Paraste y nos quedamos mirando el río Támesis. Era precioso. Sonreí sin poder evitarlo mientras me acercaba a la barandilla del puente.
Aquel paisaje era tan hermoso que quería guardarlo para siempre en mi mente y no olvidarlo nunca más.
Sentí dos brazos rodear mi cintura y un mentón posarse sobre mi hombro izquierdo. Me sorprendí pero no me moví.
- ¿Te gusta? -me preguntaste en un mínimo susurro.
Asentí como respuesta y giré mi rostro para mirar el tuyo pero estabas tan solo pendiente de aquel maravilloso paisaje que tú mismo me habías mostrado.
Mi pecho me amenazaba con dejar salir a mi corazón desbocado pero nada me importaba. Tan solo para mí lo que era importante era la postura en la que estábamos que conseguía que mis sueños se estuviesen haciendo poco a poco realidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.