Apoyando su cigarrillo entre sus dedos miró a lo lejos con sus piernas abiertas sin importarle el decoro de una señorita. Sus vaqueros tan ceñidos a sus piernas que en cualquier momento terminarían rompiéndose.
Una camiseta de manga corta y tan pequeña que no llegaba a su cintura mientras que había sido dada de sí por sus minúsculos pechos. Desgastada y desaliñada como jamás había conocido mujer. Esa era la persona que tantas y tantas chicas y chicos parecían adorar hasta dolerles.
Puso una de sus zapatillas sobre el filo de la silla que estaba frente a ella en la que no se sentaba nadie mientras que apoyaba sus dedos amarillentos y descuidados sobre sus labios finos.
Parecía pensativa. Supuse que meditaba los pros y los contras de lo que había ocurrido y de lo que nos estaban proponiendo.
Por mi parte detestaba la idea. Tener que pasar ante todos como un estúpido sin sentimientos, como un idiota sin razón alguna que vivir la vida por y para una mujer de la que jamás había estado enamorado. Gracias a todo aquel asunto había odiado durante mucho tiempo la palabra amor. Tenía que fingir las veinticuatro horas algo que no sentía ni sentiría jamás al ver aquellos ojos pardos mirarme con tanto rencor y fastidio como si mi sola presencia le incomodase.
El cabello rubio de su agente se movió de un lado al otro esperando una respuesta. No sería el primero en hablar pero me levanté de aquella silla buscando un poco de aire fresco. La ventana llevaba abierta de par en par todo el día para intentar que el humo de los cigarros que ella se fumaba, nos ahogaran a los cuatro.
El tráfico de Nueva York estaba más tranquilo que de costumbre. Cientos de personas habían estado haciendo cola para poder ir al concierto que daba aquel joven adolescente que las volvía a todas locas, pero además a la misma hora se podía ver el partido de los Knicks. Parecía que todos los habitantes de Nueva York estaban encerrados en uno u otro edificio y habían dejado todo el aire gélido para que llenase mis pulmones.
Cerré los ojos y respiré profundamente esperando de esa manera poder calmar la angustia que me producía aquella situación. ¿Realmente no tenía alternativa? ¿Debía continuar con todo esto? Es cierto que cuando eres actor quieres vender a toda costa pero lo que no quieres es terminar siendo el hazme reír de todo el mundo solamente porque alguien no ha sido capaz de medir las consecuencias de sus actos.
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