buscaba un papel para escribir una nota a
Jacob por si se despertaba y se enfadaba al no ver a Renesmee, me dijo.
- Pásatelo bien en tu paseo -rió como si fuesen campanillas y salió con Renesmee hacia el otro piso.
Redacté la nota a Jacob y la dejé sobre la nevera con un imán ya que
en aquel sitio no había duda alguna que si despertaba, lo visitaría.
Respiré profundamente y bajé en el ascensor mientras mis manos se
perdían en mis bolsillos. Las puertas metálicas se abrieron y caminé
hacia el exterior del edificio.
Aquella ciudad estaba repleta de personas por todas partes. Me abrí
paso entre las personas que allí caminaban a diferentes pasos pero como
si fuese el recorrido de un río. Contuve el aliento para así no lanzarme
el cuello de ninguno de los allí presentes. Era muy difícil contenerse
entre tanta gente pero con toda mi fuerza de voluntad sabía que podría.
Miré mis pies mientras caminaba para que me fuese más fácil
concentrarme en que nadie más existía en aquella inmensa ciudad que no
fuese yo.
Hice mal en tomar aquella decisión porque sus ojos dorados
aparecieron en mi mente como si de un espejismo se tratase. Su boca de
labios rojos se entreabrían para susurrar mi nombre y en mi corazón
muerto noté como un nuevo cuchillo al rojo vivo lo atravesaba causándome
una nueva cicatriz.
Iba tan sumido en mis pensamientos que no me di cuenta de la persona
que se acercaba hasta mi posición, tan solo me percaté de su presencia
en el instante que nos chocamos.
Abrí mis ojos y tomé su cintura para que no cayera hacia atrás y se
diese contra el duro suelo. Por el impacto había dejado que pensar con
claridad. Ahora podía sentir la cálida temperatura de su cuerpo contra
mi pecho y mi brazo que sostenía su cintura. Me había olvidado de
mantenerme sin respirar y había tomado una bocanada de aquella fragancia
que desprendía y sus hermosos cabellos rubios se habían quedado
enganchados en unos de los botones de mi camisa.
- ¿Está usted bien? -musité.
Podía leer perfectamente en su mente como se maldecía por haber sido
tan torpe y haberse chocado con alguien mientras corría hasta su
destino. Sonreí levemente, tenía una voz realmente agradable.
- Sí, no se preocupe -susurró.
Cuando la incorporé pude comprobar como su sonrojo era considerable.
Sus pequeñas y delicadas manos fueron hasta los botones de mi camisa
para así librar a sus cabellos de la prisión que estos la habían
proporcionado.
El aroma de esa mujer era más que embriagador. En mi vida había
sentido como un aroma penetraba hasta mis pulmones con tantísima fuerza,
ni tan siquiera el de Bella, pero en esta ocasión no prestaba atención
ninguna al posible ardor en la garganta sino a la magnífica sensación de
pequeña curación que me brindaba.
Temeroso pero sin poder parar mi reacción deslicé mis gélidos dedos
por su mejilla ardiendo. No dio respingo alguno por el frío que emanaba
de mí, ni tan siquiera pareció molestarle. Se sonrojó aún más y alzando
unos impresionantes ojos azules, me sonrió y dándome las gracias,
continuó corriendo hasta su meta.
Aún podía sentir en mis dedos la suave piel de su mejilla y el ardor
de su temperatura. Llevé mis dedos hasta mi rostro y su calor empezó a
inundar el mi cuerpo. ¿Qué estaba sucediendo?
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