martes, 4 de diciembre de 2012

Avance

Contemplé su cuerpo mientras descansaba sobre mi pecho. Había estado junto a ella tantos años y ahora desaparecería de mi vida para no volver. Lo sabía.

Deslicé mis dedos entre sus cabellos los cuales eran como fibras de oro y dejé un beso sobre su frente. La amaba, desde hacía muchos años y jamás me había aventurado a decírselo. No quería que el último día que pasaramos juntos fuese el último de nuestra vida porque ella estuviese demasiado asustada para que nos reencontrásemos si le contaba la verdad.

Sus labios se entreabieron dedicándome una recatada sonrisa a pesar de que no estaba aún despierta. Nadie sabía que estábamos juntos en el ático. Durante años habíamos pasado esos momentos solos, simplemente abrazados y yo amándola como un idiota viéndola dormir.

(Continuará)

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