jueves, 5 de mayo de 2011

Londres V11

Comencé a respirar entrecortada. No parábamos pero tú mantenías mi mano firmemente sujeta para que siguiese tu ritmo.

En mitad de la carrera entrelazamos nuestros dedos y la sonrisa en mi rostro se hizo mucho más ancha.

Te amaba y cada pequeño gesto tuyo estaba consiguiendo que mi corazón se desbocase aún más que cuando te veía a través de la pantalla.

Adoraba cada uno de tus gestos porque en persona eran aún más perfectos que cuando los veía por la televisión, en fotos o en la pantalla del ordenador.

¿Por qué te amaba con tanta fuerza? No quería. Sabía que tú jamás me ibas a corresponder y es más, todo aquello me estaba pareciendo un sueño. No podía ser real que tú me hubieses invitado a Londres para que lo viese contigo. Es más ni tan siquiera recordaba haber hablado contigo de otra manera salvo escribirte e-mails a una dirección que yo misma inventé para poder enviarlos y seguir con la fantasía de que tú podías leer todo lo que yo sentía por ti. Suspiré y entonces paramos de sopetón.

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